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domingo, 15 de febrero de 2026

La última noche con mi hermano

Texto y dirección: Alfredo Sanzol
Producción: Centro Dramático Nacional y Teatre Nacional de Catalunya.
con
Elisabet Gelabert, Ariadna Llobet, Nuria Mencía, Biel Montoro, Jesús Noguero y Cristóbal Suárez.

15 de febrero de 2026. Teatro María Guerrero, Madrid. 130 aprox.

A Nagore le han diagnosticado un cáncer avanzado. Ella vive sola, pero tiene una relación muy estrecha con su hermano Alberto, que es muy feliz con Ainhoa. Nahia y Oier son los hijos de él y de ella. Los dos se llevan como hermanos. A Ainhoa le duele especialmente haber perdido la relación con el suyo. Se llama Claudio y es un reputado oncólogo al que ahora piden ayuda para afrontar y acompañar el final de Nagore.
 
Una reflexión honda y conmovedora sobre el acompañamiento en las circunstancias más difíciles. Alfredo Sanzol tiene el acierto de situarnos en el punto de vista de Nagore y que sea ella la que nos guíe. Así podemos entender mejor los tres binomios fraternos de esta familia desde la singular perspectiva de su personaje angular. De forma más patente que en otras obras anteriores, la ternura hiperrealista preside esta nueva aproximación de Sanzol al universo de la familia. Aquí hay desavenencias pretéritas de raíz política, pero predomina el afecto y la esperanza. Sentimientos que hacen tan deseable, pero tan difícil, sortear la desesperación. El título y el tema podrían hacer pensar que la congoja, el miedo o las resonancias con vivencias personales podrían hacer poco estimulante esta propuesta. Sin embargo, sucede lo contrario. Sanzol nos hace querer mucho a esos personajes, tan bien interpretados, en esas hermosas escenas que se van sucediendo de forma  tan fluida y sutil. De hecho, la referencia final al duelo con ese objeto que la hermana había recomendado al hermano, tiene una dulzura inigualable como broche de estas dos horas y pico de teatro delicado y cercano que se pasan en un suspiro. La última noche con mi hermano tiene afinidad temática con Tres adioses, la última película de Isabel Coixet. Pero lo que conmueve y hace recomendables ambas propuestas es la ternura vitalista que comparten Marta y Nagore, tan magníficamente interpretadas por Alba Rohrwacher y Nuria Mencía. 
 

viernes, 14 de febrero de 2020

Ricardo III

de William Shakespeare. Versión libre de Miguel del Arco y Antonio Rojano. Dirigido por Miguel del Arco.
Una producción de El Pavón Teatro Kamikaze.
con Álvaro Báguena, Chema del Barco, Israel Elejalde, Alejandro Jato, Verónica Ronda, Cristóbal Suárez y Manuela Velasco.

14 de febrero de 2020. Centro Niemeyer, Avilés. 120’ aprox.


A la muerte de Eduardo IV su hermano comienza una carrera de intrigas para llegar a ser rey. Aunque vemos al insidioso personaje de Shakespeare desde el invierno de nuestro descontento hasta la agónica petición de un caballo, también asistimos a la forja de un canalla de cualquier tiempo. Por ejemplo, el actual. 

Miguel del Arco y Antonio Rojano hacen contempooráneo (y hasta ibérico) al gran clásico. Parece un tópico pero así es. De hecho, no hay que esforzarse mucho para comprender que la catadura moral del Ricardo III shakespeariano no está lejos de la deontología política (qué extrañas suenan estas dos palabras juntas) de los Trump, los Johnson, los Bolsonaro o los voxeadores. La fuerza de Israel Elejalde encarnando al malvado y acercándolo a las maneras broncas de los políticos actuales más impresentables hacen que todo lo que pasa en el escenario (y a veces fuera de él) resulte magnético aunque sea moralmente repulsivo. Pero el mérito, siendo mucho, no es solo de él y del estupendo elenco que lo acompaña en este montaje al que (y sucede pocas veces) no le queda grande el escenario del Niemeyer. El mérito es también de un Miguel de Arco que, a partir de un espacio vacío magníficamente modulado con unas luces y un sonido oportunísimos, nos ofrece un periplo impecable por los avatares de este arquetipo del mal. Creo que Miguel del Arco ha tenido presente (además del texto de Shakespeare y los ejemplos de nuestro tiempo)  la impresionante versión de Sam Mendes para el Old Vic que, antes de que nuestro particular Ricardo III asturiano asediara al Centro Niemeyer, pudimos ver en Avilés en aquel montaje que también tenía un escenario levemente inclinado, una ortopedia contemporánea y algunas proyecciones mediáticas. Lo cierto es que el Ricardo III de Miguel del Arco no es menos memorable que el de Sam Mendes, como también hay que reconocer que Kevin Spacey estuvo a la altura del gran Israel Elejalde. Y es que así se las gastan las gentes del Kamikaze.

sábado, 15 de febrero de 2014

Las amistades peligrosas

de Choderlos Laclos. Versión de Javier L. Patiño y Darío Facal. Dirección: Darío Facal. 
una producción de Metatarso.
con Carmen Conesa, Cristobal Suárez, Iria del Río, Lucía Diez, Daniel Ibáñez y Lola Manzano.

15 de febrero de 2014. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 100’ aprox.


La complicidad en los desafíos entre la marquesa de Merteuil  y el vizconde de Valmont tiene como víctimas a Madame de Tourvel y a Cecile, una mujer casada y una virgen que caen rendidas ante este depravado seductor.

Cartas sobre celadas amorosas entre el 4 de agosto y el 1 de diciembre de 1778. Testimonios de una historia que pasa de los juegos estivales al sufrimiento invernal. El reto está en el cine. En  distanciar al público de las historias de Stephen Frears y Milos Forman. Y la solución está en el escenario. En hacerlo mestizo con un mínimo mobiliario dieciochesco y la parafernalia propia de un concierto de rock. Al principio la mezcla desconcierta. Los intérpretes de esta lección cinegética francesa tocan la guitarra eléctrica, los teclados (la marquesa de Merteuil ya los está tocando cuando entramos) y la batería (sus solos serán metáfora de orgasmos). También cantan ante los micrófonos. Y declaran desde allí lo que les sucede a sus personajes. Casi como locutores que intercalan contenidos epistolares con juegos interpretativos tan osados y magníficos como los que trenzan un Cristobal Suárez sobresaliente en el papel de Valmont y una Lucía Diez impresionante como niña que se inicia en la gimnasia del amor. La obra sustituye a La venus de las pieles cuyo estreno, previsto para hoy en el Palacio Valdés, se ha tenido que aplazar. Ayer veíamos en el cine la magnífica versión que Polanski ha hecho de esa novela clásica. Hoy hemos visto en el teatro una sorprendente revisión de una historia que ya es clásica en el cine. Cuando los resultados son así es un gusto ver estos duelos entre las dos artes.

viernes, 18 de octubre de 2013

Misántropo

versión y dirección de Miguel del Arco a partir del original de Molière. 
Kamikaze producciones.
con Israel Elejalde, Raúl Prieto, Cristóbal Suárez, Bárbara Lennie, José Luis Martínez, Miriam Montilla, Manuela Paso.

18 de octubre de 2013. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 105’ aprox. Estreno absoluto

Alcestes sufre con la hipocresía y la banalidad de quienes le rodean. Su sinceridad es disfuncional en un mundo en que la palmada y la puñalada en la espalda son intercambiables. Un callejón al lado de una fiesta es el escenario en el que su misantropía chocará con la manera en que los demás entienden la convivencia. Y el amor. 

Tercer estreno seguido en el inicio de esta temporada teatral de Avilés. El más aplaudido por el público. La escenografía lo merece. También la dirección de unos actores que nos hacen sentir en los aledaños de una fiesta de esas gentes a las que hasta hace poco llamábamos yuppies. Un buen lugar para trasladar la mirada de Molière. Pero también arriesgado. Este Misántropo es la historia de un Sócrates desesperado que, en medio tantos sofistas, acaba perdiendo su amor platónico. Una tragedia cómica. O una comedia trágica. Cuando se sitúa entre ambas funciona muy bien. Pero no cuando escora hacia esa comicidad que tanto agrada al público más ingenuo. Ni cuando la deuda con Molière obliga al autor a subrayar el sufrimiento del personaje central. Su egocentrismo dramático se hace cansino. Lo que le pasa a este Alcestes en este callejón sin salida me recuerda a lo que sienten “los del palo” en medio de las fiestas. Javier Cercas ha hablado así de su propia adolescencia en su pueblo extremeño. Mientras los demás bailaban y disfrutaban, ellos los observaban apoyados en el palo. Con demasiado tiempo para pensar. Y para sufrir. La función por hacer, Veraneantes o La violación de Lucrecia (lamento no haber visto De ratones y hombres) demuestran que Miguel de Arco es un autor y un director excepcional. Pero Deseo o la aclamada Juicio a una zorra no me han sorprendido tanto. Tampoco este Misántropo que tiene excelentes momentos, pero también otros mejorables. Justamente aquellos en los que Miguel del Arco es menos fiel a si mismo y más a Molière. O a ese público que aplaude fuerte cuando se le hace reír sintiendo que la hipocresía está en los demás. ¿Seré algo misántropo?