de Athol Fugard. Dirección: Claudio Tolcachir.
Producción: Pentación Espectáculos .
con Lola Herrera, Natalia Dicenta y Carlos Olalla.
28 de febrero de 2025. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 90' aprox. Estreno absoluto.
de Athol Fugard. Dirección: Claudio Tolcachir.
Producción: Pentación Espectáculos .
con Lola Herrera, Natalia Dicenta y Carlos Olalla.
28 de febrero de 2025. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 90' aprox. Estreno absoluto.
Autoría y dirección: Claudio Tolcachir.
Una
producción de Centro Dramático Nacional, Producciones Teatrales Contemporáneas y Teatro Picadero.
con Nourdin Batán, Fer Fraga, Malena Gutiérrez, Nuria Herrero y Gerardo Otero.
13 de diciembre de 2024. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 100' aprox. Estreno absoluto
Por
una vez nos acercamos a esos de ahí y entendemos su lengua. La que une a
Nuno, Munir, Dani y Eduardo en ese no lugar extranjero en el que
comparten extrañamiento. Son los nadies que ahora recorren nuestras ciudades con sus mochilas y
bicicletas. Godot podría ser aquí esa máquina muda que, como tótem posmoderno, suministra de forma imprevista direcciones y paquetes.
O Eduardo, ese personaje que, en fuera de campo, es el
destinatario de los afectos de Munir. Pero, además de los ecos beckettianos,
en el teatro de Tolcachir hay tantas resonancias propias que no hace
falta adscribirlo a ningún clásico. En Los de ahí las palabras a
veces se vacían y acaban expresando mejor lo que no dicen que lo
reiterado. Incluso las de Mirja, que sin entenderlas, tienen una fuerza
especial para esos nadies y también para nosotros (como las del monólogo en
ruso de la obra de Berta Prieto que tanto nos impresionó hace unos días
en la Sala Beckett). En Los de ahí el espacio vacío es un lugar
desolado, una espalda del mundo tras esa montaña que oculta y protege. Un sitio en el que la penuria, además de miedos, hace
crecer los afectos entre los personajes y quizá la compasión en nosotros. La obra tiene una aspereza y una parsimonia
exigente, pero el texto es radicalmente tolcachiriano. Lo es en
el lenguaje como protagonista desnortado, en el escenario como cobijo
de la intemperie y en los afectos como urdimbre tácita que ojalá ponga a
salvo a los personajes. Son algunos de los elementos conmovedores que, de un
modo u otro, estaban presentes en obras como La omisión de la familia Coleman, Emilia, Tercer cuerpo, Dínamo o Próximo.
Así que Claudio Tolcachir, además del demiurgo de Timbre 4, es un autor
extraordinario. Por lo demás, desde que lo tenemos en España también disfrutamos de su maestría dirigiendo textos ajenos como Tierra de fuego, Copenhague, La máquina de Turing o Las guerras de nuestros antepasados.
Así que ha sido un gustazo que haya vuelto al Palacio Valdés para
estrenar esta magnífica obra. Si no llevo mal la cuenta, este es su
quinto estreno en nuestro teatro. Y ya estamos pendientes del próximo.
de Miguel Delibes. Adaptación de Eduardo Galán. Dirección: Claudio Tolcachir.
una producción de Pentación espectáculos y Secuencia 3
con Carmelo Gómez y Miguel Hermoso.
29 de noviembre de 2022. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 100’ aprox. Estreno absoluto.
El doctor sabe que Pacífico es alguien especial con muchas cosas que contar. Por eso escucha y graba todo lo que dice. Él solo tira de la hebra para que Pacífico vaya recordando las guerras del Bisa, del Abu y de Padre. Para que le hable de los del Humán y los del Otero, del tío Paco y la Candi. De la vida de un hombre bueno y sencillo capaz de recordarnos cómo se aprende a mirar.
La novela de Delibes es una joya. Un alegato contra las guerras desde los recuerdos de quien también habría de tener la suya. Las palabras de Pacífico merecen ser grabadas. Por lo que dice y por cómo lo dice. Y en cierto modo eso es lo que hace Delibes. Levantar testimonio de una oralidad purísima, hija de un espacio y heredera de muchos tiempos. Leyendo esta novela (y en general su obra) uno siente que recibe un legado. Y eso es lo que han hecho también esta noche Miguel Hermoso, Claudio Tolcachir y Carmelo Gómez. La voz de Carmelo es aquí perfecta y al escucharle hemos sentido que estábamos en familia. En Baltanás, en la tierra de todos los Pacíficos. Y es que, interpretando como nadie lo que escribió, Delibes, Carmelo Gómez se ha convertido en hermeneuta de un territorio, notario de su lenguaje y albacea de su poesía. Seguramente por eso ha recibido los aplausos más sentidos, agradecidos y merecidos que se han oído en el Palacio Valdés en mucho tiempo. En la pasada primavera quedé maravillado viéndolo en el Teatro Cervantes de Béjar en el más lorquiano, erudito y juguetón de los tributos que se han hecho en muchos años a Federico. Se titulaba A vueltas con Lorca y, tras lo presenciado esta noche, puedo decir que Carmelo Gómez es un actor en estado de gracia, un medium para la ternura y la poesía. Miguel Hermoso ha sabido acompañarlo magníficamente en este maravilloso trance y Claudio Tolcachir ha tenido el acierto de permitir y facilitar que lo fueran todo ese texto extraordinario, impecablemente adaptado por Eduardo Galán, y ese personaje pacífico y sincero que nadie podría haber encarnado mejor que el gran Carmelo Gómez.
de Benoit Solés. Adaptación y dirección: Claudio Tolcachir.
Claudio Tolcachir ha estrenado en Avilés Emilia, Copenhague y ahora La máquina de Turing. Las tres obras comparten elegancia y sencillez aparente en la puesta en escena y mucha atención a la construcción temporal del relato. Las dos últimas muestran además el interés de Tolcachir por personajes centrales en la historia de la ciencia del último siglo en cuyas trayectorias se cruzaron grandes dilemas éticos y políticos que han marcado nuestro tiempo. El recuerdo de la película The imitation game de Morten Tyldum hace que sea aún más meritoria esta propuesta escénica sobre una historia conocida que con solo dos actores resulta del mayor interés. Y ello porque, a pesar de que la interpretación de Benedict Cumberbatch era excelente, el adecuadísimo registro que Daniel Grao aporta en la dicción y la gestualidad de su personaje lo hace aún más creíble y entrañable. También merece destacarse la impecable réplica que le da Carlos Serrano desdoblándose sutilmente en los papeles del policía y el amante. Además de unas transiciones muy bien hilvanadas, la obra se abre y se cierra con una elegante ternura que subraya el aprecio que merece el valioso y desvalido ser humano al que aquí se recuerda.
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