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viernes, 24 de abril de 2026

Viejos tiempos

Texto: Harold Pinter. Traducción y versión: Pablo Remón. Dirección: Beatriz Argüello.
Una producción Entrecajas Producciones y Teatro de la Abadía.
con Ernesto Alterio, Marta Belenguer y Mélida Molina.


24 de abril de 2026. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 90’ aprox.

Deeley y Kate forman un matrimonio que vive lejos de todo en una casa de campo. Él viaja por trabajo y ella no suele salir de allí. Están esperando la visita de Anna que vive en Sicilia y a la que hace veinte años que Kate no ve. Las dos fueron muy amigas y compartieron piso en Londres en una época intensa y memorable. Antes de que ella llegue, Deeley le pregunta morosamente a Kate cómo era aquella relación. Cuando Anna aparece habla torrencialmente de aquel tiempo juvenil. Así se va abriendo un triángulo de recuerdos dudosos y silencios llenos de melancolías. Y se ahonda el ensimismamiento existencial de los tres. 

Espectros de cuerpo presente. Así podría definirse el teatro. Y así lo entiende Harold Pinter en una ontología escénica en la que el ser, el tiempo y el silencio dejan siempre espacio al espectador. En Avilés lo sabemos bien porque aquí se han estrenado obras suyas tan destacadas como Invernadero, Traición o Retorno al hogar. En Viejos tiempos la grieta que nos acoge se ensancha y nos obliga a asumir que, más que nunca, estamos ante una obra abierta que nos invita a pronunciarnos sobre si es espectral el cuerpo yacente de Anne o si hay ensoñaciones en los recuerdos del encuentro en aquel garito que pudo cambiar la vida de los tres. Pablo Remón es, con Lucía Carballal, el más pinteriano de nuestros dramaturgos, así que es perfecto para esta adaptación que no traiciona, pero mejora cualquier traducción. Beatriz Argüello acierta plenamente con la medida de la luz, los silencios y la fuerza de las interpretaciones. Mélida Molina consigue que las escuchas de Kate sean tan informativas como los cambios de tono que Ernesto Alterio da a su personaje, siempre dispuesto a saltar entre la flema sonriente y una dolorosa ira que no consigue contener. Y Marta Belenguer cierra con intensidad ese triángulo que a veces parece situarse entre la espesura de lo onírico y la equívoca nitidez de unos recuerdos que no encajan, pero igualmente duelen por la imposibilidad de recuperar aquel tiempo perdido y resolver las dudas sobre cómo fue. Si el teatro es siempre obra abierta y arte vivo, en estos Viejos tiempos aún lo es más. A estos tres personajes espectrales les conmueve la fuerza evocadora de esa música que los traslada a sus felices años cincuenta. Pero su presente en los primeros setenta es para nosotros un tiempo remoto y no menos evocador. Quizá es eso lo que pretende Pinter.  Ofrecernos los recuerdos disonantes de unos espectros de cuerpo presente para que intentemos ajustar cuentas con los nuestros. Sabe que, como ellos, también podríamos salir malparados.
 

sábado, 13 de abril de 2024

Vania x Vania (versión 1)

texto y dirección: Pablo Remón.
una producción de Teatro Español y Teatro Kamikaze.
c
on Javier Cámara, Juan Codina, Israel Elejalde, Marta Nieto, Manuela Paso y Marina Salas.


13 de marzo de 2024. Teatro Jovellanos, Gijón. 115’ aprox.

Una familia y un médico en una casa de campo. La familia es diversa. Están el tío, la sobrina y la señora que los cuida. Y también el escritor y su mujer urbanitas que han venido para quedarse en ella o para que se venda. El conflicto es puntual y múltiple. Pero también esencial y existencial.

El jueves tenía clase en la facultad y no llegaba a tiempo para ver en Avilés la versión 1 del Tío Vania remoniano, cuya segunda versión vi ayer en el Niemeyer. Los amigos me decían que había acertado con el orden. Que la versión más esencial y memorable era esta, y seguramente tenían razón. De todas formas, en la reseña de ayer ya anticipaba que lo de versión 1 y versión 2 quizá no debiera interpretarse como orden temporal, sino como concepto espacial. La de hoy es una versión radicalmente monista. Con un solo espacio prácticamente vacío (solo seis sillas, la de Marina Salas, de ruedas) seis intérpretes soberbios van haciendo crecer en nuestra mente la historia de Chèjov. Siempre presentes en el escenario (o tras el decorado de la versión 2), con solo adelantar o cambiar la posición de sus sillas, van trenzando los diálogos y las escenas de El Tío Vania como si estuviéramos asistiendo a las últimas lecturas de mesa antes de los ensayos. Es teatro tan abstracto como nítido. Casi más Chéjov que Remón. De este son el ritmo y cierta naturalidad actualizada que se radicaliza en la versión 2. La semana pasada Andrea Jiménez estrenó en el Palacio Valdés algo tan innovador como Casting Lear, una obra en la que cada día cambia el actor protagonista. En este caso he sido yo el que, como espectador, he innovado cambiado el orden de la propuesta de Pablo Remón. Y debo decir que quizá mis amigos tenían razón. Que pudiera ser mejor ver antes al Chejóv remoniano y desdoblado de la versión 2  y después al Tío Vania esencial y destilado de esta versión tan monista. Incluso creo que en Asturias, y en la gira, hemos sido más afortunados que en Madrid. Sea cuál sea el orden de estos dos Vanias,  me parece más grato y nutritivo degustar esta magnífica propuesta en dos días sucesivos que en la sesión (casi) continua de Madrid. Son ventajas de vivir en la verdadera centralidad: la de la periferia.      

Programa de mano
Dossier

viernes, 12 de abril de 2024

Vania x Vania (versión 2)

texto y dirección: Pablo Remón.
una producción de Teatro Español y Teatro Kamikaze.
c
on Javier Cámara, Juan Codina, Israel Elejalde, Marta Nieto, Manuela Paso y Laura Galán.


12 de marzo de 2024. Centro Niemeyer (auditorio), Avilés. 120’ aprox.

Una familia y un médico en una casa de campo. La familia es diversa. Están el tío, la sobrina y la señora que los cuida. Y también el escritor y su mujer urbanitas que han venido para quedarse a vivir en ella o para que se venda. El conflicto es puntual y múltiple. Pero también esencial y existencial.

A la izquierda el exterior de una casa de campo rusa de hace más de cien años. A la derecha el de otra casa en un pueblo castellano de hoy. El tío de la izquierda es Vania. El de la derecha es Iván. A la izquierda hay más Chèjov y menos Remón. A la derecha sigue siendo El tío Vania, pero también resuenan los ambientes y lenguajes de obras anteriores, especialmente Los Mariachis (y hasta el acento de Luis Bermejo). Ayer no pude ver la versión 1 (la veré mañana en Gijón), pero creo que lo de versión 2 pudiera no ser ordinal, sino, más bien, espacial. Pablo Remón ha querido hacer con Chéjov algo parecido a lo que hizo con Lorca en Doña Rosita anotada. Allí el presente (su presente en primera persona) se intercalaba con el tiempo de la obra. Aquí ha querido que sea ese espacio doble el que represente los dos tiempos que ya albergaba tácitamente el texto de Chèjov. Aquellos rusos rurales con problemas existenciales aludían a un futuro remoto que es nuestro presente y Remón hace dialogar esos dos tiempos con solo dividir el escenario. Pero esta versión  de El tío Vania no es compartimentada ni intercalada. Los personajes pasan de un espacio a otro (y de un tiempo a otro) sin que se adviertan más cambios que las anécdotas y los lenguajes. Así, Pablo Remón confirma la intemporalidad de Chèjov. Y no solo porque su obra anticipara temas como la conservación de la naturaleza o la necesidad del cuidado, sino porque lo esencial de todas las vidas es lo que se muestra y se oculta en su cotidianidad. Javier Cámara está perfecto en los dos tonos de sus Vanias. Como también lo está Israel Elejalde interpretando con su fuerza habitual a ese médico desencantado y enamorado. O Juan Codina, intensísimo en el papel de ese escritor patético. Y, por supuesto, también Marta Nieto con el personaje de esa Elena, tan guapa, indolente y lucida, que encandila al Tío Vania y al médico; Manuela Paso, encarnando a esa Marina que destila la sensatez propia de los afanes domésticos; y Laura Galán (que ya estaba superlativa protagonizando Cerdita) y que aquí ha hecho un trabajo magnífico sustituyendo a Marina Salas (lesionada) en el papel de Sonia. Así que mañana, y con muchas ganas, me espera más Tío Vania en Gijón.

Programa de mano
Dossier

sábado, 5 de noviembre de 2022

Los farsantes

texto y dirección: Pablo Remón
una coproducción del Centro Dramático Nacional y Buxman Producciones.
con Javier Cámara, Francesco Carril, Nuria Mencía y Marina Salas.

5 de noviembre de 2022. Teatro Jovellanos, Gijón. 160’ aprox. (con descanso)

Ana Velasco es una actriz de teatro que tiene que trabajar en lo que sale. Diego Fontana es un director de éxito que está preparando una serie. Un sueño extraño en el que ella habría ganado un Goya y un accidente de avión al que él sobrevive hace que ambos cambien su forma de ver la vida. Los dos comparten la influencia de Eusebio Velasco, un director de culto fallecido hace poco. Era el padre de ella y el mentor de él.  

Como suelo hacer siempre que puedo, había leído el texto antes de ver la obra. Y más que escrito para el teatro me pareció una novela. El propio Pablo Remón señala en el programa de mano que Los farsantes tiene algo de hibridación entre el teatro, el cine y la novela. Por las gentes que lo protagonizan y los temas que trata tiene bastante que ver con El tratamiento, aunque aquí el tono de comedia es más acusado y seguramente el póblico que descubra hoy a Remon pensará que es un maestro en ese género. Y es verdad que lo es, pero también es mucho más que eso. De hecho, Los farsantes tiene, como todo su teatro, una capacidad impresionante para captar con la mayor sutileza la oralidad de los personajes, y para entreverar irónicamente sutextos, metatéxtos y momentos poéticos. El escenario recrea en dos pisos una cabida de avión, un hospital, una terraza, una cocina, un bar, un escenario teatral y hasta el lugar de entrega de los Goya.  Por lo demás, Javier Cámara, Francesco Carril, Nuria Mencía y Marina Salas hacen un trabajo magnífico y conjuntadísimo que, como no podía ser menos, ha hecho las delicias de todo el público.

Programa de mano 

viernes, 11 de junio de 2021

Sueños y visiones de Rodrigo Rato

de Roberto Martín Maiztegui y Pablo Remón. Dirección: Raquel Alarcón
Producción: Buxman Producciones.
con Juan Ceacero y Javier Lara.

11 de junio de 2021. Centro Niemeyer (auditorio), Avilés. 75’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer.

Un buen repaso a la vida de Rodrigo Rato. Desde su adolescencia de familia bien asturiana hasta su jubilación política en la cárcel. Lo vemos sincerándose con un taxista, acompañando a Aznar en Baqueira Beret y en la Moncloa, entrando en el Fondo Monetario Internacional y metiendo a su país en un buen lío después de tocar una campana y repartir unas tarjetas negras a cuenta de Bankia. Es el retrato de un político estrella y de unos tiempos en que parecía que el crecimiento (inmobiliario)  debía tender al infinito. 

Es teatro político hecho con mimbres reales. Tanto que, junto a Rato, a quien vemos nítidamente en el escenario es a aquel Aznar bigotudo que soñaba con poner los zapatos sobre una mesa. Además de una familia, un partido y el encuentro con un taxista, lo que se nos muestra es un trozo lamentable de la historia reciente de este país. Pero, aunque Rato y Aznar nunca hubieran existido y lo que vemos fuera solo una ficción, la obra seguiría siendo estupenda por la comicidad de los personajes, por el conjuntadísimo trabajo de Juan Ceacero y Javier Lara y también por el magnífico texto de Roberto Martín Maiztegui y Pablo Remón. Sospecho que en las acotaciones, los cambios de perspectiva y el tono entre cutre y poético de este retrato ratiano se nota especialmente la mano Pablo Remón. Así que, aunque no tenga nada que ver con ella, esta obra formaría un estupendo díptico con la Doña Rosita, anotada que volveremos a ver aquí mañana. De hecho, también se podría haber titulado Don Rodrigo, anotado.

viernes, 10 de julio de 2020

La incertidumbre (La pira 3)

Dirección: Pablo Remón.
una producción del Centro Dramático Nacinal.
- El autor y la incertidumbre de Pablo Remón. Con Ernesto Arias, Javier Ballesteros y Francesco Carril.
- Ernesto y la incertidumbre de Denise Despeyroux. Con Ernesto Arias, Javier Ballesteros, Cecilia Freire y Manuela Paso.
- La actriz y la incertidumbre de Lucía Carballal. Con Ernesto Arias, Javier Ballesteros, Francesco Carril y Cecilia Freire.

10 de julio de 2020. Teatro María Guerrero, Madrid (virtual). 55’ aprox.

La pieza de Pablo Remón sobre el autor y la incertidumbre comienza con La traición de Harold Pinter que él versionó y que, tras estrenarse en el Palacio Valdés el 7 de marzo, tuvo que suspender su primera función en el Pavón Kamikaze prevista para el día 12. La dirigía Israel Elejalde y Francesco Carril recuerda que al día siguiente lo acompañó al teatro porque quería pasear por el decorado, como se pasea entre unas ruinas. Así comienza esta pieza en la que Pablo Remón nos habla a través de Francesco de su escritura en momentos tan especiales como el día en que murió su padre o las conversaciones con su hijo en estas semanas de confinamiento. En Ernesto y la incertidumbre Denise Despeyroux nos propone una estupenda reflexión con un padre, un hijo y una extraestraterrestre de Andrómeda que ha sido intercambiada por la hija para superar la incertidumbre que nos embarga. Primero el padre explica el origen del Universo a partir del todo, no de la nada. Luego se vuelve tozudo cuando la extraterrestre defiende la certidumbre frente a las pulsiones reactivas de este padre confinado y desconfiado. Finalmente ella se va y vuelve la hija de ese otro mundo en el que todo es certidumbre. La incertidumbre de la actriz surge quince minutos antes de que comience su monólogo. Ella no se cree ese texto al que el autor ha querido dar un tono de optimismo poético que ella no comparte. Los dos son pareja y han vivido muy mal el tiempo de confinamiento. La incertitumbre sobre el texto es también la que ella tiene sobre su relación. Y él quiere resolver ambas en esos pocos minutos.

Tercera parte de la trilogía y tercera joya escénica desde un María Guerrero que no parece vacío aunque no podamos estar allí. La dirección de Pablo Remón es impecable (como la de Sanzol y las de las amigas del Teatro en Vilo en las obras anteriores). Su texto es tan hiperrealista, poético y sugerente como acostumbra. Quizá aún más porque sus evocaciones son aquí mucho más inmediatas: las de un padre y un hijo confinados entre la ternura y el recuerdo. El escenario gira y nos sitúa luego en una casa familiar en la que Denise Despeyroux sitúa esta divertida escena con ironías teofilosóficas y ese naturalismo doméstico suyo en la que quedan tan bien sus querencias galácticas. Una delicia continua en la que, como en la pieza de Pablo Ramón, uno solo lamenta que esta maravilla sea tan corta. Por último, Lucía Carballal cierra esta extraordinaria y triple trilogía con una pieza sobre el amor confinado y el desamor incipiente entre una actriz y un autor. El espacio giratorio nos coloca esta vez en los preámbulos de la pieza, en esa intimidad con reproches y sintonías propias de una pareja con mucha incertidumbre sobre su futuro y poco tiempo para resolverla. Las tres piezas de hoy son, por tanto, tres joyas que cierran por todo lo alto estas nueve muestras que confirman la excelente salud creativa de nuestros dramaturgos e intérpretes. Entre ellos están muchos de los que más me gustan y con los que he disfrutando tanto en tantas de noches de estreno en el Palacio Valdés. Ojalá volvamos a encontrarnos muy pronto en nuestros teatros para disfrutar con propuestas tan magníficas como las de esta trilogía que quisiera ser pira catártica en estos tiempos difíciles.

sábado, 7 de marzo de 2020

Traición

de Harold Pinter. Versión de Pablo Remón. Dirigido por Israel Elejalde.
una producción de Buxman Producciones para El Pavón Teatro Kamikaze.
con Irene Arcos, Raúl Arevalo y Miki Esparbé.

7 de marzo de 2020. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 85’ aprox. Estreno absoluto.

Nueve escenas con tres personajes (y una mujer que toca el piano). Emma es la mujer de Robert y durante varios años ha sido amante de Jerry, el mejor amigo de él. La primera escena es la del reencuentro en 1977 entre esos amantes que ya han dejado de serlo. La última es la de la noche de 1968 en que comenzaron su relación.

Una historia (aparentemente) diáfana contada en modo retrospectivo. Los personajes son gente del mundo de la edición literaria. En fuera de campo quedan Judith, la esposa médica de Jerry, y Casey, el joven escritor del que Robert es editor, Jerry fue su descubridor y que quizá sea ahora el nuevo amante de Emma. Ese intenso pero contenido triángulo está soberbiamente interpretado por Irene Arcos, Raúl Arevalo y Miki Esparbé. Los tres tienen una sintonía y una complicidad tan perfectas que parece que esta noche no fuera la del estreno sino que llevaran decenas de funciones haciendo que sus personajes se digan (y se oculten) las aparentes banalidades que contiene la obra. Aunque es Pablo Remón quién versiona magnificamente el texto, lo que vemos es un genuino Pinter que seguramente estaría encantadísimo con el trabajo de estos actores y con la maestría y elegancia con que Israel Elejalde los ha dirigido. La sutil evolución (o involución) cromática en los vestuarios en un escenario en blanco y negro, la iluminación impecable que cuida la relevancia de las sombras y las transparencias, la estampa veneciana tras ese escaparate perfecto que enmarca las dos escenas cruciales antes y después de la jornada de Robert en Torcello... Todo compone un contexto visual (y también sonoro con la idea de la pianista y esos micrófonos con que los actores presentan las escenas) adecuadísimo para un relato retrospectivo de lo que se muestra (la trama de una traición) y lo que se oculta (su urdimbre pulsional). Israel Elejalde estuvo muy acertado en la dirección de La Resistencia, la magnífica obra de Lucía Carballal. Pero aquí no solo logra multiplicar el interés del texto de Pinter con un puzle simbólico en el que todo encaja a la perfección sino que, con las sincronías de algunos gestos, las transiciones suavemente encabalgadas y ese ritmo a la vez enfático y demorado, logra que la historia fluya con la ambigüedad precisa que necesita este retrato sentimental de tres personajes enredados por lo que viven y por lo que se ocultan (también a si mismos) durante nueve años. Esta Traición de Pinter/Remon/Elejalde es una obra genuinamente Kamikaze. Su estreno avilesino ha sido un éxito rotundo y estoy seguro de que también cautivará al público madrileño cuando dentro de unos días llegue al Pavón.

viernes, 27 de diciembre de 2019

Doña Rosita, anotada

de Pablo Remón. Versión libre de Doña Rosita la soltera o El lenguaje de las flores, de Federico García Lorca. Dirección: Pablo Remón.
Producción: Buxman Producciones y La_Abducción.
con Fernanda Orazi,  Francesco Carril, Manuela Paso.

27 de diciembre de 2019. Teatros del Canal (sala negra), Madrid. 90’ aprox.
12
de junio de 2021. Centro Niemeyer (auditorio), Avilés, 90
’ aprox.

Al director le han encargado una obra inspirada en Doña Rosita la soltera y nos cuenta el proceso. Primero dijo que no, pero su mujer, que es filóloga, le animaba a aceptar la propuesta. Así que cuando oyó hablar a unos jóvenes en un Starbucks y escuchó luego las voces de sus tías solteras que están muertas desde hace años pensó que lo que Lorca había hecho era una obra tierna sobre una mujer pretérita pero también una reflexión magnífica sobre el paso del tiempo. Y eso a él sí que le interesaba. Finalmente se ha animado a montar esta obra con dos actrices que ahora están con él en el escenario para interpretar, solo entre ellos tres, todos los personajes de esta Doña Rosita actualizada. Como si fueran los notas a pie del texto, él nos va explicando lo que hacen y también por qué lo hacen.

En ese libro magnífico que es De la mano de Federico, Lluís Pascual dice que para él Lorca es como su hermano. Y viendo lo bien que ha tratado sus textos desde los tiempos de El Público (¡ya han pasado más de treinta años!) hasta este último Romancero gitano a cargo de esa otra hermana del poeta que es Nuria Espert, no cabe duda de que Federico estaría muy orgulloso de él. Como lo estaría también de este otro hermano más joven que le ha salido ahora. Pablo Remón ya nos tenía abducidos con su capacidad para combinar como nadie humor y poesía, evocaciones y tristezas, aspereza y ternura. Por eso no nos sorprende que sus anotaciones sobre Doña Rosita sean tan radicales y por ello mismo tan respetuosas con un texto que trata, como él ha sabido ver, sobre el paso del tiempo. Y también sobre esa esperanza que alienta la vida y que, como señala Lluís Pascual a propósito del estremecedor monólogo del tercer acto, describe mejor la relación entre ambas que el dicho popular de que mientras hay vida hay esperanza. Por eso Pablo Remón llena de esperanza esa escena en la que Rosa se encuentra con su amante motero en los años ochenta y decide mantener con el máximo respeto ese monólogo del tercer acto que siempre fue de Nuria Espert y que ahora también lo es de la gran Fernanda Orazi. Con ella, con Manuela Paso y con Francisco Carril, Pablo Remón ha compuesto una obra magnífica que se integra plenamente en su universo personal sin dejar de pertenecer al de Lorca. Del texto original se ha atrevido a cambiar muchas cosas (el Ama es Rumana, el primo es motero y la tía es la suya) y ha querido también hacer un juego metateatral incluyendo su propia labor como traductor (en el sentido del que habla Juan Mayorga sobre las versiones de los clásicos) en ese trasunto suyo que es también Francisco Carril cuando no le toca hacer de su tía mientras Fernanda Orazi hace de Rosita. Pablo Remón y sus tres maravillosos secuaces han hecho un gran favor a Lorca y a Doña Rosita. Los han liberado de las veneraciones forenses de eruditos y anotadores para reivindicar de nuevo la frescura, la hondura y la ternura de un texto con un nombre diminutivo y un calado mayúsculo.

viernes, 29 de noviembre de 2019

Los mariachis

Texto y dirección: Pablo Remón.
Producción: Silvia Herreros de Tejada y Francisco Reyes.
con Luis Bermejo, Israel Elejalde, Francisco Reyes y Emilio Tomé.

29 de noviembre de 2019. Centro Niemeyer, Avilés. 85’ aprox.

Un hombre regresa a la casa de su infancia en la meseta. Ha venido caminando desde la ciudad después de no presentarse a un requerimiento judicial por graves delitos de corrupción política. En la casa del pueblo se encuentra con tres primos con los que quiere sacar a San Pascual Bailón en las fiestas del pueblo. Es lo que le queda por hacer después de despedirse de su hijo en un Vips madrileño.

Pablo Remón vuelve a los territorios rurales de La abducción de Luis Guzmán. Ahora con un padre al que una gorra de Pluto sirve de vínculo con su hijo y una casa de pueblo le recuerda de dónde venía antes de hacerse político. El texto es magnífico. Tiene humor y poesía, evocaciones y tristezas, aspereza y ternura. Pero su lectura no anticipa la intensidad humorística y dramática que tendrá con una puesta en escena mesetaria y solariega. Y es que, después de ver en el Palacio Valdés El tratamiento y en el off del Niemeyer La abducción de Luis Guzmán y Barbados, etcétera, uno no tiene claro si Pablo Remón es mejor como director o como autor (que ya es decir). En Los mariachis cuenta con un elenco impresionante. Emilio Tomé, que ha estado en todas sus obras con una presencia y una voz que ya tengo asociadas con los singulares mundos de Pablo Remón. Francisco Reyes, también perfecto en ese papel de primo contrapunteante de los otros. Luis Bermejo, del que es imposible olvidar aquel Minuto del payaso que nos trajo hace tres años y que hoy se ha convertido en un magnífico primo palentino. Y, por supuesto, Israel Elejalde que aquí interpreta espléndidamente a este tipo a la deriva que regresa a su pasado porque ya no tiene futuro. Lo he dicho en otras reseñas y después de ver Los Mariachis lo repito: nos encanta poder ver en Avilés el teatro de Pablo Remón. Y aún más con actores como estos.

viernes, 9 de marzo de 2018

El tratamiento

texto y dirección: Pablo Remón.
una producción de La_Abducción y Buxman Producciones.
con Ana Alonso, Francesco Carril, Bárbara Lennie, Francisco Reyes y Emilio Tomé.

9 de marzo de 2018. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 90’ aprox. Estreno absoluto.

Un guionista prepara un tratamiento para una historia sobre la guerra civil. Es profesor de guión y tiene que soportar que las historias alucinadas de alguno de sus alumnos acaben colándose en su película convirtiendo en alienígena al ejercito franquista. Una exnovia suya olvidó que había escrito un relato sobre una chica que quería recordar la magia de un instante perfecto. El guionista tenía un hermano que murió hace tiempo, pero quisiera tenerlo a su lado en el estreno de su película. También hay encuentros diversos con otras gentes del cine. Y hasta un conductor que le enseña al guionista que los seres queridos nunca están en los tanatorios.

Cotidianidad poética, humor sutil, evocación existencial. Así empezaba el comentario de Barbados, etcétera, la segunda obra de Pablo Remón que veíamos en el off del Niemeyer el pasado noviembre. Y creo que esa descripción le va bien a su teatro. Sus textos conjugan extraordinariamente la evocación generacional, el hiperrealismo de los lenguajes, la ternura poética, el humor más grato y un relieve reflexivo que hace protagonistas a sus personajes no solo de su vida en la ficción sino también de los subtextos y metatextos que los conectan con nosotros. La escritura de Pablo Remón es prodigiosa. Hace reir, pensar y emocionar casi en la misma frase. Viendo La abducción de Luis Guzmán quedé abducido para siempre con esos mundos extraños y entrañables que me resultan tan próximos. En Barbados, etcétera disfruté lo indecible con esa cosmología generacional y esa profundidad discursiva que logró que aún no esté seguro de si aquellas historias las vi en el escenario o existieron solo en mi cabeza. En El tratamiento Pablo Remón usa el gran angular y nos presenta en sala grande una panorámica sobre lo que significa crear ficciones y existir en, con, por y para ellas. Pablo Remón es, por tanto, uno de los autores más singulares de nuestro teatro actual, pero también es un director sutil y poderoso que en esta obra ha dispuesto una escenografía que deja ver todos los recursos que los personajes usarán en la maravillosa miscelánea de esta cortísima hora y media. Su manera de dirigir a los actores también resulta perfecta. Seguramente porque se intuye una complicidad extraordinaria no solo con Ana Alonso, Francisco Reyes y Eminio Tomé (los que hemos visto aquí en sus otras obras) sino también con Bárbara Lennie y Francesco Carril que forman con ellos un quinteto conjuntadísimo cuyo impresionante trabajo de esta noche uno quisiera, como el personaje del inicio, no olvidar nunca. Así que, aunque no he visto 40 años de paz (pero sí No sé decir adiós, la magnífica película de Lino Escalera cuyo guión también es de Pablo Remón), me siento muy afortunado por vivir en Avilés y haber podido ver tres obras de este gran autor. El estreno de El tratamiento ha sido memorable. La semana próxima llegará a Madrid por la puerta escénica más grande: la del Pavón Kamikaze. Estoy seguro de que allí también recibirá muy buenas críticas. Estaremos pendientes de ellas y de los próximos trabajos de Pablo Remón.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Barbados, etcétera

texto y dirección: Pablo Remón.
una producción de La_Abducción y El Pavón Teatro Kamikaze
con Fernanda Orazi y Emilio Tomé.
 
3 de noviembre de 2017. Centro Niemeyer (Club), Avilés. 60’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer.


Un hombre y una mujer entran en el escenario. Primero nos miran. Luego empiezan a hablar. No está claro que sean personajes. Intercalándose, cortándose y repitiéndose van construyendo historias a dos voces. Primero la del tapicero enamorado. Quizá de la mujer que habla o quizá de la mujer de la que los dos hablan. La letanía del tapicero acaba siendo tan cautivadora como la música de Philip Glass. Luego van creando otra historia. La de una niña que se inicia en las fantasías sexuales con la música de Europe. Oyendo The final countdown imagina que se va a Venus con Joey Tempest y que, solos en el Universo, lo fundan de nuevo. La tercera historia es la de una pareja típica que se declara en Ikea y después rompe en una noche de lluvia. O que piensa en cómo recordará ese momento cuando haya pasado mucho tiempo. En las tres historias se habla alguna vez de Barbados. El resto podría ser un etcétera que parece improvisado.

Cotidianidad poética, humor sutil, evocación existencial. De todo eso había ya mucho en La abducción de Luis Guzmán, la otra obra de Pablo Remón que vimos aquí hace tres años. Ahora volvemos a sentirnos cautivados por esta pareja que en el cartel no tiene rostro y que en el escenario no tiene un perfil claro. Podría ser una pareja que (se) imagina o dos actores que simplemente buscan historias. El relato es a la vez tentativo y nítido. Ellos narran lo que les pasa (o les podría pasar) a esas parejas posibles y nosotros las imáginamos con muchísima precisión. Porque esos seres y esas vidas están hechas con el material más sensible. El de las experiencias compartibles por una generación que ya ha llegado a la edad media de la vida. Es un texto sorprendente porque, siendo a la vez divertido, poético e hiperrealista, se convierte en una triple experiencia escénica cautivadora con esta pareja de actores absolutamente compenetrados. A Fernanda Orazi la acabamos de ver abriendo con una fuerza impresionante el extraordinario Ensayo de Pascal Rambert. Mucho antes inauguró este espacio escénico de la mejor manera imaginable con aquel increíble monólogo a dos voces que era La realidad de Denise Despeyroux. Aquí está magnífica en ese tono demorado e irónico en el que se la ve disfrutar (y hacernos disfrutar) con cada palabra que dice. Y a su lado está Emilio Tomé, al que ya vimos protagonizando La abducción de Luis Guzmán y que está también perfecto en este contrapunto masculino al que nos interesa tanto mirar cuando habla como cuando con sus gestos contenidos añade relieve a lo que ella dice. Así que salimos encantados con estas interpretaciones sutiles y portentosas. Y pensando en esa tortuga que, a falta del amor, parece sostener el mundo en la cosmología de esta pareja. Una tortuga ontológica muy grande y muy seria, pero también muy pequeñita y muy divertida que parece observarlo todo desde una esquina del escenario. A la salida tenemos claras dos cosas: que queremos ver en Avilés todo lo que haga Pablo Remón y que Fernanda Orazi y Emilio Tomé siempre serán bienvenidos aquí.


sábado, 11 de octubre de 2014

La abducción de Luis Guzmán

escrita y dirigida por Pablo Remón.
Producción: Teo Magaña. Compañía Castellana de Viejo y Nuevo Teatro
con Ana Alonso, Francisco Reyes y Emilio Tomé.

11 de octubre de 2014. Centro Niemeyer (Club), Avilés. 65’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer.


Es la época de los ovnis. Del Disco de Oro de la Humanidad que Carl Sagan envió como mensaje interplanetario en las sondas Voyager. Luis Guzmán vive obsesionado con estos temas en un lugar de provincias. En su imaginario programa de radio entrevista a su hermano Max que acaba de llegar de Londres para hacerse cargo de él. También vendrá su mujer. Pero Luis no cree que su padre haya muerto. Quizá haya sido abducido.

No puede comenzar mejor esta nueva temporada del Off-Niemeyer. Tras su éxito en el Fringe del año pasado y en el off del Teatro Lara, esta magnífica obra de Pablo Remón sale por primera vez de Madrid. Es una historia hipnótica sobre las visiones del mundo en un microcosmos familiar que se rompe. O más bien del cosmos. El de Carl Sagan. El que tanto nos fascinó a quienes éramos adolescentes en la época en que los ovnis y la caspa llenaban España. Ese es el material con el que Pablo Remón construye una historia tan inquietante como divertida (impagables las entrevistas en ese programa decano de la radio). Emilio Tomé borda ese personaje, algo infantil y muy locuaz, que parece haber quedado demediado con la desaparición del padre. Francisco Reyes pone el contrapunto perfecto en el papel del hermano que sufre lo indecible en este regreso obligado a un espacio familiar del que parecía haber renegado. Y Ana Alonso interpreta con acierto a la mujer de Max, el personaje que acaba objetivando la relación entre los dos hermanos al descubrir el pasado de su marido y plantear el futuro de Luis. En la elipsis permanece el personaje que lo explicaría todo, ese padre que quizá hizo huir al hermano mayor y mantenía abducido a ese Luis perturbado que ahora encuentra más que extraña su desaparición. Texto, puesta en escena e interpretaciones sobresalientes. Una nueva prueba de que quizá el mejor teatro que se puede ver ahora en España no está solo en los grandes montajes, sino también en estas obras de pequeño formato con las que casi estamos en el escenario.