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sábado, 14 de febrero de 2026

El nudo gordiano

de Johnna Adams. Dirección: Israel Elejalde. Adaptación: Paula Paz
Producción: Teatro Español y Teatro Kamikaze.
con Eva Rufo y María Morales.


14 de febrero de 2026. Teatro Español (Sala pequeña - Margarita Xirgu), Madrid. 80' aprox. 

La madre de un alumno de primaria aparece el lunes en la clase para hablar con la tutora. El viernes su hijo había sido expulsado y llegó a casa con una nota para que ella acudiera al centro. Sola en el aula, la profesora no esperaba esa reunión porque durante el fin de semana el chico se suicidó. 
 
El encuentro más difícil. Para las dos. Para esa madre lúcida que quiere saber qué pasó y para la profesora que tomó aquella decisión. Las dos se enfrentan  a la tragedia y a la necesidad de escrutar las circunstancias de lo que sucedió. Para ello se habrán de asomar a la complejidad de la vida secreta de los menores superando el mito de la inocencia infantil. De todo eso trata esta obra sobre un texto soberbio de Johanna Adams, magníficamente adaptado por Paula Paz, por el que ha apostado Israel Elejalde con una dirección sobria e impecable que convierte en extraordinario el duelo interpretativo entre Eva Rufo en el papel de la profesora y María Morales en el de la madre. En fuera de campo queda esa jefa de estudios que no viene a la entrevista porque ese día ha cogido un permiso de asuntos propios (oportuna puya a la deontología declinante de un gremio que considera los moscosos como una conquista y no una vergüenza). Pero el magnífico texto de Johnna Adams, tan bien entendido por Israel Elejalde, va mucho más allá de las circunstancias trágicas que la maternidad (aquí no está ni se espera ninguna figura masculina) y la docencia (también femenina) han de afrontar en el cuidado de unos menores cuyas vidas, pretendidamente controladas, tuteladas y orientadas, no son bien conocidas. El nudo gordiano aporta también una certera reflexión sobre el arte y la vida (con un breve subtexto sobre el belicismo y el machismo), sobre la ética y la estética, en estos tiempos asediados por los tópicos y los miedos, valga la redundancia. El nudo de este conflicto trata de un tema próximo al de una película extraordinaria y radicalmente teatral. Me refiero a Mass de Fran Kranz. Ambas comparten el carácter gordiano de sus respectivos conflictos y la necesidad de matizar para entender, de escuchar para comprender, y de asumir que es posible lamentar la imposibilidad de perdonar. Así que bravo por Johnna Adams, por Israel Elejalde, por Eva Rufo y por María Morales. Por su excelente trabajo y por ofrecernos esta prueba de que es mucho más importante entender los nudos gordianos que cortarlos. 

 

sábado, 22 de noviembre de 2025

1936

Texto: Albert Boronat, Juan Cavestany, Andrés Lima y Juan Mayorga. Dramaturgia: Albert Boronat y Andrés Lima. Dirección: Andrés Lima
una producción del Centro Dramático Nacional.
con Mamen Camacho, Cristina Arias, Antonio Durán “Morris”, María Morales, Paco Ochoa, Guillermo Toledo y Juan Vinuesa.


22 de noviembre de 2025. Centro Niemeyer (auditorio), Avilés. 255’ aprox. (con dos descansos de 10’) 

El shock de 1936. El del golpe de Estado que se estuvo preparando desde 1931. El que dio lugar a una guerra que duró tres años. Aquella que, por la Gracia de Dios, impuso una dictadura que terminó hace ahora medio siglo con la muerte del pequeño generalísimo. 

Una obra magna. Tras el Shock 1 y el Shock 2, Andrés Lima (con Albert Boronat, Juan Cavestany y Juan Mayorga) lo ha vuelto a hacer. Son cuatro horas y cuarto que pasan en un suspiro. Es teatro total y coral en el que veinticinco intérpretes muestran qué es una guerra y nos enseñan cómo fue y qué supuso la de 1936. Tres cuartas partes son jóvenes que hacen mucho más que cantar y figurar. El resto se desdoblan para encarnar a seres abyectos (los generales, los falangistas, los que prepararon "lo otro"...), a políticos decentes (Azaña, Clara Campoamor...) y a las víctimas de aquella tragedia cuyos ecos aún resuenan en estos tiempos convulsos. 1936 es teatro mayúsculo. Por la forma y por el fondo. La forma nos hace sentir dentro de la obra con tres pantallas y tres gradas en el escenario que hacen que todos tengamos a una parte del público enfrente. En medio contemplamos momentos terribles de aquella tragedia (las brutalidades de Yagüe en Badajoz, la desbandá, el asedio de Bilbao, el bombardeo de Guernica...), escuchamos los discursos incalificables de quienes la detonaron y asistimos a las decisiones malignas de Franco que la prolongaron sádicamente. Como sucede con el Guernica, 1936 impresiona en conjunto y también en cada parte. Es un relato revelador de un momento crucial de la historia de España. Y también reparador, porque pocas veces un escenario ejemplifica tan claramente las virtudes catárticas del teatro. Es un documento necesario que habría emocionado a quienes tanto sufrieron y callaron y tantas veces nos advirtieron del riesgo de significarse. En el encuentro del jueves (20 de noviembre), Albert Boronat, Juan Cavestany y Andrés Lima nos comentaron el proceso creativo que, desde la documentación a los ensayos, ha ido dando forma a esta gran obra que, además de formativa, catártica y reparadora, es también poética. Lo es en ese impresionante duelo a garrotazos entre dos contendientes intemporales o ese final en el que, desde el abismo del olvido (como en el libro de Paco Roca), parecen emerger de debajo de una gran bandera republicana aquellos que siguen demandando su sitio en los cementerios y en la historia de España.

sábado, 21 de mayo de 2022

Un hombre de paso

Dirección: Manuel Martín Cuenca. Dramaturgia: Felipe Vega.
Producción: Producciones Off
con Antonio de la Torre, María Morales y Juan Carlos Villanueva.

21 de mayo de 2022. Teatro Jovellanos, Gijón. 70’ aprox.

En la cafetería del hotel Roma de Turín una periodista ha quedado con Maurice Rossel para entrevistarlo sobre la visita que, como representante de la Cruz Roja, hizo a Theresienstadt en 1944. Se trataba de saber cómo trataban los nazis a los judíos que allí vio. Maurice Rossel no encontró nada malo y así lo recogía su informe. Y así se lo cuenta a esta periodista que también ha citado a Primo Levi como testigo de la entrevista. Nada menos.

En El último de los injustos Claude Lazmann regresó a Theresienstadt para aportar el contrapunto más adecuado a los testimonios de Benjamin Murmelstei que hacían tan relevante aquella película. En Himmelweg (camino del cielo) Juan Mayorga también evocó el engaño trágicamente teatral que tuvo lugar durante aquella visita. Sobre la base del testimonio recogido por  el propio Claude Lazmann en Alguien vivo pasa, Felipe Vega y Manuel Martín Cuenca tenían la oportunidad de retomar aquellos hechos y aprovechar la hondura de ambos trabajos para explorar la dimensión de farsa que a veces puede llegar a tener la banalidad del mal. Por desgracia, la han desaprovechado y Un hombre de paso apenas deja poso. De hecho, parece abundar en lo resabido y poblar de tópicos el recuerdo de aquellos hechos. Por lo demás, la amplificación no hace mejor la experiencia para el espectador que incluso llega a perderse algunas palabras. Probablemente por la seguridad que les da a algunos actores no tener que preocuparse mucho por la nitidez de su voz. Un pena.

Programa de mano

domingo, 9 de enero de 2022

Shock 2 (la Tormenta y la Guerra)

Texto: Albert Boronat, Juan Cavestany, Andrés Lima y Juan Mayorga. Dramaturgia: Albert Boronat y Andrés Lima. Dirección: Andrés Lima.
Producción: Centro Dramático Nacional
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on Antonio Durán "Morris”, Alba Flores, Natalia Hernández, María Morales, Paco Ochoa, Guillermo Toledo y Juan Vinuesa.

9 de enero de 2022. Teatro Jovellanos, Gijón. 175’ aprox. (con descanso)

La doctrina del shock continúa. Más acá de los años ochenta y más acá de América Latina. Bush (padre e hijo), Yeltsin, Thatcher, Deng Xiaoping, Juan Pablo II, Rumsfeld y hasta Aznar protagonizan unos tiempos que lo ponen todo patas arriba. En Moscú, en Tiananmén, en Kuwait, en Irak, en Siria y también en un rancho de Texas. Es el shock global, el que casi llega hasta ahora.

El monólogo inicial de Carl Schmitt es impresionante. Nos habla de la política, es decir del Estado, la enemistad y la guerra. Luego vemos otra vez en una plataforma (y mesa) giratoria a los protagonistas recientes de todo eso. A quienes decidieron que la mejor forma de (re)construir el mundo es destruyéndolo. Sobre todo el mundo de los otros. El de los palestinos de Chatila y de Sabra, el de los habitantes de Bagdad o Mosul. O el de cualquiera que no sea uno de los nuestros (o sea, de los suyos). El ritmo es, como ayer, intensísimo y las interpretaciones son otra vez estupendas. Pero quizá el foco de este segundo Shock sea demasiado global y por eso resulta menos nítido. El relato es más fragmentario y menos pregnante. Aunque ver a Willy Toledo haciendo de Bush y dejando en ridículo a Aznar en Texas tiene algo de delicioso y memorable ajuste de cuentas. Así que han sido dos noches estupendas. De esas que uno quisiera poder vivir aquí más veces. Y es que estaría muy bien que las obras del Centro Dramático Nacional giraran con más frecuencia. Al fin y al cabo en CDN es público y español. Y de momento España no es privada. Ni solo madrileña.

sábado, 8 de enero de 2022

Shock 1 (el Cóndor y el Puma)

Texto: Albert Boronat, Juan Cavestany, Andrés Lima y Juan Mayorga. Dramaturgia: Albert Boronat y Andrés Lima. Dirección: Andrés Lima.
Producción: Centro Dramático Nacional
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on Antonio Durán "Morris", Natalia Hernández, Esteban Meloni, María Morales, Paco Ochoa, Guillermo Toledo y Juan Vinuesa.

8 de enero de 2022. Teatro Jovellanos, Gijón. 165’ aprox. (con descanso)

La doctrina del shock como estrategia para el sometimiento individual y colectivo. A la voluntad de los torturadores. A los designios del imperio. El experimento tuvo su origen a finales de los cincuenta en los alegres despachos de los jerarcas de Estados Unidos, en las alucinadas lecciones de los economistas de Chicago y también en aquella Escuela de las Américas que adiestró en las técnicas del shock a los milicos del patio trasero. Asistimos a su desarrollo en el Chile que derroca a Allende, en la Argentina que ahoga los gritos de la Escuela de Mecánica de la Armada con la euforia futbolera y en toda la América Latina con las venas aún más abiertas en aquellos tiempos en que el Cóndor operaba y los helicópteros Puma enterraban en el mar a tantos desaparecidos.

Una plataforma giratoria en el centro del escenario. Al fondo, a la izquierda y a la derecha, tres grandes pantallas y tres gradas con público. En la plataforma se recrean hechos terribles que tuvieron como protagonistas a Nixon, a Kissinger, a Friedman, a Pinochet, a Videla o a Thatcher. También vemos a Allende, a Violeta Parra, a las madres de la Plaza Mayo y escuchamos algunos testimonios de torturas que se recogen en el Informe Sábato. Es teatro documental pero quizá sirva para ilustrar a los que no vivieron aquellos hechos sobre la obscenidad del mundo en que han nacido. Y para que no lo olvidemos nunca los que fuimos conscientes de tanta infamia. Por eso el intenso aplauso final seguramente es a la vez teatrero y político. Sin embargo, hay algo inquietante en el hecho de que las músicas en inglés de los Rolling Stone y George Michael resulten tan animadas para el público y nos nos acompañen alegremente en el receso y al término de la obra. O en que casi se celebre en el patio de butacas la euforia de Kempes cuando los actores interpretaban momentos futbolísticos. El opio del pueblo es tan adictivo que ni siquiera se le reconoce cuando el teatro intenta denunciar la alienación imperiófila y la desencefalización futbolera. Así fueron las cosas. Y así son todavía.

sábado, 30 de septiembre de 2017

Ensayo

de Pascal Rambert. Texto, dirección y espacio escénico: Pascal Rambert.
una producción de Buxman Producciones con la colaboraciónde la Comunidad de Madrid.
con Fernanda Orazi, María Morales, Jesús Noguero e Israel Elejalde.
 
30 de septiembre de 2017. El Pavón Teatro Kamikaze, Madrid. 105’ aprox.


Cuatro personajes ensayando una obra. Son dos actrices, el autor y el director. Pero también son dos parejas que llevan veinte años compartiendo vida, afanes teatrales y sueños generacionales. Pero en un instante todo eso se rompe. Una fugaz mirada adúltera desata el desastre. Y libera un torrente de reproches sobre la vida que llevan, sobre lo que quisieron ser y sobre lo que son ahora. Primero habla la actriz que descubre la traición y dinamita la estructura de este grupo que se creía muy estable. Luego toma la palabra la otra mujer y reivindica la posibilidad y el derecho de amar a dos hombres. Después será el autor quien se defienda. Y finalmente el director cerrará este ensayo interpelando a los jóvenes que los contemplan. A esa generación a la que la nuestra no parece tener nada que dejar.

Tras el descubrimiento del teatro de Pascal Rambert en el Palacio Valdés con La clausura del amor, nos resultaba inevitable venir a Madrid para ver su segunda obra en colaboración con los del Kamikaze, que tan merecidamente han recibido esta semana el Premio Nacional de Teatro. Frente a nosotros un escenario desnudo iluminado, como en la anterior, por veinticuatro  fluorescentes blancos. En torno a una mesa van a preparar una obra cuatro seres que comparten profesión, afanes y vidas. En lo que dura un parpadeo estalla un conflicto que, como en La clausura del amor, se desarrollará en monólogos sucesivos. Pero si en aquella pareja inolvidable que interpretaban Israel Elejalde y Barbara Lennie el tema era el (des)amor y su subtexto el lenguaje, aquí estos cuatro combatientes de la palabra y de la vida multiplican los ámbitos de la contienda. Es un texto impresionante otra vez sobre el amor, pero también sobre el teatro y sobre las utopías incumplidas. Las de cada uno y las de todos. Pero sobre todo, es de nuevo una reflexión honda y lúcida sobre el lenguaje y sobre la vida. Sobre el arte y sobre la escena. Un huracán de soliloquios extraordinarios que atrapan el cerebro y el corazón del espectador como pocas veces sucede en un teatro. Son casi dos horas de torbellinos verbales intempestivos, de reflexiones en voz alta a tumba abierta. La que parece que va a tragarse a este grupo que se consideraba una estructura y que ahora vemos a punto de colapsar. Pero también podría ser la intensidad infinita de los pensamientos que podrían intuirse en apenas un parpadeo, en el tiempo que dura la fugaz mirada entre un hombre y una mujer. Pascal Rambert no es solo el autor de un texto más que superlativo (se hace difícil adjetivar sobre una obra en la que todo es radicalmente sustantivo). También es el director que consigue que estos cuatro actores impresionantes se sientan completamente libres para moverse por un escenario que es una sala de ensayos en la que nosotros contemplamos lo que no se puede ver: la estructura y su derrumbe, el texto y su hipertexto, el teatro y lo que está más allá de él... El de Rambert es un teatro filosófico que supura poesía. O un teatro poético que obliga a filosofar. A pensar más allá del lenguaje. A partir de lo mucho que sus personajes dicen para interpelar a los que vendrán, a esa generación a la que el director, que también es Rambert, se dirige al final. Tenemos mucha suerte en España teniendo a los del Kamikaze. Y tenemos mucha suerte con esa sintonía perfecta que ellos tienen con ese autor extraordinario que es Pascal Rambert. Perece que seguirán haciendo más cosas juntos. Ojalá que las podamos ver en Avilés. Si no, no hay ninguna duda: habrá que venir sin falta a Madrid y reservar con tiempo en el Pavón.