Creación y dirección: Marcel Tomàs y Susana Lloret.
con Marcel Tomàs y Toni Escribano.
26 de julio de 2026. Teatro María Luisa. 72º Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. 90’ aprox.
Creación y dirección: Marcel Tomàs y Susana Lloret.
Dirección y coreografía: Asun Noales. Dramaturgia: Luis Crespo y Asun Noales.
de María Herrero.
No hay puntada sin hilo ni momento sin gracia. El vestuario es un delirio, la iluminación impecable, las voces afinadísimas y la gestualidad perfecta. Cassandra o el elogio del fracaso es una ópera bufa, un recital de ironías con retranca y también un juguete escénico complejísimo y muy exigente para los intérpretes. Siendo bastante distinta, por la gracia y la aceleración, esta propuesta recuerda a las de Las niñas de Cádiz. Cada vez queda más claro que la programación del festival de Mérida en el Teatro María Luisa tiene una calidad notable y es un acierto venir en los días en que hay ración doble de buen teatro.
Dirección y coreografía: María Rovira. Música original: Eduard Iniesta.
La música de Eduard Iniesta es elegantemente hipnótica y la coreografía de María Rovira es fascinante. No se distinguen etapas en un viaje continuo que resulta catártico para el espectador y muy exigente para los danzantes. La ovación final ha sido más que merecida. Y quizá también la merezca la excelente programación paralela que el Festival de Mérida ha desarrollado en el bonito Teatro Maria Luisa y que se cierra con este estupendo díptico homérico que hemos podido disfrutar este año. La semana próxima nos queda otra cita en Cáparra: La tumba de Antígona sobre el texto de María Zambrano.
de Alberto Conejero, a partir de la Ilíada de Homero. Director: Xavier Albertí.
A cuerpo limpio. Solo con la luz y las palabras. La luz que ilumina el rostro de un actor y las palabras de un texto magnífico que se enfrenta con el primer relato bélico, el que cimentó la ética del asedio. A Rubén de Eguía lo vimos en diciembre en Barcelona interpretando a Adán en Paraíso perdido, aquella joya que, sobre un texto de Helena Tornero inspirado en el poema épico de Milton, dirigió Andrés Lima. Él estaba esta tarde delante de nosotros viendo el magnífico trabajo de Rubén de Eguía, seguramente porque estos días está en Mérida con el estreno de La comedia de los errores que también ha dirigido y que veremos esta noche en el teatro romano. La puesta en escena de En mitad de tanto fuego no puede ser más sobria, quizá para subrayar que lo importante es el trabajo de Rubén de Eguía y la calidad del texto de Alberto Conejero que otra vez ha logrado un equilibrio perfecto entre la poesía y el compromiso. Lo mismo que también logró hace poco con El mar, esa pieza de orfebrería comprometida con la memoria que, justamente por eso, ha sido prohibida por esos ignorantes que siempre están dispuestos para la destrucción (ahora en Sevilla la han tomando con el festival de cine). Por eso siguen siendo tan oportunas propuestas tan magníficas como esta. Porque, tantos siglos después de Troya seguimos en mitad de tanto fuego.
Autora: Ana López Segovia. Dirección: José Troncoso.
Volvemos a Mérida donde se acaba de abrir el recién reformado Teatro María Luisa y se programan aquí algunas obras del festival. De modo que aprovechamos para hacer programa doble y luego iremos al teatro romano para ver De Sheherazade, el nuevo espectáculo de María Pagés. A Las Niñas de Cádiz las vimos hace unos meses en el Valey con El viento es salvaje y estaban magníficas. Aquí también están estupendas en esta historia en la que Dionisos es Dionisia y promueve catarsis con rimas chirigóticas. Las cuatro están perfectas en los papeles de esas gaditanas sufridoras pero alegres y sin complejos. Y ellos son el contrapunto más adecuado haciendo de ese poli bueno y jaranero que lleva saldalias y calcetines blancos y de ese poli malo y desabrido que habla fino y no se quita las gafas de sol. La obra tiene mucha gracia y da gusto verla en este flamante teatro. Y aún más con el llenazo de un público entregadísimo que se lo pasa de lo lindo y lo demuestra en todo momento.