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viernes, 20 de diciembre de 2024

Burro

Dramaturgia de Alvaro Tato, basada en textos clásicos sobre asnos. Dirección y música original: Yayo Cáceres.
Una producción de Ay Teatro. Coproduce Teatre Romea.
c
on Carlos Hipólito, Fran García, Iballa Rodríguez, Manuel Lavandera.


20 de diciembre de 2024. Centro Niemeyer (auditorio), Avilés. 80’ aprox.

Un burro habla con su sombra y repasa la historia de los suyos. Desde los tiempos en que vivían libres en los montes hasta el olvido en que ahora los tienen los humanos.

Una maravilla de texto, música e interpretación. La inteligencia poética de Álvaro Tato está llena de lucidez, ternura y aprecio por nuestra lengua. Y consigue sacar oro de unos textos clásicos a los que Yayo Cáceres añade música, gesto y movimiento para mostrarnos que, mucho antes de Platero, la vida de los asnos ya era espejo de lo mejor y lo peor de los humanos. Con textos de Esopo, Apuleyo o Cervantes, un actor tan entrañable y con tantos registros como Carlos Hipólito consigue que veamos todo el tiempo a ese burro que nos habla y nos mira con actitud especular y bondadosa. Hace dos años nos demostró su virtuosismo interpretativo en el monólogo de Oceanía, aquel sentido homenaje a Gerardo Vera. Aunque aquí  no está solo en el escenario porque los músicos que lo acompañan son también magníficos actores. Y es que Iballa Rodríguez y Fran García aportan esa guinda coral, genuinamente ronlalera, que nos confirma que en este burro Ay teatro. Delicioso y sublime teatro.

Programa de mano
Dossier

sábado, 8 de febrero de 2020

Andanzas y entremeses de Juan Rana

Dramaturgia y versiones: Álvaro Tato. Dirección: Yayo Cáceres.
una coproducción de la Compañía Nacional de Teatro Clásico y Ron Lalá.

con Juan Cañas, Daniel Rovalher, Miguel Magdalena, Fran García e Íñigo Echevarría.
8 de febrero de 2020. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 90’ aprox. Estreno absoluto.

La Inquisición procesa muy en serio a Juan Rana, el artífice de la risa. Las pruebas contra él son contundentes, llegando a estar implicado en sus entremeses nefandos hasta el propio Calderón. Y es que en el Siglo de Oro, y también en el de ahora, en cuanto aparece Cosme Pérez todo el mundo se troncha con las andanzas de Juan Rana.

En estos tiempos de juicios muy serios, los de Ron Lalá convierten el teatro en tribunal supremo de la risa. Y para eso han nombrado inquisidor general a Iñigo Echevarría, ese maestro del gesto dislocado cuya presencia en el escenario imanta las miradas. Junto a él Miguel Magdalena borda un Juan Rana que resulta más hilarante cuanto más pictórico se nos muestra. Pero ellos no están solos. Les acompañan Daniel Rovalher, Juan Cañas y Fran García en este festín escénico en el que van componiendo más de treinta personajes con letra y música inconfundiblemente ronlalera. Para todos ellos la risa no es solo el medio sino también el fin reflexivo de una apología que reivindica la comedia como derecho natural de los humanos. La risa no es aquí mecanicista porque el teatro de Ron Lalá es de texto y movimiento, de música y pensamiento, y si lo que hacen mueve a risa no es porque utilicen resortes resabidos, sino porque apelan más a la inteligencia que a la víscera. De hecho, mis alumnos, que se han reído mucho viendo esta obra, me han dicho que notaban con envidia que los adultos se reían también de otras cosas que ellos no pillaban. Quizá no haya mejor definición de ese teatro escalable que a nadie deja fuera y a todos incita a cultivarse. Hace tiempo que sabemos que los de Ron Lalá tienen muchas virtudes y no es la menor su capacidad para conectar a gentes de distintos siglos y fascinar por igual a varias generaciones. Es mérito de todos ellos pero hay que destacar especialmente a esos dos tipos tenaces, geniales y estupendos que son Alvaro Tato y Yayo Cáceres.

viernes, 16 de febrero de 2018

Crimen y telón

idea original y creación colectiva: Ron Lalá. Texto: Álvaro Tato. Dirección: Yayo Cáceres.
una producción de Ron Lalá.
con Juan Cañas, Íñigo Echevarría, Fran García, Miguel Magdalena y Daniel Rovalher.

16 de febrero de 2018. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 90’ aprox.

En 2038 hace tiempo que todas las artes han sido prohibidas en Ciudad Tierra. En un escenario clandestino aparece (y luego desaparece) el cadáver del Teatro. El teniente Blanco, de la Agencia Anti Arte, deberá aclarar lo sucedido. También lo investiga el detective Noir, un antiguo adicto a la poesía que, para resolver el crimen, contactará en los bajos fondos con Comedio y Tragedio, los lugartenientes de ese arte aparentemente asesinado.

La especialidad de los ronlaleros no es solo actualizar el pasado para reivindicar magistralmente nuestro teatro. Con Siglo de Oro, siglo de ahora (Folía), En un lugar del Quijote y Cervantina nos convirtieron en devotos de su alegría, ironía, humor y velocidad (y también de su música). Pero ahora los fieles de esta religión escénica con voluntad ecuménica hemos sido invitados a una descacharrante ceremonia prospectiva con aires de género negro en la que somos partícipes de la investigación sobre un crimen que se está forjando en este presente extraño en el que el poder parece empeñado en acabar con el teatro pero el teatro (por ejemplo esta noche) se muestra más poderoso que nunca. Con un programa de mano que no tiene desperdicio nos preparamos para esta hora y media impagable que demuestra una vez más que es posible dar que pensar y hacer reir al mismo tiempo. El ritmo de los ronlaleros es trepidante, su lenguaje intencionado, su recorrido por el espacio teatral exhaustivo y su repaso histórico vertiginoso y completo. Así  que no es difícil que uno pierda de vista los hechos de esta investigación detectivesca que se remonta con Edipo a los orígenes de un arte que no reconoce padre ni madre y que llega hasta las vanguardias metateatrales que se miran el ombligo desde el escenario. Para que no nos perdamos, el detective Noir abre y cierra notas de voz que luego repasa (como en aquellos inolvidables "abro paréntesis, cierro paréntesis" de Siglo de Oro, siglo de ahora) haciendo que, aunque las partes ya componen un conjunto magnífico que nos mantiene hipnotizados, tengamos claro qué pretenden los textos y subtextos de este todo teatral omniabarcante. A la salida uno se siente orgulloso de vivir en una de esas ciudades que valoran y llenan sus teatros porque saben que en ellos se oficia ese arte total en el que se hermanan la poesía y la lucidez. Desde luego, los de Ron Lalá son maestros en conseguirlo. No sé lo que pasará con el teatro en 2038, pero en despertar la reflexión hilarante este siglo ha empezado siendo ronlalero.

sábado, 25 de abril de 2015

Ojos de agua

monólogo basado en La Celestina de Fernando de Rojas.
Dramaturgia: Álvaro Tato. Dirección: Yayo Cáceres.
Producción: Galo Film, Ron Lalá, Emilia Yagüe Producciones y SEDA.
con Charo López, Fran García, y Antonio Trapote.
 
25 de abril de 2015. Teatro Español (Sala Margarita Xirgu), Madrid. 70’ aprox.


En el refugio de un convento con forma de teatro una Celestina intemporal nos habla de su vida. Reivindicando los placeres que ha disfrutado y ofrecido, la libertad que le concedió su belleza y la alegría con que han mirado siempre sus ojos de agua.

Este fin de semana he venido a Madrid para participar en uno de los debates del Foro Internacional del Español. Aunque hablé de otras cosas, también pude criticar las ilusiones bilingües que asolan nuestro sistema educativo y el papanatismo con que muchas veces se desprecia nuestra lengua. Así que lo de esta noche en la sala pequeña del Español ha sido un festín desde el magnífico preámbulo con que el espíritu de Pármeno (encarnado por un Fran García impecable) anunciaba el extraordinario monólogo de esta salmantina con ojos de agua que es Charo López. La intimidad del espacio hace que su Celestina casi nos hable a cada uno y todos empaticemos con esa gozosa mujer madura que parece ser tanto ella como su personaje. Ambas se funden de manera extraordinaria en este delicioso texto de Álvaro Tato que también es de algún modo el de Fernando de Rojas. La puesta en escena es sencilla pero muy poderosa. Y el tono alegre ronlalero le va estupendamente a un personaje que en esta reivindicación se hace aún más hedonista. Una delicia en español que podría apreciar cualquiera. Incluso esos que no parecen conscientes de lo grandes que son nuestra lengua, nuestra literatura y nuestro teatro.