de Lope de Vega. Versión y dirección: Laila Ripoll.
una producción de la Compañía Nacional de Teatro Clásico.
con Elisabet Altube, Arantxa Aranguren, Clara Cabrera, Javier Díaz Gil, Carlos Jiménez Alfaro, Sandra Landín, David Lorente, Teo Maiztegi, José Luis Martínez, Gerardo Quintana, Mateo Rubistein. Víctor Sáinz y Jorge Varandela.
11 de julio de 2026. Teatro Adolfo Marsillach, 49º Festival de Almagro. 120’ aprox.
Por encargo de Alonso, la vieja Fabia entrega una carta a Inés. Un breve encuentro entre los dos ha hecho que el sentimiento de amor sea compartido. Sin embargo, la insistencia de Rodrigo por casarse con ella les pone las cosas difíciles a los dos. Incluso después de que, en una fiesta taurina, el noble Alonso le salve la vida a Rodrigo que, lleno de odio y celos, cuando aquel regrese de noche a Olmedo para ver a sus padres, lo espera en el bosque en compañía de otros para asesinarlo.
En El animal de Hungría Lope se anticipó en más de dos siglos a consideraciones sobre lo humano propias de Rousseau. Y Laila Ripoll ha entendido con acierto que en El caballero de Olmedo, sobre todo en su tercer acto, hay barruntos de la estética que tres siglos después caracterizaría al romanticismo. Ella misma lo expresa en el programa de mano y es ese el aspecto más destacado de la forma en que plantea su versión de este gran clásico. El vestuario es claramente decimonónico, pero lo que define especialmente a esta propuesta es un escenario rotundo en el que, con apenas unos grandes telones verticales y unas veladuras delanteras, consigue dar un magnífico aire espectral a muchas de las escenas. Las proyecciones resultan fantasmagóricas y es impresionante el aspecto neblinoso que, ya desde el primer monólogo, aportan a la obra, siendo cruciales en la escena del encuentro con la sombra y luego de la celada en el bosque. No obstante, el contrapunto perfecto a ese tono sobrecogedor y sombrío está en la escena de la fiesta que precede al gesto heroico de Alonso salvando a su adversario. Ese cuadro sigue siendo decimonónico, pero con un alegre aire goyesco, muy intenso y musical, que recuerda la fuerza con que, en este mismo espacio, Rakel Camacho presentó hace un año su versión de Fuenteovejuna. Por lo demás, la dramaturgia de Laila Ripoll es respetuosa con el texto de Lope y aporta un tratamiento de los personajes muy correcto en el que las interpretaciones son clásicas, pero muy convincentes y están muy entonadas por todo el elenco.
