de Johnna Adams. Dirección: Israel Elejalde. Adaptación: Paula Paz
Producción: Teatro Español y Teatro Kamikaze.
con Eva Rufo y María Morales.
14 de febrero de 2026. Teatro Español (Sala pequeña - Margarita Xirgu), Madrid. 80' aprox.
de Johnna Adams. Dirección: Israel Elejalde. Adaptación: Paula Paz
Producción: Teatro Español y Teatro Kamikaze.
con Eva Rufo y María Morales.
14 de febrero de 2026. Teatro Español (Sala pequeña - Margarita Xirgu), Madrid. 80' aprox.
Texto:
Albert Boronat, Juan Cavestany, Andrés Lima y Juan
Mayorga. Dramaturgia: Albert Boronat y Andrés Lima. Dirección: Andrés
Lima
una producción del Centro Dramático Nacional.
con Mamen Camacho, Cristina Arias, Antonio Durán “Morris”, María Morales, Paco Ochoa, Guillermo Toledo y Juan Vinuesa.
22 de noviembre de 2025. Centro Niemeyer (auditorio), Avilés. 255’ aprox. (con dos descansos de 10’)
Dirección: Manuel Martín Cuenca. Dramaturgia: Felipe Vega.
Producción: Producciones Off
con Antonio de la Torre, María Morales y Juan Carlos Villanueva.
21 de mayo de 2022. Teatro Jovellanos, Gijón. 70’ aprox.
En El último de los injustos Claude Lazmann regresó a Theresienstadt para aportar el contrapunto más adecuado a los testimonios de Benjamin Murmelstei que hacían tan relevante aquella película. En Himmelweg (camino del cielo) Juan Mayorga también evocó el engaño trágicamente teatral que tuvo lugar durante aquella visita. Sobre la base del testimonio recogido por el propio Claude Lazmann en Alguien vivo pasa, Felipe Vega y Manuel Martín Cuenca tenían la oportunidad de retomar aquellos hechos y aprovechar la hondura de ambos trabajos para explorar la dimensión de farsa que a veces puede llegar a tener la banalidad del mal. Por desgracia, la han desaprovechado y Un hombre de paso apenas deja poso. De hecho, parece abundar en lo resabido y poblar de tópicos el recuerdo de aquellos hechos. Por lo demás, la amplificación no hace mejor la experiencia para el espectador que incluso llega a perderse algunas palabras. Probablemente por la seguridad que les da a algunos actores no tener que preocuparse mucho por la nitidez de su voz. Un pena.
Texto: Albert Boronat, Juan Cavestany, Andrés Lima y Juan Mayorga. Dramaturgia: Albert Boronat y Andrés Lima. Dirección: Andrés Lima.
Producción: Centro Dramático Nacional.
con Antonio Durán "Morris”, Alba Flores, Natalia Hernández, María Morales, Paco Ochoa, Guillermo Toledo y Juan Vinuesa.
El monólogo inicial de Carl Schmitt es impresionante. Nos habla de la política, es decir del Estado, la enemistad y la guerra. Luego vemos otra vez en una plataforma (y mesa) giratoria a los protagonistas recientes de todo eso. A quienes decidieron que la mejor forma de (re)construir el mundo es destruyéndolo. Sobre todo el mundo de los otros. El de los palestinos de Chatila y de Sabra, el de los habitantes de Bagdad o Mosul. O el de cualquiera que no sea uno de los nuestros (o sea, de los suyos). El ritmo es, como ayer, intensísimo y las interpretaciones son otra vez estupendas. Pero quizá el foco de este segundo Shock sea demasiado global y por eso resulta menos nítido. El relato es más fragmentario y menos pregnante. Aunque ver a Willy Toledo haciendo de Bush y dejando en ridículo a Aznar en Texas tiene algo de delicioso y memorable ajuste de cuentas. Así que han sido dos noches estupendas. De esas que uno quisiera poder vivir aquí más veces. Y es que estaría muy bien que las obras del Centro Dramático Nacional giraran con más frecuencia. Al fin y al cabo en CDN es público y español. Y de momento España no es privada. Ni solo madrileña.
Texto: Albert Boronat, Juan Cavestany, Andrés Lima y Juan Mayorga. Dramaturgia: Albert Boronat y Andrés Lima. Dirección: Andrés Lima.
Producción: Centro Dramático Nacional.
con Antonio Durán "Morris", Natalia Hernández, Esteban Meloni, María Morales, Paco Ochoa, Guillermo Toledo y Juan Vinuesa.
Una plataforma giratoria en el centro del escenario. Al fondo, a la izquierda y a la derecha, tres grandes pantallas y tres gradas con público. En la plataforma se recrean hechos terribles que tuvieron como protagonistas a Nixon, a Kissinger, a Friedman, a Pinochet, a Videla o a Thatcher. También vemos a Allende, a Violeta Parra, a las madres de la Plaza Mayo y escuchamos algunos testimonios de torturas que se recogen en el Informe Sábato. Es teatro documental pero quizá sirva para ilustrar a los que no vivieron aquellos hechos sobre la obscenidad del mundo en que han nacido. Y para que no lo olvidemos nunca los que fuimos conscientes de tanta infamia. Por eso el intenso aplauso final seguramente es a la vez teatrero y político. Sin embargo, hay algo inquietante en el hecho de que las músicas en inglés de los Rolling Stone y George Michael resulten tan animadas para el público y nos nos acompañen alegremente en el receso y al término de la obra. O en que casi se celebre en el patio de butacas la euforia de Kempes cuando los actores interpretaban momentos futbolísticos. El opio del pueblo es tan adictivo que ni siquiera se le reconoce cuando el teatro intenta denunciar la alienación imperiófila y la desencefalización futbolera. Así fueron las cosas. Y así son todavía.