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sábado, 2 de marzo de 2019

Suaves

Dramaturgia, dirección y espacio escénico: Gon Ramos.
con Esther Ortega y Carolina Yuste

2 de marzo de 2019. El Pavón Teatro Kamikaze (ambigú), Madrid. 80’ aprox.

Una madre y una hija aisladas del mundo. El padre es una ausencia de azúcar a la que ellas aluden con ansía y melancolía. Son dos seres desvalidos y conjugados que mantienen una relación casi animal de presión, protección, dulzura y ahogo.

La magnífica impresión de Un cuerpo en algún lugar nos hizo querer venir al ambigú del Pavón Kamikaze en este fin de semana madrileño para ver la última función de esta nueva obra de Gon Ramos. La atmósfera es íntima y recogida. La relación entre esa madre y esa hija tiene algo de animal pero también es radicalmente humana (sobre todo por el hiperrealismo de algunos de sus diálogos o más bien interacciones). Sin embargo, Suaves se queda en la abstracción de esa atmósfera, en el destilado de una relación que se pretende arquetípica pero que una vez formulada parece necesitar un mayor desarrollo. A la obra quizá le faltan hilos conductores para que el espectador pueda asirse y entender mejor sus claves. Y si no se pretende plantear un relato entonces quizá vendría bien multiplicar y modular los momentos de hondura poética (que los tiene) para que el conjunto resulte más cautivador. El magnífico recuerdo de Un cuerpo en algún lugar seguramente nos hacía esperar más de esta obra (y no era nada fácil mejorar lo logrado en aquella). En todo caso, habrá que estar atentos a los próximos trabajos de Gon Ramos, un autor de querencias existenciales capaz de crear atmósferas elusivas con intensidades notables.

viernes, 15 de mayo de 2015

Los nadadores nocturnos

de José Manuel Mora. Dirección: Carlota Ferrer.
Producción: Draft.inn.
con Joaquín Hinojosa, Óscar de la Fuente, Miranda Gas, Jorge Machín, Ricardo Santana, Paloma Díaz y Esther Ortega.

15 de mayo de 2015. Centro Niemeyer (Auditorio), Avilés. 90’ aprox.


Seis nadadores se encuentran cada noche en una piscina. Son gente corriente que siente el extrañamiento en la ciudad, en los afectos y hasta en el cuerpo. Tienen un líder que los protege y con el que comparten ceremonias. Las de la orden de los nadadores nocturnos.

La propuesta es extraña y poderosa. A medio camino entre la coreografía y el teatro. También hay música y video. Y mucho rojo. Son cuasipersonajes de los que intuimos retazos de sus vidas en el espacio anónimo y compartido de una piscina nocturna. El texto de José Manuel Mora me recuerda el existencialismo triste del Pablo Messiez de Las palabras. Y eso deja fuera a esa parte del público que necesita un planteamiento, un nudo y un desenlace. Esa que no sonríe cuando los personajes hablan de "Vodafone-Sol, Teatro María Guerrero-BBVA, Teatro Español-Conferencia Episcopal..." Con esa letanía nos recuerdan que el surrealismo no está solo en los teatros, sino que el más canalla ya está alienando el corazón de las ciudades. Los actores están impresionantes componiendo una obra que tiene mucho de expresión coreográfica. Y que rompe una y otra vez la cuarta pared desde que el maestro de ceremonias se dirige a nosotros micrófono en mano hasta ese al final en que un enorme pez sale del escenario y avanza sobre nuestras cabezas. Quizá para recordarnos que estamos tan sumergidos que ni siquiera somos nadadores nocturnos.