sábado, 23 de febrero de 2019

El precio

de Arthur Miller. Dirección: Silvia Munt.
una producción de Bitò.
con Tristán Ulloa, Gonzalo de Castro, Eduardo Blanco y Elisabet Gelabert.

23 de febrero de 2019. Centro Niemeyer, Avilés. 115’ aprox.

En el viejo desván de la casa del padre, Víctor y su mujer hablan sobre la posibilidad de jubilarse con lo que saquen de la venta de los muebles que allí se amontonan. Están esperando a que llegue el tasador y quizá también el hermano. Víctor es un policía que detesta un trabajo que tuvo que asumir para ocuparse de su padre. Su hermano es un cirujano de éxito al que hace dieciséis años que no ve y que se alejó muy pronto de ellos. El tasador que llegará es un anciano muy orgulloso de su ética que ofrece a Víctor un precio moderado. El encuentro entre los hermanos será la ocasión para los reproches sobre los motivos del desencuentro de tantos años.

El valor de los objetos familiares. El peso del pasado en las encrucijadas vitales. Las coartadas que justifican las inercias de la vida. La posibilidad de una relación fraterna tras la desaparición del padre. La abnegación y la independencia como máscaras del victimismo y la desidia. De todo eso y de mucho más trata El precio, un texto excelente de Arthur Miller al que no se le nota que ya ha cumplido cincuenta años porque de lo que trata es de algo tan intemporal como las relaciones familiares. El espacio de un desván tan abigarrado como desangelado, tan clásico como abstracto, es el lugar ambiguo en el que Silvia Munt confronta a esos cuatro personajes en torno a los recelos entre los dos hermanos y a la culpabilizadora relación con un padre cuya ausencia está impecablemente presente en la centralidad de un sillón vacío. El diálogo inicial entre Víctor y su mujer nos coloca ante la encrucijada que plantea una jubilación decidible (y ante el desasosiego de una mujer lúcida con una vida vicaria). La llegada del tasador, casi desde el otro lado de la jubilación, pone a los objetos en el centro de atención con motivo de su precio, del desequilibrio entre su valor de (des)uso y su valor de cambio. Y también nos hace pensar en la temporalidad de las cosas y de las vidas. Son dos preámbulos perfectos para el verdadero combate entre esos hermanos que en este reencuentro tendrán un espejo en el que contemplar sus miserias y las justificaciones que han ido construyendo para considerar asumibles los rumbos de sus vidas. El texto es excelente y la dirección, precisamente por contenida, también es perfecta. Pero El precio no sería la magnífica obra que hemos visto esta noche si no estuvieran tan impecables sus cuatro actores. Elisabet Gelabert, que ha sabido dar el tono justo a un personaje quizá menor, pero que sirve al espectador de observador participante y de contrapunto en el combate entre estos hermanos. Gonzalo Castro, que con un peinado, un traje y unos ademanes tan bien modulados nos ha hecho olvidarnos del actor para ver a ese americano de éxito desbordante y culpabilidad a buen racaudo. Tristán Ulloa, que con elegante e impertinente uniforme de policia ha conseguido expresar magníficamente la desazón y la amargura de un personaje que se sabe o se pretende tierno. Y, por supuesto, Eduardo Blanco, un portento de voz y gestualidad que consigue que veamos a ese impresionante anciano razonable que a algunos no ha recordado (solo en el físico) a un Gustavo Bueno resucitado y desmejorado. El precio es, en suma, un texto clásico propicio para una puesta en escena de maneras clásicas y para un pugilato actoral también muy clásico. Es cierto que los mimbres clásicos no son garantía de nada. Pero Arthur Miller y Silvia Munt han demostrado esta noche que tampoco son ningún inconveniente para el mejor teatro.

viernes, 22 de febrero de 2019

Bojiganga

dirección y texto: Sergio Gayol.
una producción de Teatro del Cuervo
con Bárbara Rodríguez, Alejandro Hidalgo, Ángela Tomé, Lidia Méndez y Paula Del Estal.

22 de febrero de 2019. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 90’ aprox. Ciclo "Hecho en Asturias". Estreno absoluto.

Bojiganga es uno de los tipos de compañías de teatro que deambulaban por España en el Siglo de Oro. Cuatro actrices y un actor apasionados por el teatro pero sin ningún éxito hasta ahora deciden inventarse una Bojiganga y recrear el repertorio clásico para probar suerte por España. Con la ayuda de textos de Lope de Vega, Calderón y Cervantes (también de Molière y de Shakespeare) intentarán darse a conocer más allá de las redes sociales. Concretamente en Zaragoza, Valladolid, Sevilla y Madrid. 

Con siete palieres de madera, unos vestidos más o menos de aquella época y muchas ganas de hacerlo bien, los del Teatro del Cuervo van hilvanando las cuitas habituales en los teatreros de ahora con los textos y las maneras del teatro clásico español. Hay mucho esfuerzo y buenas ideas en esta Bojiganga apta para todos los públicos (de hecho, les encantó a algunos de mis alumnos que, tras el éxito de las invitaciones a los ensayos generales de los últimos estrenos nacionales, se han animado a pagar su entrada y venir al teatro otra vez). En esta Bojiganga hay intención de contagiar siempre estusiasmo desde el escenario hasta la última fila del patio de butacas. Es evidente que esta hora y media de textos clásicos trufados de gracietas contemporáneas (o al revés) podrá dar bastante juego en las campañas escolares porque combina muy bien las risas que a buen seguro despertará entre los alumnos con la buena conciencia de esos profesores que necesitan justificación curricular para llevarlos al teatro. En este sentido, Bojiganga es una propuesta interesante y, aunque no pueda compararse con las maravillas ronlaleras, tampoco tiene nada que ver con cosas como la que nos encontramos hace tres semanas en Torrelavega.  

viernes, 15 de febrero de 2019

Copenhague

de Michael Frayn. Dirección: Claudio Tolcachir.
Producciones Teatrales Contemporáneas.
con Emilio Gutiérrez Caba, Carlos Hipólito y Malena Gutiérrez.

15 de febrero de 2019. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 90’ aprox. Estreno absoluto.

En 1941 Heisenberg visitó a Bohr en Copenhague. Era el reencuentro entre dos amigos, así que bien pudo ser una reunión entrañable. Pero Dinamarca había sido ocupada por los alemanes, así que aquella reunión también pudo enfrentar a dos hombres que tuvieron cierto papel en la carrera por desarrollar la bomba atómica. No es posible determinar exactamente la posición de cada uno en esa contienda ni la velocidad con que el resultado de esa reunión pudo condicionar sus trayectorias posteriores. Así de complejo pudo ser aquel encuentro  en la ciudad que había dado nombre a su interpretación de la mecánica cuántica.

Complementariedad e incertidumbre. Ese también podría ser el título de una obra que trata de ética y de ciencia, de historia y de política, del poder y los límites del conocimiento. Pero Copenhague también trata de las relaciones discontinuas entre dos amigos en bandos enfrentados. De la lealtad y los recelos. De lo que une a un discipulo y a un maestro y de los instantes cruciales que pueden separar para siempre a un padre de un hijo. Y para que la observación de ese sistema inestable sea posible, también está en el escenario la mujer de Bohr, interpretando y modulando las interferencias entre estos dos seres que hablan de electrones casi desde el punto de vista de Dios. Ambos estaban empeñados en conocer y manejar todas las variables, pero también obligados a asumir su responsabilidad sobre el destino de muchos seres humanos. Una situación comparable a la del joven que ha de decidir en un instante su trayectoria mientras esquía o a la del padre que ha de lanzar un salvavidas al hijo que se está ahogando. Complementariedad e incertidumbre. Copenhague es una recreación tan compleja como diáfana sobre lo que pudieron decir y pensar aquellos dos titanes de la ciencia en un baile argumental a cuyo disfrute hemos sido invitados. Una danza armoniosa entre dos seres que compartieron un pasado y cuyas decisiones determinaron un futuro en el que no volverían a encontrarse. Desde más allá de sus vidas, regresan a aquel encuentro en Copenhague para preguntarse una y otra vez por lo que allí sucedió. Como si al volver a vivirlos pudieran comprender mejor unos hechos cuya determinación varía precisamente al observarlos. Complementariedad e incertidumbre. Ideas centrales de esa mecánica cuántica que fundaron los héroes de una historia que aquí son encarnados por tres actores extraordinarios en una obra de apariencia sobria y ejecución exigente. El texto de Michael Frayn es magnífico, con mil capas y subtextos que componen una melodía escénica en la que la forma y el contenido se entreveran. Con Copenhague consigue que lo complejo no lo parezca y que cualquier cerebro atento pueda acercarse a los diálogos posibles entre dos cerebros privilegiados. Pero Copenhague no es solo un texto memorable de Michael Frayn adaptado de forma excelente a nuestra lengua. Es también (y sobre todo) una magnífica muestra de lo que es capaz de hacer Claudio Tolcachir. Mi primera reseña en este blog fue la de Emilia, otra soberbia obra suya que también se estrenó en Avilés. En ella destacaba el carácter cuántico de las relaciones familiares en las historias del fundador de Timbre 4. La intermitencia en lo que sabemos de los personajes, las interacciones entre su pasado y su futuro, sus incertidumbres cotidianas y la complementariedad de sus contradicciones... Son algunas de las señas de identidad del universo teatral de Tolcachir (así lo veo en La omisión de la familia Cóleman, Tercer cuerpo, El viento en un violín o Próximo). De hecho, hasta ahora consideraba que el Tolcachir autor (y el creador de Timbre 4) es más fiel a esos rasgos cuando dirige sus propias obras que cuando se enfrenta a textos ajenos. Pero Copenhague refuta mi tesis. Quizá porque el Copenhague de Frayn también parece de Tolcachir. Quién sabe, pudiera ser que el británico y el argentino no sean realmente el autor y el director de esta obra sino dos manifestaciones compatibles de una misma identidad conectada por esos pasajes espacio-temporales que unen a los teatros. Complementariedad e incertidumbre.

viernes, 8 de febrero de 2019

Generación why

Dirección: Andrea Jiménez.
Dramaturgia: Creación colectiva de Teatro en Vilo.
con Noemí Rodríguez, Chiara Goldsmith, Roisin O'Mahony y Andrea Jiménez. 

8 de febrero de 2019. Centro Niemeyer (Club), Avilés. 75’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer.

La voz de la directora nos va presentando a las actrices. Noemí es gallega, Chiara italiana y Roisin inglesa. A las tres les pide que nos hablen del futuro, de cómo lo ven desde sus treinta y tantos años. Primero recrean juntas lo felices que fueron en los noventa. Luego cada una se va enfrentando a su futuro. A sus incertidumbres y a sus miedos ante él.

El resumen parece serio, pero la obra es hilarante. Incluso más que Interrumped, aquella maravilla con la que las del Teatro en Vilo nos descubrieron sin palabras en qué podría consistir lo que entonces llamé teatro animado. En Generación Why  estas actrices con mil recursos exploran ese futuro supuestamente perfecto que les agobia para acabar reivindicando un presente continuo por descubrir y disfrutar. Y todo desde un tono intensísimo y aparentemente improvisado (de hecho, a veces lo es) que resulta delicioso. Son cuatro virtuosas del gesto y la evocación que, en cuatro idiomas y con mucha gracia, consiguen que la risa se extienda entre el público sin usar nunca resortes fáciles. En Generación why se habla más que en Interrumped y quizá esta historia sea menos teatral y gestual que aquella. Pero las del Teatro en Vilo vuelven a derrochar dominio del escenario y capacidad para atrapar la atención del público. Todas están estupendas, pero no puedo dejar de destacar ese prodigio de ironía autorreferencial, de expresividad total y de fuerza interpretativa que es Noemí Rodríguez. Al final los intensos aplausos debieron dejarles bien clarito que queremos que vuelvan pronto a Avilés con lo próximo que hagan. Seguro que estará bien.

viernes, 1 de febrero de 2019

La Calderona

Dirección: David Ottone (Yllana). Dramaturgia: Rafael Boeta. Dirección actoral:  Pablo Viña
La Calderona Producciones y Pau Pau Producciones.
con Pablo Paz y Natalia Calderón
 
1 de febrero de 2019. Teatro Municipal Concha Espina, Torrelavega. 80’ aprox.

Las peripecias de la Calderona a ritmo de hip-hop. Ella, sus cuitas con Felipe IV y su final en un convento. Todo con sonido amplificado, mucha música y bastantes resortes para que el público aplauda mucho. Como si se lo estuviera pasando muy bien.

Pobre Calderona. Su historia no parece propicia para el buen teatro. Solo sirve de excusa para obras muy mediocres como La puta enamorada o esta. Y ya es decir mucho porque lo que hacen estos dos actores y el que pincha los discos es más parodia que teatro. Aunque pretende ser una alegre actualización de los clásicos, está claro que Almagro no siempre es garantía de calidad.  La Calderona  es a Ron-Lalá lo mismo que Lina Morgan a Nuria Espert o las obras de Arturo Fernández a las de que escribe Pascal Rambert. La verdad es que en el cartel ya estaba claro lo que cabía esperar de ella. Lástima que no lo hubiera visto antes.

viernes, 25 de enero de 2019

Jauría

de Jordi Casanovas. Dirección: Miguel del Arco.
una producción de Kamikaze Producciones, Milonga Producciones, Hause & Richman Stage Producers y Zoa Producciones para El Pavón Teatro Kamikaze.
con Fran Cantos, Álex García, María Hervás, Ignacio Mateos, Martiño Rivas y Raúl Prieto.

25 de enero de 2019. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 85’ aprox. Estreno absoluto.

La manada. La de aquellos cinco sevillanos que el 7 de julio de 2016 se convirtieron en jauría para una joven madrilleña en un portal de Pamplona. Ellos tenían entre veinticuatro y veintisiete años. Ella dieciocho. Vemos la reconstrucción de lo que sucedió aquella noche y de lo que pasó después a través de los fragmentos de sus declaraciones en el juicio. 

Una poderosa ficción de una tragedia arquetípica con víctima femenina y victimarios de masculinidad gregaria. Eso sería esta Jauría de Miguel del Arco si no fuera porque Jordi Casanovas (igual que hizo en el impresionante Ruz-Barcenas y en el magnífico Port Arthur que acabamos de ver) se ha atenido a la literalidad de lo que declararon los protagonistas reales de aquellos hechos. Por eso este documento teatral no es solo una impresionante obra que dará mucho que hablar cuando llegue a Madrid y que esta noche de estreno ha puesto en pie al público emocionado que ha llenado el Palacio Valdés (mis alumnos, que asistieron la víspera al ensayo general, casi no podían hablar a la salida del teatro pero no podían callar a la mañana siguiente en el aula). Jauría es también un ensayo especular que compromete el criterio de los juzgadores. De quienes juzgaron aquellos hechos y de quienes ahora contemplamos su reconstrucción a través de la mirada de la víctima y los acusados. El texto de Jordi Casanovas está tan bien armado que parece un drama ficticio perfecto. El monólogo central de la joven condensa el significado de una historia que atrapa al espectador desde el primer momento y no le deja escapar ni un segundo. Y eso es así porque Miguel del Arco ha tenido la valentía de atreverse con una historia arriesgadísima en la que ha sabido huir del maniqueísmo simplificador y de la recreación convencional de unos hechos aparentemente resabidos. Con detalles que me han recordado la fuerza coral de algunos momentos de su Misántropo (que también se estrenó aquí) ha apostado por desdoblar los personajes evidenciando la peligrosa simetría entre la cara del que sabe de ciertos especímenes togados y la jeta del que puede de estos sevillanos sevillistas. Los primeros están muy seguros de la objetividad de sus preguntas y argumentos. Los segundos están acostumbrados a tomarse con guasa la satisfacción permanente de lo que les pide el cuerpo. Son dos lenguajes muy pregnantes pero también simétricos y en el fondo concordantes en su impostura. Y Miguel del Arco ha conseguido mostrarlo porque ha contado con un elenco prodigioso que mete miedo cuando Fran Cantos, Álex García, Ignacio Mateos, Martiño Rivas y Raúl Prieto encarnan a esos depredadores de la noche que luego comparten trofeos en las redes, y que conmueve hasta la lágrima cuando María Hervás (la extraordinaria Ifi de Iphigenia en Vallecas) pone la mayor sinceridad para encarnar a esa joven de cuya sinceridad se dudó. Jauría no es solo una prueba más de lo kamikazes que pueden llegar a ser algunos teatreros españoles y de la maravillosa sintonía entre este querido teatro que pronto cumplirá un siglo y ese templo madrileño inconmensurable que es el Pavón Kamikaze. Es también un documento teatral que, programado con Port Arthur como díptico perfecto sobre la verdad procesal, revela que el caso de La Manada no fue solo un notable acontecimiento mediático que servía de contrapunto al gran problema que España (y la ceguera de muchos) tiene en Cataluña. Aquel caso fue un elemento crucial para el empoderamiento y la visibilidad del más reciente activismo feminista (ahí está el último 8 de marzo). Pero también ha servido para la creciente reactivación de una masculinidad bronca que, disfrazada de razonable, no solo se ha mantenido entre algunos togados sino que, como se ha demostrado en Andalucía, aspira a reconquistar sin complejos un espacio significativo en nuestro panorama político.
            

Port Arthur

de Jordi Casanovas. Dirección: David Serrano.
una producción de Kamikaze Producciones, Milonga Producciones, Hause & Richman Stage Producers y Zoa Producciones para El Pavón Teatro Kamikaze.
con Joaquín Climent, Javier Godino y Adrián Lastra.

25 de enero de 2019. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 75’ aprox. Estreno absoluto.

Nueve horas de interrogatorio. El que responde es Martin Bryant al que se acusa de haber matado a treinta  y cinco personas con las armas que llevaba en su coche. Si confiesa no habrá juicio. Pero para eso tiene que recordar lo que pasó.

El precedente es aquel magnífico Ruz-Barcenas que protagonizaba el gran Pedro Casablanc. Jordi Casanovas vuelve a destilar la verdad de un interrogatorio real, en este caso sobre una matanza que tuvo lugar en 1996 en Australia. En un escenario de verosímil grisura presidido por un reloj, dos policías interrogan despacio a un joven de melena rubia que responde con simpleza y parsimonia. No hay atisbo de cinismo en lo que dice. Más bien un ingenuo desvalimiento que solo la amnesia o la inocencia podrían explicar.  Joaquín Climent y Javier Godino están perfectos en los papeles de esos policías que nunca pierden los nervios pero en los que va aumentando la desazón. Y Adrián Lastra está superlativo en el registro que ha sabido darle a un personaje inolvidable con esa entonación casi melódica que inspira a la vez desagrado y empatía. Port Arthur tiene las hechuras del mejor teatro clásico pero alberga una propuesta hiperrealista. Y no solo por los magníficos trabajos de Jordi Casanovas, David Serrano y estos tres actores soberbios. También porque suscita una reflexión profunda sobre temas mayores como las grietas entre los hechos y los recuerdos, entre el delito y el delincuente o entre el crimen y el castigo. Así que ha sido un comienzo perfecto para este díptico necesario en torno al significado de la verdad procesal que esta noche se estrena en nuestro teatro.

viernes, 18 de enero de 2019

7 años

idea original de José Cabeza. Version y dirección: Daniel Veronese.
producción: Producciones Teatrales Contemporáneas.
con Juan Carlos Vellido, Daniel Pérez Prada,Eloy Azorín, Carmen Ruiz y Miguel Rellán.

18 de enero de 2019. Centro Niemeyer, Avilés. 80’ aprox.

Cuatro socios de una empresa tienen un grave problema con Hacienda. El delito que han cometido es grave y está penado con siete años de cárcel. Antes de que el lunes llegue la policía a detenerlos, uno de ellos podría asumir toda la culpa y entrar solo él en la cárcel. Pero decidir quién lo haría no les resulta fácil. Por eso han contratado a un medidador que les ayude.

El dilema es muy potente. Pone a prueba las relaciones entre los cuatro personajes y les obliga a enfrentar los conflictos entre la ética del merecimiento y la ética de las consecuencias. El quinto personaje sirve de contrapunto que objetiva y guía ese juego dramático. El texto tiene una estructura impecable y una cuidadísima atención a la verosimilitud del lenguaje. Veronese impone además un ritmo trepidante a las interacciones entre unos personajes que tienen la fortuna de estar encarnados por cinco actores soberbios. Todos clavan su carácter. Desde las presencias físicas y los ademanes hasta las maneras de enfrentarse al dilema tanto por la fuerza de sus discusiones como por la expresividad de sus silencios. Al parecer 7 años viene de las pantallas y fue la primera incursión en España de esa perversa máquina de secuestrar al público y a los artistas que se llama Netflix. Hoy esta obra ha llenado el auditorio del Niemeyer y ha demostrado una vez más que salir de casa y compartir emociones es algo que los humanos venimos haciendo con mucho agrado desde hace más de dosmil años en los teatros y desde hace más de un siglo en los cines. Una forma de vivir la ciudad y de sentir el arte mucho más gratificante y más humana que la aceptación acrítica de esa invitación diabólica a la vida monádica que nos ofrecen esos secuestradores de historias y de vidas que merecerían bastante más que siete años de condena.

viernes, 11 de enero de 2019

Kohlhaas

de Marco Baliani y Remo Rostagno. Basada en Michael Kohlhaas de Heinrich von Kleist. Dirección: María Gómez
Producción: NadaDeLirios.
con Riccardo Rigamonti.

11 de enero de 2019. Centro Niemeyer (Club), Avilés. 75’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer.

Miguel Kohlhaas era feliz criando caballos. Hasta que un noble canalla se queda con sus dos más hermosos zainos y los maltrata. Kohlhaas no conseguirá que se haga justicia. Así que desesperado se convertirá en bandolero y liderará un temible ejército popular por tierras de Germania.

Un actor italiano sentado en una silla nos cuenta la historia. Así de simple. Con palabras precisas y a veces poéticas. Con gestos ajustadísimos y nunca excesivos. Kohlhaas es un relato magnífico al que ni le sobra ni le falta nada para mantenernos en vilo. Y es que lo que hace Riccardo Rigamonti con este texto superlativo de Marco Baliani y Remo Rostagno (y de Heinrich von Kleist) no parece de este mundo. Sin levantarse nunca de su silla, con un hermoso acento italiano y una gestualidad mínima con resultados máximos consigue que veamos y cabalguemos los caballos de Kohlhaas, que le acompañemos por tierras de Germania, que comprendamos su ira tras la infamia y que entendamos los límites éticos a los que nos lleva una historia que es soberbia tanto por su extraordinaria elegancia formal como por el calado moral de una tragedia que tiene el aroma de los mejores clásicos. Kohlhaas es mucho más que un monólogo. Es un ejercicio asombroso de concentración interpretativa que ha conseguido que esta noche no hayamos estado en el club del Niemeyer. Hemos estado con un hombre que era feliz criando caballos y que sufrió lo indecible por tierras de Germania.

viernes, 21 de diciembre de 2018

Fedra

de Paco Bezerra. Dirección: Luis Luque.
producción: Pentación Espectáculos.
con Lolita Flores, Juan Fernández, Críspulo Cabezas, Eneko Sagardoy y Tina Sainz.

21 de diciembre de 2018. Centro Niemeyer, Avilés. 95’ aprox.

Mientras Teseo está ausente Fedra pierde la cabeza por Hipólito, pero el príncipe la rechaza. Despechada le dirá al rey que era él quien la asediaba

Sin referencia a Eurípides en los créditos del programa de mano (aunque sí en el comentario), esta Fedra se suma a esos montajes que se estrenan en Mérida habiendo sido diseñados para una gira muy larga. Se nota en ese escenario blanco con hendidura cavernosa y orgánica que en el Niemeyer queda tan bien, pero que en Mérida se une a ese tipo de montajes que acotan en exceso el espacio en el que se desarrolla el drama. El de esta Fedra se presenta como importante y rotundo pero no consigue emocionarme a pesar de que los cinco actores están impecables y de que las proyecciones y las músicas están muy bien ajustadas. Quizá sea porque esas voces amplificadas (en Mérida seguramente obligadas, pero aquí completamente innecesarias) restan verdad a los parlamentos de los intérpretes y hacen que uno eche de menos aquella emoción radical con que Lolita conmocionaba al patio de butacas en La plaza del diamante. Lo que le pasa a esta Fedra me llega mucho menos.


jueves, 20 de diciembre de 2018

Niue. Under the coconuts

texto y dirección: Maxi Rodríguez.
una producción de Escenapache
con Carlos Mesa y Alberto Rodríguez.

20 de diciembre de 2018. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 70’ aprox. Ciclo "Hecho en Asturias".
   
Soliloquios intercalados de dos hombres en una isla. Sobre la pareja, sobre la patria, sobre las redes sociales... Sobre todo lo que sirve para obviar la soledad.

Maxi Rodríguez tiene una escritura chispeante y agilísima. Los diálogos asturdianos (o cotirianos) que publica en La Nueva España tienen siempre la gracia de lo rabiosamente local. Y aquí la convierte en mundial no por el característico grandonismo astur sino porque los hilarantes diálogos existenciales entre los dos personajes que entretejen magníficamente Carlos Mesa y Alberto Rodríguez podrían ser comprendidos y disfrutados en cualquier lugar. Algo de Tip y Coll y algo de Jardiel son las resonancias que uno encuentra en el torrente de ocurrencias, entre absurdas y bien traídas pero siempre intencionadas, de estos personajes insulares empeñados en hacer perfecta la sintonía de sus logorreas. Niue. Under de coconuts es un divertimento para cualquier público que por momentos nos depara reflexiones selectas. Pero siempre con la coña propia de unos tipos que parecen la versión más aguda, hiperlocuaz e intrascendente de los naúfragos de Forges.


miércoles, 5 de diciembre de 2018

El declive

Autor: Nelson Valente. Dramaturgia, puesta en escena y dirección: Nelson Valente.
producción: Banfield Teatro Ensemble.
con Enrique Amido, Pachi Molloy, Carlos Rosas y Lide Urania.

5 de diciembre de 2018. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 65’ aprox.

Dos matrimonios maduros pasan juntos un domingo en casa de uno de ellos. Hay tedio y lugares comunes en sus conversaciones. También algunas confesiones imprevistas. Y momentos de crispación catártica que parece que podrían acabar con las dos parejas. Como seguramente pasará otra vez el próximo domingo.

Vivir en Avilés es un lujo si a uno le gusta el teatro. Esta maravilla de Nelson Valente que nos llega desde Buenos Aires solo se ha visto en la Villarroel de Barcelona, en Hospitalet, en Tarrasa y aquí. Y el azar ha hecho que forme un díptico perfecto con El amor menos pensado, la estupenda película de Juan Vera que reseñé ayer en el blog de cine y que, en tono dulce y burgués, nos presenta a otro matrimonio maduro de Buenos Aires que también vive el declive. El de estos cuatro personajes es mucho más áspero. El tono que Nelson Valente da a su historia es radicalmente hiperrealista. Y así consigue que sea tan importante lo que dicen (y da gusto escucharlos) como sus silencios (y asombra lo que consigue al prolongarlos). La suya es una maestría tan soberbia en la escritura, en la dirección escénica y en el trabajo con los actores que desde el primer minuto uno queda fascinado por lo que pasa en la intimidad de esos viejos amigos argentinos y no deja de asombrarse ni un segundo hasta que los actores salen a saludar y a recibir el largo y merecido aplauso. El patio de butacas acoge con sonrisas lo que a veces parece una comedia. Pero también ha sentido la aspereza, la hondura y lo revelador que resulta este espejo de la edad tardía que hoy ha puesto Nelson Valente en el escenario. Los cuatro actores están impresionantes siendo imposible imaginar más verdad y más calado en su trabajo. De hecho, uno siente que conoce y entiende a sus personajes desde hace mucho tiempo. Y eso es así porque Nelson Valente tiene una visión penetrante sobre las convivencias (y las sinvivencias) prolongadas y sobre los sobreentendidos (y los infraentendidos) cotidianos. Ya digo, es un lujo vivir en Avilés y poder sentir que en algunas noches de teatro uno también tiene la suerte de vivir en Buenos Aires.

viernes, 30 de noviembre de 2018

La culpa

de David Mamet. Versión: Bernabé Rico. Dirección: Juan Carlos Rubio.
una producción de Talycual.
con Pepón Nieto, Magüi Mira, Ana Fernández y Miguel Hermoso.

30 de noviembre de 2018. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 75’ aprox. Estreno absoluto.

Un psiquiatra que tenía como paciente a un joven que provocó una masacre está en el punto de mira mediático y judicial. Sobre él se ha publicado una información falsa en un periódico que solo le dejará en paz si escribe un artículo que no le beneficia. La abogada defensora del joven también le pide que testifique a su favor. Pero él se niega a las dos cosas. A pesar de que su mujer y un amigo abogado le recomiendan que atienda esas demandas y siga con su vida.

Los conflictos entre la deontología y la ética. Los límites y consecuencias de mantener la coherencia. De eso trata esta nueva obra de Mamet que hoy se estrena en Avilés y que al parecer es su primera versión fuera de Nueva York. La obligación del secreto profesional es algo que comparten los periodistas (no deben revelar sus fuentes), los abogados (no deben acusar a sus defendidos) y los psiquiatras (no deben revelar información sobre sus pacientes). En realidad, el secreto de estos últimos se parece mucho al de los sacerdotes y Mamet lo ha tenido en cuenta haciendo que, aunque no sea católico, este psiquiatra tenga querencias religiosas y esté muy interesado en la Torá. Muy acertadamente Mamet deja en fuera de campo a los medios y plantea un interesante triángulo entre el psiquiatra, la mujer y el amigo que Juan Carlos Rubio presenta muy bien haciendo que siempre esté escena el otro mientras el protagonista habla con cada uno de ellos. Pepón Nieto está estupendo en el papel del psiquiatra y ha conseguido que me olvide de lo poco que me gustó La comedia de las mentiras. También es impecable y bastante opresiva una escenografía con intensa iluminación que me ha recordado (para bien) a la de la Muñeca de porcelana. Nada extraño siendo el director Juan Carlos Rubio del que, además de aquella, se han visto aquí hace poco obras tan bien hechas como Sensible o Páncreas. Sin embargo, aunque los mimbres son muy buenos y Mamet me gusta mucho creo que no será esta la obra que más recordaré de él. Planteando menos dilemas me gustó mucho más Muñeca de porcelana y me parecieron mucho más intensos y penetrantes sus conflictos de otras obras suyas que hemos visto últimamente como Oleanna o La anarquista (Magüi Mira destacaba muchísimo más en aquel papel). Qué se le va a hacer. Quizá sea que esta noche yo esperaba demasiado o que no estaba tan receptivo. Así que no sé si la culpa será de Mamet o mía.

viernes, 23 de noviembre de 2018

Un cuerpo en algún lugar

Texto y dirección: Gon Ramos.
una producción de In Gravity.
con Fran Cantos y Luis Sorolla.

23 de noviembre de 2018. Centro Niemeyer (Club), Avilés. 65’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer.


Él la busca a ella. Lo desde hace un año, siete meses y once días en que salió de casa con la intención de encontrarla. Ella se fue tres días y dos horas antes. Él solo tiene como guía una carta que leyó a destiempo y una voluntad infinita de encontrar ese cuerpo  que para él es el de Dios. Él es un personaje. Y el otro nos sirve de mediador en los encuentros que va teniendo mientras la busca. 

Desde el ambigú del Pavón Kamikaze nos llega esta maravilla que ya se intuye memorable desde ese extraordinario preámbulo en el que Luis Sorolla nos anticipa el relieve de los subtextos y metatextos de esta búsqueda fragmentaria. Y es que Gon Ramos ha escrito un texto soberbio que con una escenografía mínima (unas sillas y unas marcas en el suelo) cautiva al cerebro y al corazón. Porque Un cuerpo en algún lugar es toda una lección de buen hacer teatral. Desde la cadencia de la escritura hasta esas transiciones que uno no sabe si suceden en el escenario o en la cabeza. Todas las escenas son fascinantes pero algunas tienen una intensidad superlativa. Por ejemplo, la lectura telefónica de esa carta que es hilarante y a la vez dramática hasta la lágrima. Gon Ramos es extraordinario escribiendo (tengo que encargar ya el libro) y dirigiendo, pero Un cuerpo en algún lugar es también teatro mayúsculo porque está interpretado por dos genios que transmiten toda la fuerza de un viaje que es íntimo y desangelado a la vez. Fran Cantos borda ese papel doliente del hombre que busca y Luis Sorolla maneja extraordinariamente todos los registros: desde la persona que al comienzo nos habla sin cuarta pared hasta esos personajes con los que consigue que veamos a una madre solo con un texto neutro, a una adolescente solo con un gesto o a un camarero español solo con sus movimientos por este escenario/ambigú del Niemeyer/Kamikaze. Así que uno sale queriendo saber más de toda esta gente. Del personaje del hombre que busca. De los anteriores trabajos de Fran Cantos y Luis Sorolla. Y también del singular mundo teatral de Gon Ramos, de quien quiero ver todo lo que haga. También ese Yogur|Piano que precedió a esta obra extraordinaria.

sábado, 10 de noviembre de 2018

La Strada

obra de Federico Fellini. Adaptación: Gerard Vázquez. Dirigida por: Mario Gas.
una producción de José Velasco.
con Verónica Echegui, Alfonso Lara y Alberto Iglesias.

10 de noviembre de 2018. Centro Niemeyer, Avilés. 95’ aprox. Estreno absoluto.

Gelsomina, Zampanó y El Loco. Ella sufre la aspereza del primero y queda fascinada por la alegría del segundo. Son vagabundos del circo que se encuentran y desencuentran en las carreteras italianas de posguerra. Un drama poético sobre tres seres humanos a la intemperie.

Lo fácil (y estúpido) era recuperar la historia de Fellini a la luz de los tópicos del maltrato de género: la víctima, el bueno y el maltratador. Interpretar así La Strada sería no entender nada de la película. Es verdad que hay en ella dos masculinidades contrapuestas y una mujer desvalida. Pero si La Strada fue (y es) una gran película no es por eso, sino por su inmenso calado existencial y poético. Lo bronco, lo tierno, lo irónico, lo triste, lo vital, lo efímero y lo eterno. De eso va la película de Fellini y eso es lo que muy acertadamente ha rescatado Mario Gas en esta obra no apta para todos los públicos. La cadencia es demorada y elegiaca. Como corresponde a esa mirada triste sobre el circo que tenemos quienes considerábamos insufrible su alegría impostada porque intuíamos que era solo la máscara con que se ocultaba la pobreza. Y es ese imaginario tácito el que Mario Gas sabe aprovechar para crear el contexto de estos tres personajes que están magnificamente interpretados por Verónica Echegui, Alfonso Lara y Alberto Iglesias. Estando muy bien los tres, me ha gustado especialmente el tono que le ha dado ella al de Gelsomina, muy  distinto al que en la película interpretaba Giulietta Masina pero no menos intenso y apropiado. La Strada de Mario Gas ha contado también con una estupenda adaptación de Gerard Vázquez que ha tenido el acierto de rescatar todas las perlas poéticas del guión de la película haciendo que brillen especialmente en esta obra contenidísima, tristísima y a la que le viene muy bien el espacio del Niemeyer para subrayar el desvalimiento existencial de estos tres seres casi arquetípicos. Como era de esperar, la escenografía es muy oportuna con ese carromato con ciclomotor y esos tres arcos que parecen esqueletos circenses o puentes de luces cinematográficas desde los que unas pantallas proyectan evocaciones pseudofellinianas que dialogan espléndidamente con el contenido de cada escena. Así que, un año después de aquel encuentro delicioso que compartimos en el Palacio Valdés con José María Pou, ha sido un placer tener nuevamente en Avilés a Mario Gas y poder disfrutar con un nuevo estreno suyo. Seguramente su Strada exige del público bastante más que otras obras. Pero también pasa eso con la película de Fellini.

domingo, 21 de octubre de 2018

Bodas de sangre

de Federico García Lorca. Dirección: Oriol Broggi.
una producción de La Perla 29.
con Clara Segura, Nora Navas, Ivan Benet, Pau Roca, Montse Vellvehí y Anna Castells
Músicos: Joan Garriga, María Roch y Marc Serra
. 

21 de octubre de 2018. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 120’ aprox.

La novia, el novio, la madre y el otro hombre. Los muertos, la boda y la huida. El caballo, los cuchillos y la luna. Son las bodas de sangre.

La música en directo le viene bien a este drama poético. Pero la puesta en escena resulta demasiado plana. Se echan en falta más contrastes. Más día y más luna. Más luz y más definición de los espacios. Nora Navas está muy bien en el papel de la madre, pero el de la novia debería tener más sensualidad. La película de Paula Ortiz no me había gustado nada. Pero justo por los motivos contrarios: luz cegadora, esteticismo pretencioso, sensualidad extrema. Supongo que en el justo medio estaría lo mejor. Porque de lo que se trata es de destacar la intensidad poética del texto de Lorca y eso no lo conseguía aquella película que casi la obviaba ni esta obra que, respetándola, no consigue transmitir la emoción de este drama.

sábado, 20 de octubre de 2018

Sindrhomo

una pieza diogénica de Laia Cárdenas. Dirección: Xavo Giménez.
producción: La Teta Calva.
con Merce Tienda, Manuel Valls y Leo de Bari.

20 de octubre de 2018. Centro Niemeyer (Club), Avilés. 75’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer
.


Rómulo vive encerrado en su casa y en sus obsesiones. Y acumula todo lo necesario para preparar la defensa del apocalipsis que nos acecha. Su hermana Gloria viene a verlo y quiere convencerlo de que vendan la casa. Ella ha perdido el trabajo, el marido y casi todo lo demás. Son dos seres desvalidos que aún no han superado la desaparición de la madre. La presencia consoladora de un travesti argentino les ayudará a pasar la Navidad. Y a atreverse a cumplir los planes de Rómulo. 

Heroicidades íntimas en tiempos de desahucios. Retrato triste de unos seres que buscan la redención. Todo es sencillamente impecable en Sindrhomo. El tierno retrato del desvalimiento en un texto magnífico que sabe dosificar su notable carga  poética. Las extraordinarias interpretaciones de estos tres actorazos que saben dar vida a unos seres para los que el desahucio es más que inmobiliario. La cadencia de una historia en la que la angustia paranoide del hermano tiene su correlato en el descarrilamiento vital de la hermana, pero encuentra alivio (para los personajes y para el espectador) en la llegada del alegre y amable ángel de la guarda que compone ese maternal y argentinísimo travesti. Sindrhomo es otra joya que nos llega al off del Niemeyer en el comienzo de una temporada que se promete magnífica una vez más. Con el extraordinario texto de Laia Cárdenas, la oportunísima dirección de Xavo Giménez y las impresionantes interpretaciones de Merce Tienda, Manuel Valls y Leo de Bari asistimos a un nuevo ejemplo de esta corriente que últimamente nos depara obras de altísima calidad en las que el desamparo motiva propuestas tan sobresalientes como La abducción de Luis Guzmán de Pablo Remón, Sé de un lugar de Iván Morales o Nada que perder de Javier G. Yagüe. Las derivas vitales en estos tiempos desahuciadores son una de las características que comparten estas obras que parecen adscribirse a la poética de la amargura, quizá una nueva corriente teatral que también tiene en la pérdida de las figuras parentales otra de sus notas compartidas (La abducción, Inconsolable de Javier Gomá y, por supuesto, este Sindrhomo). Una tendencia esta que también parece tener cierta presencia en la literatura de autoficción (El mundo de Juan José Millás, Ordesa de Manuel Vilas o, en otro sentido, El balcón en invierno de Luis Landero). Así que cada vez resulta más claro que para estar al día en las tendencias teatrales más interesantes del panorama independiente español no parece mala cosa seguir con atención la programación de este off de nuestro querido Centro Niemeyer (al que, por cierto, hoy le dedica Manuel Vilas un hermoso artículo en El País).

sábado, 29 de septiembre de 2018

La golondrina

texto: Guillem Clua. Dirección: Josep María Mestres.
producción: Lazona.
con Carmen Maura y Félix Gómez.

29 de septiembre de 2018. Centro Niemeyer, Avilés. 90’ aprox.

Un joven va a casa de una mujer madura que da lecciones de canto. Quiere ensayar La golondrina, la canción que ella le enseñaba a su hijo Daniel muerto hace un año en un atentado terrorista. También es la canción que este joven aprendió de él. Ella no lo conocía. Tampoco sabía que los dos iban a casarse. 

Un año más estrenamos temporada y abono con localidades estupendas: fila tres en el Niemeyer y fila seis en el lateral izquierdo en el Palacio Valdés. La golondrina es un drama, escorado al melodrama, que conjuga tres temas bastante frecuentados últimamente: la relación paterno filial, la salida del armario y el terrorismo. Sobre lo primero, vimos ayer dos películas, Girl y Searching (las comento en el otro blog) centradas en la relación entre un padre y una hija. Aquí es una madre la que sufre la ausencia del hijo con una Carmen Maura  en un papel doliente y contenido y un Félix Gómez interpretando al joven que ha de desvelarle la verdad sobre ese tercero cuya pérdida les une. Si el drama de la ausencia no resulta muy novedoso, la vertiente LGTB de la historia es aún más tópica (nada que ver, por ejemplo, con aquellos Juguetes rotos de Carolina Román que vimos en enero en el Palacio Valdés) y casi resulta molesta cuando se vincula nada menos que con un imaginario atentado homófobo con cincuenta muertos en España. De hecho, venía a ver esta obra pensando que podría tener algo que ver con el tema de La mirada del otro, aquella soberbia propuesta de María San Miguel y Chani Martín que vimos hace tres años en el off que resultaba aleccionadora y emotiva hasta la lágrima. Carmen Maura (a la que no vemos en el teatro) tiene un papel menos lucido que el de Félix Gómez (al que vimos  en Mérida el pasado mes de julio en el Filoctetes de Antonio Simón y también allí hace dos años en el Alejandro Magno de Luis Luque). En todo caso, los dos están bien en esta obra que hoy ha llenado el auditorio del Niemeyer pero que tiene una puesta en escena muy poco arriesgada y bastante monocorde. Así que no va a ser difícil que veamos cosas mejores en Avilés en esta temporada. Para empezar el estupendo Calígula de Mario Gas que vendrá al Palacio Valdés la semana próxima y que nosotros ya pudimos disfrutar el año pasado en Mérida.


viernes, 24 de agosto de 2018

Un tercer lugar

texto y dirección: Denise Despeyroux.
una producción del Teatro Español.
con Íñigo Rodríguez-Claro, Vanessa Rasero, Giovanni Bosso, Sara Torres, Pietro Olivera y Denise Despeyroux.

24 de agosto de 2018. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 110’ aprox.

Quince escenas numeradas y tituladas. Siempre con dos personajes. Casi siempre un hombre y una mujer. Son tres hombres y tres mujeres que podrían enamorarse, que quisieran enamorarse o que ya están enamorados. Dos de ellos son hermanos. Y los seis comparten desvaríos sobre el amor.

Denise Despeyroux nos desvela muy en serio las leyes generales del amor bilateral. Por eso reivindica un tercer lugar. Hoy volvemos a ver a esta excepcional dramaturga en Avilés en todos sus modos de practicar el teatro. Como autora de un texto extraordinario. Como directora de una obra que es un modelo para armar y como actriz que se expresa en un registro dulcísimo y perfecto que será difícil olvidar. Como siempre, nos presenta unos personajes algo neuróticos, locuaces, y tiernos (tiernísimos hoy) que parece que no debemos tomar muy en serio. Igual que todo lo que dicen, que aparentemente oscila entre las leves ironías filosóficas aptas para todos los públicos y la comicidad inteligente de una autora que domina como nadie el arte de tejer palabras banales en diálogos sorprendentes que ponen al cerebro del espectador en permanente modo sonrisa. Sin embargo, tras esa apariencia juguetona el universo Despeyoux se toma muy en serio sus leyes y, en este caso, entra a fondo en las que tienen que ver con el amor. Por eso nos hace intuirlas de manera oblicua. Mostrando en esta Rayuela con base en Usera un juego en el que las partes son deliciosas y el todo es más que su suma. Cada escena es un corto o un cuento perfectamente acabado que se integra en un todo que nunca lo está. Que deja al espectador con ganas de leer el texto (por suerte han traído esta noche el libro) y comprobar que el universo Despeyroux es más bien un multiverso lleno de agujeros nada negros por los que se conectan los personajes, sus palabras y lo que pensamos nosotros mientras los escuchamos divertidos. Solo por ese monólogo magnífico de ella en la carta de la penúltima escena ya sería memorable Un tercer lugar. Un lugar que de forma tan sosegada se intuye en la siguiente escena, ese último cuadro bilateral en el que uno lamenta que esta Rayuela solo tenga quince casillas. Con Un tercer lugar ya hemos visto en Avilés cuatro de las obras de Denise Despeyroux (y nosotros dos más en Madrid). Desde que estrenó el off del Niemeyer con aquella magnífica historia, también bilateral, que era La realidad, siempre queremos que vuelva a Avilés. Ojalá que podamos ver pronto aquí el estreno de alguna de las maravillas de su universo.