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viernes, 28 de febrero de 2025

Camino a La Meca

de Athol Fugard. Dirección: Claudio Tolcachir.
Producción: Pentación Espectáculos .
con Lola Herrera, Natalia Dicenta y Carlos Olalla.


28 de febrero de 2025. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 90' aprox. Estreno absoluto.

Helen recibe la visita de una vieja amiga. Las dos tienen mucha sintonía y mucha confianza. El momento es delicado para Helen, porque el pastor de la iglesia local la quiere convencer para que se vaya a un geriátrico.
 
Los desafíos de la edad madura. Los recelos que provocan la independencia y la creatividad, sobre todo, si son femeninas. Y la luz que desprende la amistad cuando es sinónimo de sinceridad y estima. De eso va este texto de Athol Fugard que, siendo diáfano y sencillo, está lleno de capas y sugerencias. Claudio Tolcachir lo ha entendido muy bien creando las condiciones para que esta madre y esta hija den una lección superlativa de sintonía interpretativa encarnando a esas dos amigas de las que uno quisiera saber más y tener cerca. Carlos Olalla está estupendo en el papel de ese tercero que, sin pretenderlo, potencia la concordia entre esas dos mujeres de distintas edades a las que interpretan una Lola Herrera pletórica y radiante a sus casi noventa años y una Natalia Dicenta que ojalá viéramos más en los escenarios. Es una actriz magnífica capaz de transmitir emociones con una fuerza y una intensidad que, hasta cuando está silente, consigue que su personaje sea un imán para la mirada. Así que ha sido otra noche magnífica de estreno absoluto en Avilés. En El Cultural suelen señalarlo bien, pero en otros medios deben pensar que todo lo que se ve en Madrid se estrena en ese ombligo. Estaría muy bien que cuando llegue allí esta obra la vieran no solo los teatreros. También  esos a los que tanto les molesta el número 7.291.
 

viernes, 13 de diciembre de 2024

Los de ahí

Autoría y dirección: Claudio Tolcachir.
Una producción de Centro Dramático Nacional, Producciones Teatrales Contemporáneas y Teatro Picadero.
con Nourdin Batán, Fer Fraga, Malena Gutiérrez, Nuria Herrero y Gerardo Otero.


13 de diciembre de 2024. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 100' aprox. Estreno absoluto

Tras una montaña desolada, Nuno, Dani y Munir esperan a que la máquina les de los avisos. Acercándole el móvil sabrán la dirección a la que deben llevar cuanto antes el nuevo paquete. Solo falta Eduardo que ahora no está y ha dejado su bicicleta. También llega Susan, una mujer madura que ha dejado a su marido y ahora comparte amor con el bueno de Dani. Y Mirja, la única del país cuya lengua no entienden y con la que Nuno tiene un bebé que, no se sabe por qué, ella ha dejado en su casa. Son seis seres desvalidos que mitigan su soledad en esa pequeña comunidad que han formado entre la desolación y la esperanza.

Por una vez nos acercamos a esos de ahí y entendemos su lengua. La que une a Nuno, Munir, Dani y Eduardo en ese no lugar extranjero en el que comparten extrañamiento. Son los nadies que ahora recorren nuestras ciudades con sus mochilas y bicicletas. Godot podría ser aquí esa máquina muda que, como tótem posmoderno, suministra de forma imprevista direcciones y paquetes. O Eduardo, ese personaje que, en fuera de campo, es el destinatario de los afectos de Munir. Pero, además de los ecos beckettianos, en el teatro de Tolcachir hay tantas resonancias propias que no hace falta adscribirlo a ningún clásico. En Los de ahí las palabras a veces se vacían y acaban expresando mejor lo que no dicen que lo reiterado. Incluso las de Mirja, que sin entenderlas, tienen una fuerza especial para esos nadies y también para nosotros (como las del monólogo en ruso de la obra de Berta Prieto que tanto nos impresionó hace unos días en la Sala Beckett). En Los de ahí el espacio vacío es un lugar desolado, una espalda del mundo tras esa montaña que oculta y protege. Un sitio en el que la penuria, además de miedos, hace crecer los afectos entre los personajes y quizá la compasión en nosotros. La obra tiene una aspereza y una parsimonia exigente, pero el texto es radicalmente tolcachiriano. Lo es en el lenguaje como protagonista desnortado, en el escenario como cobijo de la intemperie y en los afectos como urdimbre tácita que ojalá ponga a salvo a los personajes. Son algunos de los elementos conmovedores que, de un  modo u otro, estaban presentes en obras como La omisión de la familia Coleman,  Emilia, Tercer cuerpo, Dínamo o Próximo. Así que Claudio Tolcachir, además del demiurgo de Timbre 4, es un autor extraordinario. Por lo demás, desde que lo tenemos en España también disfrutamos de su maestría dirigiendo textos ajenos como Tierra de fuego, Copenhague, La máquina de Turing o Las guerras de nuestros antepasados. Así que ha sido un gustazo que haya vuelto al Palacio Valdés para estrenar esta magnífica obra. Si no llevo mal la cuenta, este es su quinto estreno en nuestro teatro. Y ya estamos pendientes del próximo.

(pre)Dossier

sábado, 19 de noviembre de 2022

Las guerras de nuestros antepasados

de Miguel Delibes. Adaptación de Eduardo Galán. Dirección: Claudio Tolcachir.
una producción de Pentación espectáculos y Secuencia 3

con Carmelo Gómez y Miguel Hermoso.

29 de noviembre de 2022. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 100’ aprox. Estreno absoluto.

El doctor sabe que Pacífico es alguien especial con muchas cosas que contar. Por eso escucha y graba todo lo que dice. Él solo tira de la hebra para que Pacífico vaya recordando las guerras del Bisa, del Abu y de Padre.  Para que le hable de los del Humán y los del Otero, del tío Paco y la Candi. De la vida de un hombre bueno y sencillo capaz de recordarnos cómo se aprende a mirar. 

La novela de Delibes es una joya. Un alegato contra las guerras desde los recuerdos de quien también habría de tener la suya. Las palabras de Pacífico merecen ser grabadas. Por lo que dice y por cómo lo dice. Y en cierto modo eso es lo que hace Delibes. Levantar testimonio de una oralidad purísima, hija de un espacio y heredera de muchos tiempos. Leyendo esta novela (y en general su obra) uno siente que recibe un legado. Y eso es lo que han hecho también esta noche Miguel Hermoso, Claudio Tolcachir y Carmelo Gómez. La voz de Carmelo es aquí perfecta y al escucharle hemos sentido que estábamos en familia. En Baltanás, en la tierra de todos los Pacíficos. Y es que, interpretando como nadie lo que escribió, Delibes, Carmelo Gómez se ha convertido en hermeneuta de un territorio, notario de su lenguaje y albacea de su poesía. Seguramente por eso ha recibido los aplausos más sentidos, agradecidos y merecidos que se han oído en el Palacio Valdés en mucho tiempo. En la pasada primavera quedé maravillado viéndolo en el Teatro Cervantes de Béjar en el más lorquiano, erudito y juguetón de los tributos que se han hecho en muchos años a Federico. Se titulaba A vueltas con Lorca y, tras lo presenciado esta noche, puedo decir que Carmelo Gómez es un actor en estado de gracia, un medium para la ternura y la poesía. Miguel Hermoso ha sabido acompañarlo magníficamente en este maravilloso trance y Claudio Tolcachir ha tenido el acierto de permitir y facilitar que lo fueran todo ese texto extraordinario, impecablemente adaptado por Eduardo Galán, y ese personaje pacífico y sincero que nadie podría haber encarnado mejor que el gran Carmelo Gómez.

Programa de mano

domingo, 18 de octubre de 2020

La máquina de Turing

de Benoit Solés. Adaptación y dirección: Claudio Tolcachir.

Una producción de Producciones Teatrales Contemporáneas.
con Daniel Grao y Carlos Serrano.

18 de octubre de 2020. Centro Niemeyer, Avilés. 70’ aprox. Estreno absoluto.


Alain Turing con el policía que lo interroga. Alan Turing con su amante Arnold Murray. Alan Turing con el recuerdo de su amigo Chistopher Morcom. Alan Turing descifrando el código de Enigma. Alan Turing poniendo las bases de la informática y soñando con la inteligencia artificial. Y finalmente Alan Turing mordiendo la manzana letal como única salida a la intolerancia de un país que no le agradeció su gran trabajo y le castigó por su homosexualidad.

Claudio Tolcachir ha estrenado en Avilés Emilia, Copenhague y ahora La máquina de Turing. Las tres obras comparten elegancia y sencillez aparente en la puesta en escena y mucha atención a la construcción temporal del relato. Las dos últimas muestran además el interés de Tolcachir por personajes centrales en la historia de la ciencia del último siglo en cuyas trayectorias se cruzaron grandes dilemas éticos y políticos que han marcado nuestro tiempo. El recuerdo de la película The imitation game de Morten Tyldum hace que sea aún más meritoria esta propuesta escénica sobre una historia conocida que con solo dos actores resulta del mayor interés. Y ello porque, a pesar de que la interpretación de Benedict Cumberbatch era excelente, el adecuadísimo registro que Daniel Grao aporta en la dicción y la gestualidad de su personaje lo hace aún más creíble y entrañable. También merece destacarse la impecable réplica que le da Carlos Serrano desdoblándose sutilmente en los papeles del policía y el amante. Además de unas transiciones muy bien hilvanadas, la obra se abre y se cierra con una elegante ternura que subraya el aprecio que merece el valioso y desvalido ser humano al que aquí se recuerda.

 Programa de mano

domingo, 12 de abril de 2020

Nerium Park

de Josep María Miró. Dirección: Corina Fiorillo
una producción de Timbre4.
con Paula Ransenberg y Claudio Tolcachir.

12 de abril de 2020. Timbre4, Buenos Aires (virtual). 85’ aprox.

Nacho y Victoria han dejado Buenos Aires para irse a Nerium Park, un country de los alrededores. El piso es más grande y, aunque por el momento son los primeros habitantes del edificio, el lugar parece prometedor para tener una familia. Pero entre mayo y abril asistimos al derrumbe de esta pareja que seguirá muy sola allí. O quizá no del todo porque un tal Sergio, real o imaginado, abrirá una brecha entre los dos cuando Nacho pierda su trabajo.

Esta vez Claudio Tolcachir ni escribe ni dirige. Solo interpreta magníficamente en este estupendo duelo (que lo es en varios sentidos) con Paula Ransenberg. Los personajes que los dos bordan cruzarán el otoño y el invierno y saldrán muy malparados del verano. Es una historia opresiva sobre ese negro y feroz desamor al que Serrat dedicó una canción. Pero también hay, en fuera de campo, una crónica pesimista en clave sociológica sobre un modo de vida que recuerda al mundo de Las viudas de los Jueves, la magnífica novela de  Claudia Piñeiro en la que que también había un matrimonio que (mal)vivía en un country y para el que las cosas terminaban (y allí también empezaban) bastante mal en una piscina. Así que ha sido otra magnífica hora y media de liberación del confinamiento gracias al teatro. Ese buen teatro que desde Buenos Aires nos ofrece Timbre4 como un bendito regalo cultural cada fin de semana.

lunes, 23 de marzo de 2020

Dínamo

de Claudio Tolcachir, Lautaro Perotti y Melisa Hermida.
una producción de Timbre4, Maxime Seugé y Jonathan Zak.
con Marta Lubos, Paula Ransenberg, Daniela Pal.

23 de marzo de 2020. Timbre4, Buenos Aires (virtual). 70’ aprox.

Una mujer llega a la caravana donde vive otra que no la espera con una tercera que se esconde. Las tres llevan la amargura de sus vidas en un espacio confinado que no quieren, ni quizá saben, compartir.

Dudé mucho antes de publicar esta reseña. El teatro es el arte de la presencia completa en un tiempo radicalmente sincrónico y en un espacio conscientemente compartido. Por eso una de las mayores pérdidas (y temores) que tengo ahora es la privación de esas artes milenarias en las que los humanos decidimos juntarnos para mirar lo que hacen otros (o lo han hecho, para mi el cine es hijo de Platón y, por tanto, sobrino del teatro). Ya digo, nunca pensé que haría reseñas de las obras que he visto a través de una pantalla. Pero, igual que he hecho en el blog de cine, creo que en estos tiempos excepcionales, los generosos artistas que ahora comparten con todo el mundo sus obras merecen que, al menos, deje aquí constancia de mi infinito agradecimiento hacia quienes tanto me hacen disfrutar cuando voy a sus teatros (o cuanto ellos vienen a los míos). En estos días en que no podemos disfrutar de esa maravillosa oscuridad y silencio compartidos en los teatros reales ellos tienen la generosidad de programar en abierto obras magníficas desde lugares tan queridos como Timbre 4 en Buenos Aires o el Pavón Kamikaze en Madrid. Así que rindo homenaje ahora a Claudio Tolcachir (qué buen premio Princesa de Asturias merecería por hacer cada vez más chico el charco entre nuestros teatros), a Lautaro Perotti, a Melisa Hermida, a Marta Lubos, a Paula Ransenberg y a Daniela Pal por esta amarga y poética historia en femenino desolado. Dínamo es una fábula casi abstracta que tiene su mayor fuerza en los silencios pesados, en los gestos surreales y en esas reiteraciones existenciales que parecen improvisadas. Es una historia áspera, no apta para todos los públicos, pero que me ha hecho sentir por una hora de vuelta en la calle Boedo esquina con México. Es decir, en mi casa.

viernes, 15 de febrero de 2019

Copenhague

de Michael Frayn. Dirección: Claudio Tolcachir.
Producciones Teatrales Contemporáneas.
con Emilio Gutiérrez Caba, Carlos Hipólito y Malena Gutiérrez.

15 de febrero de 2019. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 90’ aprox. Estreno absoluto.

En 1941 Heisenberg visitó a Bohr en Copenhague. Era el reencuentro entre dos amigos, así que bien pudo ser una reunión entrañable. Pero Dinamarca había sido ocupada por los alemanes, así que aquella reunión también pudo enfrentar a dos hombres que tuvieron cierto papel en la carrera por desarrollar la bomba atómica. No es posible determinar exactamente la posición de cada uno en esa contienda ni la velocidad con que el resultado de esa reunión pudo condicionar sus trayectorias posteriores. Así de complejo pudo ser aquel encuentro  en la ciudad que había dado nombre a su interpretación de la mecánica cuántica.

Complementariedad e incertidumbre. Ese también podría ser el título de una obra que trata de ética y de ciencia, de historia y de política, del poder y los límites del conocimiento. Pero Copenhague también trata de las relaciones discontinuas entre dos amigos en bandos enfrentados. De la lealtad y los recelos. De lo que une a un discipulo y a un maestro y de los instantes cruciales que pueden separar para siempre a un padre de un hijo. Y para que la observación de ese sistema inestable sea posible, también está en el escenario la mujer de Bohr, interpretando y modulando las interferencias entre estos dos seres que hablan de electrones casi desde el punto de vista de Dios. Ambos estaban empeñados en conocer y manejar todas las variables, pero también obligados a asumir su responsabilidad sobre el destino de muchos seres humanos. Una situación comparable a la del joven que ha de decidir en un instante su trayectoria mientras esquía o a la del padre que ha de lanzar un salvavidas al hijo que se está ahogando. Complementariedad e incertidumbre. Copenhague es una recreación tan compleja como diáfana sobre lo que pudieron decir y pensar aquellos dos titanes de la ciencia en un baile argumental a cuyo disfrute hemos sido invitados. Una danza armoniosa entre dos seres que compartieron un pasado y cuyas decisiones determinaron un futuro en el que no volverían a encontrarse. Desde más allá de sus vidas, regresan a aquel encuentro en Copenhague para preguntarse una y otra vez por lo que allí sucedió. Como si al volver a vivirlos pudieran comprender mejor unos hechos cuya determinación varía precisamente al observarlos. Complementariedad e incertidumbre. Ideas centrales de esa mecánica cuántica que fundaron los héroes de una historia que aquí son encarnados por tres actores extraordinarios en una obra de apariencia sobria y ejecución exigente. El texto de Michael Frayn es magnífico, con mil capas y subtextos que componen una melodía escénica en la que la forma y el contenido se entreveran. Con Copenhague consigue que lo complejo no lo parezca y que cualquier cerebro atento pueda acercarse a los diálogos posibles entre dos cerebros privilegiados. Pero Copenhague no es solo un texto memorable de Michael Frayn adaptado de forma excelente a nuestra lengua. Es también (y sobre todo) una magnífica muestra de lo que es capaz de hacer Claudio Tolcachir. Mi primera reseña en este blog fue la de Emilia, otra soberbia obra suya que también se estrenó en Avilés. En ella destacaba el carácter cuántico de las relaciones familiares en las historias del fundador de Timbre 4. La intermitencia en lo que sabemos de los personajes, las interacciones entre su pasado y su futuro, sus incertidumbres cotidianas y la complementariedad de sus contradicciones... Son algunas de las señas de identidad del universo teatral de Tolcachir (así lo veo en La omisión de la familia Cóleman, Tercer cuerpo, El viento en un violín o Próximo). De hecho, hasta ahora consideraba que el Tolcachir autor (y el creador de Timbre 4) es más fiel a esos rasgos cuando dirige sus propias obras que cuando se enfrenta a textos ajenos. Pero Copenhague refuta mi tesis. Quizá porque el Copenhague de Frayn también parece de Tolcachir. Quién sabe, pudiera ser que el británico y el argentino no sean realmente el autor y el director de esta obra sino dos manifestaciones compatibles de una misma identidad conectada por esos pasajes espacio-temporales que unen a los teatros. Complementariedad e incertidumbre.

sábado, 26 de agosto de 2017

Próximo

libro y dirección: Claudio Tolcachir. 
producción: Complejo Teatral de Buenos Aires 
con Santi Marín y Lautaro Perotti.

26 de agosto de 2017. Timbre 4, Buenos Aires. 70’ aprox.

Pablo es argentino y malvive en Australia. Elián es español y trabaja en una serie de televisión. Los dos tienen una relación muy estrecha a través de las pantallas. Se quieren. Se cuidan. Y se sienten muy próximos.

Tras el reencuentro de anoche con la primera obra de Tolcachir, vuelvo hoy a Timbre 4 para disfrutar con su último trabajo, la historia de la intimidad cotidiana de una pareja  que solo se ve a través de pantallas. Santi Marín es un actor español que no conocía y que está estupendo haciendo de ese compatriota que me ha recordado en algo al personaje de una magnífica película reciente: Selfie de Víctor García León. Lautaro Perotti hizo precisamente de Marito en los primeros tiempos de La Omisión de la familia Coleman y está perfecto aquí aportando sentimiento y naturalidad a su hermoso personaje (por cierto, que ahora hace doblete en Timbre 4: también está en Tebas Land, la exitosa obra del uruguayo Sergio Blanco que se estrenará en España, precisamente en el Palacio Valdés, con Israel Elejalde a mediados de noviembre). Próximo sería perfecto para un off en el Niemeyer. Aunque visto por un español rodeado de argentinos en Timbre 4 con la presencia inesperada de otro español interpretando esta historia de amor virtual con un argentino, la experiencia resulta muy especial. Pensando en estos vínculos entre las pantallas que conectan nuestros sentimientos a miles de kilómetros, y en los que también se dan entre las salas de teatro, recordaba esas conexiones entre los espacios de las que hablaba García Martín hace pocas semanas. Él se refería a un pasaje literario de la calle Florida que quizá conecte con otro de París. Es el pasaje Güemes en el que también estuve ayer. Mañana volaré a Asunción, pero ya sé que volveré pronto a Buenos Aires. Quizá mientras disfruto de alguna nueva obra de Tolcachir. Quizá en cualquiera de esos teatros íntimos y sentimentalmente gemelos de este que tenemos en Avilés o en Madrid. O si no, buscándome algún otro pasaje. Cualquiera que me traiga de vuelta hasta aquí. Ya digo. Volveré a Buenos Aires.


viernes, 25 de agosto de 2017

La omisión de la familia Coleman

libro y dirección: Claudio Tolcachir. 
con Cristina Mresca, Miriam Odorico, Inda Lavalle, Fernando Sala, Tamara Kiper, Diego Faturos, Gonzalo Ruiz y Jorge Castaño.
 
25 de agosto de 2017. Teatro Metropolitan, Buenos Aires. 95’ aprox.


Una abuela con mucha presencia. Una madre de unos nietos que parece uno más de ellos. Y Marito, el que descoloca siempre a los demás. Sobre todo a Verónica, la única que no vive con ellos. Los vemos primero en la casa. Luego en el hospital.

Mañana volveré a Timbre 4 para ver en su lugar natural Próximo, la última obra de Claudio Tolcachir. Así que casi era obligado volver a ver la primera cuando, después de tantos años, me la encuentro de nuevo frente al hotel en el que suelo alojarme cuando vengo a Buenos Aires. Ver La omisión de la familia Coleman en el 2008 en el Palacio Valdés fue descubrir otro teatro. Otra escritura teatral (en la que lo que se muestra va mucho más allá de las palabras y los subtextos) y otra forma de interpretar en clave más que coral (aunque nunca olvidaré la presencia de Araceli Dvoksin en el papel de la abuela). Después de miles de funciones y muchos éxitos en todo el mundo han recalado en la sala pequeña del Metropolitan de Corrientes y yo he podido confirmar aquellas sensaciones. En el avión volví a leer el texto así que aún he disfrutado más de esta noche de reencuentro con la cotidianidad tremenda de esa familia, a veces tierna y casi siempre desquiciada, en la que los destellos de lucidez salen de la locura de ese personaje magnético que es Marito. Un gusto terminar así el primero de los dos días que he decidido pasar en Buenos Aires antes del trabajo que me espera en Asunción y Encarnación con la Cátedra CTS.


viernes, 19 de mayo de 2017

La mentira

de Florian Zeller. Versión: David Serrano. Dirección: Claudio Tolcachir.
producción: Carlos Larrañaga-Nicolas Belmonte-Olvido Orovio
con Carlos Hipólito, Natalia Millán, Armando del Río y Mapi Sagaseta.

19 de mayo de 2017. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 85’ aprox.

Un matrimonio espera a otro para cenar. Ella no quiere que vengan porque acaba de ver al marido de su amiga besando a otra mujer en la calle y prefiere no tener que mentir. Luego veremos que las dos parejas tienen bastante que ocultar.

Florian Zeller había compuesto un texto conmovedor y lleno de matices en El padre. Nada que ver con La mentira. Aquí todo es lineal y previsible. Los diálogos son tan convencionales que parece que estamos viendo a unos actores solventes haciendo como que hacen una obra convencional (y un puntito divertida) sobre parejas convencionales. Ese tipo de obras que, ya desde los carteles, se dirigen a esas parejas que buscan en el teatro una excusa para quedar a cenar. Lo peor es que quien dirige La mentira es nada menos que Claudio Tolcachir, ese genio que creó en Buenos Aires un lugar tan extraordinario como Timbre 4 y al que debemos obras memorables. Así que el título de esta no solo sirve para estos personajes. También describe lo que nos han ofrecido esta noche teatreros tan buenos como Carlos Hipólito, Claudio Tolcachir y Florian Zeller. Es mentira que debamos esperar esto de ellos.

viernes, 7 de octubre de 2016

Tierra del fuego

de Mario Diament. Dirección: Claudio Tolcachir.
una producción del Teatro Español.
con Alicia Borrachero, Tristán Ulloa, Abdelatif Hwidar, Juan Calot, Malena Gutiérrez y Hamid Krim.
 
7 de octubre de 2016. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 75’ aprox.


Hace más de veinte años que Yael perdió a una amiga y resultó herida en un atentado terrorista. Es una mujer judía que reniega de la política de su país con los palestinos y que ahora mantiene encuentros en una cárcel inglesa con el autor de aquel atentado.

Estrenamos temporada y abono en el Palacio Valdés (fila cuatro en el lado derecho, donde más nos gusta) con esta historia que viene a confirmar lo que tantas veces he dicho en mis blogs de cine y teatro: que la de víctima debe ser una circunstancia, no una condición como quieren hacernos creer quienes las utilizan con fines políticos (aquí siempre la derecha y ahora en Colombia Álvaro Uribe, ese instigador del odio que hizo todo lo posible para que el domingo pasado no fuera un día feliz para su país y que hoy debe estar bastante molesto con el Nobel que le acaban de conceder a Juan Manuel Santos). Así que comparto el punto de vista de la obra y asumo que resultará muy ilustrativa para quienes no sepan mucho del drama que los palestinos vienen sufriendo desde hace ya tantas décadas. Sin embargo, esta Tierra de fuego no me conmueve. Sobre ese conflicto y sobre el contacto en primera persona entre personajes de los dos lados me emocionó mucho Una botella en el mar de Gaza, la estupenda y esperanzadora película de Thierry Binisti. Tambien lo hizo (hasta el nudo en la garganta y casi hasta la lágrima) La mirada del otro, la magnífica obra de María San Miguel y Chani Martín con que se abrió la temporada del off del Niemeyer el año pasado. Además de aportar información, esas historias estaban llenas de emoción, justo lo que le falta a esta Tierra del fuego. Y no por la magnífica dirección de mi admirado Claudio Tolcachir, que saca el mayor partido a ese muro polivalente que, con ventanas iluminadas o sin ellas, evoca siempre esa atroz circunstancia que sufren cada día cientos de miles de palestinos. También consigue lo mejor de esos actores que permanecen siempre en escena haciendo que los espectros de sus personajes sean testigos de todo lo que dice la protagonista y desde su lugar periférico reaccionen a sus discursos. El elenco está muy bien y consigue hacer creíbles a todos los personajes secundarios (el marido y el padre de la protagonista, el abogado del palestino y la madre de la amiga que murió en el atentado). Sin embargo, Alicia Borrachero está demasiado enfática, casi sobreactuada, sin darnos tiempo a que podamos compartir sus contradicciones. Aunque no tengo claro si el problema esta en la forma en que ella construye su personaje o en el propio texto de Mario Diament al que quizá le sobra información y le falta la emoción que debería provocar este drama. Si, además de dirigirla, Tolcachir la hubiera escrito, esta Tierra del fuego habría sido otra cosa.    

domingo, 28 de agosto de 2016

Tercer Cuerpo

libro y dirección: Claudio Tolcachir.
una coproducción de Timbre 4 con el Festival Internacional Santiago a Mil.
con Hernán Grinstein, Magdalena Grondona, Melisa Hermida, José María Marcos y Daniela Pal.
 
28 de agosto de 2016. Timbre 4 (Sala de la calle México 3554). Buenos Aires. 75’ aprox.


En el Tercer cuerpo hay una oficina en la que trabajan Sandra, Moni y Héctor en cosas que no sabemos. Solo vemos ese lugar pero también asistimos a las visitas de Sandra a la clínica de fertilidad, a los diálogos de la pareja en crisis que forman Sofía y Manuel, a los intentos de Héctor por encontrar una relación tras la muerte de su madre y a los reproches que luego le hará Manuel.

Tenía muchas ganas de conocer Timbre 4, ese lugar emblemático de Buenos Aires desde el que Claudio Tolcachir ha creado joyas como La omisión de la familia Coleman, El viento en un violín o Emilia. Las tres las hemos visto en el Palacio Valdés y el estreno de la última en nuestro teatro avilesino fue también el de este blog. Así que tenía claro que este fin de semana me pasaría por la zona de Boedo para ver esta obra. Y he tenido suerte porque no solo ha sido una magnífica despedida para este fin de semana en Buenos Aires sino que ha coincidido con la fecha en que Tercer cuerpo cumple ocho años representándose aquí. Así que al terminar la función los actores nos invitan a una tarta con velas. Y hay mucho que celebrar porque, igual que las otras propuestas del singular mundo teatral de Tolcachir, Tercer cuerpo hilvana magníficamente en un solo tiempo y espacio diálogos diversos con un naturalismo tan radical como la poesía que se atisba en el metatexto de esta obra perturbadora sobre personajes que uno intuye completos aunque solo se ofrezcan esbozados. Las interpretaciones son ajustadísimas y perfectas. Me ha encantado especialmente José María Marcos en el papel de ese Héctor de edipo consciente y homosexualidad quizá no tanto. El espacio escénico rasulta tan sencillo y franco como los de las obras que uno puede ver en la Cuarta Pared o en la Sala Mirador de Madrid. Así que a la salida, con el libro de Tolcachir en la mano (una suerte poder comprar aquí el que reúne los textos de El viento en un violín, La omision de la familia Coleman y Tercer Cuerpo) y con la intención de pasarme por la Pizzería Guerrín antes de recogerme en el hotel, casi le pido al taxista que me deje en Corrientes esquina Callao para seguir caminando unas cuadras con esa duda que siempre me dejó la canción de Sabina de si en un lugar así uno estaría realmente en Buenos Aires o en Madrid, esas ciudades a la que siempre quiero volver.

viernes, 4 de octubre de 2013

Emilia

escrita y dirigida por Claudio Tolcachir.
Producciones Teatrales Contemporáneas.
con Gloria Muñoz, Malena Alterio, Daniel Grao y David Castillo.

4 de octubre de 2013. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 90’ aprox. Estreno absoluto.

Walter se acaba de mudar con su mujer y su hijo a una nueva casa. A ese espacio todavía indefinido llega Emilia, la niñera que lo crió. Los diálogos de ese encuentro se intercalan con los recuerdos de Emilia desde un espacio futuro. El de una cárcel. 

Hiperrealismo onírico, cartografía de sentimientos familiares, espectrografía de los afectos. De eso va el teatro de Claudio Tolcachir. La sencillez de una escenografía dual (la puerta es a la vez de un hogar y de una mazmorra) facilita que Emilia sea una obra de instantes y de sentimientos. La madre ida que agradece en lugar de querer, el padre amante que no consigue ser ni lo uno ni lo otro, el hijo saltarín que recuerda al protagonista de La omisión de la familia Coleman, el otro hombre cuya presencia como ausencia impide que esa familia lo sea de verdad… Personajes ambiguos que configuran las partículas elementales de un universo en el que Tolcachir sabe mostrar como nadie las fuerzas que unen y separan a ese sistema en equilibrio inestable que es una familia. Emilia es aquí el Demiurgo que interviene precipitando un desastre larvado. Pero también la instancia trascendente que explica la génesis de lo que sucede. Y finalmente el Prometeo redentor que asume las consecuencias de su amor. Texto, atmósfera, actores y dirección. Todos impecables. ¿Qué más se puede pedir de un estreno?