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viernes, 20 de marzo de 2026

La vida extraordinaria

Dramaturgia y dirección: Marco Tenconi Blanco.
Una producción de Producciones Teatrales Contemporáneas.
con Malena Alterio y Carmen Ruiz.


20 de marzo de 2026. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 120’ aprox. Estreno absoluto.

Las vidas de Aurora y de Blanca. Dos amigas que lo son desde los cinco años y han llevado vidas separadas, pero finalmente se reencuentran. La sintonía es total. También en lo fallido de sus peripecias sentimentales.    
 
Tres partes con escisión en la segunda, la de los diarios amorosos de cada una. La primera es el encuentro en el entierro del padre de Aurora. La última es la reunión final de las dos. Hay también un prólogo y un epílogo audiovisuales sobre la nada, el todo y la vida. Un relato poético en blanco y negro que recuerda a Las potencias de diez de los Eames o al Calendario cósmico de Carl Sagan y que enmarca y da trascendencia a esta singular historia doblemente femenina. El tono de la obra no puede ser más mestizo. Tan naif como sarcástico y tan sicalíptico como tierno. El registro de los personajes es a la vez pretérito e intemporal. En el escenario están acompañados por la música en directo de un violín y un piano que subrayan, acompañan o matizan el tono de sus cuitas. Tanta mezcolanza es posible por el acierto de Marco Tenconi Blanco con un texto inesperado y el trabajo impecable de las dos actrices. Malena Alterio está magnífica en el personaje de Aurora  con el que añade un nuevo éxito a su buen hacer en el teatro (Los que hablan, Los amigos de ellos dos) y en el cine (Que nadie duerma). Y Carmen Ruiz está también estupenda con su poderosa interpretación del personaje de Blanca. Así que ha sido otra noche de estreno muy grata con esta obra inclasificable y cautivadora.
 

viernes, 18 de enero de 2019

7 años

idea original de José Cabeza. Version y dirección: Daniel Veronese.
producción: Producciones Teatrales Contemporáneas.
con Juan Carlos Vellido, Daniel Pérez Prada,Eloy Azorín, Carmen Ruiz y Miguel Rellán.

18 de enero de 2019. Centro Niemeyer, Avilés. 80’ aprox.

Cuatro socios de una empresa tienen un grave problema con Hacienda. El delito que han cometido es grave y está penado con siete años de cárcel. Antes de que el lunes llegue la policía a detenerlos, uno de ellos podría asumir toda la culpa y entrar solo él en la cárcel. Pero decidir quién lo haría no les resulta fácil. Por eso han contratado a un medidador que les ayude.

El dilema es muy potente. Pone a prueba las relaciones entre los cuatro personajes y les obliga a enfrentar los conflictos entre la ética del merecimiento y la ética de las consecuencias. El quinto personaje sirve de contrapunto que objetiva y guía ese juego dramático. El texto tiene una estructura impecable y una cuidadísima atención a la verosimilitud del lenguaje. Veronese impone además un ritmo trepidante a las interacciones entre unos personajes que tienen la fortuna de estar encarnados por cinco actores soberbios. Todos clavan su carácter. Desde las presencias físicas y los ademanes hasta las maneras de enfrentarse al dilema tanto por la fuerza de sus discusiones como por la expresividad de sus silencios. Al parecer 7 años viene de las pantallas y fue la primera incursión en España de esa perversa máquina de secuestrar al público y a los artistas que se llama Netflix. Hoy esta obra ha llenado el auditorio del Niemeyer y ha demostrado una vez más que salir de casa y compartir emociones es algo que los humanos venimos haciendo con mucho agrado desde hace más de dosmil años en los teatros y desde hace más de un siglo en los cines. Una forma de vivir la ciudad y de sentir el arte mucho más gratificante y más humana que la aceptación acrítica de esa invitación diabólica a la vida monádica que nos ofrecen esos secuestradores de historias y de vidas que merecerían bastante más que siete años de condena.

sábado, 3 de marzo de 2018

La cantante calva

de Eugène Ionesco. Versión: Natalia Menéndez. Dirección: Luis Luque
producción: Pentación espectáculos y Teatro Español.
con Adriana Ozores, Fernando Tejero, Joaquín Climent, Carmen Ruiz, Javier Pereira y Helena Lanza.

3 de marzo de 2018. Centro Niemeyer, Avilés. 80’ aprox.

El señor y la señora Smith reciben. El señor y la señora Martin llegan. Hay también una sirvienta. Y un bombero buscando incendios. Todo muy inglés. Muy cotidiano. Y muy absurdo.

En el programa de mano se recuerda que Ionesco quedó bastante extrañado con las risas del público durante el estreno. A mi también me han sorprendido algunas que ha habido esta noche. Al explorar los automatismos del lenguaje y los límites de los usos sociales Ionesco hacía de forense de lo cotidiano. Así que los diálogos espasmódicos y las logorreas sincopadas de los personajes de La cantante calva tienen algo de autopsia, de retrato descarnado (como los cuadros de Francis Bacon) del mundo cotidiano. En España Tip y Coll hacían algo de eso y daban mucha risa. Pero lo mejor de aquella pareja no era que hacían reír sino que hacían pensar. El extrañamiento al que Ionesco somete al lenguaje puede parecer chocante e, igual que ellos, mover a risa. Pero su principal intención es más bien decaparlo, retirar sus letanías y mostrar qué se oculta tras el encadenamiento de las palabras. En La cantante calva ese ejercicio es brillante, pero será mucho más intencionado en obras como El rey se muere y, sobre todo, en Rinoceronte. De esta última vimos hace tres años una versión magnífica de Ernesto Caballero en el María Guerrero. La de La cantante calva de Luis Luque es también memorable. La puesta en escena es impecable con un espacio tan bien definido por ese punto de fuga radical en la puerta lejana, esa bandera británica que hace de telón transparente y esa esfera ocular que puede convertirse en reloj o en la mismísima reina de Inglaterra que nos despide al final. También los seis actores han estado magníficos componiento ese entramado discursivo dislocado que les exige una gran complicidad para expresar de modo coral las incoherencias y metacoherencias de sus personajes. Así que el intenso aplauso del público que esta noche volvió a llenar el Niemeyer fue más que merecido.

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