miércoles, 23 de septiembre de 2020

Porno

Autoría y dirección: Maxi Rodríguez. 

Producción: La Roca Producciones.
con Anacelia Álvarez, Cristina Lorenzo, Roca Suárez y Sandro Cordero.

23 de septiembre de 2020. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 80’ aprox. Ciclo "Hecho en Asturias". Estreno absoluto.

Antes de la cena de Nochevieja José Ángel le dice a su cuñado que lo sabe, que viendo porno en internet se lo ha encontrado protagonizando algún video. Mientras tanto, su mujer se entera de que la hermana de José Ángel también está en ese negocio. La cosa se va liando entre los cuatro y cuando les dan las uvas el despiporre es completo.

Tres escenas de hilaridad creciente en torno al porno. En la primera, Jose Ángel y su cuñado parecen la versión en 3D de alguno de los divertidos textos que Maxi publica en la Nueva España. En la segunda, los diálogos entre sus mujeres siguen aumentando la risa del público pero también van planteando ideas que, sin ser de gran calado, hacen que la comedia no resulte banal. Pero la tercera escena es ya la traca. Y nunca mejor dicho, porque Maxi y los cuatro estupendos intérpretes de esta locura escénica parecen haberse pasado al barroquismo valenciano acelerando los diálogos, los gestos y los movimientos con una habilidad impresionante. Anacelia Álvarez, Cristina Lorenzo, Roca Suárez y Sandro Cordero están conjuntadísimos y parece que el aplazamiento de este estreno, que estaba previsto para mayo, aún les ha hecho enfrentar esta experiencia con más fuerza y más ganas. Porno demuestra, una vez más, que la escritura de Maxi es un torrente continuo de ideas tronchantes que solo tiene el peligro de provocar daños por risa entre el público. Gracias Maxi, por hacernos disfrutar con este tipo de porno y por hacer que nos olvidemos un rato de que existe el coronavirus.

viernes, 18 de septiembre de 2020

Cinco horas con Mario

de Miguel Delibes. Dirección: Josefina Molina.
una producción de Pentación.
con Lola Herrera.

18 de septiembre de 2020. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 90’ aprox.

En la noche del 24 al 25 de marzo de 1966 Carmen se queda a solas con Mario. Con él de cuerpo presente ella va repasando su vida. La de los dos. Y, sin quererlo, a través de sus frases hechas va haciendo un retrato certero de aquella España deshecha.

En el prólogo de la edición de 2008 de la novela, Delibes revisaba su opinión sobre sus personajes y le hacía algunos reproches a Mario. Según él, quizá había salido demasiado bien parado de aquel duelo existencial con forma de soliloquio enviudado. Pero su novela es tan magnífica que no solo consigue hacer un retrato impecable de dos personajes representativos de un lugar y un tiempo (el de una familia urbana española en la tercera década de la dictadura), sino que con las letanías de esa mujer a la que da gusto escuchar (la novela, más que leerse, casi se oye) consigue que sea el tiempo y la perpectiva del público lo que se ve reflejado según van pasando los años. Cuando vi la obra en 2004 (seguida por aquel Mario, por alusiones que se programó con ese tino que desde hace más de un cuarto de siglo es marca de la casa en nuestro Palacio Valdés) creo que yo también estaba de parte del finado. Pero ahora, más que juicios maniqueos, lo que me provocan las palabras de Carmen es ternura. Por Mario y por sus afanes, pero sobre todo por ella y su lenguaje. Que haya reparado más ahora que entonces en las palabras de Carmen creo que se lo debo en parte a esa insoportable anglofilia vírica que padece nuestra lengua, cada vez más asediada por el uso contagioso de esas cajas negras semánticas que son muchas de las palabras y acrónimos que nos llegan del inglés. Más que en su ideología, el soliloquio de Carmen me encanta y me emociona por el caudal de belleza que contiene su lenguaje sencillo y lleno de retales resabidos y resonantes. Pero mientras escribo esto no tengo muy claro si estoy hablando de la novela o de la obra que acabo de ver. Y es que Lola Herrera y Josefina Molina (y antes Miguel Delibes y José Sámano) han conseguido una vecindad perfecta y sin fisuras entre ambas. La misma que el año pasado también me hizo emocionarme hasta la lágrima con Señora de rojo sobre fondo gris que nos trajo el gran José Sacristán (menudo trío de octogenarios en plenitud tenemos en España con Lola Herrera, con Nuria Espert y con él). Lola Herrera ha estado tan perfecta y conmovedora en sus palabras y en sus gestos que estoy seguro de que, tras bajarse el telón, ese Mario silente que no vemos habrá mirado a Menchu, y haciéndole caso a Miguel, le habrá pedido perdón. Al terminar esta obra, por tantos motivos memorable, el aplauso ha sido largo, intenso y sentido. De hecho, todo el público se ha puesto en pie (y eso no es aquí nada frecuente) para rendir homenaje a una actriz inconmensurable. Y es que en esta noche septembrina la cuarta pared parecía tener simetría especular porque, tras recibir nuestros aplausos, Lola se acercó hasta la corbata del escenario para decirnos, tan emocionada como nosotros, que esta función también era para ella muy especial por ser la primera después de seis meses sin poder pisar un teatro. Así que tenemos muy claro que necesitamos teatro, mucho más teatro, para vivir. Por eso hay que ser muy responsables y cuidarnos mucho. Porque es precisamente por el teatro (y por el cine, y por la música, y por los libros, y por disfrutar con los seres queridos de las oropéndolas en verano y de la lluvia amarilla en otoño) por lo que merece la pena vivir. Así que muchas gracias Lola. Por hacernos sentir felizmente vivos otra vez.

viernes, 11 de septiembre de 2020

Rita

de Marta Buchaca. Dirección: Lautaro Perotti.
una producción de Lazona.
con Carlos Hipólito y Mapi Sagaseta.

11 de septiembre de 2020. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 75’ aprox. Estreno absoluto.

Rita es la perra que le regalaron a la hija de Toni cuando cumplió cuatro años. A Julia no le ha gustado nunca que su hermano le pusiera ese nombre porque es el de su madre. La anciana hace tiempo que tiene Alzheimer y está en una residencia donde ya ni siquiera los reconoce cuando van a verla. Toni parece asumir bien la situación de su madre, pero le cuesta aceptar que lo mejor para su vieja perra sería no prolongarle el dolor. Los dos hermanos son distintos, pero se quieren y se necesitan. Especialmente ahora que tienen que enfrentarse juntos al final de la madre.

En este 2020 nuestro Palacio Valdés se ha hecho centenario. Y en coherencia con su accidentada historia le ha tocado celebrarlo con un cierre mucho más que dramático. Así que desde aquel 7 de marzo del magnífico estreno de Traición, una obra que ni siguiera llegó a verse en Madrid hasta hace unos días, es hoy cuando podemos volver a pisar el parquet claro de su patio de butacas y los actores las tablas de ese escenario al que tanto hemos echado de menos en estos meses. Creo que ellos y nosotros hemos compartido en esta noche de estreno la emoción de un reencuentro que tanto estábamos necesitando. Y como en todos los teatros en que se ha hecho un gran esfuerzo para que nadie pudiera tener que elegir entre la seguridad y la cultura (quizá con la excepción de Mérida), la programación  de dos funciones para cada obra y la drástica reducción del aforo, con la retirada física de buena parte de las butacas, hacen que, además de la obra, debamos aplaudir la responsabilidad y diligencia de quienes cuidan y miman a este teatro y tan bien han tratado siempre a su público. Así que Lautaro Perotti, Carlos Hipólito y Mapi Sagaseta seguramente habrán estado encantados con este regreso a Avilés, una ciudad que ya saben desde hace tiempo que también es la suya. Rita es una obra entrañable y fraternal, una historia amable que pivota sobre esa complicidad naturalísima que solo puede darse entre un matrimonio bien avenido o entre unos buenos hermanos. Una complicidad que no excluye los desencuentros ni las discrepancias, especialmente cuando de lo que se trata es de cuestiones de vida o muerte. Marta Buchaca ha querido acercarse a estos temas  sin ningún dramatismo y  con un puntito de ironía amable que no llega a resbalar hacia la comedia impertinente. La dirección es de Lautaro Perotti, uno de los artífices del milagro timbrero y que siempre me ha encantado como actor en las obras que de él he visto aquí y en Buenos Aires. Su puesta en escena es sencilla, con apenas unos elementos polivalentes que empiezan teniendo aspecto de cielos y terminan como suaves nubes grises que no amenazan tormenta. Así que, ya digo, es un gustazo volver a casa. A nuestro Palacio Valdés. A nuestro querido teatro.

Programa de mano

domingo, 16 de agosto de 2020

Elektra.25

Dirección y dramaturgia: Ricardo Iniesta.
Producción Atalaya TNT.
con Silvia Garzón, María Sanz, Lidia Mauduit, Raúl Vera, Javier Domínguez, Garazi Aldasoro, Imasul Rodríguez, Elena Aliaga.

16 de agosto de 2020. Ruinas de Cáparra. 66º Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, Cáparra. 75’ aprox.

Elektra, hija de Agamenón y Clitemnestra, hermana de Orestes, una mujer con un designio trágico. Sobre él escribieron Sófocles y Eurípides hace veinticinco siglos. También Müller y Sartre en el siglo pasado. Y los teatreros de Atalaya han querido dedicarle a ella el que hace el número veinticinco de sus montajes.

Teatro coreográfico. Eso nos ofrece esta magnífica compañía sevillana que se toma muy en serio su trabajo ofreciéndonos una recreación coral de ese drama femenino intemporal con un texto magníficamente ajustado a la intención de ir mucho más allá de los relatos resabidos con planteamientos, nudos, desenlaces y moralinas. Así que nada tiene que ver con la Clitemnestra que vimos aquí el viernes esta propuesta con composiciones cautivadoras a cargo de seis actrices y dos actores radicalmente expresivos que con solo unas bañeras traslúcidas consiguen crear escenarios poéticos de rotundidad impresionante. Así que ha sido un cierre perfecto para estas noches de teatro en la dehesa a la vera de este arco. Un buen contrapunto al sinsabor que supuso no ir a Mérida para ver Antigona el 23 de julio (teníamos dos entradas en la fila 3 de orchestra) por la actitud temeraria e irresponsable con que desde el festival se manejó la seguridad de las personas en estos tiempos de pandemia cambiando de criterio y poniendo a la venta todas las localidades que en principio se habían dejado libres cuando compramos las nuestras. Una lástima y un feo contraste con la responsabilidad que el mundo del teatro y en general la cultura están afrontando en España la difícil situación que seguimos viviendo. Ojalá que en el próximo año la normalidad no esté adjetivada y podamos volver a Mérida como hacemos desde hace tantos años y, por supuesto, bajar varias noches a Cáparra desde casa.

viernes, 14 de agosto de 2020

Clitemnestra

Texto y dirección: José María del Castillo.
Una producción de Producciones Equivocadas.
con Natalia Millán, Ángeles Rusó, Camino Miñana, Daniel Moreno, Benjamín Leiva, Lucía Ruibal/Júlia Gimeno, Manuela Reina.

14 de agosto de 2020. Ruinas de Cáparra. 66º Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, Cáparra. 85’ aprox.


Reina de Micenas, esposa de Agamenón, hermana de Helena, madre de Ifigenia, de Orestes y de Electra. Se trata de Clitemnestra, un personaje relativamente secundario y con muy mala prensa en la mitología y en la literatura griega Aquí se trata de reivindicarla convirtiéndola en protofeminista.

Las referencias a los textos clásicos son menos que tangenciales. Se toma al personaje como pretexto para una reivindicación en clave feminista desde lo políticamente correcto. La parte edificante es resabida, obvia y antiteatral. La evocación del mundo clásico es muy poco pregnante. Pero el estropicio se salva en parte por la buena interpretación de Natalia Millán en el papel proganonista y por la música de Alejandro Cruz Benavides y la coreografía de Benjamín Leiva. Buen taconeo, buenas voces y una pizca de inspiración flamenca han permitido que lo bueno de la noche no haya estado solo en la contemplación de la belleza de este arco bimilenario en medio de los olivos y bajo las estrellas.

jueves, 13 de agosto de 2020

Tito Andrónico

de William Shakespeare. Versión: Nando López. Dirección: Antonio Castro Guijosa.
una coproducción de Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y Teatro del Noctámbulo.
con José Vicente Moirón, Alberto Barahona, Carmen Mayordomo, Alberto Lucero, José F. Ramos, Quino Díez, Lucía Fuengallego, Gabriel Moreno, Guillermo Serrano, Jorge Machín.

13 de agosto de 2020. Ruinas de Cáparra. 66º Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, Cáparra. 155’ aprox.

Tito Andrónico vuelve a Roma tras vencer a los godos. Aunque le proponen ser el nuevo emperador, él renuncia al cargo en favor de Saturnino. El sacrificio ritual del hijo de la reina goda será el primero, pero no el menor, de los actos violentos que veremos. Ella venía como prisionera pero acabará siendo la esposa del nuevo emperador. Y a partir de ahí las cosas se pondrán muy feas para Tito Andrónico, para sus hijos y luego para los de ella.

Quentin Shakespeare o William Tarantino. Así podría llamarse el autor de esta historia de violencia extrema (asesinatos, mutilaciones, canibalismo...) que condenaría al olvido a su autor si la hubiera escrito alguien del Siglo de Oro español. Pero quien la escribió fue Shakespeare y quien la reivindicó a mediados del siglo XX fue Peter Brook. Así que este derroche de violencia (y nada más) ya tiene pedigrí de calidad, con lo que no debe extrañarnos que esta sea la tercera vez que se presenta un montaje de este texto en el festival de Mérida. La propuesta está a cargo del Teatro del Noctámbulo y eso sí que es garantía de calidad. El maravilloso entorno de Cáparra genera una magia especial con ese arco que hace de punto de fuga de un escenario sencillo que sin ningún subrayado consigue evocar las tremendas circunstancias en que transcurren las escenas de esta barbaridad shakesperiana. La versión del texto es bastante fiel al original y eso se agradece evitando ese tipo de actualizaciones y moralinas que resultan tan molestas. También está muy bien resuelta la forma de mostrar (o no) la truculencia de las escenas más complicadas y sus efectos mutiladores en los personajes. Por lo demás, el elenco está conjuntadísimo y tiene la fuerza necesaria para estar a la altura de ese Tito Andrónico extraordinario que encarna José Vicente Moirón, un actor al que hemos visto ante estas mismas piedras hace tres años en otras interpretaciones soberbias protagonizando el Edipo rey que montó también aquí el Teatro del Noctámbulo y dos días después haciendo de Cómodo en el Marco Aurelio que dirigió Eugenio Amaya.

sábado, 18 de julio de 2020

Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte

de Ramón María del Valle Inclán. Dramaturgia y dirección: Etelvino Vázquez.
producción: Teatro del Norte.
con Cristina Lorenzo, Cristina Alonso, David González y Etelvino Vázquez.

18 de julio de 2020. Teatro Jovellanos, Gijón. 70’ aprox.


Dos piezas de las cinco que componen este Retablo de Valle-Inclán. Ligazón, sobre una moza que rechaza al rico y sus favores en favor del afilador y sus querencias mucho más gratas, y La rosa de papel, sobre una esposa que muere y un marido que no encuentra el dinero que ella había ahorrado.

Con una organización impecable por parte del Teatro Jovellanos y una distancia entre espectadores que ofrece las mayores garantías, volvemos con mucho agrado al teatro para encontrarnos con dos clásicos: Valle-Inclán y Etelvino. Las historias esperpénticas y costumbristas del primero contrastan especialmente con este día coluroso y playero. Pero en la forma de abordarlas por parte del veterano Teatro del Norte destacan la entrega de los actores, la sencillez y eficacia del montaje y esa honestidad que Etelvino Vázquez y su gente ofrecen siempre a su trabajo. Así que ha sido un gusto reencontrarnos hoy con estas interpretaciones intensas sobre historias distantes después de estos meses en los que la cuarta pared se había convertido en pantalla. Ojalá que, con la responsabilidad demostrada en recintos como este (y también en otros que, como el Valey, lo están haciéndo igual de bien con el cine) tengamos cada vez más oportunidades para disfrutar del teatro en el teatro y del cine en el cine. Trabajando así es como los centros culturales públicos hacen más suyos que nunca esos dos adjetivos. No manteniéndose ensimismados y dimitiendo de su responsabilidad, como siguen haciendo algunos, o priorizando temerariamente los intereses económicos y sentando al público sin ninguna distancia de seguridad como van a hacer ya mismo otros.

viernes, 10 de julio de 2020

La incertidumbre (La pira 3)

Dirección: Pablo Remón.
una producción del Centro Dramático Nacinal.
- El autor y la incertidumbre de Pablo Remón. Con Ernesto Arias, Javier Ballesteros y Francesco Carril.
- Ernesto y la incertidumbre de Denise Despeyroux. Con Ernesto Arias, Javier Ballesteros, Cecilia Freire y Manuela Paso.
- La actriz y la incertidumbre de Lucía Carballal. Con Ernesto Arias, Javier Ballesteros, Francesco Carril y Cecilia Freire.

10 de julio de 2020. Teatro María Guerrero, Madrid (virtual). 55’ aprox.

La pieza de Pablo Remón sobre el autor y la incertidumbre comienza con La traición de Harold Pinter que él versionó y que, tras estrenarse en el Palacio Valdés el 7 de marzo, tuvo que suspender su primera función en el Pavón Kamikaze prevista para el día 12. La dirigía Israel Elejalde y Francesco Carril recuerda que al día siguiente lo acompañó al teatro porque quería pasear por el decorado, como se pasea entre unas ruinas. Así comienza esta pieza en la que Pablo Remón nos habla a través de Francesco de su escritura en momentos tan especiales como el día en que murió su padre o las conversaciones con su hijo en estas semanas de confinamiento. En Ernesto y la incertidumbre Denise Despeyroux nos propone una estupenda reflexión con un padre, un hijo y una extraestraterrestre de Andrómeda que ha sido intercambiada por la hija para superar la incertidumbre que nos embarga. Primero el padre explica el origen del Universo a partir del todo, no de la nada. Luego se vuelve tozudo cuando la extraterrestre defiende la certidumbre frente a las pulsiones reactivas de este padre confinado y desconfiado. Finalmente ella se va y vuelve la hija de ese otro mundo en el que todo es certidumbre. La incertidumbre de la actriz surge quince minutos antes de que comience su monólogo. Ella no se cree ese texto al que el autor ha querido dar un tono de optimismo poético que ella no comparte. Los dos son pareja y han vivido muy mal el tiempo de confinamiento. La incertitumbre sobre el texto es también la que ella tiene sobre su relación. Y él quiere resolver ambas en esos pocos minutos.

Tercera parte de la trilogía y tercera joya escénica desde un María Guerrero que no parece vacío aunque no podamos estar allí. La dirección de Pablo Remón es impecable (como la de Sanzol y las de las amigas del Teatro en Vilo en las obras anteriores). Su texto es tan hiperrealista, poético y sugerente como acostumbra. Quizá aún más porque sus evocaciones son aquí mucho más inmediatas: las de un padre y un hijo confinados entre la ternura y el recuerdo. El escenario gira y nos sitúa luego en una casa familiar en la que Denise Despeyroux sitúa esta divertida escena con ironías teofilosóficas y ese naturalismo doméstico suyo en la que quedan tan bien sus querencias galácticas. Una delicia continua en la que, como en la pieza de Pablo Ramón, uno solo lamenta que esta maravilla sea tan corta. Por último, Lucía Carballal cierra esta extraordinaria y triple trilogía con una pieza sobre el amor confinado y el desamor incipiente entre una actriz y un autor. El espacio giratorio nos coloca esta vez en los preámbulos de la pieza, en esa intimidad con reproches y sintonías propias de una pareja con mucha incertidumbre sobre su futuro y poco tiempo para resolverla. Las tres piezas de hoy son, por tanto, tres joyas que cierran por todo lo alto estas nueve muestras que confirman la excelente salud creativa de nuestros dramaturgos e intérpretes. Entre ellos están muchos de los que más me gustan y con los que he disfrutando tanto en tantas de noches de estreno en el Palacio Valdés. Ojalá volvamos a encontrarnos muy pronto en nuestros teatros para disfrutar con propuestas tan magníficas como las de esta trilogía que quisiera ser pira catártica en estos tiempos difíciles.

viernes, 3 de julio de 2020

La distancia (La pira 2)

Dirección: Andrea Jiménez y Noemí Rodríguez.
una producción del Centro Dramático Nacinal.
- La distancia según Pau Miró. Con Jesús Barranco, Alicia Rodríguez y Macarena Sanz.
- La distancia según Andrea Jiménez y Noemí Rodríguez. Con Julia de Castro, Juan Paños, Alicia Rodríguez, Noemí Rodríguez y Macarena Sanz.
- La distancia según Juan Mayorga. Con Jesús Barranco y Julia de Castro.

3 de julio de 2020. Teatro Valle-Inclán, Madrid (virtual). 50’ aprox.

En una sala de utilería dos mujeres esperan nerviosas la visita del gerente del teatro. Mientras tanto hablan de muchas cosas. Por ejemplo de Marcial, el hijo de una de ellas que prefiere dedicarse al derecho que al teatro. Cuando el gerente llega les habla amable y atropelladamente. De hecho, ellas no tienen claro si las ha despedido o no. Con geles hidroalcohólicos y golas a modo de mascarillas un actor y una actriz ensayan Romeo y Julieta pero nada sale bien. Noemí discute con la directora y cuando llega una repartidora de Glovo se baja del escenario para retenerla como si fuera lo que queda del público. En un teatro vacío se encuentran dos personajes espectrales. Son un hombre y una mujer que se tratan de usted y al principio mantienen las distancias. No saben quiénes son, por qué están allí ni para qué sirve ese lugar. Poco a poco la distancia entre ellos se acorta y los recelos también.

Dos de las tres piezas de La distancia tienen el tono de comedias amargas. La de Pau Miró es un diálogo delicioso entre dos mujeres con funciones teatrales secundarias pero con miradas tan ingenuas como lúcidas. La de Andrea Jiménez y Noemí Rodríguez contiene ese maridaje entre divertimento trepidante, ternura intimista y reflexión irónica que caracteriza su deliciosa manera de hacer teatro. Por último, la pieza de Juan Mayorga es la más abstracta. Tiene una gran distancia en el tono con las otras dos y por eso contrasta la gravedad y brillantez reflexiva que caractariza su teatro con las formas catárticamente amables de las piezas anteriores. Son tres propuestas diversas sobre la distancia entre las que hay distancia estilística en los textos, pero ninguna en lo que realmente importa: la calidad del trabajo de quienes los escribieron y de quienes los interpretaron Y también en el buen hacer de quienes concibieron que unas cámaras en un escenario o en un patio de butacas podrían convertirse sin artificios en los ojos de un público teatral atento y conmovido.

viernes, 26 de junio de 2020

La conmoción (La pira 1)

Dirección: Alfredo Sanzol.
una producción del Centro Dramático Nacinal.
- Mikel y la conmoción de Alfredo Sanzol. Con Jesús Noguero.
- Eva y la conmoción de  Victoria Szpunberg. Con Natalia Hernández y Fernanda Orazi
- María y la conmoción de Eva Mir. Con Javier Hernández y Camila Viyuela

26 de junio de 2020. Teatro María Guerrero, Madrid (virtual). 65’ aprox.
Mikel nos lo cuenta mientras recorre todos los espacios del teatro. Repasa lo vivido en aquellos días en los que el coronavirus se cebó con él y llegó a saber en qué consiste la vecindad con la muerte. Entre el sexto y el séptimo día, de la creación y del encierro, Eva V. evoca su relación con Eva S., la empleada de Caixabank que le recomendó colocar su dinero donde no debía. Pero esa segunda Eva también era una víctima confinada de otra violencia.  María está corriendo y en la plaza de los Mostenses es atropellada por un repartidor de Glovo. Tras la conmoción los dos hablan de lo que está pasando mientras comen lo que él tenía que repartir. Pero la historia también es un monólogo del personaje con apostillas de la autora sobre el teatro y la conmoción.

El Centro Dramático Nacional retoma la actividad escénica con La pira, una trilogía sobre lo que ha pasado compuesta por La conmoción, La distancia y La incertidumbre. Cada una de ellas contiene tres piezas cortas a cargo de distintos autores pero con una misma dirección. La distancia está dirigida por Alfredo Sanzol (que ahora también dirige el CDN) y es un monólogo en el que es fácil pensar que lo nos cuenta Jesús Noguero le ha sucedido a él mismo. De hecho, es una experiencia en primerísima persona, en este caso la del propio Sanzol. Además de una pieza dramática de primer orden que nos hace vivir por unos minutos la experiencia de recorrer un teatro, creo que sería el mejor antídoto para los que banalizan todo esto, los que hacen de la pandemia una coartada para el acoso político y los que priorizan la economía y los contactos multitudinarios sobre la salud de los demás. En lugar de multarlos o repudiarlos creo que sería mucho más efectivo que contemplaran en silencio los veinte minutos de esta obra. La segunda pieza es de Victoria Szpunberg y es casi un monólogo impresionante a cargo de la gran Fernanda Orazi en el que los dos lados del charco, el sentido del sexto día de la creación y el sufrimiento de estas dos Evas se van hilvanando en un texto sutil y conmovedor. Y precisamente sobre las diversas variantes de la conmoción trata la pieza de Eva Mir en la que tienen tanta importancia las acotaciones de la autora en boca de la actriz como ese encuentro imprevisto entre dos personajes a la deriva en medio del silencio nocturno y confinado de las calles de Madrid. Las tres obras las vemos a través de la pantalla pero el dispositivo es radicalmente teatral. Tanto que nos convertimos en espectadores móviles de ese teatro mínimo en el que no hay distancia entre la platea y el escenario pero mantenemos el pacto de sincronía y de atención que da sentido al teatro, ese lugar desde el que se mira y que durante esta hora hemos dejado de añorar porque de algún modo hemos vuelto a él.

lunes, 18 de mayo de 2020

Yo no duermo la siesta

Dramaturgia y dirección: Paula Marull.
una producción de Timbre 4 y Teatrix.
con Mauro álvarez, Agustina Cabo, Laura Grandinetti, Sandra Grandinetti, Luciana Grasoo, María Marull y Marcelo Pozzi.

18 de mayo de 2020. Timbre4, Buenos Aires (virtual). 75’ aprox.

Tarde de siesta con dos niñas inquietas. La madre se ha ido a trabajar. La chica que cuida de ellas y del tío discapacitado a ratos se pone los cascos y a ratos se duerme. Las dos niñas son vecinas. La de la casa es más tranquila, la otra es más lianta. Alrededor de cada personaje sabemos que hay dramas que nos hacen comprenderlos y moderar nuestro desasosiego por lo que hacen.

La historia tiene ese aire de teatro entreverado en el que lo realmente importante está en fuera de campo. Esa mirada oblicua sobre las historias que hace tan sugerentes algunas de las obras argentinas y españolas que vemos en los últimos años. Pero de Yo no duermo la siesta lo que más me ha gustado son las interpretaciones. La de esa chica agobiada y desbordada, la de ese tío con gestualidades dislocadas y, sobre todo, las de esas niñas interpretadas por dos actrices que no lo son tanto pero que están simplemente perfectas. Placidez, inquietud y ternura. Como esa calma que preludia la tormenta. Así es Yo no duermo la siesta.

domingo, 17 de mayo de 2020

El Bululú. Antología endiablada

de Leticia González De Lellis y Osqui Guzmán.
una producción Timbre 4.
con Osqui Guzmán.

17 de mayo de 2020. Timbre4, Buenos Aires (virtual). 75’ aprox.

El bululú es Osqui Guzmán. En los años setenta lo había sido con mucho éxito en Argentina el actor español José María Vilches y eso fue lo que llevó a Osqui hacia el teatro. Personajes poderosos del Siglo de Oro español, referencias leves al siglo de ahora argentino y atuendos y canciones de sus orígenes bolivianos son los mimbres de este portentoso espectáculo en el que también hay una extraordinaria interpretación (que no recitado) del Prendimiento de Antoñito el Camborio en el camino de Sevilla del Romancero Gitano.

¿Podrá haber mejor hibridación hispanoargentinoboliviana que la que encarna Osqui Guzmán en El Bululú? Con un respeto absoluto por las tres tradiciones y una habilidad increíble para hacer de la alegría su argamasa, Osqui Guzmán despliega una impresionante diversidad de ademanes y voces consiguiendo que veamos a multitud de personajes aunque solo esté él en el escenario. La ironía y la rapidez en el cambio de voces y gestos me ha hecho acordarme de Pepe Rubianes, pero Osqui Guzman es sencillamente incomparable. Un prodigio de seguridad interpretativa que es capaz de manejar la gestualidad a velocidades de vértigo y que canta, cambia voces y crea sonidos diversos con una soltura que no parece humana. Pero su teatro no es solo un ejercicio brillantísimo de divertido malabarismo interpretativo. Es también una lección de respeto a las tradiciones que compartimos y de saber hacer en la construcción del relato que le permite ofrecernos este Bululú intemporal que es a la vez una autoficción  magníficamente estructurada. Lo suyo es, sin duda, la improvisación, para la que tiene cualidades extraordinarias. Pero lo que él hace en esta obra parece primo hermano del espíritu ronlalero. Seguro que tiene otras propuestas teatrales que merecerían recorrer muchas veces España. Por fortuna, tenemos abierto Timbre 4 para no perdernos experiencias tan magníficas como esta.

sábado, 16 de mayo de 2020

Sea Wall

de Simon Stephens. Versión y traducción: Nacho Aldeguer.
Producción: Bella Batalla
con Nacho Aldeguer.

16 de mayo de 2020. Teatro de la Abadía (teatro confinado), Madrid (virtual). 60’ aprox.


Nacho nos pide que cerremos los ojos y pensemos en alguna situación que hayamos vivido y que fuera completamente inesperada. Luego él nos cuenta la suya. En realidad nos habla de Helena, su mujer a la que adora, de Arturo, su suegro que vive en Francia y a cuya casa en la playa van todos los veranos, y sobre todo de su hija Lucía, la niña que los hace absolutamente felices a los tres. Nos habla también de la pared vertical en el mar abierta al abismo que descubre mientras bucea con Arturo. Y de aquella mañana en que los dos fueron a la playa con la niña y ocurrió la tragedia. 

Un monólogo conmovedor. El texto de Simon Stephens es muy bueno como también lo era su Punk Rock que vimos hace tres años en el Palacio Valdés, una obra intensa y trágica montada con la habitual solvencia de La Joven Compañía. Pero la versión de Nacho Aldeguer y, sobre todo, la sinceridad con que hace suya la historia hacen que quedemos imantados por lo que nos cuenta. Sentimos la felicidad completa de esa familia y cada instante de esa mañana terrible. Comprendemos retrospectivamente el vértigo ante ese agujero negro en la pared del mar que será también metáfora del agujero vital desde el que nos cuenta eso que es casi innombrable. Como lo que le dijo a Arturo en el aeropuerto que tendría que ver seguramente con la ausencia de Dios. No hay más que un actor ante una pantalla que ya casi desaparece y un buen relato. Los mimbres necesarios para que podamos vivir la magia del teatro. Nacho Aldeguer también versionó y dirigió aquel estupendo montaje de El amante de Harold Pinter que también pudimos disfrutar hace tres años en el Pavón Kamikaze en aquella experiencia inolvidable en dos tiempos.  Así que ha sido un gusto poder encontrarnos de nuevo con su estupendo trabajo, ahora como intérprete en todos los sentidos de la palabra. Un lujo en este magnífico teatro confinado que nos ofrece La Abadía y que ya sentimos como parte de nuestra casa en estas semanas. 

jueves, 14 de mayo de 2020

RONEM RAM.O

de Jesús Nieto.
Producción: Onirica Mecánica y Teatro de la Abadía
Contado y manipulado por Jesús Nieto y Pepo Devesar.

14 de mayo de 2020. Teatro de la Abadía (teatro confinado), Madrid (virtual). 40’ aprox.


La Manga del Mar Menor en un futuro aún más distópico. Un lugar para experiencias científicas en un mundo degradado en el que la condición humana casi ha desaparecido. También la propia naturaleza. Como ya casi sucede en ese Mar Menor actual cuyas letras invertidas dan nombre a la obra.
 
Discurso metafísico con mimbres científicos bastante pesimistas desarrollado en tres actos. Hay un buen despliegue de medios artesanales para esta reflexión distópica con voluntad poética. No está mál ejecutada pero, aunque sea en modo confinado, prefiero ver al intérprete mientras hace cosas y no solo las cosas que hace.

lunes, 11 de mayo de 2020

Cactus orquídea

Texto y dirección: Cecilia Meijilde.
una producción de El Ensembre Orgánico y Teatrix.
con María Estanciero, Gastón Figueira Oria, Laila Duschatzky, Lucas Avigliano e Ignacio Bozzolo.

11 de mayo de 2020. Timbre4, Buenos Aires (virtual). 73’ aprox.

Un escritor busca inspiración en una cafetería. La encuentra en una mujer que le habla y así vamos viendo una serie de encuentros entre personas y lugares como hilos se van trenzando. En una ferretería con un joven memorioso y un descendiente de cosmonautas rusos que habla de Solaris. En el Museo de Bellas Artes con otra mujer y alguien obsesionado con un  cuadro de Modigliani. En un banco con un empleado agobiado que es asediado. En una cafetería con una mujer que parece la encarnación de Frida Kahlo. Y con la semilla de una extraña flor llamada Cactus Orquídea.

Cerca del Museo de Bellas Artes está la flor más grande del mundo y la llaman Floralis genérica. En una ciudad como esa no es extraño que sus teatreros hagan cosas tan magníficas como Cactus Orquidea y que ambas flores sean a la vez poéticas y metálicas. Tres actores y dos actrices con un suelo de madera desplegable y unos cuadrados enmarcables van creando situaciones efímeras que siempre son en Buenos Aires y que siempre tienen las costuras propias de los universos conectados. Los cinco están soberbios y es impresionante la agilidad con que encarnan personajes tan carismáticos y distantes. Una gozada escénica e interpretativa que además tiene la fuerza literaria de los mejores modelos para armar. Otra joya teatral que podemos disfrutar desde aquí sintiendonos otra vez en Buenos Aires.

domingo, 10 de mayo de 2020

J. Timerman

Texto y dirección: Eva Halac.
una producción de Teatrix.
con 
Orlando Alfonzo, Guillermo Aragones, Juan Pablo Galimberti, Cristian Majolo, Mucio Manchini, Hernán Muñoa, Leonardo Murúa, Gregorio Scala, Carlos Scornik y Ramiro Vayo.

10 de mayo de 2020. Timbre4, Buenos Aires (virtual). 73’ aprox.

Jacobo Timerman dirige La Opinión en los tiempos de Lanusse. Es un periodista de raza que sabe cuál es su papel en los momentos convulsos que vive Argentina. Son los días previos a la boda de la hija del presidente y los dos están atenazados. Lanusse por presiones diversas y Timerman por el dilema entre seguir siendo coherente o negociar con el gobierno la continuidad del periódico.

En una pasarela de obras se mezclan las gentes que habitaban a comienzos de los setenta los pasillos de aquel periódico, de la Casa Rosada y de la Quinta de Olivos. J. Timerman es teatro documental que nos sitúa dos años antes de la primavera camporista, unos tiempos sobre los que tendrá más claves un argentino que un español. Pero, aunque lo que se muestra no estuviera basado en hechos reales y todos los personajes fueran de ficción, hay dos cosas que seguirían haciendo fascinante esta obra: unas interpretaciones magníficas y conjuntadísimas (Guillermo Aragonés rotundo en el papel de Timerman, Mucio Manchini también muy bien como Lanusse) y un retrato muy oportuno de las soledades conscientes de dos oficios paralelos: el del periodista coherente y el del político preocupado.

sábado, 2 de mayo de 2020

Leyendo Lorca

de Federico García Lorca. Dirección: Irene Escolar.
Producción: Buxman Producciones
con Irene Escolar.

2 de mayo de 2020. Teatro de la Abadía (teatro confinado), Madrid (virtual). 40’ aprox.


Vemos una habitación con una puerta al fondo. A la izquierda hay una guitarra sobre un sofá y a la derecha una ventana con persianas echadas por las que se cuela algún rayo de luz. La puerta se abre y entra Irene Escolar. Se acerca despacio al atril que hay delante de nosotros y abre un cuaderno con textos de Lorca. A veces les pone fecha o les añade palabras que emocionan hasta la lágrima. Como cuando nos habla de los 18 de agosto de Federico y de Rafael. En el cuaderno trae textos de Bodas de sangre, Doña Rosita la soltera, Yerma, El público, los Sonetos del amor oscuro y Poeta en Nueva York. Pero Irene Escolar no los lee. Les da vida en esta tarde memorable. 

Margarita Xirgu, Nuria Espert, Irene Escolar… No podría tener Lorca mejores amigas para interpretar (que no recitar) sus palabras. Esto es lo que escribí en el chat de la obra tras estos cuarenta minutos conmovedores. De Margarita Xirgu solo me han llegado los ecos de su voz en la de la veterana actriz Estela Medina que el verano pasado trajo a Almagro su Tamar y Amón como homenaje a la maestra de quien recibió la mejor lección de interpretación en su escuela de Montevideo hace ya setenta años. De la pasión lorquiana de Nuria Espert tengo constancia reciente en la hora maravillosa que vivimos con el Romancero gitano el pasado noviembre en el Arriaga de Bilbao de la mano de Lluis Pascual (otro amigo fiel de Lorca como demuestra esa joya que es su libro De la mano de Federico). Tras su papel en El Público que montó Àlex Rigola en La Abadía, Irene Escolar entra ahora en ese olimpo de actrices que demuestran que las palabras de Lorca no fueron escritas para ser leídas ni para ser recitadas, sino para ser vividas por hermeneutas fieles como Margarita, Nuria e Irene. Digo solo sus nombres propios porque lo que importa es la sustancia primera de la intérprete, la radical singularidad desde la que Irene hace presentes los dramas femeninos de Bodas de Sangre o de Yerma. La misma que hoy seguramente conmovería al único papa al que Lorca no habría dirigido ese desgarrado Grito hacia Roma que Nuria e Irene han convertido en himno de justicia. Cada vez queremos más a Lorca. Y se lo debemos también a ellas (y a Lluis, a Amancio -para mi los sonetos siempre tendrán su música- y a Pablo -inolvidable su Doña Rosita, anotada-). De estas semanas confinadas seguramente se borrarán muchas cosas y eso estará bien. Pero yo sé que algunas no las olvidaré nunca y eso será aún mejor. Entre ellas estarán los magníficos puntos de fuga de las habitaciones de Israel y de Irene que enmarcaban sus rostros mientras él revivía el discurso de David Foster Wallace y ella interpretaba las palabras de Lorca. Tampoco olvidaré sus lágrimas. Y la conmoción contagiosa que hacía casi inevitables las nuestras. Gracias Irene por esta tarde inolvidable.

viernes, 1 de mayo de 2020

Informe lejía

de Luis Bermejo y Pablo Rosal.
con Luis Bermejo.

1 de mayo de 2020. Teatro de la Abadía (teatro confinado), Madrid (virtual). 40’ aprox.

Un hombre sueña y se agita bajo las sábanas. Cuando se despierta se dirige a la cámara y le habla apasiodanamente a Carmen. Él quiere fascinarla y lo hace de forma bien cutre.

Luis Bermejo en modo radicalmente histriónico y confinado. Su personaje es el de un tipo desquiciado que parece haber encontrado a su Dulcinea en el ojo de la cámara. Con un torrente de expresividad que por momentos me ha recordado a Javier Gurruchaga, le/nos va mostrado todos los rincones su casa. Hasta la cocina y, por supuesto, también el inodoro. Luis Bermejo es un actor muy solvente y sumamente expresivo. Con este Informe lejía lo ha vuelto a demostrar en estos cuarenta minutos que le dedica a esa Carmen. La experiencia le ha tenido que resultar sumamente catártica.