sábado, 2 de junio de 2018

La voz dormida

de Dulce Chacón. Adaptación: Cayetana Cabezas. Dirección: Julián Fuentes Reta.
producción: Salvador Collado.
con Laura Toledo.

2 de junio de 2018. Centro Niemeyer (Club), Avilés. 70’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer
.


A Pepita le hace bien hablar con su hermana Hortensia mientras cose. Como si aún estuviera viva, como si no la hubieran fusilado. También la vemos evocando lo que les pasó tras la guerra. A su hermana en la cárcel, a ella en Madrid y a los hombres que se echaron al monte.

Laura Toledo está impresionante en esta adaptación teatral que convierte en soliloquio múltiple el relato también fragmentario de la magnífica novela de Dulce Chacón. La oralidad femenina y doliente que hacía tan entrañable y triste aquel relato sigue presente en esta adaptación escénica que cuenta con una actriz capaz de llenar de verdad y emoción esas palabras meridionales. A Laura Toledo le ha tenido que llegar de casa ese lenguaje y esa forma de estar en la vida tan característicos de una mujer de posguerra. Solo así se explica que pueda aportar tanta verdad a su personaje. Por lo demás, la puesta en escena es sencilla pero muy pertinente con esos hilos radiales (y familiares) que llegan (o salen) de una máquina de coser que al final ella misma descompone para componer un homenaje emotivo a una memoria histórica que aún sigue pendiente de ser recuperada en tantas cunetas españolas. También ha sido muy acertada esa presencia masculina silente que aún subraya más las ausencias con las que ella habla y por las que ella sufre. En el día en que por primera vez un presidente español ha prometido su cargo sin tener un crucifijo delante, ha sido especialmente emocionante ver esta obra. Y también ese epílogo en el que Laura Toledo se ha puesto una camiseta negra con tres palabras impresas: pasado, presente, futuro.

viernes, 25 de mayo de 2018

24 horas en la vida de una mujer

de Stefan Zweig. Dirección y adaptación: Ignacio García.
producción: Lamarsó produce.
con Silvia Marsó, Felipe Ansola y Germán Torres.

25 de mayo de 2018. Centro Niemeyer, Avilés. 85’ aprox.

Una mujer mayor evoca una jornada que pudo ser decisiva. Aquella en la que, tras la muerte del marido, encontró en Montecarlo a un joven jugador al que quiso redimir y del que se enamoró. Fueron veinticuatro  horas de pasión en las que pudo cambiar el rumbo de su vida. Y un recuerdo secreto que tenía que compartir con alguien.

Me intrigaba cómo se podría llevar al escenario una historia como la de Zweig. Los espacios y los tiempos del relato me parecían más propicios para el cine que para el teatro (curiosa coincidencia la de esta obra con la magnífica película Las estrellas de cine no mueren en Liverpool que vimos ayer en Los Prados). También tenía curiosidad por ver cómo se planteaba en formato musical. Sin embargo, me temo que los espectadores que no hayan leído la novela no se animarán a hacerlo tras lo visto esta noche. Nada hay que reprochar a los intérpretes, pero sí a la previsibilidad de un formato que gustará seguramente a quienes les atraen los musicales por el mero hecho de serlo. Creo que no se ha acertado en la construcción de una obra que aprovecha el prestigio del escritor austriaco sin conservar lo esencial de un relato que no es únicamente la descripción de una jornada particular. En la novela hay dos voces narrativas sucesivas. Una masculina, que prologa el interés de lo que contará la mujer madura, y otra la de esa confesión radicalmente femenina y singular. Aquí las dos voces se diluyen e intercalan todo el tiempo entregando a un maestro de ceremonias bastante tópico la conducción de una historia que ya no recibimos como un sentido y compartible soliloquio femenino, sino como la tórrida y boba aventura de una mujer que estuvo a punto de perderse. Teniendo recientes la novela de Zweig y la película de McGuigan me resulta difícil apreciar otras virtudes en esta obra. Eso sí, recomiendo vivamente esas dos historias.

viernes, 11 de mayo de 2018

La valentía

texto y dirección: Alfredo Sanzol.
una producción de La Zona Teatro y El Pavón Teatro Kamikaze.
con Jesús Barranco, Francesco Carril, Inma Cuevas, Estefanía de los Santos, Font García y Natalia Huarte.

11 de mayo de 2018. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 100’ aprox. Estreno absoluto.

Tres parejas de hermanos. Guada y Trini, que discrepan sobre lo que hay que hacer con una casa familiar asediada desde hace años por los ruidos de una autopista. Martín y Martina, que se hacen pasar por inquilinos circunstanciales pero que en realidad son fantasmas de unos antepasados que quieren seguir en la casa. Y Clemen y Felipe, dos tipos a los que Trini ha contratado para que hagan de fantasmas y así Guada se convenza de que hay que venderla. Los fantasmas reales y los otros se enredan con los ruidosos afectos que unen y separan a las dos hermanas.

Un fantasma sentado en un sofá en medio de las dos hermanas. Así comienza esta comedia con la que Alfredo Sanzol radicaliza su gusto por las historias familiares cruzando las fronteras entre los vivos y los otros. A diferencia de Amenábar no quiere sorprendernos con ellos. Más bien nos habla de cualquiera de nosotros, de tantos hermanos que compartimos recuerdos del pasado y quizá discrepamos sobre cuánto deben seguir presentes en el futuro. Por eso son tan oportunas esa casa familiar y esas afueras ruidosas que nunca vemos. Los actores están muy bien. Inma Cuevas y Estefanía de los Santos poderosísimas en los papeles de las dos hermanas. Natalia Huarte aporta una delicadeza perfecta a esa Martina pretérita. También están muy bien Font García y Jesús Barranco en esos papeles cómicos tan bien llevados. Y Francesco Carril, ese estupendo actor que, tras el magnífico estreno hace dos meses de El tratamiento de Pablo Remón, está soberbio interpretando ahora a este Martín dieciochesco. La historia funciona a la perfección como un juego cómico (y un tanto histriónico) en el que unos hermanos, unos fantasmas, una casa con alma y una autopista sin ella aportan claves que aún hacen reconocible al Sanzol anterior a La ternura. También me han gustado esas ironías de las que está trufado el texto (como la idea de convertir en fastasmas a los clientes de Airbnb). Justo en esta semana en que Alfredo Sanzol acaba de recibir el Premio Valle-Inclán creo que con esta obra ha querido dar un giro a su teatro. En cierto modo, él mismo lo reconoce en el programa de mano: "soy un autor cómico con aspiraciones filosóficas, de igual manera que hay muchos filósofos con aspiraciones cómicas". Igual que ha sucedido en este estreno impecable en el Palacio Valdés estoy seguro que el público del Pavón también se desternillará con La valentía. Pero yo prefiero al otro Sanzol. No sé si más filosófico, pero sí más poético. Ese que me ha hecho sonreir pero también pensar y emocionarme. Prefiero la ternura y la poesía con que ha tratado a los personajes de sus obras anteriores a la valentía con que crea con estos una comedia hilarante.

sábado, 5 de mayo de 2018

Cuerdas

de Bárbara Colio. Dirección: Juanma Gómez.
una producción de La Kimera Teatro.
con Pablo Castañón, Héctor González y Miguel Rascón.

5 de abril de 2018. Centro Niemeyer (Club), Avilés. 75’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer
.


Peter, Paul y Prince son tres hermanos que vuelven a encontrarse para asistir al que será el último espectáculo de su padre. Él es un funambulista que les ha escrito pidiéndoles que estén presentes en ese momento cumbre en que caminará sobre una cuerda tendida entre dos torres. Durante hora y cuarto los vemos compartiendo aviones y esperas para cruzar medio mundo con ese fin.

Esa cotidianidad extraña que se da en los momentos de tedio de los viajes inesperados está magníficamente representada por estos tres actores que clavan la sintonía recuperada entre esos tres hermanos distanciados. Ya solo con eso Cuerdas es una obra estupenda que da gusto ver por su sugerente texto  y por el naturalismo con que se van desvelando las personalidades de sus protagonistas. Pero se convierte en algo muy especial con la fuerza que le aporta ese poderoso fuera de campo sobre el personaje omitido del padre funambulista. Pensando en él uno recuerda el extraordinario texto de Jean Genet y el vértigo magnético de dos películas tan extraordinarias como Man on wire de James Marsh  y El desafío de Robert Zemeckis. Cuerdas es una ficción deliciosa que, además de otros aciertos, tiene también el de evocar aquella hazaña poética que protagonizó Philippe Petit en agosto de 1974.

El funambulista de Jean Genet

viernes, 20 de abril de 2018

Ilusiones

de Ivan Viripaev. Dirigido por Miguel del Arco.
una producción de Kamikaze Producciones.
con Marta Etura, Daniel Grao, Alejandro Jato y Verónica Ronda.

20 de abril de 2018. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 100’ aprox. Estreno absoluto.

Dani y Sandra. Alberto y Margarita. Dos parejas que compartieron amistad durante más de cincuenta años y que en el tramo final de sus vidas buscaron la verdad sobre la naturaleza del amor. Si necesita ser correspondido para ser perfecto. Si puede llegar a serlo...

Nunca vemos a los personajes. Dos actores y dos actrices nos hablan de ellos y nos muestran retazos de sus vidas. También sus ideas sobre el amor. El texto tiene un equilibrio magnífico entre la reflexión accesible y la evocación existencial, entre la recreación de instantes que devienen en hitos y las miradas postreras sobre la vida y el amor. Pero, con ser muy bueno, lo mejor de Ilusiones no es el texto sino lo que con él han conseguido Miguel del Arco y estos cuatro actores extraordinarios. Uno de los personajes descubre en un instante que el mundo quizá no sea sólido sino blando. Y eso es precisamente lo que muestran estas Ilusiones teatrales que exploran las grietas entre el actor y el personaje, entre el personaje y el coro, entre la escena y el escenario. Son grietas deliciosas que nos van mostrando que en el teatro pueden romperse los pactos consabidos sin hacerle ningún daño. Al contrario, haciendo que aún sea más revelador. Desde que entramos en el patio de butacas ya vemos grietas en la cuarta pared. Desde el escenario dos hombres y dos mujeres nos saludan cariñosos. No sabemos si lo hacen los actores o los personajes. Y así será también después. No hay reparto interpretativo en el elenco. Los personajes se construyen de forma difusa aunque haya largos monólogos en los que escuchamos la voz interior de un personaje masculino en las palabras de una actriz o al revés. Pero no hay solo un intercambio de papeles sino una construcción coral de los personajes con apostillas perfectas que parecen (o hasta podrían) ser  improvisadas. Si fuera jazz, Ilusiones sería una jam session. Y gracias a Miguel del Arco creo que en cierto modo lo es. Siempre se dice que cada función es distinta para los actores, pero creo que pocas veces podrá ser tan cierto como en esta obra. No sé qué podría esperar de su texto Ivan Viripaev, pero estoy seguro que nunca más que este prodigio de teatro líquido pero a la vez nítido, medido pero a la vez improvisado, reflexivo pero a la vez juguetón. Un teatro que ablanda las convenciones y nos ha permitido contemplar desde su final las vidas de Dani, Sandra, Alberto y Margarita sin que Marta, Daniel, Alejandro y Verónica se las hayan repartido desde el principio. Miguel del Arco ha abierto las grietas y nos ha invitado a mirar por ellas, a disfrutar de una variante desconocida de este dispositivo mágico y blando que es el teatro que nos permite contemplar ilusiones sobre la vida y dar vida a las ilusiones. Eso de lo que habla la canción de Los Chichos que se escucha al final. Así que, una vez más, hemos asistido a un estreno memorable que dará mucho que hablar cuando llegue al Kamikaze. Al salir uno piensa en lo afortunados que somos pudiendo disfrutar de esta complicidad perfecta  entre nuestro Palacio Valdés y esa joya que los madrileños tienen en la calle Embajadores.

sábado, 14 de abril de 2018

Un beso

de Iván Cotroneo. Dirección: Fernando Bernués.
una producción de Tanttaka Teatroa.
con Mireia Gabilondo, Ander Iruretagoiena y Haritz Morrás.

14 de abril de 2018. Centro Niemeyer (Club), Avilés. 55’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer
.


Dos adolescentes y una profesora. Lorenzo es homosexual y acaba de ser adoptado. Antonio y sobre todo sus padres no han podido superar la muerte de su hermano. La profesora tenía debilidad por una alumna que lo dejó todo cuando quedó embarazada. Los tres nos hablan de lo que les pasó. Del amor que la profesora no llegó a confesar a la alumna. Del beso que Lorenzo sí le dio a Antonio. Y de lo que él hizo al día siguiente en el aula. 

Tres monólogos intercalados. El dispositivo es correcto pero demasiado recurrente. Desde el principio sabemos que la cosa acabará en drama, así que importa más la forma en que se tejen los tres hilos narrativos que sus consecuencias. Sin embargo, la historia está saturada de temas de moda e intenciones evidentes: los problemas de la adolescencia y la familia, la homofobia, el maltrato de género... Así que los tributos LGTB han dominado sobre la calidad teatral. Es lo que pasa cuando lo que importa de una propuesta es su contenido temático. La obra se inserta en el festival de cine  LGTBIQ que comienza este fin de semana. No sé si su programación ganará mucho con esta intersección con la de teatro. El que no gana nada es el off del Niemeyer.

viernes, 6 de abril de 2018

Mi defecto o arrancaré flores al desierto

autoría y dirección: Borja Roces.
producción: El Encuentro Teatro
con Borja Roces.

6 de abril de 2018. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 55’ aprox. Ciclo "Hecho en Asturias".

Un joven homosexual y asturiano nos cuenta sus sentimientos. A veces como si fuera su madre la que le hablara a él. O como si un actor estuviera siguiendo, más o menos, las indicaciones de un director.

Soliloquios narcisistas. Y exhibicionistas. Ser homosexual, asturiano y joven no es suficiente para hacer buen teatro. Tampoco basta con querer contar cosas sobre uno mismo. Para eso hay lugares mejores que un escenario. Y también para rajar seis sacos de tierra y extender una buena polvareda desde él. Además de querer tanto al personaje, esa madre quizá debió decirle que esas cosas no se hacen. Por suerte, la obra fue corta y pudimos llegar a tiempo al estupendo concierto del gran Jorge Pardo y Armando Orbón en la sala Santa Cecilia. Sin duda, fue lo mejor de la noche.

miércoles, 4 de abril de 2018

Malditos 16

de Nando López. Dirección: Quino Falero.
producción: Centro Dramático Nacional y Coart+e.
con Guillermo de los Santos, Andrea Dueso, Juan de Vera, Paula Muñoz, David Tortosa y Rocío Vidal.

4 de abril de 2018. Teatro Cervantes, Málaga. 75’ aprox.

Cuatro jóvenes de veintitantos vuelven al hospital en el que se conocieron cuando intentaron suicidarse a los dieciséis. Será un intenso reencuentro en el que repasarán cómo eran entonces y cómo son ahora.

Lo mejor son los desdoblamientos de estos jóvenes actores en esas dos edades. Lo peor, los personajes de la médica y del ayudante. Las referencias a los recortes en la sanidad pública resulta obvia y manida. Lo mismo podría decirse del propio tema de la obra. Con un acercamiento bastante tópico a los problemas juveniles, no se entiende el empeño por poner en el centro de ellos la cuestión del suicidio. Espero que no se le ocurra a nadie que Malditos 16 podría ser una obra muy edificante y educativa. Si se trata de llenar teatros con adolescentes, mejor hacerlo con buenas obras que traten temas menos delicados. Lo segundo quizá no lo cumplen las últimas de La joven compañía, pero no hay duda de que lo primero sí. Por eso son tan distintas a esta. De cualquier modo, ha merecido la pena conocer este bonito teatro aprovechando estos días en Málaga.


martes, 27 de marzo de 2018

Lluvia

guión y dirección: Markeliñe.
una producción de Markeliñe.
con Fernando Barado,
 Nerea Martínez, Itziar Fragua.

27 de marzo de 2018. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 60’ aprox.

Lágrimas, lluvia, paraguas. Ensoñaciones mudas sobre el duelo de un hombre que ha perdido a su mujer.

Lluvia es poesía visual sobre lo inconsolable. El tema es el mismo que el del texto de Javiér Gomá sobre el que Ernesto Caballero dirigió a Fernando Cayo en un monólogo memorable. Pero aquí no hay palabras. Solo gestos sensibles, objetos amigables, proyecciones pertinentes y músicas deliciosas. Y tres actores magníficos que saben hacer de sus cuerpos los signos perfectos para un lenguaje hermosísimo que ha conseguido cautivar a los doscientos alumnos de primero y segundo de ESO que, en el Día Mundial del Teatro, hemos traído esta mañana al Palacio Valdés. Hace dos semanas traíamos a otros trescientos algo mayores para ver La edad de la ira de La Joven Compañía. Ninguna de las dos obras es eso que algunos llaman teatro escolar. Son más bien muestras del buen teatro que se puede hacer con palabras o sin ellas. Ese tipo de teatro que, igual que a los adultos, también fascina a los más jóvenes. Porque trata temas muy próximos o muy universales y los trata bien. Transmitiendo esa emoción y contagiando esa pasión de la que los actores dieron buenas muestras en el escenario y también en las respuestas a las preguntas que nuestros adolescentes les hicieron después.  Lluvia mereció el año pasado el premio al mejor espectáculo en FETEN. Y merecería también que la vieran los padres y los abuelos de nuestros alumnos. También sus profesores (hoy éramos quince) y, por supuesto, los críticos que escriben reseñas en los periódicos. Porque el teatro apto para todos los públicos es el que emociona, el que fascina y el que da que pensar. Lluvia es ese tipo de teatro. Por eso no es teatro escolar. 


domingo, 25 de marzo de 2018

Brickman Brando Bubble Boom

idea original: Àlex Serrano y Pau Palacios.
una producción de Festival TNT y Agrupación Señor Serrano

con Diego Anido, Alex Serrano, Pau Palacios y Jordi Soler.
 
25 de marzo de 2018. Teatro Campoamor, Oviedo. 65’ aprox.


Vidas paralelas. Las de John Brickman y Marlon Brando. La de un constructor inglés que inventó las hipotecas y la del gran actor americano que quiso hacer de una isla su hogar. Cuatro intérpretes polivalentes nos las van presentando mientras levantan una casa de poliuretano en la que se proyectan imágenes que ellos mismos van filmando en el escenario. 

Se cierra esta cuarta edición de la Semana del Audiovisual Contemporáneo de Oviedo con este espectáculo mestizo entre lo escénico y lo audiovisual que juega con las biografías de Marlon Brando y de un tal John Brickman. La hibridación entre esos dos personajes es muy acertada y el uso de recursos propios de la construcción pret a porter es más que atinada. También esas burbujas que de cuando en cuando caen para recordarnos la naturaleza de lo que ha pasado. Pero para mi este espectáculo llega tarde. Primero, porque el tema de las hipotecas y la especulación inmobiliaria ya no resulta tan novedoso como seguramente lo fue hace seis años cuando se estrenó. Y segundo, porque el dispositivo no es muy diferente al de aquella joya llamada El agitador vórtex que también vino al Campoamor con motivo de la tercera edición de SACO. En aquella obra inclasificable Cristina Blanco hizo maravillas ella solita en este mismo teatro. Por eso, aunque el trabajo de los cuatro miembros de la Agrupación Señor Serrano ha sido estupendo esta noche y seguramente habrá encantado a quienes hayan visto por primera vez propuestas fronterizas como esta, algunos no podemos olvidar a Cristina Blanco.

sábado, 17 de marzo de 2018

Gente estúpida

escrita y dirigida por Daniela Fejerman.
una producción de Vida inteligente producciones.
con Silvia Nieva, Antonio Serrano y Ángel Díaz de Rada.

17 de marzo de 2018. Centro Niemeyer (Club), Avilés. 95’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer
.

En una reunión de padres y madres una maestra desvela que uno de ellos se ha quedado con los setecientos euros que había en una cuenta para actividades de los niños. Un hermano y una hermana discuten en la sala de espera de un hospital sobre lo que deben hacer con su madre, justo antes de que ella decida irse a la costa. Una policia habla con un inglés para que se haga cargo de su hijo que acaba de sobrevivir al balconing. Una pareja que se había separado se reconcilia sabiendo que todo volverá a ser igual. Y un hombre que se ha estrellado con su coche contra una escultura en medio de una rotonda discute con la concejala que le ha embestido con el suyo. Cinco historias sobre gente estúpida sirven de ilustración de las cinco leyes de la estupidez humana que nos va explicando el profesor Ángel Díaz de Rada.

Esas cinco leyes las formuló el economista italiano Carlo María Cipolla que, en un pequeño ensayo satírico, distinguió cuatro tipos de seres humanos: inteligentes, incautos, malvados y estúpidos. Ángel Díaz de Rada nos las va explicando con la claridad y el estilo propio de un profesor universitario (él lo es en la UNED). Sin este divertido hilo conductor, las cinco historias que interpretan con solvencia y mucha gracia Silvia Nieva y Antonio Serrano serían como cinco piezas relativamente independientes sobre hombres y mujeres con relaciones poco envidiables. Pero ese relato a la universitaria manera las convierte en ilustraciones pertinentes para esa teoría hilarante que nos va desgranando este profesor con la seriedad y la claridad propia de quien se sabe seguro al mando del Power Point. Así que Gente estúpida es una comedia fragmentaria y a la vez muy coherente. Como tantas clases universitarias que no suelen tomarse a broma.

viernes, 9 de marzo de 2018

El tratamiento

texto y dirección: Pablo Remón.
una producción de La_Abducción y Buxman Producciones.
con Ana Alonso, Francesco Carril, Bárbara Lennie, Francisco Reyes y Emilio Tomé.

9 de marzo de 2018. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 90’ aprox. Estreno absoluto.

Un guionista prepara un tratamiento para una historia sobre la guerra civil. Es profesor de guión y tiene que soportar que las historias alucinadas de alguno de sus alumnos acaben colándose en su película convirtiendo en alienígena al ejercito franquista. Una exnovia suya olvidó que había escrito un relato sobre una chica que quería recordar la magia de un instante perfecto. El guionista tenía un hermano que murió hace tiempo, pero quisiera tenerlo a su lado en el estreno de su película. También hay encuentros diversos con otras gentes del cine. Y hasta un conductor que le enseña al guionista que los seres queridos nunca están en los tanatorios.

Cotidianidad poética, humor sutil, evocación existencial. Así empezaba el comentario de Barbados, etcétera, la segunda obra de Pablo Remón que veíamos en el off del Niemeyer el pasado noviembre. Y creo que esa descripción le va bien a su teatro. Sus textos conjugan extraordinariamente la evocación generacional, el hiperrealismo de los lenguajes, la ternura poética, el humor más grato y un relieve reflexivo que hace protagonistas a sus personajes no solo de su vida en la ficción sino también de los subtextos y metatextos que los conectan con nosotros. La escritura de Pablo Remón es prodigiosa. Hace reir, pensar y emocionar casi en la misma frase. Viendo La abducción de Luis Guzmán quedé abducido para siempre con esos mundos extraños y entrañables que me resultan tan próximos. En Barbados, etcétera disfruté lo indecible con esa cosmología generacional y esa profundidad discursiva que logró que aún no esté seguro de si aquellas historias las vi en el escenario o existieron solo en mi cabeza. En El tratamiento Pablo Remón usa el gran angular y nos presenta en sala grande una panorámica sobre lo que significa crear ficciones y existir en, con, por y para ellas. Pablo Remón es, por tanto, uno de los autores más singulares de nuestro teatro actual, pero también es un director sutil y poderoso que en esta obra ha dispuesto una escenografía que deja ver todos los recursos que los personajes usarán en la maravillosa miscelánea de esta cortísima hora y media. Su manera de dirigir a los actores también resulta perfecta. Seguramente porque se intuye una complicidad extraordinaria no solo con Ana Alonso, Francisco Reyes y Eminio Tomé (los que hemos visto aquí en sus otras obras) sino también con Bárbara Lennie y Francesco Carril que forman con ellos un quinteto conjuntadísimo cuyo impresionante trabajo de esta noche uno quisiera, como el personaje del inicio, no olvidar nunca. Así que, aunque no he visto 40 años de paz (pero sí No sé decir adiós, la magnífica película de Lino Escalera cuyo guión también es de Pablo Remón), me siento muy afortunado por vivir en Avilés y haber podido ver tres obras de este gran autor. El estreno de El tratamiento ha sido memorable. La semana próxima llegará a Madrid por la puerta escénica más grande: la del Pavón Kamikaze. Estoy seguro de que allí también recibirá muy buenas críticas. Estaremos pendientes de ellas y de los próximos trabajos de Pablo Remón.

sábado, 3 de marzo de 2018

La cantante calva

de Eugène Ionesco. Versión: Natalia Menéndez. Dirección: Luis Luque
producción: Pentación espectáculos y Teatro Español.
con Adriana Ozores, Fernando Tejero, Joaquín Climent, Carmen Ruiz, Javier Pereira y Helena Lanza.

3 de marzo de 2018. Centro Niemeyer, Avilés. 80’ aprox.

El señor y la señora Smith reciben. El señor y la señora Martin llegan. Hay también una sirvienta. Y un bombero buscando incendios. Todo muy inglés. Muy cotidiano. Y muy absurdo.

En el programa de mano se recuerda que Ionesco quedó bastante extrañado con las risas del público durante el estreno. A mi también me han sorprendido algunas que ha habido esta noche. Al explorar los automatismos del lenguaje y los límites de los usos sociales Ionesco hacía de forense de lo cotidiano. Así que los diálogos espasmódicos y las logorreas sincopadas de los personajes de La cantante calva tienen algo de autopsia, de retrato descarnado (como los cuadros de Francis Bacon) del mundo cotidiano. En España Tip y Coll hacían algo de eso y daban mucha risa. Pero lo mejor de aquella pareja no era que hacían reír sino que hacían pensar. El extrañamiento al que Ionesco somete al lenguaje puede parecer chocante e, igual que ellos, mover a risa. Pero su principal intención es más bien decaparlo, retirar sus letanías y mostrar qué se oculta tras el encadenamiento de las palabras. En La cantante calva ese ejercicio es brillante, pero será mucho más intencionado en obras como El rey se muere y, sobre todo, en Rinoceronte. De esta última vimos hace tres años una versión magnífica de Ernesto Caballero en el María Guerrero. La de La cantante calva de Luis Luque es también memorable. La puesta en escena es impecable con un espacio tan bien definido por ese punto de fuga radical en la puerta lejana, esa bandera británica que hace de telón transparente y esa esfera ocular que puede convertirse en reloj o en la mismísima reina de Inglaterra que nos despide al final. También los seis actores han estado magníficos componiento ese entramado discursivo dislocado que les exige una gran complicidad para expresar de modo coral las incoherencias y metacoherencias de sus personajes. Así que el intenso aplauso del público que esta noche volvió a llenar el Niemeyer fue más que merecido.

Texto 

viernes, 2 de marzo de 2018

Como ceniza blanca sobre una hoguera

de Néstor Villazón. Dirección: Gemma de Luis.
producción: La Tejedora de Sueños
con Jorge Moreno, Félix Corcuera, Nacho Ortega, Mayra Fernández, Manu Lobo y Verónica Gutiérrez.

2 de marzo de 2018. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 80’ aprox. Ciclo "Hecho en Asturias".

La inquisición, los Reyes Católicos y los judíos. Alguna posible conspiración y también algunas torturas. Un bufón locuaz y unos clérigos canallas. Todo en escenas sucesivas en lugares apropiados.

Las proyecciones, la iluminación y las interpretaciones son impecables. Pero la historia no me atrae. No entiendo el por qué del tema y el texto no consigue que lo que pasa en el escenario me interese más que por lo bien que los actores interpretan sus personajes múltiplicados y por lo bien que funcionan esos espacios proyectados que parecen tan reales.

sábado, 24 de febrero de 2018

Iphigenia en Vallecas

de Gary Owen. Dirigida por Antonio C. Guijosa. Adaptación: María Hervás.
una producción de María Hervás y Serena Producciones.
con María Hervás.

24 de febrero de 2018. Centro Niemeyer (Club), Avilés. 85’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer
.

Ifi es una choni de Vallecas. Sin oficio ni beneficio tiene una vida intensa entre borracheras y resacas. Pero también es una chica muy lúcida. Por eso nos habla de sacrificios. Del que hizo cuando renunció a destrozarle la vida a aquel hombre con el que podría no sentirse nunca más sola. O del que hizo por nosotros tras perder en una ambulancia la hija que esperaba.

Un monólogo arrebatador. Extremadamente meritorio en ese registro que María Hervás se impone al trasladar la historia de Gary Owen al personaje de esta Ifi vallecana. Y emocionante hasta la lágrima en evocaciones tan poderosas como la del encuentro en Parla con la mujer y la hija de su amante o la de la noche de nieve en el hospital y la ambulancia. Que el sacrificio de la hija de Agamenón se convierta en el de una heroína suburbial es todo un acierto de Owen. Pero la forma en que María Hervás hace español, madrileño y vallecano (es decir, universal) a este personaje tiene el mérito de convertir el mito de Ifigenia en un drama airado contra los recortes de aquí. Pero, además de saber construir esta historia tan poderosa con la ayuda de una dirección sobria y ajustadísima de Antonio C. Guijosa, María Hervás ha hecho lo más difícil: ser la Ifi, ese personaje fascinante que es capaz de meter miedo, enamorar o dar pena y que, además, lo sabe. Un personaje tan radical que no puede escapar de sus raíces. Pero que acabará negándose a lo que ellas le piden para aceptar por los demás un sacrificio que conmovería hasta a Eurípides. Así que, con formato muy íntimo, ha sido teatro muy grande el del monólogo de esta noche. Como el que nos viene deparando esta afinidad deliciosa entre espacios escénicos tan extraordinarios como los del Pavón Kamikaze y los nuestros. 
 

viernes, 16 de febrero de 2018

Crimen y telón

idea original y creación colectiva: Ron Lalá. Texto: Álvaro Tato. Dirección: Yayo Cáceres.
una producción de Ron Lalá.
con Juan Cañas, Íñigo Echevarría, Fran García, Miguel Magdalena y Daniel Rovalher.

16 de febrero de 2018. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 90’ aprox.

En 2038 hace tiempo que todas las artes han sido prohibidas en Ciudad Tierra. En un escenario clandestino aparece (y luego desaparece) el cadáver del Teatro. El teniente Blanco, de la Agencia Anti Arte, deberá aclarar lo sucedido. También lo investiga el detective Noir, un antiguo adicto a la poesía que, para resolver el crimen, contactará en los bajos fondos con Comedio y Tragedio, los lugartenientes de ese arte aparentemente asesinado.

La especialidad de los ronlaleros no es solo actualizar el pasado para reivindicar magistralmente nuestro teatro. Con Siglo de Oro, siglo de ahora (Folía), En un lugar del Quijote y Cervantina nos convirtieron en devotos de su alegría, ironía, humor y velocidad (y también de su música). Pero ahora los fieles de esta religión escénica con voluntad ecuménica hemos sido invitados a una descacharrante ceremonia prospectiva con aires de género negro en la que somos partícipes de la investigación sobre un crimen que se está forjando en este presente extraño en el que el poder parece empeñado en acabar con el teatro pero el teatro (por ejemplo esta noche) se muestra más poderoso que nunca. Con un programa de mano que no tiene desperdicio nos preparamos para esta hora y media impagable que demuestra una vez más que es posible dar que pensar y hacer reir al mismo tiempo. El ritmo de los ronlaleros es trepidante, su lenguaje intencionado, su recorrido por el espacio teatral exhaustivo y su repaso histórico vertiginoso y completo. Así  que no es difícil que uno pierda de vista los hechos de esta investigación detectivesca que se remonta con Edipo a los orígenes de un arte que no reconoce padre ni madre y que llega hasta las vanguardias metateatrales que se miran el ombligo desde el escenario. Para que no nos perdamos, el detective Noir abre y cierra notas de voz que luego repasa (como en aquellos inolvidables "abro paréntesis, cierro paréntesis" de Siglo de Oro, siglo de ahora) haciendo que, aunque las partes ya componen un conjunto magnífico que nos mantiene hipnotizados, tengamos claro qué pretenden los textos y subtextos de este todo teatral omniabarcante. A la salida uno se siente orgulloso de vivir en una de esas ciudades que valoran y llenan sus teatros porque saben que en ellos se oficia ese arte total en el que se hermanan la poesía y la lucidez. Desde luego, los de Ron Lalá son maestros en conseguirlo. No sé lo que pasará con el teatro en 2038, pero en despertar la reflexión hilarante este siglo ha empezado siendo ronlalero.

lunes, 12 de febrero de 2018

Latente

dirección: Paula Quintana. Texto: Carlos Pedrós. Música: J. A. Simarro.
con Paula Quintana

12 de febrero de 2018. El Pavón Teatro Kamikaze (ambigú), Madrid. 60’ aprox.

Una chica trae un paquete para Paula Quintana. Nos pregunta por ella pero parece que no está. Así que mientras la espera vemos lo que hace. Baila, habla, quizá sueña... Es una mujer joven que siempre hace lo que debe y no quiere ser astronauta. 

Una expresión corporal superlativa con taconeos medio flamencos y gestos de danza contemporánea. Un texto enigmático y cautivador en el que resuenan letanías y frases hechas de la gente mas normal. Y una expresividad magnética de esta Paula Quintana que sí ha venido esta tarde (¡vaya si ha venido) y que uno quisiera que no se fuera nunca de este escenario de recursos mínimos y proximidad máxima. Quiero que vuelva a bailar, que vuelva a pronunciar palabras irónicamente desveladoras y subyugantes, que vuelva a moverse como nadie por este escenario íntimo del ambigú superior del Pavón Kamikaze. Lo pienso mientras la estoy viendo y deseo que no acabe nunca esta hora perfecta y cautivadora. Y lo pienso después de salir de este querido teatro en el que hoy hemos podido disfrutar tanto con el originalísimo e impecable trabajo de esta actriz, bailaora, bailarina y medio poeta escénica que se llama Paula Quintana.

domingo, 11 de febrero de 2018

El ángel exterminador

de Luis Buñuel. Versión: Fernando Sansegundo. Dirección: Blanca Portillo.
una producción del Teatro Español.
con Hugo Alcaide, Juan Calot, Inma Cuevas, Abdelatif Hwidar  Ramón Ibarra,  Alberto Jiménez, Juanma Lara, Víctor Massán, Anabel Maurín, Manuel Moya, Dani Muriel, Alfredo Noval, Alex O'Dogherty, Francesca Piñon, Cristina Plazas, Camilo Rodriguez, Irene Rouco, Mar Sodupe, Mª Alfonsa Rosso y Raquel Varela

11 de febrero de 2018. Teatro Español, Madrid. 120’ aprox.

Tras un concierto un grupo de invitados celebrará una fiesta en casa de un matrimonio que lo ha preparado todo para recibirlos. Extrañamente los camareros se van antes de que lleguen. Luego nadie será capaz de salir de allí.

La teatralidad de la inquietante película de Buñuel me parece evidente y Blanca Portillo la aprovecha con una propuesta muy notable en la que se subraya la separación de la cuarta pared no solo con esa linea de cristales que los invitados no pueden traspasar sino con la presencia de algunos personajes exteriores en el patio de butacas (casi a nuestro lado se han desmontado cuatro de ellas para dejar espacio a dos sillas en las que una Penélope muy bien traída teje a la espera de que la cosa se resuelva). El epílogo que convierte el teatro en iglesia es también impresionante. Así que con sus veinte actores y una escenografía poderosa la historia sobradamente conocida de Buñuel no nos defrauda en esta actualización teatral a la que solo le pondría dos peros: una mejor definición de los perfiles de los personajes y algunos problemas en la acústica por esa amplificación que intenta compensar el aislamiento que generan los cristales que nos separan en parte de su espacio escénico.


sábado, 10 de febrero de 2018

Voltaire/Reusseau. La disputa

de Jean-François Prévand. Dramaturgia y dirección: Josep María Flotats.
coproducción del Centro Dramatico Nacional y Taller 75.
con Josep María Flotats y Pere Ponce.

10 de febrero de 2018. Teatro María Guerrero, Madrid. 90’ aprox.

Rousseau visita a Voltaire muy enfadado por un texto anónimo en el que se le ridiculiza. El anfitrión intenta hacerle ver que probablemente se lo tiene merecido.

Voltaire, Rousseau, Flotats y Ponce en el María Guerrero. De un cuarteto así y en un lugar con este solo cabría esperar lo mejor. Pero con un texto como el de Jean-François Prévand no hay nada que hacer. Se nos presenta a un Voltaire que juega en casa y del que se nos presupone partidarios frente a un Rousseau imbécil del que debemos asumir que ha sido sobrevalorado por la historia. Así que el encuentro no parece el de dos pensadores notables interpretados por dos actores solventes sino que se me antoja como los de esas comedias llenas de resortes en las que el público se ríe con la condescendencia del anfitrión y la torpeza del recién llegado. Pero Flotats no es Arturo Fernández y el Centro Dramático Nacional no es uno de esos teatros privados en los que la gente piensa poco y se ríe mucho. Qué le vamos a hacer. Al menos esta tarde hemos visto una buena película sobre Marx.