viernes, 13 de julio de 2018

Nerón

de Eduardo Galán. Dirección: Alberto Castrillo-Ferrer.
una coproducción de Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y Secuencia 3.
con Raúl Arévalo, Itziar Miranda, José Manuel Seda, Diana Palazón, Francisco Vidal, Javier Lago, Daniel Migueláñez, Carlota García.

13 de julio de 2018. Teatro Romano. 64º Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. 100’ aprox.

Frivolidades de Nerón. Las de quien tuvo una madre que asesinó a su padre para que llegara a ser emperador. Las de un tipo amanerado bastante caprichoso y voluble. Las de un amante ambiguo y un esteta sin criterio. Y las del tirano que tocaba la lira y mataba cristianos mientras Roma ardía.

Esta tarde he terminado de leer El lápiz y la cámara de Jaime Rosales. Para él hay diferencias muy notorias entre el cine clásico y el cine moderno. En el segundo, el reclamo principal no son los actores sino la mirada del director, mientras que en el primero prima la transparencia, de modo que el espectador tenga siempre la impresión de que todo lo que ve está sucediendo ante él. Seguramente este Nerón se tendrá por moderno, pero está claro que, al menos en el sentido de Rosales, en absoluto lo es. Tras el estupendo y muy sugerente Calígula de Albert Camus, que dirigió aquí el año pasado Mario Gas, solo se deberían traer a este escenario recreaciones sobre emperadores canallas que trascendieran los tópicos. Y este Nerón no lo hace. Usando los recursos del lenguaje cinematográfico más clásico (en el sentido criticado por Rosales) nos presenta una propuesta de la que solo me han gustado el aspecto general del escenario (bien fotogénico incluso antes de que la obra comience) y el personaje de Agripina (bien intercalado en la historia y bien interpretado por Itziar Miranda). Lo demás aporta poco y apenas escapa de los lugares comunes en el desarrollo general de la obra y muy especialmente en la relación de Ligia con Pablo de Tarso y con Marco Vinicio. Pero lo que peor me ha parecido con diferencia es ese registro que ha de adoptar Raúl Arévalo (el magnífico director de Tarde para la ira) para mostrarnos como ridículo a este Nerón buscando una y otra vez la risa del público con esos ademanes amanerados que tanto gustaba caricaturizar en los tiempos más homófobos. Ahora que la reivindicación LGTBI ha alcanzado notable visibilidad, no deja de ser curioso lo bien que sobreviven (y hasta se refuerzan) esos tics que asocian la homosexualidad masculina con lo patético y lo risible. Por lo demás, habiendo en este país tanta calidad en la escritura teatral y en la dirección escénica y siendo siempre tan agradecido el público de este festival, es una lástima que en Mérida se repitan propuestas tan complacientes como esta. No con el público, sino con lo que algunos (muy poco modernos) creen que será capaz de apreciar.


miércoles, 11 de julio de 2018

Los perros

de Selu Nieto. Dirección: Selu Nieto.
producción: Teatro a la Plancha
con María Díaz, Carlos Serrano y Selu Nieto.

11 de julio de 2018. Teatro Auditorio Siero, XXXVI Semana de Teatro de Pola de Siero. 55’ aprox.


La piojosa, el ciego y Expósito. Y también un perrillo de trapo. Son unos infelices olvidados en un hospicio o en un psiquiátrico. No esperan a Godot sino a un director general que, como aquel, nunca llega. Entre el miedo a unos celadores que tampoco están y la esperanza de que algo pueda pasar van pasando las horas del día mientras contemplamos la bondadosa ingenuidad y el tedio desesperante de estos tres seres tan vulnerables.

Con una ajustadísima interpretación de esos infelices cuyas palabras se encadenan como letanías, María Díaz, Carlos Serrano y Salu Nieto consiguen no salirse del estrecho margen que hay entre la ironía sobre estos pobres desgraciados y la poesía que destila el lenguaje casi automático de estos existencialistas que lo son a su manera. La puesta en escena es impecable, con una gestualidad perfecta, con un manejo siempre oportuno de esa estructura polivalente de madera magníficamente enmarcada por ese retablo rugoso que pareciera de Barceló y que, con la iluminación de la última escena, se nos revela compuesto con ropas tan humanas como el miedo y la (des)esperanza de estos tres tiernos personajes. 

lunes, 9 de julio de 2018

Luces de bohemia

de Ramón María del Valle-Inclán. Adaptación y dirección: Alfonso Zurro.
producción: Teatro Clásico de Sevilla.
con Roberto Quintana, Manuel Monteagudo, Juan Motilla, Ámparo Marín, Antonio Campos, Rebeca Torres, Juanfra Juárez, Silvia Beaterio y José Luis Bustillo.

9 de julio de 2018. Teatro Auditorio Siero, XXXVI Semana de Teatro de Pola de Siero. 125’ aprox.

Asistimos al entierro de Max Estrella y lo acompañamos en sus peripecias madrileñas durante las horas anteriores a su muerte. Él es un pobre escritor ciego, un cráneo privilegiado con maneras de Quijote urbano al que su Sancho Latino venera y engaña. Como si se tratara de España.

Nueve actores magníficamente conjuntados van encadenando escenas en las que el poderoso texto original se actualiza (aún más) con leves referencias al presente tan bien integradas que parecieran escritas por un Valle-Inclán redivivo. Las interpretaciones son impecables, casi coreográficas, con un manejo perfecto de esos nueve cajones que reconfiguran cada pocos minutos un espacio escénico increíblemente polivalente. Todo está perfecto en este montaje memorable de Alfonso Zurro. Los movimientos escénicos, la iluminación, el vestuario y, por supuesto, la fuerza y armonía de unas interpretaciones que resultan inmejorables para un texto como este.

viernes, 6 de julio de 2018

Todas las noches de un día

de Alberto Conejero. Dirección: Luis Luque.
producción: Pentación espectáculos.
con Carmelo Gómez y Ana Torrent.

6 de julio de 2018. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 75’ aprox.

Samuel responde a las preguntas de un policía. Es el jardinero de la casa en la que vivía Silvia, una mujer cuya desaparición se investiga y que sigue muy presente para él.

Alberto Conejero ha escrito casi un monólogo en el que Carmelo Gómez está soberbio en esos diálogos con un policía que no vemos y en los que siempre se siente acompañado por la mujer desaparecida. Ana Torrent apostilla y acaricia con su presencia el drama de este jardinero poético y fiel. Ambos se entienden de maravilla (Samuel y Silvia pero aún más Carmeno y Ana), así que sus diálogos acompasados, casi musicales, demuestran un afinidisima compenetración que hace muy estimable este drama que en conjunto no me conmueve, pero que tiene momentos poéticos, está bien dirigido y, sobre todo, cuenta con dos actores que están francamente bien.

sábado, 30 de junio de 2018

Islandia

de Lluïsa Cunillé. Dirección: Xavier Albertí.
Producción: Teatre Nacional de Catalunya.
con Joan Anguera, Lurdes Barba, Paula Blanco, Juan Codina, Oriol Genís, Jordi Oriol, Albert Pérez, Albert Prat, Lucía Quintana y Abel Rodríguez.

30 de junio de 2018. Teatro María Guerrero, Madrid. 120’ aprox.

Un islandés quisiera ir a Nueva York para estar con su madre. Tras despertar en compañía de una joven se ve a si mismo emprendiendo ese viaje como si tuviera quince años. Nosotros veremos al adolescente que encuentra en Wall Street, en Harlem y en el Bronx a distintos seres desamparados en un mundo terrible.

Escenas sucesivas de tristeza creciente. La del despertar una mañana en Reikiavik de un hombre al que le fue bien antes de la crisis. Y las del despertar a la vida en Nueva York de un joven que va descubriendo el mundo inhóspito en el que vive su madre. El texto tiene la sobriedad justa para que los diálogos sean evocadores sin dejar de ser realistas. La puesta en escena consigue que nos sintamos sucesivamente en una habitación islandesa, en un tren de Nueva York, en el puesto callejero de una mujer posiblemente desahuciada o al lado de un pobre hombre que vende hamburguesas. Las interpretaciones son perfectas y de maneras clásicas. Justo las que le convienen a este drama urbano que comienza en Reikiavik y termina en Manhattan. Islandia nos habla de los efectos particulares de las crisis globales. Y lo hace con las formas de un teatro catalán sobrio y rotundo que parece inspirado en la mejor tradición americana.


viernes, 29 de junio de 2018

SYD. Efectos que dejan de ser especiales con el tiempo

texto: Fernando Epelde. Dirección: Dolores Garayalde.
lectura dramatizada organizada en colaboración por Plataforma de Directores Emergentes en Emergencia, Contexto Teatral y El Pavón Teatro Kamikaze
interpretación: Roberto Iglesias, Belén Lázaro, Ángel Mauri, Laura Jabois y Jorge del Río

29 de junio de 2018. El Pavón Teatro Kamikaze (ambigú), Madrid. 60’ aprox.



Un hombre mayor habla con sus médicos mientras ellos inspeccionan su cerebro. Él era un artesano que creaba efectos especiales para el cine. Ahora la productora quiere hacer una nueva versión actualizada de una de sus películas. Con efectos más actuales. Y a cargo de su hija.

Asistimos a una nueva experiencia en el Pavón Kamikaze. Se trata de Las funciones por hacer, una iniciativa que quincenalmente se organiza en el ambigú y que consiste en lecturas dramatizadas de textos aún no representados. Esta tarde ha sido el de Fernando Epelde que incluye ironías sobre las relaciones familiares, elementos un tanto gore y también referencias interesantes sobre el paso del tiempo en la obra cinematográfica y su posible traslación al teatro. Igual que en la exposición de los bocetos de Rubens en el museo del Prado, esta tarde hemos encontrado en el Pavón bastante más de lo esperado. Veníamos con la idea de asistir a una lectura entonada de varios actores sentados y nos encontramos con que efectivamente leen, pero también interactúan. Dolores Garayalde ha creado ambientes y ha incluido elementos escenográficos que nos hacen fácil imaginar posibilidades para la puesta en escena de la obra. Sin duda, será un reto difícil, al menos con un presupuesto contenido. De hecho, no sé si SYD llegará a montarse alguna vez, pero está claro que ya ha conseguido tener más realidad teatral que la propia de un texto.

sábado, 16 de junio de 2018

El mercader de Venecia

de William Shakespeare. Dirección: Brendan O'Hea.
producción: Shakespeare Globe Theatre.
con Luke Brady, Steffan Cennydd, Cynthia Emeagi, Sarah Finigan,  Colm Gormley, Russell Layton, Rhianna McGreevy y Jacqueline Phillips.

16 de junio de 2018. Centro Niemeyer, Avilés. 135’ aprox. (con descanso)

Bassanio superará la prueba de los tres cofres para casarse con su amada Porcia. Pero su amigo Antonio, que por ayudarle contrajo una deuda que ahora no puede pagar, tendrá que cumplir la condición que pactó con Shylock: darle una libra de su propia carne. Finalmente será el judío quien saldrá malparado.

Hemos visto El mercader de Venecia, pero por las mismas podríamos haber visto La fierecilla domada o Noche de Reyes. La intensidad de la ovación del público en la votación previa a la representación inclinó la balanza hacia esta historia que, por ser de quien es, no recibe objeciones sobre su incorrección política en el tratamiento del personaje judío. Por el Centro Niemeyer ya ha pasado muchas veces Shakespeare y, en varias ocasiones, de la mano de los mejores teatreros londinenses. Antes de que su auditorio estuviera disponible, este centro cultural puso bien alto el nivel de su vocación internacional trayendo al Palacio Valdés en 2010 y 2011 los montajes que hizo Sam Mendes para el Old Vic de La tempestad y de Ricardo III (este último interpretado nada menos que por Kevin Spacey). El año pasado fueron los de Cheek by Jowl los que nos trajeron un Cuento de invierno magnífico y ahora nos llega, desde el templo shakespeariano en la orilla misma del Támesis, esta propuesta triple (que también pasará por Bilbao y por Madrid) que deja decidir al público la obra que se representa. Con una iluminación plana y manteniendo encedida la luz del patio de butacas (quizá para que no sea tan grande la diferencia con el ambiente del Globe), la  escenografía se limita a un dispositivo estático y reducido que forman unos tablones y unos andamios para generar un espacio polivalente que los actores no tienen problema en abandonar bajando de cuando en cuando al patio de butacas. Con frecuentes intervenciones frontales, los ocho actores proyectan bien sus voces de modo que consiguen hacerse con todo el espacio sin que nadie eche de menos ninguna amplificación.  Por lo demás, se nota que el montaje está pensado para un lugar abierto con un público entregado. El espacio londinense nada tiene que ver con este (ni tampoco con las salas del Canal ni con el teatro Campos Eliseos) y eso se nota en una representación que se hace grata pero que está bastante lejos de las noches que sus compatriotas nos han deparado aquí. Eso sí, la entrega del público (había muchos teatreros pero también muchos anglófilos) ha sido incondicional, seguramente porque han podido recibir la esperada, pero poco sorprendente, comunión shakespeariana. Ojalá que también se llene este auditorio dentro de un mes para ver ese Macbeth que, tras pasar por Almagro, nos traerán los del Teatro Colón de Bogotá y La Compañía Estable. Ya tengo ganas de ver cómo suenan aquí las tremendas palabras de ese Shakespeare mayor pronunciadas con el bellísimo acento de los colombianos.

sábado, 2 de junio de 2018

La voz dormida

de Dulce Chacón. Adaptación: Cayetana Cabezas. Dirección: Julián Fuentes Reta.
producción: Salvador Collado.
con Laura Toledo.

2 de junio de 2018. Centro Niemeyer (Club), Avilés. 70’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer
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A Pepita le hace bien hablar con su hermana Hortensia mientras cose. Como si aún estuviera viva, como si no la hubieran fusilado. También la vemos evocando lo que les pasó tras la guerra. A su hermana en la cárcel, a ella en Madrid y a los hombres que se echaron al monte.

Laura Toledo está impresionante en esta adaptación teatral que convierte en soliloquio múltiple el relato también fragmentario de la magnífica novela de Dulce Chacón. La oralidad femenina y doliente que hacía tan entrañable y triste aquel relato sigue presente en esta adaptación escénica que cuenta con una actriz capaz de llenar de verdad y emoción esas palabras meridionales. A Laura Toledo le ha tenido que llegar de casa ese lenguaje y esa forma de estar en la vida tan característicos de una mujer de posguerra. Solo así se explica que pueda aportar tanta verdad a su personaje. Por lo demás, la puesta en escena es sencilla pero muy pertinente con esos hilos radiales (y familiares) que llegan (o salen) de una máquina de coser que al final ella misma descompone para componer un homenaje emotivo a una memoria histórica que aún sigue pendiente de ser recuperada en tantas cunetas españolas. También ha sido muy acertada esa presencia masculina silente que aún subraya más las ausencias con las que ella habla y por las que ella sufre. En el día en que por primera vez un presidente español ha prometido su cargo sin tener un crucifijo delante, ha sido especialmente emocionante ver esta obra. Y también ese epílogo en el que Laura Toledo se ha puesto una camiseta negra con tres palabras impresas: pasado, presente, futuro.

viernes, 25 de mayo de 2018

24 horas en la vida de una mujer

de Stefan Zweig. Dirección y adaptación: Ignacio García.
producción: Lamarsó produce.
con Silvia Marsó, Felipe Ansola y Germán Torres.

25 de mayo de 2018. Centro Niemeyer, Avilés. 85’ aprox.

Una mujer mayor evoca una jornada que pudo ser decisiva. Aquella en la que, tras la muerte del marido, encontró en Montecarlo a un joven jugador al que quiso redimir y del que se enamoró. Fueron veinticuatro  horas de pasión en las que pudo cambiar el rumbo de su vida. Y un recuerdo secreto que tenía que compartir con alguien.

Me intrigaba cómo se podría llevar al escenario una historia como la de Zweig. Los espacios y los tiempos del relato me parecían más propicios para el cine que para el teatro (curiosa coincidencia la de esta obra con la magnífica película Las estrellas de cine no mueren en Liverpool que vimos ayer en Los Prados). También tenía curiosidad por ver cómo se planteaba en formato musical. Sin embargo, me temo que los espectadores que no hayan leído la novela no se animarán a hacerlo tras lo visto esta noche. Nada hay que reprochar a los intérpretes, pero sí a la previsibilidad de un formato que gustará seguramente a quienes les atraen los musicales por el mero hecho de serlo. Creo que no se ha acertado en la construcción de una obra que aprovecha el prestigio del escritor austriaco sin conservar lo esencial de un relato que no es únicamente la descripción de una jornada particular. En la novela hay dos voces narrativas sucesivas. Una masculina, que prologa el interés de lo que contará la mujer madura, y otra la de esa confesión radicalmente femenina y singular. Aquí las dos voces se diluyen e intercalan todo el tiempo entregando a un maestro de ceremonias bastante tópico la conducción de una historia que ya no recibimos como un sentido y compartible soliloquio femenino, sino como la tórrida y boba aventura de una mujer que estuvo a punto de perderse. Teniendo recientes la novela de Zweig y la película de McGuigan me resulta difícil apreciar otras virtudes en esta obra. Eso sí, recomiendo vivamente esas dos historias.

viernes, 11 de mayo de 2018

La valentía

texto y dirección: Alfredo Sanzol.
una producción de La Zona Teatro y El Pavón Teatro Kamikaze.
con Jesús Barranco, Francesco Carril, Inma Cuevas, Estefanía de los Santos, Font García y Natalia Huarte.

11 de mayo de 2018. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 100’ aprox. Estreno absoluto.

Tres parejas de hermanos. Guada y Trini, que discrepan sobre lo que hay que hacer con una casa familiar asediada desde hace años por los ruidos de una autopista. Martín y Martina, que se hacen pasar por inquilinos circunstanciales pero que en realidad son fantasmas de unos antepasados que quieren seguir en la casa. Y Clemen y Felipe, dos tipos a los que Trini ha contratado para que hagan de fantasmas y así Guada se convenza de que hay que venderla. Los fantasmas reales y los otros se enredan con los ruidosos afectos que unen y separan a las dos hermanas.

Un fantasma sentado en un sofá en medio de las dos hermanas. Así comienza esta comedia con la que Alfredo Sanzol radicaliza su gusto por las historias familiares cruzando las fronteras entre los vivos y los otros. A diferencia de Amenábar no quiere sorprendernos con ellos. Más bien nos habla de cualquiera de nosotros, de tantos hermanos que compartimos recuerdos del pasado y quizá discrepamos sobre cuánto deben seguir presentes en el futuro. Por eso son tan oportunas esa casa familiar y esas afueras ruidosas que nunca vemos. Los actores están muy bien. Inma Cuevas y Estefanía de los Santos poderosísimas en los papeles de las dos hermanas. Natalia Huarte aporta una delicadeza perfecta a esa Martina pretérita. También están muy bien Font García y Jesús Barranco en esos papeles cómicos tan bien llevados. Y Francesco Carril, ese estupendo actor que, tras el magnífico estreno hace dos meses de El tratamiento de Pablo Remón, está soberbio interpretando ahora a este Martín dieciochesco. La historia funciona a la perfección como un juego cómico (y un tanto histriónico) en el que unos hermanos, unos fantasmas, una casa con alma y una autopista sin ella aportan claves que aún hacen reconocible al Sanzol anterior a La ternura. También me han gustado esas ironías de las que está trufado el texto (como la idea de convertir en fastasmas a los clientes de Airbnb). Justo en esta semana en que Alfredo Sanzol acaba de recibir el Premio Valle-Inclán creo que con esta obra ha querido dar un giro a su teatro. En cierto modo, él mismo lo reconoce en el programa de mano: "soy un autor cómico con aspiraciones filosóficas, de igual manera que hay muchos filósofos con aspiraciones cómicas". Igual que ha sucedido en este estreno impecable en el Palacio Valdés estoy seguro que el público del Pavón también se desternillará con La valentía. Pero yo prefiero al otro Sanzol. No sé si más filosófico, pero sí más poético. Ese que me ha hecho sonreir pero también pensar y emocionarme. Prefiero la ternura y la poesía con que ha tratado a los personajes de sus obras anteriores a la valentía con que crea con estos una comedia hilarante.

sábado, 5 de mayo de 2018

Cuerdas

de Bárbara Colio. Dirección: Juanma Gómez.
una producción de La Kimera Teatro.
con Pablo Castañón, Héctor González y Miguel Rascón.

5 de abril de 2018. Centro Niemeyer (Club), Avilés. 75’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer
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Peter, Paul y Prince son tres hermanos que vuelven a encontrarse para asistir al que será el último espectáculo de su padre. Él es un funambulista que les ha escrito pidiéndoles que estén presentes en ese momento cumbre en que caminará sobre una cuerda tendida entre dos torres. Durante hora y cuarto los vemos compartiendo aviones y esperas para cruzar medio mundo con ese fin.

Esa cotidianidad extraña que se da en los momentos de tedio de los viajes inesperados está magníficamente representada por estos tres actores que clavan la sintonía recuperada entre esos tres hermanos distanciados. Ya solo con eso Cuerdas es una obra estupenda que da gusto ver por su sugerente texto  y por el naturalismo con que se van desvelando las personalidades de sus protagonistas. Pero se convierte en algo muy especial con la fuerza que le aporta ese poderoso fuera de campo sobre el personaje omitido del padre funambulista. Pensando en él uno recuerda el extraordinario texto de Jean Genet y el vértigo magnético de dos películas tan extraordinarias como Man on wire de James Marsh  y El desafío de Robert Zemeckis. Cuerdas es una ficción deliciosa que, además de otros aciertos, tiene también el de evocar aquella hazaña poética que protagonizó Philippe Petit en agosto de 1974.

El funambulista de Jean Genet

viernes, 20 de abril de 2018

Ilusiones

de Ivan Viripaev. Dirigido por Miguel del Arco.
una producción de Kamikaze Producciones.
con Marta Etura, Daniel Grao, Alejandro Jato y Verónica Ronda.

20 de abril de 2018. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 100’ aprox. Estreno absoluto.

Dani y Sandra. Alberto y Margarita. Dos parejas que compartieron amistad durante más de cincuenta años y que en el tramo final de sus vidas buscaron la verdad sobre la naturaleza del amor. Si necesita ser correspondido para ser perfecto. Si puede llegar a serlo...

Nunca vemos a los personajes. Dos actores y dos actrices nos hablan de ellos y nos muestran retazos de sus vidas. También sus ideas sobre el amor. El texto tiene un equilibrio magnífico entre la reflexión accesible y la evocación existencial, entre la recreación de instantes que devienen en hitos y las miradas postreras sobre la vida y el amor. Pero, con ser muy bueno, lo mejor de Ilusiones no es el texto sino lo que con él han conseguido Miguel del Arco y estos cuatro actores extraordinarios. Uno de los personajes descubre en un instante que el mundo quizá no sea sólido sino blando. Y eso es precisamente lo que muestran estas Ilusiones teatrales que exploran las grietas entre el actor y el personaje, entre el personaje y el coro, entre la escena y el escenario. Son grietas deliciosas que nos van mostrando que en el teatro pueden romperse los pactos consabidos sin hacerle ningún daño. Al contrario, haciendo que aún sea más revelador. Desde que entramos en el patio de butacas ya vemos grietas en la cuarta pared. Desde el escenario dos hombres y dos mujeres nos saludan cariñosos. No sabemos si lo hacen los actores o los personajes. Y así será también después. No hay reparto interpretativo en el elenco. Los personajes se construyen de forma difusa aunque haya largos monólogos en los que escuchamos la voz interior de un personaje masculino en las palabras de una actriz o al revés. Pero no hay solo un intercambio de papeles sino una construcción coral de los personajes con apostillas perfectas que parecen (o hasta podrían) ser  improvisadas. Si fuera jazz, Ilusiones sería una jam session. Y gracias a Miguel del Arco creo que en cierto modo lo es. Siempre se dice que cada función es distinta para los actores, pero creo que pocas veces podrá ser tan cierto como en esta obra. No sé qué podría esperar de su texto Ivan Viripaev, pero estoy seguro que nunca más que este prodigio de teatro líquido pero a la vez nítido, medido pero a la vez improvisado, reflexivo pero a la vez juguetón. Un teatro que ablanda las convenciones y nos ha permitido contemplar desde su final las vidas de Dani, Sandra, Alberto y Margarita sin que Marta, Daniel, Alejandro y Verónica se las hayan repartido desde el principio. Miguel del Arco ha abierto las grietas y nos ha invitado a mirar por ellas, a disfrutar de una variante desconocida de este dispositivo mágico y blando que es el teatro que nos permite contemplar ilusiones sobre la vida y dar vida a las ilusiones. Eso de lo que habla la canción de Los Chichos que se escucha al final. Así que, una vez más, hemos asistido a un estreno memorable que dará mucho que hablar cuando llegue al Kamikaze. Al salir uno piensa en lo afortunados que somos pudiendo disfrutar de esta complicidad perfecta  entre nuestro Palacio Valdés y esa joya que los madrileños tienen en la calle Embajadores.

sábado, 14 de abril de 2018

Un beso

de Iván Cotroneo. Dirección: Fernando Bernués.
una producción de Tanttaka Teatroa.
con Mireia Gabilondo, Ander Iruretagoiena y Haritz Morrás.

14 de abril de 2018. Centro Niemeyer (Club), Avilés. 55’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer
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Dos adolescentes y una profesora. Lorenzo es homosexual y acaba de ser adoptado. Antonio y sobre todo sus padres no han podido superar la muerte de su hermano. La profesora tenía debilidad por una alumna que lo dejó todo cuando quedó embarazada. Los tres nos hablan de lo que les pasó. Del amor que la profesora no llegó a confesar a la alumna. Del beso que Lorenzo sí le dio a Antonio. Y de lo que él hizo al día siguiente en el aula. 

Tres monólogos intercalados. El dispositivo es correcto pero demasiado recurrente. Desde el principio sabemos que la cosa acabará en drama, así que importa más la forma en que se tejen los tres hilos narrativos que sus consecuencias. Sin embargo, la historia está saturada de temas de moda e intenciones evidentes: los problemas de la adolescencia y la familia, la homofobia, el maltrato de género... Así que los tributos LGTB han dominado sobre la calidad teatral. Es lo que pasa cuando lo que importa de una propuesta es su contenido temático. La obra se inserta en el festival de cine  LGTBIQ que comienza este fin de semana. No sé si su programación ganará mucho con esta intersección con la de teatro. El que no gana nada es el off del Niemeyer.

viernes, 6 de abril de 2018

Mi defecto o arrancaré flores al desierto

autoría y dirección: Borja Roces.
producción: El Encuentro Teatro
con Borja Roces.

6 de abril de 2018. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 55’ aprox. Ciclo "Hecho en Asturias".

Un joven homosexual y asturiano nos cuenta sus sentimientos. A veces como si fuera su madre la que le hablara a él. O como si un actor estuviera siguiendo, más o menos, las indicaciones de un director.

Soliloquios narcisistas. Y exhibicionistas. Ser homosexual, asturiano y joven no es suficiente para hacer buen teatro. Tampoco basta con querer contar cosas sobre uno mismo. Para eso hay lugares mejores que un escenario. Y también para rajar seis sacos de tierra y extender una buena polvareda desde él. Además de querer tanto al personaje, esa madre quizá debió decirle que esas cosas no se hacen. Por suerte, la obra fue corta y pudimos llegar a tiempo al estupendo concierto del gran Jorge Pardo y Armando Orbón en la sala Santa Cecilia. Sin duda, fue lo mejor de la noche.

miércoles, 4 de abril de 2018

Malditos 16

de Nando López. Dirección: Quino Falero.
producción: Centro Dramático Nacional y Coart+e.
con Guillermo de los Santos, Andrea Dueso, Juan de Vera, Paula Muñoz, David Tortosa y Rocío Vidal.

4 de abril de 2018. Teatro Cervantes, Málaga. 75’ aprox.

Cuatro jóvenes de veintitantos vuelven al hospital en el que se conocieron cuando intentaron suicidarse a los dieciséis. Será un intenso reencuentro en el que repasarán cómo eran entonces y cómo son ahora.

Lo mejor son los desdoblamientos de estos jóvenes actores en esas dos edades. Lo peor, los personajes de la médica y del ayudante. Las referencias a los recortes en la sanidad pública resulta obvia y manida. Lo mismo podría decirse del propio tema de la obra. Con un acercamiento bastante tópico a los problemas juveniles, no se entiende el empeño por poner en el centro de ellos la cuestión del suicidio. Espero que no se le ocurra a nadie que Malditos 16 podría ser una obra muy edificante y educativa. Si se trata de llenar teatros con adolescentes, mejor hacerlo con buenas obras que traten temas menos delicados. Lo segundo quizá no lo cumplen las últimas de La joven compañía, pero no hay duda de que lo primero sí. Por eso son tan distintas a esta. De cualquier modo, ha merecido la pena conocer este bonito teatro aprovechando estos días en Málaga.


martes, 27 de marzo de 2018

Lluvia

guión y dirección: Markeliñe.
una producción de Markeliñe.
con Fernando Barado,
 Nerea Martínez, Itziar Fragua.

27 de marzo de 2018. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 60’ aprox.

Lágrimas, lluvia, paraguas. Ensoñaciones mudas sobre el duelo de un hombre que ha perdido a su mujer.

Lluvia es poesía visual sobre lo inconsolable. El tema es el mismo que el del texto de Javiér Gomá sobre el que Ernesto Caballero dirigió a Fernando Cayo en un monólogo memorable. Pero aquí no hay palabras. Solo gestos sensibles, objetos amigables, proyecciones pertinentes y músicas deliciosas. Y tres actores magníficos que saben hacer de sus cuerpos los signos perfectos para un lenguaje hermosísimo que ha conseguido cautivar a los doscientos alumnos de primero y segundo de ESO que, en el Día Mundial del Teatro, hemos traído esta mañana al Palacio Valdés. Hace dos semanas traíamos a otros trescientos algo mayores para ver La edad de la ira de La Joven Compañía. Ninguna de las dos obras es eso que algunos llaman teatro escolar. Son más bien muestras del buen teatro que se puede hacer con palabras o sin ellas. Ese tipo de teatro que, igual que a los adultos, también fascina a los más jóvenes. Porque trata temas muy próximos o muy universales y los trata bien. Transmitiendo esa emoción y contagiando esa pasión de la que los actores dieron buenas muestras en el escenario y también en las respuestas a las preguntas que nuestros adolescentes les hicieron después.  Lluvia mereció el año pasado el premio al mejor espectáculo en FETEN. Y merecería también que la vieran los padres y los abuelos de nuestros alumnos. También sus profesores (hoy éramos quince) y, por supuesto, los críticos que escriben reseñas en los periódicos. Porque el teatro apto para todos los públicos es el que emociona, el que fascina y el que da que pensar. Lluvia es ese tipo de teatro. Por eso no es teatro escolar.