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sábado, 18 de febrero de 2023

El proceso

Basada en la novela de Franz Kafka con dramaturgia y dirección de Ernesto Caballero
una coproducción del Centro Dramático Nacional y Lantia Escénica.
con
Felipe Ansola, Olivia Baglivi, Jorge Basanta, Carlos Hipólito, Alberto Jiménez, Paco Ochoa, Ainhoa Santamaría y Juan Carlos Talavera.

18 de febrero de 2023. Teatro María Guerrero, Madrid. 95’ aprox.
.
7
de octubre de 2023. Teatro Palacio Valdés, Avilés.

Cuando Josef K. se despierta dos desconocidos ya están allí. Han venido para comunicarle que se ha abierto un proceso contra él del que no podrá escapar. Él se sabe inocente y pone todo su empeño en demostrarlo, pero no lo conseguirá.

Opresiva y hermética como el lenguaje judicial o los textos del Antiguo Testamento. Así es la versión escénica de Ernesto Caballero sobre la novela de Kafka. Lo esencial de ella está en esta obra de texto impecable y puesta en escena sumamente eficaz para recordarnos que, convertido ya en adjetivo, Kafka sigue estando vigente para desvelar la burocracia tácita de estos tiempos anmésicos. La incertidumbre impune de la teología judicial queda patente en las estampas religiosas que se congelan en esta obra inquietante sobre el destino de un hombre sin atributos ni predicamento.

viernes, 8 de noviembre de 2019

Esperando a Godot

de Samuel Beckett. Dirección: Antonio Simón. 
una producción de Pentación Espectáculos.
con Pepe Viyuela, Alberto Jiménez, Juan Díaz, Fernando Albizu y Jesús Lavi.

8 de noviembre de 2019. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 120’ aprox. Estreno absoluto.

Otra jornada de tedio para Vladimir y Estragón. Ellos no recuerdan desde cuándo están juntos. Mañana tampoco tendrán muy claro quienes eran Pozzo y su sirviente Lucky. Lo único que no olvidan es que están esperando a Godot.

En un interesante artículo publicado en El País hace treinta años con motivo de la muerte de Beckett, Laín Entralgo comparó a estas dos parejas arquetípicas con otras de tanta raigambre filosófica como la del amo y el esclavo de la dialéctica hegeliana y la del Quijote y Sancho de la cervantina. Godot sería ese Dios que da esperanza y sentido a la existencia humana o que se lo quita cuando no se le espera. Se comparta o no sus tesis, el artículo tiene gran interés cuanto menos por su lúcida reflexión final sobre la relevancia de la vocación y la tenacidad humanas. El Godot de Antonio Simón podría ser interpretado también de ese modo, pero la magnífica pareja que hacen Vladimir y Estragón  en la forma en que los han encarnado Pepe Viyuela y Alberto Jiménez (su complicidad y buen hacer en este estreno serán inolvidables) creo que expresa, por encima de todo, la centralidad de la ternura como antídoto de la soledad y la desesperanza. El contrapunto del vínculo que une a esta emotiva pareja sería la relación asimétrica entre Pozzo y Lucky que en la segunda jornada quedará solo en espectro de lo que la víspera fue dominación y sumisión destiladas. Con cinco actores perfectos, Antonio Simón ha sabido equilibrar la poesía, el humor y el calado reflexivo de una obra que consigue interesar tanto a quien disfruta con los detalles de unos diálogos absurdos pero hipnóticos como a quien busca claves trascendentes en las referencias bíblicas, en la alusión a las fosas o en esas botas (cuánto se parecen a aquellas de Van Gogh sobre las que escribió Heidegger) y en esas vías que parecen evocar un espacio tan truncado y sin sentido como el tiempo cíclico y amnésico en el que permanecen varados unos seres que ya están hartos de no perder la esperanza. Pocos años separan al Godot de Beckett del Rinoceronte de Ionesco y del Calígula de Camus. Tampoco están distantes en mi memoria las magníficas obras que con los tres textos han hecho Ernesto Caballero en el Centro Dramático Nacional, Mario Gas en Mérida y Antonio Simón aquí. Tres textos y tres montajes extraordinarios en los que queda claro que el teatro es, desde hace mucho tiempo y entre otras muchas cosas, una herramienta filósofica particularmente poderosa y sutil.

sábado, 17 de diciembre de 2016

El pintor de batallas

de Arturo Pérez-Reverte. Dirección y versión: Antonio Álamo.
Una producción de Emilia Yagüe Producciones.
con Alberto Jiménez y Jordi Rebellón.
 
17 de diciembre de 2016. Centro Niemeyer (Auditorio), Avilés. 80’ aprox.


El que ahora pinta batallas en el interior de una torre fue antes un famoso fotógrafo de guerra. Ahora viene a visitarlo un croata al que una fotografía suya le torció la vida. También viene a matarlo.

Al fondo del escenario vemos esa batalla que se va pintando mientras los personajes hablan de la guerra, de las vidas que se cruzan en el instante de una fotografía y de la responsabilidad que también tiene quien dispara con una cámara. La puesta en escena y los actores están bien. Pero el texto da para poco. El drama interior de un fotógrafo no parece tan importante en una guerra y resulta poco interesante en esta obra. Las reflexiones que se plantean no llegan a la hondura que pretenden, más bien parecen algo tópicas y un tanto pretenciosas. Así que este encuentro entre el croata y el fotógrafo no da para mucho.