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viernes, 14 de junio de 2019

Todas las mujeres

texto original: Mariano Barroso y Alejandro Hernández. Dirección y adaptación: Daniel Veronese. 
una producción Producciones[off] y Vania
con Fele Martínez, Lola Casamayor, Lucía Barrado, Nuria González, Mónica Regueiro y Ana Álvarez. 


14 de junio de 2019. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 90’ aprox.

Nacho le ha robado a su suegro cinco novillos cinco para venderlos en Portugal y huir con su amante a Brasil. La cosa no sale bien, así que mientras se resuelve el asunto recibe en su casa de campo a cinco mujeres cinco: su amante, su madre, su exnovia, su cuñada y su psicóloga.

El jetilla y sus mujeres. Ese título le iría mejor a lo visto en el escenario y a lo que muestra el cartel. De hecho, él hace aquí de astro rey y ellas de satélites. Vaya por delante que la obra tiene la agilidad y la frescura que cabe esperar de Veronese y que no hay nada que reprochar a un elenco bien afinado. Hasta aquí lo que puedo decir en positivo. Yo no vi la serie ni la película en la que se inspira pero, salvo lo dicho, no veo nada bueno en esta obra. Ni en su ética ni en su estética. Como propuesta teatral no le encuentro sustancia y como divertimento para pasar el rato casi me molesta. En efecto, no me agrada el protagonismo de ese tipo cuyo mayor mérito es que algunas mujeres orbiten en torno a él. Lo hace la amante tentadora de la que él luego reniega ante las otras. Lo hace la exnovia abogada que sufre de nuevo al volver a verle. También lo hace esa madre nutricia (aquí con chequera) cuya vida sexual es administrada por el muchacho. Incluso esa psicóloga que, aunque estirada, no tiene la ironía y el poderío propios de los psicólogos masculinos (sean veteranos o argentinos). Y también orbita en torno al jetilla esa cuñada que sintoniza más con él que con su padre o con su hermana a pesar de que a aquel le quitó los novillos y a esta le puso los cuernos. Estos dos últimos quedan en fuera de campo. La esposa ni siquiera le da pena al protagonista pero el suegro (otro hombre) sí le da bastante miedo. Seguramente porque tiene pinta de ser un macho ibérico imponente del que se dice que aprecia más a sus vacas que a sus propias hijas. Imagino que a quienes el discurso feminista les parece cosa de puritanas y ofendiditos la obra les habrá encantado (Lucía Lijtmaer dice cosas interesantes sobre todo esto en el libro que acaba de publicar en Anagrama). Pero esta noche también se ha reído bastante buena parte del público que seguramente no habrá votado a Vox. Es lo que tiene el machismo tácito y bobalicón, que parece tan inofensivo como el de Arturo Fernández. El título de la obra puede ser irónico pero no engaña. Y es aún más insultante con el artículo que sustituye al posesivo. De eso va la cosa.

domingo, 7 de agosto de 2016

Las harpías en Madrid

autor: Fernando J. López (inspirada libremente en la novela de Alonso de Castillo Solórzano). Dirección: Quino Falero.
Una coproducción de Pérez y Goldstein, Chacena, Flower Power y Degira Espectáculos.
con Nuria González, Marta Aledo, Natalia Hernández, Paco Déniz y Juanan Lumbreras.

7 de agosto de 2016. Conventual de San Benito, Alcántara. 32º Festival de Teatro Clásico. 90’ aprox.


Las harpías son Luisa y Feliciana. Y aún más su madre Teodora. Ella es quien las dirige en todas sus acciones. Y también quien nos dirige sus propias reflexiones. Son tres pícaras que llegan a Madrid dispuestas a hacer fortuna con sus cualidades femeninas. Y contando también con la ingenuidad masculina.

Volvemos a Alcantará en el último día de esta edición del Festival en la que se ha podido ver a Concha Velasco en Reina Juana, El cerco de Numancia en la estupenda versión que vimos el verano pasado en Mérida,  Triunfo de Amor que estuvo esta primavera en La Abadía y El retablo de las maravillas de Morfeo Teatro. Las harpías en Madrid se estrenó en el festival de Almagro hace apenas tres semanas. Es una comedia del género de la picaresca. O mejor de picaresca y género. Porque, además de narrar engaños femeninos con voluntad de hacer reír a partir de enredos barrocos, también pretende hacer pensar en verdades feministas más o menos intemporales. Los cinco intérpretes están rápidos, certeros y conjuntados. El texto, ágil y bien escrito, va más allá de los meros resortes hilarantes. Y aunque la puesta en escena no es muy ambiciosa, la obra se ve con agrado. Una lástima, en todo caso, que la tramoya de las luces sea tan visible ante un escenario tan magnífico como el de la Conventual de San Benito. Quizá no haya sido la mejor elección de la semana (no podíamos venir otro día), pero ha sido un gusto volver hasta aquí y compartir el disfrute teatral de este público extremeño que  un domingo por la noche llena las gradas de este hermoso rincón escénico más que periférico.