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viernes, 13 de octubre de 2023

Don Ramón María del Valle-Inclán a través de Ramón Gómez de la Serna

Dramaturgia y dirección: Xavier Albertí.
una producción del Teatro Español y Bravo Teatro SL.
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on Pedro Casablanc y Mario Molina (al piano)


13 de octubre de 2023. Centro Niemeyer (auditorio), Avilés. 70’ aprox.

Un repaso a la vida de Don Ramón María del Vallé-Inclán hecho por Ramón Gómez de la Serna con la ayuda de un pianista, un guante y un monóculo.

De Pedro Casablanc uno siempre espera trabajos superlativos. Y él nunca defrauda. Los últimos que ha traído a Asturias son buena prueba de ello. El año pasado estrenó en este mismo teatro esa joya inclasificable titulada Decadencia y poco antes nos había deslumbrado en el Jovellanos con aquel impresionante repaso al Torquemada de Benito Pérez Galdós. Hoy vuelve a Avilés con este monólogo que abre a portagayola con la lección de Ramón Gómez de Serna sobre el canto de las gallinas, las virtudes del monóculo y la mano del orador. A partir ahí, Pedro de la Serna se hacen cargo de Valle-Inclán y nos lo muestran, casi de cuerpo presente, poniendo a la vista sus raíces aristocráticas gallegas, sus querencias por la bohemia madrileña y la singularidad de un hombre cuyo nombre ya es adjetivo. Casablanc cuenta, canta, baila y, como querría el propio Valle-Inclán, hace lo que le da gana en un escenario simplísimo (solo él, Mario Molina y un piano) desde el que nos embelesa con esta semblanza de un escritor, de un país, de un tiempo y del propio arte de hacer arte. Así que hay que darle las gracias a él, a Xavier Albertí y a los dos ramones por esta hora larga de fascinación escénica y literaria que se nos ha hecho tan corta.

Programa de mano

viernes, 18 de marzo de 2022

Decadencia

de Steven Berkoff. Adaptación: Benjamín Prado. Dirección: Pedro Casablanc.
Producción: ES[OFF] - VANIA

con Maru Valdivieso y Pedro Casablanc.

18 de marzo de 2022. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 75’ aprox. Estreno absoluto.

Cuatro hedonistas viscerales emparejados de dos en dos. Por un lado, el depredador y su amante igualmente salvaje, y, por otro, su esposa que ha domesticado al suyo para dañarle. Los vemos siempre por separado. Tramando y ejecutanto formas de satisfacer sus deseos. Comiendo, bebiendo, fumando y sobre todo fornicando. Hablan y follan sin parar con un desprecio
compulsivo hacia los que no son de su especie. La de unas élites carroñeras de un mundo en decadencia.
 
Al fondo del escenario un inmenso espejo roñoso que refleja las posturas sin postureo de estos seres anencefálicos y en el que también nos intuimos nosotros mientras los contemplamos. Delante del espejo dos biombos verticales como estandartes metafóricos de lo vulvar y lo cipotudo, los motores vitales de unos seres que ejecutan compulsivamente sus rituales de apareamiento y destrucción. Hay también dos grandes chaise longes rojos en un espacio sin matices en el que la negrura y la estridencia configuran el hábitat natural de estos onanistas del cuerpo y la palabra. Steven Berkoff los retrató sin filtro en este animalario de las élites inglesas de los ochenta que a nosotros nos resulta bastante familiar. Y no solo por el parentesco entre nuestros pijos y los suyos, sino por lo valleinclanesco de la forma en que se nos presentan. Benjamín Prado sabe que adaptar es mucho más que traducir y que aquí era crucial tenerlo muy claro para que no se perdiera la más radical de las provocaciones que contiene esta obra que es la del lenguaje. Así, esa tenue versificación y esa radical frescura del texto, junto con el tono y el ritmo endiablado que Pedro Casablanc le ha dado, hacen que Decadencia sea una delicia que en esta noche de estreno le ha encantado hasta al público biempensante. Y es que momentos como el de la caza del zorro, la cena en el restaurante o la lección de los diez tragos son un prodigio de buen hacer escénico e interpretativo que, aunque les incomoden, les resultarían alucinantes incluso a nuestros depredadores ibéricos (si les diera por ir al teatro). Pero ni Steven Berkoff ni Benjamín Prado (ni siquiera Valle-Inclán) habrían conseguido que esta Decadencia fuera tan fulgurante si no la hubieran interpretado Maru Valdivieso y Pedro Casablanc. Para ella debe ser un lujo y un reto trabajar con él. Y para él también lo ha debido ser trabajar con ella en esta noche de estreno que seguramente preludia otras muchas de éxito. La velocidad y el distanciamiento del naturalismo con una gestualidad radicalizada son algunos de los muchos aciertos que tiene la obra. Y Maru Valdivieso ha sabido entenderlo magníficamente dándole a su(s) personajes un tono perversamente impecable. De Pedro Casablanc, que además dirige esta Decadencia, poco se puede decir que no sea superlativo. Hace dos meses nos deslumbró en Gijón con su Torquemada (como tantas otras veces con sus Filoctetes, Yo, Feuerbach,  Los cuentos de la peste, Ruz-Barcenas, Hacia la alegría...) Esta noche hemos tenido la suerte de asistir al estreno en el Palacio Valdés de este nuevo recital interpretativo en clave cabaretera. En un modo menos trágico que en otras obras, caricaturiza a un personaje deleznable al que le pasa justo lo contrario de lo que se puede decir de él. Como ese tipo hay muchos en Inglaterra y en España pero actores como Casablanc hay muy pocos en los dos países.

sábado, 22 de enero de 2022

Torquemada

Basado en la tetralogía de las novelas de Torquemada de Benito Pérez Galdós. Versión: Ignacio García May. Dirección: Juan Carlos Pérez de la Fuente.
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on Pedro Casablanc.

22 de enero de 2022. Teatro Jovellanos, Gijón. 80’ aprox.

Torquemada en el purgatorio, Torquemada en la hoguera, Torquemada en la cruz y Torquemada y San Pedro. La historia de Francisco Torquemada a partir de las cuatro novelas de Galdós. Su ambición desmedida, su presencia agreste, sus paternidades traumáticas y finalmente su conversión, más financiera que teológica.

Desde que Pedro Casablanc atraviesa el patio de butacas y sube al escenario sabemos que el monólogo será memorable. Quien lo ha visto en otros anteriores como José K. torturado o Hacia la alegría, o en casi monólogos como Ruz-Barcenas o Yo, Feuerbach, sabe que se trata de un actor descomunal. Así que Torquemada es el personaje ideal para alguien que, solo con su voz y su fuerza interpretativa, es capaz de imponer el silencio más expresivo en cualquier teatro. En la magnífica adaptación teatral que Ignacio García May ha hecho de las novelas de Galdós, Pedro Casablanc se convierte en un intérprete mutante que es capaz de encarnar a la tía Roma, a Valentinito, a los miembros de la familia Águila (Rafael, Cruz y Fidela), al misionero Gamborena y al propio Francisco Torquemada cambiando a velocidad de vértigo la voz, el rostro (más que el gesto), el cuerpo (más que el ademán) y hasta el aura de esos personajes. De hecho, uno sale del teatro pensando que no ha asistido a un monólogo del gran Pedro Casablanc sino a una obra coral a cargo de varios intérpretes que tienen su mismo nombre. Pero, además de un texto tan inspirador como el de Galdós, una adaptación tan impecable como la de García May y un actor tan extraordinario como Casablanc, para que Torquemada sea una obra mayúscula tiene que haber también un director como Juan Carlos Pérez de la Fuente que ha sabido encontrar el tono, la atmósfera, el brío, el estruendo y la luz que requiere una historia tan relevante como esta. Una obra en la que el espectador puede encontrar lecciones para el presente sin que ni el texto ni la dirección caigan en la tentación de los subrayados extemporáneos. Con una poética muy distinta, pero también sobresaliente, Juan Carlos Pérez de la Fuente ya nos había maravillado en Tarde te amé. Confesiones de San Agustín, aquella experiencia escénica y musical que pudimos disfrutar un 28 de agosto en la iglesia vieja de Sabugo. Hoy en el Teatro Jovellanos hemos asistido a otra noche teatral memorable.

domingo, 29 de julio de 2018

Filoctetes

de Sófocles. Versión: Jordi Casanovas. Dirección: Antonio Simón.
una coproducción de Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y Bitó.
con Pedro Casablanc, Pepe Viyuela, Félix Gómez, Samuel Viyuela, Arantxa Aranguren, Sandra Arpa, Marina Esteve, María Herrero, Sara Illán, Nahia Laiz y Mónica Portillo.

29 de julio de 2018. Teatro Romano. 64º Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. 95’ aprox.

Ulises encarga a Neoptólemo que engañe a Filoctetes para conseguir su arco y vencer en Troya. Él no puede hacerlo porque hace diez años lo abandonó a su suerte en la isla de Lemnos con una grave herida en una pierna. Filoctetes confiará en Neoptólemo y a este se le hará muy difícil cumplir el encargo de Ulises. Finalmente Hércules hablará desde el más allá y convencerá a Filoctetes de que, a pesar de todo, les ayude a conquistar Troya. 

Pedro Casablanc en el papel de Filoctetes ya era suficiente motivo para venir a ver esta obra de Sófocles que nunca se había representado en España. Filoctetes tiene mucho diálogo reflexivo y pocas acciones. Es la historia de un robinsón herido y noble que pondrá a prueba la ética de un joven que no quisiera ser desleal con nadie.  En este sentido, el duelo principal se establece entre Pedro Casablanc y Félix Gómez y ambos salen muy bien parados. El primero transmite el dolor inmenso por esa pierna que nunca ha sido curada (cómo le entiendo en estos días que no soy bípedo) y por aquel abandono tan injusto. El segundo hace muy comprensibles las cuitas morales de su personaje y acierta a transmitir la estupenda ambigüedad del texto de Sófocles cuando, hablando mal de Odiseo (en esta versión se usan los nombres latinos para él y para Heracles), Neoptólemo miente y es sincero a la vez. También está muy bien Pepe Viyuela encarnando a un Ulises de traje y corbata con maneras de político o empresario canalla e imponente. Él y los soldados son las únicas derivas actualizadoras que nos propone Antonio Simón y hay que decir que le vienen tan bien a este Ulises como a aquellos personajes del magnífico MBIG de José Martret que, sin embargo, era tan respetuoso con lo esencial del texto de Shakespeare. La fidelidad al texto de Sófocles tambien domina en esta oportuna versión de Jordi Casanova que, aunque publicitada como llena de lecciones sobre nuestro presente (y eso me ponía en guardia), por suerte deja que seamos nosotros quienes las encontremos en la propia historia de Sófoclés. También se había hablado de una mirada pacifista y feminista en el papel del coro (otra vez en guardia, y no porque desprecie las intenciones sino porque me repelen los subrayados políticamente correctos), pero en sus voces predominan las pertinentes apostillas de la propia conciencia de Neoptólemo (y eso también está en el texto de Sófocles) y unas coreografías magníficas que hacen de contrapunto femenino perfecto a esos diálogos largos entre muy pocos hombres. Por lo demás, la escenografía es muy eficaz con ese barco varado y por momentos transparente que sirve de cueva y delimitación de angosturas, con esas ruedas que marcan ese no-lugar insular y con esas imágenes proyectadas en el siempre imponente escenario de Mérida. Quizá me ha sorprendido algo menos ese Deux ex machina final con la imagen y la voz de Miguel Rellán haciendo de Hércules, pero en general el trabajo de todos los actores y la propuesta de Antonio Simón son un buen ejemplo de que en un festival como este, además de reinterpretaciones de los clásicos grecolatinos más conocidos, también cabe esperar  la representación con calidad de otros textos menos frecuentes en nuestros escenarios. Así que ha sido otra estupenda noche de buen teatro en Mérida.

viernes, 10 de febrero de 2017

Yo, Feuerbach

de Tankred Dorst. Dirección: Antonio Simón.
Una coproducción del Grec 2016, Festival de Barcelona y Velvet Events S.L..
con Pedro Casablanc  y Samuel Viyuela.

10 de febrero de 2017. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 90’ aprox.


Una actor veterano entra en un escenario para una prueba. Allí no está el director que lo ha citado sino su joven ayudante. Durante la espera Feuerbach habla de su pasado en el teatro, de su relación con los directores, de sus dotes interpretativas. Se lo cuenta a ese joven que no lo conoce y al que él parece despreciar. En su soliquio se le escapan sin querer los motivos por los que ha estado fuera de escena en los últimos siete años.

Nada más salir, Feuerbach pide luz y pregunta si alguien lo ve. Sí. Lo vemos. Y será imposible dejar de mirarlo porque quien interpreta durante hora y media este oportunísimo papel es nada menos que el gran Pedro Casablanc. El texto de Tankred Dorst es prácticamente un monólogo sobre un actor que sin querer muestra y demuestra lo que para él es el teatro. Un soliloquio con un único espectador muy bien interpretado por Samuel Viyuela que ha sido capaz de resolver brillantemente el difícil reto de dar la réplica a Casablanc y estar a su altura. Por la idea y por la impecable puesta en escena, este Yo, Feuerbach me ha recordado desde el principio a la magnífica La Venus de las pieles. Pero no la de David Ives que David Serrano trajo aquí hace tres años, sino a la espléndida adaptación que Polanski hizo de la novela de Leopold von Sacher-Masoch en su magnífica película, la más teatral que recuerdo. En Yo, Feuerbach también hay una obra futura en la que falta un intérprete y un diálogo asimétrico con un director en un escenario. Pero aquí no es la tensión sexual, sino la generacional, la que centra este drama perturbador sobre un actor perturbado. Con un planteamiento poderoso y momentos muy destacados (la escena de los pájaros es extraordinaria) el texto de Tankred Dorst es sugerente y atractivo. Pero es Pedro Casablanc quien lo convierte en una obra única y memorable. Con esa voz capaz de llenar y enmudecer cualquier teatro (qué pertinente resulta con él ese pasaje en el que Feuerbach habla del silencio del público), con esa dicción perfecta que sabe acelerar, desgarrar o convertir en irónica a su antojo y con esa presencia rotunda de animal escénico incomparable, Pedro Casablanc demuestra que le sobran recursos para bordar y llevar adonde quiera lo que propone este exigente texto. De hecho, con él todo resulta fácil. Y hasta parece que este Yo, Feuerbach se le queda pequeño si uno recuerda lo que llegó a hacer en el inolvidable José K. torturado de Javier Ortiz que vimos hace cinco años en aquellos primeros off avilesinos que tuvieron su sede en Los Canapés. O en ese esfuerzo titánico (que con él no lo parecía) en Hacia la alegría de Oliver Py que disfrutamos en La Abadía hace un par de años. O con esa mutación increíble por la que, solo una semana después, se convirtió en Barcenas en el off del Niemeyer. Monólogos (o casi) que, como el de hoy, demuestran que Pedro Casablanc está en lo más alto del olimpo de la escena actual. Así que ha sido otra noche memorable en la que ha quedado claro que, tras ser interpretada por él, Yo, Feuerbach nunca podrá ser mejor.

domingo, 15 de febrero de 2015

Los cuentos de la peste

de Mario Vargas Llosa. Dirección: Joan Ollé.
Producción: Teatro Español.
con Mario Vargas Llosa, Aitana Sánchez Gijón, Pedro Casablanc, Marta Poveda y Óscar de la Fuente.
 
15 de febrero de 2015. Teatro Español, Madrid. 120’ aprox.


No hay patio de butacas. Se ha convertido en otro patio asediado por la peste. El de Villa Palmieri, la quinta de recreo de Bocaccio. Allí está él y el Duque Ugolino, al que interpreta el autor que recrea los cuentos del primero. Los acompañan dos cómicos con los que se van contando historias que les ponen a salvo de la realidad. También está Aminta, un fantasma o musa que solo existe para un personaje. El del actor que es autor.

Yo vi Los cuentos de la peste en el Español. Lo podré decir cuando pasen muchos años. Yo vi a Vargas Llosa interpretando ese papel que era necesariamente suyo. Con su musa Aitana Sanchez Gijón en una historia que parecía un regalo de Bocaccio para él. Y para nosotros. Para hacernos pensar en la realidad pestilente que siempre queda fuera cuando entramos en una ficción. En el poder de la imaginación para conjurarla. En la inferioridad de las imágenes frente a las palabras. En las relaciones entre autores separados por siglos. En cómo uno puede rescatar a otro dando una vida nueva a sus historias. En cómo puede un personaje que es autor amar a una mujer imaginada y darle vida, darle muerte y resucitarla cuando quiera (precioso ese guiño a las palabras finales de la obra en la merecida dedicatoria: "A Natalio Grueso que resucitó mi teatro"). Yo vi Los cuentos de la peste en el Español. Los vi en ese extraordinario montaje de Joan Ollé que al sentarme al borde de ese patio, que ya no era de butacas, me hizo recordar El Público de Lorca para el que Lluis Pasqual también levantó las del María Guerrero. Y vi a Aitana Sanchez Gijón clavando como nadie los personajes y los fantasmas del Premio Nobel. Y a Pedro Casablanc siendo otra vez tan grande y poderoso como sabe. Y a Marta Poveda y Óscar de la Fuente que han estado pluscuamperfectos como cómicos polivalentes en este difícil patio. Yo vi Los cuentos de la peste. Justo después de leerlos. Y la noche fue memorable.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Ruz-Bárcenas

de Jordi Casanovas. Dirección: Alberto San Juan.
Producción: Teatre Lliure y Teatro del Barrio
con Pedro Casablanc y Manolo Solo.

13 de diciembre de 2014. Centro Niemeyer (Club), Avilés. 70’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer.


15 de julio de 2013. El juez Pablo Ruz interroga a Luis Bárcenas en la Audiencia Nacional. Le pregunta sobre la procedencia y el destino de las donaciones que gestionó como gerente y tesorero del Partido Popular. Donaciones ilegales para financiar al partido. Sobresueldos no declarados para sus presidentes, secretarios generales y altos cargos. Bárcenas entrega todas las cuentas y cuenta todo lo que sabe.

En el teatro el género del documental político es menos común que en el cine. Y eso es lo que vemos esta noche, un documento de alto interés político. El texto es verdadero. Es el interrogatorio literal del juez Ruz a Bárcenas sobre esa derivación del caso Gürtel. El que se llevó por delante a Garzón. Asistimos al interrogatorio y más que a Pedro Casablanc y a Monolo Solo vemos a Bárcenas y al juez. Mete miedo. Impresiona ver que el presidente del que se habla es el del gobierno de España. Que el partido que así se ha financiado es el que tiene mayoría absoluta en el parlamento. Que estos días la intoxicación mediática está poniendo el acento en lo poco que gana ese hombre que hoy es presidente del gobierno y antes pudo cobrar sobresueldos ilegales. Pero volvamos al teatro. A este extraordinario teatro documental. Del texto nada más hay que decir. Tiene el poder de lo real. De lo obscenamente real. Y eso es lo que nos hacen ver estos magníficos actores. Aunque el juez Ruz tiene una discreción que obliga a las televisiones a poner siempre la misma imagen de él, lo suponemos prudente y seguro en su trabajo. Como lo vemos en el interrogatorio de Manolo Solo. Pero la estrella es Bárcenas. Un tipo que tiene la cara del que sabe. Ese gesto sobre el que ironizaba Agustín García Calvo en el poema que Amancio Prada hizo canción. Esta noche no está Pedro Casablanc. Se ha transfigurado en Bárcenas. Ya no reconozco al actor. Lo ví la semana pasada en La Abadía en la impresionante interpretación del arquitecto que corría en la noche Hacia la alegría, pero hoy no ha venido a Avilés. En su lugar ha venido el propio Bárcenas que por un momento ha salido de la cárcel para tirar de la manta y contárnoslo todo. Esta semana este documento teatral se estrenará en el Lluire que lo coproduce con el Teatro del Barrio. Ojalá tenga un amplio recorrido después. Impresionará a los amantes del teatro. Y debería ser visto por todos los ciudadanos.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Hacia la alegría

Texto y dirección: Olivier Py. 
Una producción de Teatro de la Abadía.
con Pedro Casablanc
 
6 de diciembre de 2014. Teatro de la Abadía, Madrid. 70’ aprox.


Un arquitecto despierta en medio de la noche y siente la necesidad de correr por la ciudad. Mientras lo hace describe lo que ve y lo que piensa en su periplo desde los barrios rigurosamente vigilados de los ricos hasta las inmundicias periféricas que expele la ciudad. 

Un camino iniciático inverso. Una deconstrucción de los afanes urbanísticos de la modernidad. Al final, el hombre se queda a solas con el fuego, con su mano y con sus sombras. Y solo ahí se sabe libre. En el espacio oscuro de esa caverna platónica quizá reivindicada. En el tiempo prístino en que la técnica era solo un sueño y no la pesadilla de la que el arquitecto acaba de despertar. Olivier Py es el autor de un texto que resulta atractivo en algunos momentos (la descripción del barrio rico, el tramo final más allá de las cloacas...), algo obvio en otros (la crítica al consumismo en el recorrido por la zona comercial) y siempre extraño con ese uso distante y reflexivo de una primera persona que casi parece tercera. El director del festival de Aviñón también dirige una puesta en escena rotunda en la que destaca la impresionante habitación/muralla que reconfigura el escenario y el acompañamiento del cuarteto que interpreta en directo una música siempre inquietante. Pero es nuevamente la soberbia interpretación de Pedro Casablanc la que convierte a este exigente monólogo en una gran obra. Durante más de una hora lo vemos correr sin que pierda ni un momento la fuerza y la expresividad que requiere su intenso soliloquio. Tras su extraordinario trabajo en José K. Torturado (hace casi tres años formó parte de aquella programación del off-Canapes con la que Antonio Ripoll anticipaba el off-Niemeyer que ahora disfrutamos en Avilés y en el que le veremos de nuevo el próximo sábado en Ruz-Bárcenas) Pedro Casablanc vuelve a lucirse con otro texto que, aunque inferior al de Javier Ortiz, queda bien defendido con su excelente interpretación y una puesta en escena poderosa. Así que ha sido una noche de gran teatro la de hoy en La Abadía.