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viernes, 14 de junio de 2024

La regenta

Autor: Leopoldo Alas Clarín. Adaptación: Eduardo Galán. Dirección Helena Pimenta.
una producción del Teatro Fernán Gomez. Centro Cultural de la Villa y Secuencia 3, con la colaboración de Focus, Pentación, Saga, Hawork Estudios y Olympia Metropolitana.
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on Ana Ruiz, Alex Gadea, Joaquín Notario, Jacobo Dicenta, Pepa Pedroche, Francesc Galcerán, Lucía Serrano y  
Alejandro Arestegui.


14 de junio de 2024. Centro Niemeyer (auditorio), Avilés. 105’ aprox.

La Regenta, el Magistral, don Víctor, don Álvaro y también doña Paula. Todos pendientes y escrutados por la vetusta ciudad.

Hoy Vetusta ha cambiado la caspa moralizante decimonónica por la alta velocidad y las nuevas religiones gregarias. Estamos en la primavera de la recuperación borbónica del militarismo desfilante por las calles de Oviedo y el anhelo por llenar sus plazas de futbolismo anencefálico si finalmente logran alcanzar la división primera. Así que se hace más curiosa que extraña esta recuperación escénica de la novela emblemática de aquel ovetense literato que Vetusta siempre ha querido olvidar. Con vestuarios clásicos, escenario contemporáneo y una iluminación perfecta, Helena Pimenta hace interesante este dramón lejano y consigue hacernos pensar en las formas históricas de depredación testosterónica y en sus querencias por la reducción cinegética de la condición femenina a variantes de la histeria. Para ello ha contado con un elenco de prosodia y gestualidad bien ajustadas a lo que sus personajes requieren. Unos intérpretes que, además, han expuesto la fuerza de sus voces a los riesgos de este gran auditorio. Y es que cada vez parece más meritorio, por excepcional, el viejo arte de saber hablar sin amplificación.   

Programa de mano

sábado, 19 de noviembre de 2022

Las guerras de nuestros antepasados

de Miguel Delibes. Adaptación de Eduardo Galán. Dirección: Claudio Tolcachir.
una producción de Pentación espectáculos y Secuencia 3

con Carmelo Gómez y Miguel Hermoso.

29 de noviembre de 2022. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 100’ aprox. Estreno absoluto.

El doctor sabe que Pacífico es alguien especial con muchas cosas que contar. Por eso escucha y graba todo lo que dice. Él solo tira de la hebra para que Pacífico vaya recordando las guerras del Bisa, del Abu y de Padre.  Para que le hable de los del Humán y los del Otero, del tío Paco y la Candi. De la vida de un hombre bueno y sencillo capaz de recordarnos cómo se aprende a mirar. 

La novela de Delibes es una joya. Un alegato contra las guerras desde los recuerdos de quien también habría de tener la suya. Las palabras de Pacífico merecen ser grabadas. Por lo que dice y por cómo lo dice. Y en cierto modo eso es lo que hace Delibes. Levantar testimonio de una oralidad purísima, hija de un espacio y heredera de muchos tiempos. Leyendo esta novela (y en general su obra) uno siente que recibe un legado. Y eso es lo que han hecho también esta noche Miguel Hermoso, Claudio Tolcachir y Carmelo Gómez. La voz de Carmelo es aquí perfecta y al escucharle hemos sentido que estábamos en familia. En Baltanás, en la tierra de todos los Pacíficos. Y es que, interpretando como nadie lo que escribió, Delibes, Carmelo Gómez se ha convertido en hermeneuta de un territorio, notario de su lenguaje y albacea de su poesía. Seguramente por eso ha recibido los aplausos más sentidos, agradecidos y merecidos que se han oído en el Palacio Valdés en mucho tiempo. En la pasada primavera quedé maravillado viéndolo en el Teatro Cervantes de Béjar en el más lorquiano, erudito y juguetón de los tributos que se han hecho en muchos años a Federico. Se titulaba A vueltas con Lorca y, tras lo presenciado esta noche, puedo decir que Carmelo Gómez es un actor en estado de gracia, un medium para la ternura y la poesía. Miguel Hermoso ha sabido acompañarlo magníficamente en este maravilloso trance y Claudio Tolcachir ha tenido el acierto de permitir y facilitar que lo fueran todo ese texto extraordinario, impecablemente adaptado por Eduardo Galán, y ese personaje pacífico y sincero que nadie podría haber encarnado mejor que el gran Carmelo Gómez.

Programa de mano

viernes, 12 de agosto de 2022

Mercado de amores

de Plauto. Versión de Eduardo Galán. Dirección: Marta Torres.

Una coproducción del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida Festival de Mérida, Secuencia 3, Saga Producciones, Teatro de Malta, Summum Music y Hawork Studio.
con Pablo Carbonell, Victor Ullate Roche, Ania Hernández, José Saiz, Francisco Vidal / Javier Ortiz, Esther Toledano / Leyre Juan.

12 de agosto de 2022. Ruinas de Cáparra. 68º Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, Cáparra. 100’ aprox.

Erotía vuelve con su esclavo Carino a Roma donde la espera su padre Pánfilo. Ella quiere casarse con Carino y para conseguirlo se le ocurre disfrazarlo de esclava y llamarlo Carina. El problema es que Pánfilo queda prendado de ella y quiere comprársela.

Pablo Carbonell no se mete en su personaje. Más bien hace de Pablo Carbonell haciendo de un rico y rijoso mercader romano. El resto del elenco también viene bien surtido de esos resortes que activan la risa de un público muy dispuesto. Y es que un borracho, un travestido, una chica desenvuelta y unos maduros salidos pueden ser suficiente para que se establezca ese extraño pacto según el cual los intérpretes harán muchas chorradas y el público les reirá las gracias. Poco importa que la iluminación sea plana, la dirección sonrojante y el decorado parezca querer ocultar el arco de Cáparra. Casi mejor. Así puedo olvidarme de que estoy aquí viendo esto.

viernes, 25 de marzo de 2022

Los Pazos de Ulloa

de Emilia Pardo Bazán. Adaptación: Eduardo Galán. Dirección: Helena Pimenta.
una producción de Secuencia 3, La Villarroel, Olymplia Metropolitana y Saga Producciones.
con Pere Ponce, Ariana Martínez, Marcial Álvarez, Francesc Galcerán, Esther Isla y David Huertas.

25 de marzo de 2022. Centro Niemeyer (auditorio), Avilés. 95’ aprox.

Don Julián es un cura tímido que llega a un pazo remoto para ayudar en la gestión de la hacienda de don Pedro, el marqués de Ulloa, que vive allí como un sátrapa al que ayuda Primitivo, un  canalla con el que tiene mucha complicidad. Don Pedro tiene un hijo con Sabel, la hija de Primitivo, al que los dos maltratan sin compasión. Por recomendación de don Julián, el marqués va a Santiago a buscar esposa y vuelve casado con Nucha, una de sus primas. Con ella tendrá una hija pero no un heredero como él quería.

El mes pasado vimos en el Palacio Valdés Las cigarreras, una estupenda adaptación de La tribuna en la que Cándido Pazo tuvo el acierto de incluir a la propia escritora como mediadora entre las cigarreras y el público. Aquí es el  atribulado personaje del cura Julián el que al comienzo de la obra se dirige nosotros para relacionar su papel con el de don Fermín de Pas, planteándonos una comparación innecesaria entre la novela de Emilia Pardo Bazán y la de Clarín. No es un buen comienzo para una obra en la que parece que el empeño principal es que sepamos que los malos son muy malos y que someten a las mujeres de forma tan injusta como inexorable. Y por si no nos había quedado claro, al final de la obra don Julián le echa valor y se atreve a decirle a la cara a don Pedro que es un maltratador. De modo que las probables intenciones edificantes de la obra son tan naífs como convencional resulta su puesta en escena. De hecho, los malos son tan histriónicos y las víctimas (especialmente Nucha) tan propiciatorias que casi me han recordado a aquella Genoveva de Brabante, maltratada por Golo, que leí de niño en la colección Historias Selección de Bruguera (y creo que doña Emilia no tiene la culpa de eso). Ahora que lo pienso, aquella historia de Christoph von Schmid se parece sospechosamente a la de El animal de Hungría de Lope de Vega. Estaría bien indagar sobre ello.

Programa de mano

viernes, 13 de julio de 2018

Nerón

de Eduardo Galán. Dirección: Alberto Castrillo-Ferrer.
una coproducción de Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y Secuencia 3.
con Raúl Arévalo, Itziar Miranda, José Manuel Seda, Diana Palazón, Francisco Vidal, Javier Lago, Daniel Migueláñez, Carlota García.

13 de julio de 2018. Teatro Romano. 64º Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. 100’ aprox.

Frivolidades de Nerón. Las de quien tuvo una madre que asesinó a su padre para que llegara a ser emperador. Las de un tipo amanerado bastante caprichoso y voluble. Las de un amante ambiguo y un esteta sin criterio. Y las del tirano que tocaba la lira y mataba cristianos mientras Roma ardía.

Esta tarde he terminado de leer El lápiz y la cámara de Jaime Rosales. Para él hay diferencias muy notorias entre el cine clásico y el cine moderno. En el segundo, el reclamo principal no son los actores sino la mirada del director, mientras que en el primero prima la transparencia, de modo que el espectador tenga siempre la impresión de que todo lo que ve está sucediendo ante él. Seguramente este Nerón se tendrá por moderno, pero está claro que, al menos en el sentido de Rosales, en absoluto lo es. Tras el estupendo y muy sugerente Calígula de Albert Camus, que dirigió aquí el año pasado Mario Gas, solo se deberían traer a este escenario recreaciones sobre emperadores canallas que trascendieran los tópicos. Y este Nerón no lo hace. Usando los recursos del lenguaje cinematográfico más clásico (en el sentido criticado por Rosales) nos presenta una propuesta de la que solo me han gustado el aspecto general del escenario (bien fotogénico incluso antes de que la obra comience) y el personaje de Agripina (bien intercalado en la historia y bien interpretado por Itziar Miranda). Lo demás aporta poco y apenas escapa de los lugares comunes en el desarrollo general de la obra y muy especialmente en la relación de Ligia con Pablo de Tarso y con Marco Vinicio. Pero lo que peor me ha parecido con diferencia es ese registro que ha de adoptar Raúl Arévalo (el magnífico director de Tarde para la ira) para mostrarnos como ridículo a este Nerón buscando una y otra vez la risa del público con esos ademanes amanerados que tanto gustaba caricaturizar en los tiempos más homófobos. Ahora que la reivindicación LGTBI ha alcanzado notable visibilidad, no deja de ser curioso lo bien que sobreviven (y hasta se refuerzan) esos tics que asocian la homosexualidad masculina con lo patético y lo risible. Por lo demás, habiendo en este país tanta calidad en la escritura teatral y en la dirección escénica y siendo siempre tan agradecido el público de este festival, es una lástima que en Mérida se repitan propuestas tan complacientes como esta. No con el público, sino con lo que algunos (muy poco modernos) creen que será capaz de apreciar.


viernes, 26 de mayo de 2017

Tristana

de Benito Pérez Galdós. Versión: Eduardo Galán. Dirección: Alberto Castrillo Ferrer.
co-producen: Secuencia 3, Som Produce, Pedro Hermosilla Managment y Cow Events Group

con Olivia Molina, María Pujalte, Pere Ponce y Alejandro Arestegui.

26 de mayo de 2017. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 95’ aprox.

Tras la muerte de sus padres, Don Lope tutela a Tristana. Y la hace suya. Así, cuando ella se enamora del joven Horacio, el viejo hidalgo teme perder a su criatura. Pero la enfermedad le ayudará a conservar su más preciado tesoro y aunque, coja, Tristana seguirá siendo suya.

El amor asimétrico y posesivo de un tutor maduro hacia su protegida era el punto de partida de Panorama desde el puente,  la obra que, protagomizada por Eduard Fernández, vimos en enero en Gijón. El mismo tema es el motivo de la novela de Galdós que, tras la lamentable distorsión que de la historia hizo Buñuel en su película, vemos ahora adaptada al teatro. Si la inmigración podía ser la excusa para la pretendida actualidad de la obra de Arthur Miller, la emancipación femenina podría ser la justificación para llevar ahora a las tablas la historia de Galdós. De hecho, ese es uno de los subrayados más importantes en la versión del texto que nos presenta Eduardo Galán. En todo caso, y al margen de los valores literarios de la novela (entre ellos las cartas de los amantes cuya traslación escénica no resulta nada fácil), creo que el interés de la historia de Tristana no justifica ahora una versión teatral. Dicho esto, debo reconocer que el texto está muy bien adaptado, que la puesta en escena es más que eficaz (especialmente esos diálogos bilaterales entre Tristana y sus dos amantes intercalados en la casa y el estudio del pintor) y que las interpretaciones de los actores son impecables. Olivia Molina encarna a la perfección los matices de la evolución de su personaje, Pere Ponce clava y da empaque a un personaje para el que quizá pudieran faltarle algunos años. María Pujalte está muy solvente en ese papel de dignísima regidora doméstica y Alejandro Arestegui resuelve bien el personaje menos lucido, ese joven enamorado que se queda en nada ante el drama de Tristana y ante la fuerza de Don Lope. Así que, aunque lamento haberme perdido esta tarde la última película de Matías Piñeiro que se proyectaba en Gijón, no puedo reprochar nada a esta Tristana. Seguramente era innecesaria, pero ha sido muy correcta.

viernes, 15 de julio de 2016

Alejandro Magno

de Jean Racine (versión libre de Eduardo Galán y Luis Luque). Dirección: Luis Luque.
una coproducción del Festival de Mérida y Pentación
con Felix Gómez, Amparo Pamplona, Armando del Río, Aitor Luna, Unax Ugalde, Diana Palazón y Marina Sanjosé.
 
15 de julio de 2016. Teatro Romano. 62º Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. 90’ aprox.


Alejandro ha ganado mil batallas antes de acercarse a la India. Por el amor de Cleófila o por el cansancio de las guerras, quisiera que sus últimas victorias fueran pacíficas. Así convence al rey Taxilos para que no se resista a la conquista. Pero no a Poros que, malmetido por Asiana, quiere plantarle cara en el campo de batalla. Al final Taxilos acabará muerto, Poros mantendrá su reino y Alejandro, además del más victorioso, será el más magnánimo.

En el primer prefacio de esta tragedia, Racine se defendía de los que le acusaban de resaltar en exceso la figura de Poros en una obra que había titulado Alejandro Magno. Sus críticos tenían razón. El macedonio parece un personaje secundario y no aparece hasta la mitad de un texto que tiene escaso interés literario y limitadas potencialidades dramáticas. Así que Eduardo Galán y Luis Luque han querido arreglarlo haciendo que el magno Alejandro esté desde el comienzo en este gran escenario de Merida y añadiendo al texto original unos soliloquios, más tópicos que sugerentes, inspirados por el espectro de su madre (aunque sus apariciones son breves, Amparo Pamplona es con diferencia la mejor del elenco). Dado el escaso interés del texto de Racine, casi se agradece que la adaptación de Eduardo Galán y Luis Luque sea libre. Aunque quizá debería serlo más para que no fuera solo la escenografía (con esa enorme lámina de agua que simboliza los ríos que llegó a cruzar el conquistador macedonio) lo más destacable de una obra que quizá debió ser más osada una vez que Luis Luque se atrevió a traer a Mérida la historia de un personaje tan mayúsculo como Alejandro a partir de un texto tan menor como el de Racine.

viernes, 19 de junio de 2015

El zoo de cristal

de Tenessee Williams. Dirección: Francisco Vidal. Versión: Eduardo Galán.
Producen: Teatro Español, Secuencia 3, Pedro Hermosilla y SOM.
con Silvia Marsó, Carlos García Cortazar, Alejandro Arestegui y Pilar Gil.

19 de junio de 2015. Centro Niemeyer (Auditorio), Avilés. 115’ aprox.


Amanda Wingielfd es una madre dominante que se vanagloria de los diecisiete pretendientes que llegó a tener en su juventud. Y que lamenta haberse casado con un hombre que la abandonó hace tiempo. Tom y Laura son sus hijos. Él se siente frustrado trabajando en una zapatería y quisiera vivir otra vida. Ella tiene una cojera y pasa el tiempo jugando con figuritas de cristal. Amanda teme por el futuro de su hija y quiere encontrarle un marido. Jim, un amigo de Tom, quizá podría servir.

Drama familiar con toques de sátira. La ternura y el humor se dan cita desde las primeras escenas. No lo digo yo. Está en el dossier de la obra. Así que ya está dicho todo. Un dramón de tomo y lomo con momentos en los que el público se ríe. Y no porque esté entendiendo mal lo que le pasa a esta familia sureña, sino porque está previsto que la cosa tenga gracia. Uno se pregunta si tiene sentido llevar a los escenarios historias como esta. Y la respuesta suele depender de la calidad de la adaptación y del montaje. De si la reinterpretación del drama del autor venerable hace que lo que cuenta tenga sentido aquí y ahora. Pero El zoo de cristal me ha parecido esta noche tan poco interesante como si fuera de metacrilato.