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viernes, 22 de mayo de 2026

Constelaciones

de Nick Payne. Dirección: Sergio Peris-Mencheta.
Producción: Centro Dramático Nacional y Barco Pirata.
con Paula Muñoz, María Pascual, David Pérez Bayona, Clara Serrano, Diego Monzón y Jordi Coll.


22 de mayo de 2026. Centro Niemeyer (auditorio), Avilés. 95’ aprox. 

Variantes sucesivas (o paralelas) de los encuentros, desencuentros y despedidas entre María y Jordi. Una historia de amor (o muchas) entre una física cuántica y un apicultor.
 
El resumen es el mismo que el de la reseña que hice hace once años de la versión de Constelaciones que vimos en la sala íntima de abajo (en el off del Niemeyer) dirigida por Fernando Soto con un trabajo superlativo de Inma Cuevas y Fran Calvo. Solo he cambiado los nombres de los personajes porque aquí no son los del texto de Payne, sino que el azar ha decidido (alguien del público sacó sus nombres de una saca) que los interpreten María Pascual y Jordi Coll en un trabajo magnífico. Y ahí está el primer atrevimiento de un Sergio Peris-Mencheta empeñado en que el fascinante juego de posibilidades tentativas del texto de Payne salten a la realidad haciendo que sea la fortuna la que decida quiénes del elenco interpretarán esta noche a los personajes y quienes pondrán música a las variaciones con repetición de esta historia de amor. Los fundidos a negro son como fundidos de plomos de esos universos paralelos que vemos en rotación en una plataforma que, en versión sosegada, recuerda a la que usó Peris-Mencheta en Lehman Trilogy. Aquí los giros son una metáfora perfecta de las órbitas micro y macro de los universos que albergan las historias posibles de unas vidas en las que el azar, la libertad y la necesidad también recuerdan las texturas del eterno retorno Nietzscheano. Unos universos teatrales paralelos que abren en la mente de quien los contempla otras conexiones imprevistas. De hecho, esta noche me he quedado con la duda de si ya estaba en el texto de Payne, y en la magnífica propuesta de Fernando Soto, esa conmovedora insistencia en la pérdida de las palabras y la libertad que da saber que se puede decidir el propio final. Hace once años no reparé en ello y ahora no sé si es cosa del universo biográfico en el que ahora habita Peris-Mencheta, de la perspectiva vital que me da el paso del tiempo o simplemente que tengo muy reciente el recuerdo de Las gratitudes, la conmovedora versión teatral de la novela de Delphine de Vigan que Juan Carlos Fisher estrenó hace dos meses en el Palacio Valdés con una Gloria Muñoz inconmensurable. Sea como sea, da gusto seguir asistiendo a las combinaciones  de espacios, tiempos y sentimientos que nos depara el teatro. Son constelaciones escénicas y personales que no dejan de orbitar. 
 

viernes, 5 de noviembre de 2021

Castelvines y Monteses

de Lope de Vega. Dirección y adaptación: Sergio Peris-Mencheta.
Producción: Compañía Nacional de Teatro Clásico y Barco Pirata
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con Aitor Beltrán, Paula Iwasaki, Xoel Fernández, Óscar Martínez-Gil, Andreas Muñoz, Xabi Murua, Natxo Núñez, María Pascual, Gonzalo Ramos, Ignacio Rengel, Jùlia Roch, Cintia Rosado, Almudena Salort.

5 de noviembre de 2021. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 150’ aprox.

Julia es de los Castelvines y Roselo de los Monteses. Así que deberían llevarse igual que sus familias: como el perro y el gato. Pero no.  Ella y él se aman apasionadamente. Y también hacen buena pareja algunos amigos de él con algunas amigas de ella. Así que con su ayuda van tramando encuentros y hasta una boda. Pero sus planes no tienen nada que ver con los de sus padres, de modo que la cosa se irá complicando.

Los amantes de Verona según Lope de Vega y Sergio Peris-Mencheta. Los dos han conseguido que esta obra sea muy atractiva para cualquier público. El primero demostrando que los enredos bien trabados del Siglo de Oro siguen siendo mejores que muchas historias serializadas que abducen a ciertos públicos del siglo XXI. El segundo aliándose con él y convirtiendo en musical italiano su texto sobre los amantes veroneses. Después de estrenar aquí su extraordinaria Lehman Trilogy estaba seguro de que Sergio Peris-Mencheta no nos iba a defraudar con esta obra total que inicialmente también se había programado para estrenarse en el Palacio Valdés en fechas que luego resultaron confinadas. Tres jornadas separadas por dos intermedios hilarantes (se bajó el telón pero nadie pudo dejar su butaca) estructuran una obra que es un musical ambicioso en el que trece artistas cantan, tocan instrumentos y se mueven con sintonía en un escenario en el que hay un pedestal giratorio y dos muros móviles por el que estos jóvenes veroneses trepan, saltan y hacen requiebros. Castelvines y monteses es una fiesta escénica que quizá tenga menos profundidad y corra menos riesgos que aquella inaudita Lehman Trilogy pero que se sitúa en un nivel de excelencia que para si quisieran muchos de los musicales franquiciados que se perpetúan en los escenarios madrileños. Aunque hay momentos más convencionales que recuerdan a los musicales americanos, la mayor parte de estas dos horas y media de fiesta barroca están hechos a partir de textos clásicos españoles, deliciosas canciones italianas y de esa creatividad explosiva, marca de la casa del Barco Pirata, que  hace que todos los intérpretes se muevan, canten, bailen, toquen, se toquen, se interpelen o se interrumpan con un dinamismo electrizante. Así que, con el aforo del Palacio Valdés por fin completo y con el público puesto en pie al terminar la obra, por un momento parecía que estábamos en la noche del estreno y que nunca había habido ningún confinamiento. Ojalá que nunca más lo haya y que pronto volvamos a ver a Sergio Peris-Menchera y a sus piratas estrenando en el Palacio Valdés una nueva obra.

Programa de mano