viernes, 4 de marzo de 2022

Ser o no ser

Adaptación: Bernardo Sánchez según versión teatral de Nick Whitby. Dirección: Juan Echanove.
Una producción de José Velasco basada en la comedia de Ernst Lubitsch

con Juan Echanove, Lucía Quintana, Ángel Burgos, Gabriel Garbisu, David Pinilla, Eugenio Villota y Nicolás Illoro.

4 de marzo de 2022. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 120’ aprox. Estreno absoluto.

Cuando Polonia está a punto de ser invadida por Alemania, 
una compañía está representando Hamlet en un teatro de Varsovia  y prepara el estreno de una sátira sobre el nazismo titulada ¡Gestapo!. La obra será prohibida pero el elenco acabará interpretando a los nazis para rescatar un documento que podría poner en peligro a la resistencia polaca. En el enredo también estará implicado un joven aviador inglés que se cita con la mujer del actor principal mientras este recita las famosas palabras de Shakespeare calavera en mano.
 
Un estreno afinadísimo en clave de comedia clásica que ha hecho las delicias del público con un Juan Echanove al que, como actor y como director, se le notan las ganas de hacer reír tras este largo invierno de nuestro descontento pandémico. Y a fe que lo ha conseguido en esta noche de estreno. De hecho, la sombra de lo que está pasando ahora en Ucrania no ha restado un ápice de alegría contagiosa desde la primera fila hasta el fondo del gallinero de un Palacio Valdés abarrotado en el que mañana habrá segunda función. Como no soy de risa fácil no puedo dejar de pensar en que la decisión de Echanove de rescatar la comedia de Lubitch ochenta años después quizá no haya sido afortunada. De hecho, ha tenido la mala suerte de que su estreno sea ocho días después del comienzo de la invasión rusa que, según recoge hoy la prensa, ya ha provocado el éxodo de un millón de ucranios. Pero hay que reconocer que, a pesar del reconocimiento cinéfilo posterior, el estreno de la película de Lubitch fue mucho más cuestionable. Sin esperar a que Adorno aludiera a la poesía después de Auschwitz algunos críticos ya plantearon si en 1942 era oportuno que los estadounidenses rieran las gracias de este matrimonio de cómicos puesto en entredicho por un aviador mientras Shakespeare servía de contrapunto a los nazis. La película se estrenó cuando se estaba construyendo Treblinka y poco antes de que comenzaran las deportaciones a los campos de exterminio de los judíos hacinados en el gueto de Varsovia. Que en aquellos momentos pareciera normal en Estados Unidos situar en Varsovia una historia que daba mucha risa quizá pueda explicar en parte por qué los campos de exterminio quedaron intactos hasta el final de la guerra. Así que llevar ahora al teatro aquella comedia para recuperar la risa y celebrar la superación de los tiempos pandémicos quizá pueda justificarse por los guiños metateatrales que contiene y por esa pulsión anglófila (también bastante pandémica) por la que encomendarse a Shakespeare da pedigrí de calidad y es garantía de éxito. En todo caso, lo siento por Echanove y por el resto del elenco que hacen un trabajo magnífico en esta obra pero, al margen de la mala fortuna del estreno en estos momentos en que otra invasión acongoja nuestras conciencias, creo que si hay que volver a la Varsovia de hace ochenta años es mejor hacerlo como lo hace El Cartógrafo de Juan Mayorga o  El amor en su lugar de Rodrigo Cortés. Y si hay que retomar la risa antes de quitarnos las mascarillas casi mejor echar mano de Berlanga que de Lubitsch y de nuestro Siglo de Oro que del inglés. De esto último tuvimos buena prueba hace dos semanas en el Niemeyer.