miércoles, 27 de marzo de 2019

Playoff

texto: Marta Buchaca. Dirección: José Luis Arellano García.
producción: La Joven Compañía.
con Raquel Arroyo, Cristina Bertol, Neus Cortès, Ana Escriu, Yolanda Fernández, Cris Gallego, Helena Lanza, Laura Montesinos, María Romero, María Valero y Cristina Varona.

27 de marzo de 2019. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 90’ aprox.


Siete jugadoras de fútbol. Las vemos en el campo durante un partido fundamental y también en el vestuario hablando de sus cosas. Cosas de mujeres que se dan cuenta de lo mucho que sufren por su género mientras participan en el deporte más machista. Varias de ellas son felices con amores homosexuales que serían impensables si se tratara de jugadores de fútbol masculino, ese espectáculo homófobo y obsesivo que tiene abducida a tanta gente.

Por tercer año consecutivo se organizan en el Palacio Valdés sesiones matinales de teatro para escolares en esta estupenda iniciativa municipal llamada Aulas a Escena. Y por tercer año viene a Avilés La joven compañía, ese proyecto madrileño que con tanta ambición e intensidad demuestra el buen hacer de tantos intérpretes jóvenes en montajes de mucha calidad. Nosotros nos hemos comprometido con este proyecto avilesino  desde el principio y a la función de hoy hemos traído a unos doscientos alumnos de doce y trece años a los que la obra no ha defraudado. Al contrario, a muchos de ellos les ha impresionado la naturalidad con que se dicen y se hacen algunas cosas en el escenario. Ritmo trepidante, texto acelerado y puesta en escena bien pensada son los mimbres perfectos para cautivar a un público juvenil con una historia que también podría gustar a buena parte del público adulto. Es verdad que hay demasiadas historias en esta historia y que el aparente compromiso con la verosimilitud en el lenguaje no es coherente con la cantidad de elementos que casi saturan una obra se desarrolla prácticamente en tiempo real. Pero son pequeñas pegas que le pone el espectador curtido, no quien valora por encima de todo lo importancia de que los jóvenes llenen nuestro precioso teatro, disfruten y se impresionen por lo que pasa en el escenario y, tras la función, hagan mil preguntas a esas jóvenes actrices que han estado tan estupendas. Así que ha sido una magnífica manera de celebrar que hoy es el día mundial del teatro.

lunes, 18 de marzo de 2019

Una habitación propia

de Virginia Woolf. Versión para la escena y dirección: María Ruiz.
producción: Clara Sanchís.
con Clara Sanchís.

16 de marzo de 2019. Teatro Jovellanos, Gijón. 85’ aprox.

Virginia Woolf nos dará una conferencia. Pero no se quedará sentada, ni tampoco hablará desde un atril. Se moverá libremente por el escenario y a veces tocará el piano. Y durante casi hora y media nos hablará con la pasión propia de quien sabe que las mujeres necesitan dos cosas para ser libres: dinero para no depender de nadie y una habitación propia para crear.

Tenía pendiente leer este ensayo imprescindible de Virginia Woolf. Tras los magníficos libros de Remedios Zafra (Una habitación propia conectada, (h)adas, El entusiasmo y Ojos y Capital) sabía que Una habitación propia era una referencia fundamental. Así que le debo a esta obra la urgencia de ir a Clarín para comprarme la bonita edición de Austral Singular y leer con avidez el libro antes de ir al Jovellanos esta tarde. Una habitación propia no es solo un extraordinario ensayo feminista. Es una lección inigualable sobre literatura y pensamiento. Una reflexión diáfana y profunda que trata a la vez de la escritura, la lectura y la crítica. Es un texto imprescindible de, sobre y para mujeres. Pero también es una lectura inexcusable (mea culpa por haber esperado tanto) para hombres y, como ella misma dice, para los infinitos sexos que aún harían más perfecta la diversidad humana. Así que, ante un ensayo de este calibre, el reto de llevarlo al teatro es descomunal. Sobre todo porque lo que se supone que espera el espectador es principalmente un discurso feminista accesible. Sin embargo, lo que ofrece Virginia Woolf es mucho más. Por eso, aunque nada tengo que reprochar al trabajo de Clara Sanchís, me parece que el tono que se le da al personaje al escenificar con cierto detalle el primer capítulo hace que el soliloquio de alto calado reflexivo que contiene el resto del libro quede bastante mermado en una obra en la que las referencias literarias se reducen a Shakespeare y en la que el centro de gravedad del discurso se queda en los pasajes más accesibles y reivindicativos. Así que no me ha extrañado el escaso interés del coloquio, lleno de tópicos, que siguió a la obra. Solo las intervenciones de Clara Sanchís y las preguntas de las alumnas de la ESAD resultaron interesantes. Pero, se vaya a ver o no esta obra, lo que recomiendo es leer (o releer) cuanto antes Una habitación propia de Virginia Woolf. Asombrará a quien, como me pasaba a mi, aún tenga pendiente esa lectura. Y dará mucho que pensar de nuevo a quienes lo hayan leído hace tiempo.

viernes, 15 de marzo de 2019

La gaviota

autor: Antón Chéjov. Dramaturgia y dirección: Etelvino Vázquez. 
producción: Teatro del Norte
con Cristina Lorenzo, Cristina Alonso, David González y Etelvino Vázquez.

15 de marzo de 2019. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 90’ aprox. Ciclo "Hecho en Asturias".

Encuentros estivales e invernales entre cuatro personajes cerca de un lago. Son una actriz famosa, su hijo que aspira a renovar el teatro, su amante que es un escritor de éxito y la novia del escritor joven que también quiere ser actriz y se enamora del escritor mayor. Son Irina, Konstantin, Trigorin y Nina. A los cuatro los une el teatro, el lago y esa gaviota a la que da muerte el joven Konstantin.

Etelvino ha reducido a cuatro personajes los trece del texto de Chéjov y, a decir verdad, la obra se resiente. Se pierde sobre todo la compleja simetría de los amores transitivos que son uno de los ejes de La gaviota. De hecho, se reformula significativamente el tramo final de la obra que en buena parte debería ser protagonizado por personajes que aquí no están. Con buen criterio, Etelvino no ha querido prescindir de la reflexión sobre la creación literaria y el teatro que, en cierto modo, es el corazón de la obra. Sin embargo, al trufar el texto de referencias a Hamlet le da más relevancia al personaje de Konstantin y eso desequilibra el conjunto. Sobre todo porque, aunque el personaje en parte lo pide, la intepretación de David González es excesivamente enfática y hace parecer que La gaviota se centra principalmente en ese drama personal cuando la obra de Chéjov es mucho más compleja. Por lo demás, aunque la puesta en escena es demasiado sobria me ha gustado la oportuna contención con que Etelvino interpreta su personaje y el buen hacer de Cristina Lorenzo (ya nos tiene acostumbrados) y de Cristina Alonso en los papeles de esas dos actrices que ven su profesión desde momentos vitales tan distintos. La propuesta de Etelvino tiene, además, otro problema: compite en mi memoria con la estupenda versión cinematográfica que dirigió Michael Mayer el año pasado. 

domingo, 10 de marzo de 2019

Los días de la nieve

Autor: Alberto Conejero. Director: Chema del Barco.
Producción: Compañía de Rosario Pardo.
con Rosario Pardo.
10 de marzo de 2019. Centro Niemeyer (Club), Avilés. 65’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer


Una modista madura está rematando un vestido de color azul como el mar. Mientras lo termina le va contando cosas de otros tiempos a la mujer que se lo ha encargado. La modista es Josefina Manresa, la viuda de Miguel Hernández.

Ayer en El País Marcos Ordóñez ponía por las nubes a La geometría del trigo, la última obra de Alberto Conejero. Y esta mañana Pepa Fernández lo entrevistaba desde Jaen en Radio Nacional. Hablaron de esa obra, de su contribución a La comedia sin título de Lorca que dirigió hace poco Lluis Pascual y también de los Los días de la nieve, el estupendo monólogo en el que Rosario Pardo ha puesto voz, gesto y sentimiento a las palabras con las que Alberto Conejero evoca a Miguel Hernández desde los recuerdos de su viuda. Los días de la nieve cuenta con un tema, una atmósfera y un texto que me han hecho pensar en La voz dormida, la magnífica versión escénica de la novela de Dulce Chacón que vimos el año pasado en esta misma sala. El texto combina el calado poético pretendido con la sencillez de la oralidad posible de la viuda del poeta malogrado. Pero ese entretejimiento perfecto solo es posible por el impecable trabajo de Rosario Pardo en el que importan tanto sus ademanes y lo que hace con las telas como las palabras que le dice a ese otro personaje invisible que convierte este soliloquio en una confesión. Una excelente actriz para un texto notable de un autor en un gran momento. Buena combinación para explorar el legado de aquel poeta enamorado desde la voz despierta de su viuda. 

sábado, 2 de marzo de 2019

Suaves

Dramaturgia, dirección y espacio escénico: Gon Ramos.
con Esther Ortega y Carolina Yuste

2 de marzo de 2019. El Pavón Teatro Kamikaze (ambigú), Madrid. 80’ aprox.

Una madre y una hija aisladas del mundo. El padre es una ausencia de azúcar a la que ellas aluden con ansía y melancolía. Son dos seres desvalidos y conjugados que mantienen una relación casi animal de presión, protección, dulzura y ahogo.

La magnífica impresión de Un cuerpo en algún lugar nos hizo querer venir al ambigú del Pavón Kamikaze en este fin de semana madrileño para ver la última función de esta nueva obra de Gon Ramos. La atmósfera es íntima y recogida. La relación entre esa madre y esa hija tiene algo de animal pero también es radicalmente humana (sobre todo por el hiperrealismo de algunos de sus diálogos o más bien interacciones). Sin embargo, Suaves se queda en la abstracción de esa atmósfera, en el destilado de una relación que se pretende arquetípica pero que una vez formulada parece necesitar un mayor desarrollo. A la obra quizá le faltan hilos conductores para que el espectador pueda asirse y entender mejor sus claves. Y si no se pretende plantear un relato entonces quizá vendría bien multiplicar y modular los momentos de hondura poética (que los tiene) para que el conjunto resulte más cautivador. El magnífico recuerdo de Un cuerpo en algún lugar seguramente nos hacía esperar más de esta obra (y no era nada fácil mejorar lo logrado en aquella). En todo caso, habrá que estar atentos a los próximos trabajos de Gon Ramos, un autor de querencias existenciales capaz de crear atmósferas elusivas con intensidades notables.

viernes, 1 de marzo de 2019

Hermanas (Bárbara e Irene)

texto, dirección y espacio escénico: Pascal Rambert.
una producción de Diletante Producciones y Buxman Producciones para El Pavón Teatro Kamikaze.
con Irene Escolar y Bárbara Lennie.

1 de marzo de 2019. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 85’ aprox
.

Irene viene al escenario en el que Bárbara va a dar una conferencia. Llega con una maleta y muchos reproches. Su hermana también los tiene para ella. Será una contienda radical y especular entre las dos.

Un escenario sin estructura. Preparado para un combate a cuerpo limpio entre dos mujeres bajo veinticuatro fluorescentes sobre un suelo blanco. Es un espacio indefinido como el de las contiendas de La Clausura del amor y Ensayo. Aquí son dos hermanas las que empuñan palabras y recuerdos. El teatro de Rambert es el del reproche que hiere porque va directo al cerebro desde las entrañas. O porque sale del cerebro para dañar las entrañas, tanto da. Es teatro que explora los límites de la oralidad. Por eso, aunque la lectura previa del texto conmueve y anticipa, lo que (se) dicen Bárbara e Irene va más allá de lo que se puede describir escribiendo. Rambert y ellas lo saben y aprovechan la hondura y la velocidad propia de la riña tras la muerte de una madre  para explorar los límites de la confrontación humana y de esa lengua hermana (que no materna) que Irene quiere atacar para destruir el mundo de Bárbara. La confrontación entre las hermanas será también la de la forma en que ellas recuerdan la relación con sus padres. Una pugna especular que tiene su contrapunto en esa síntesis portentosa que es la intensísima (y emotiva hasta la lágrima) intervención final en la que Irene integra sus palabras y las de su hermana a través de la voz de esa madre que, desde la lucidez amnésica, termina reclamando la noche. Dentro de muchos años podré decir que fui uno de los afortunados que vio a Bárbara Lennie y a Irene Escolar interpretando las Hermanas del gran Pascal Rambert.

sábado, 23 de febrero de 2019

El precio

de Arthur Miller. Dirección: Silvia Munt.
una producción de Bitò.
con Tristán Ulloa, Gonzalo de Castro, Eduardo Blanco y Elisabet Gelabert.

23 de febrero de 2019. Centro Niemeyer, Avilés. 115’ aprox.

En el viejo desván de la casa del padre, Víctor y su mujer hablan sobre la posibilidad de jubilarse con lo que saquen de la venta de los muebles que allí se amontonan. Están esperando a que llegue el tasador y quizá también el hermano. Víctor es un policía que detesta un trabajo que tuvo que asumir para ocuparse de su padre. Su hermano es un cirujano de éxito al que hace dieciséis años que no ve y que se alejó muy pronto de ellos. El tasador que llegará es un anciano muy orgulloso de su ética que ofrece a Víctor un precio moderado. El encuentro entre los hermanos será la ocasión para los reproches sobre los motivos del desencuentro de tantos años.

El valor de los objetos familiares. El peso del pasado en las encrucijadas vitales. Las coartadas que justifican las inercias de la vida. La posibilidad de una relación fraterna tras la desaparición del padre. La abnegación y la independencia como máscaras del victimismo y la desidia. De todo eso y de mucho más trata El precio, un texto excelente de Arthur Miller al que no se le nota que ya ha cumplido cincuenta años porque de lo que trata es de algo tan intemporal como las relaciones familiares. El espacio de un desván tan abigarrado como desangelado, tan clásico como abstracto, es el lugar ambiguo en el que Silvia Munt confronta a esos cuatro personajes en torno a los recelos entre los dos hermanos y a la culpabilizadora relación con un padre cuya ausencia está impecablemente presente en la centralidad de un sillón vacío. El diálogo inicial entre Víctor y su mujer nos coloca ante la encrucijada que plantea una jubilación decidible (y ante el desasosiego de una mujer lúcida con una vida vicaria). La llegada del tasador, casi desde el otro lado de la jubilación, pone a los objetos en el centro de atención con motivo de su precio, del desequilibrio entre su valor de (des)uso y su valor de cambio. Y también nos hace pensar en la temporalidad de las cosas y de las vidas. Son dos preámbulos perfectos para el verdadero combate entre esos hermanos que en este reencuentro tendrán un espejo en el que contemplar sus miserias y las justificaciones que han ido construyendo para considerar asumibles los rumbos de sus vidas. El texto es excelente y la dirección, precisamente por contenida, también es perfecta. Pero El precio no sería la magnífica obra que hemos visto esta noche si no estuvieran tan impecables sus cuatro actores. Elisabet Gelabert, que ha sabido dar el tono justo a un personaje quizá menor, pero que sirve al espectador de observador participante y de contrapunto en el combate entre estos hermanos. Gonzalo Castro, que con un peinado, un traje y unos ademanes tan bien modulados nos ha hecho olvidarnos del actor para ver a ese americano de éxito desbordante y culpabilidad a buen racaudo. Tristán Ulloa, que con elegante e impertinente uniforme de policia ha conseguido expresar magníficamente la desazón y la amargura de un personaje que se sabe o se pretende tierno. Y, por supuesto, Eduardo Blanco, un portento de voz y gestualidad que consigue que veamos a ese impresionante anciano razonable que a algunos no ha recordado (solo en el físico) a un Gustavo Bueno resucitado y desmejorado. El precio es, en suma, un texto clásico propicio para una puesta en escena de maneras clásicas y para un pugilato actoral también muy clásico. Es cierto que los mimbres clásicos no son garantía de nada. Pero Arthur Miller y Silvia Munt han demostrado esta noche que tampoco son ningún inconveniente para el mejor teatro.

viernes, 22 de febrero de 2019

Bojiganga

dirección y texto: Sergio Gayol.
una producción de Teatro del Cuervo
con Bárbara Rodríguez, Alejandro Hidalgo, Ángela Tomé, Lidia Méndez y Paula Del Estal.

22 de febrero de 2019. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 90’ aprox. Ciclo "Hecho en Asturias". Estreno absoluto.

Bojiganga es uno de los tipos de compañías de teatro que deambulaban por España en el Siglo de Oro. Cuatro actrices y un actor apasionados por el teatro pero sin ningún éxito hasta ahora deciden inventarse una Bojiganga y recrear el repertorio clásico para probar suerte por España. Con la ayuda de textos de Lope de Vega, Calderón y Cervantes (también de Molière y de Shakespeare) intentarán darse a conocer más allá de las redes sociales. Concretamente en Zaragoza, Valladolid, Sevilla y Madrid. 

Con siete palieres de madera, unos vestidos más o menos de aquella época y muchas ganas de hacerlo bien, los del Teatro del Cuervo van hilvanando las cuitas habituales en los teatreros de ahora con los textos y las maneras del teatro clásico español. Hay mucho esfuerzo y buenas ideas en esta Bojiganga apta para todos los públicos (de hecho, les encantó a algunos de mis alumnos que, tras el éxito de las invitaciones a los ensayos generales de los últimos estrenos nacionales, se han animado a pagar su entrada y venir al teatro otra vez). En esta Bojiganga hay intención de contagiar siempre estusiasmo desde el escenario hasta la última fila del patio de butacas. Es evidente que esta hora y media de textos clásicos trufados de gracietas contemporáneas (o al revés) podrá dar bastante juego en las campañas escolares porque combina muy bien las risas que a buen seguro despertará entre los alumnos con la buena conciencia de esos profesores que necesitan justificación curricular para llevarlos al teatro. En este sentido, Bojiganga es una propuesta interesante y, aunque no pueda compararse con las maravillas ronlaleras, tampoco tiene nada que ver con cosas como la que nos encontramos hace tres semanas en Torrelavega.  

viernes, 15 de febrero de 2019

Copenhague

de Michael Frayn. Dirección: Claudio Tolcachir.
Producciones Teatrales Contemporáneas.
con Emilio Gutiérrez Caba, Carlos Hipólito y Malena Gutiérrez.

15 de febrero de 2019. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 90’ aprox. Estreno absoluto.

En 1941 Heisenberg visitó a Bohr en Copenhague. Era el reencuentro entre dos amigos, así que bien pudo ser una reunión entrañable. Pero Dinamarca había sido ocupada por los alemanes, así que aquella reunión también pudo enfrentar a dos hombres que tuvieron cierto papel en la carrera por desarrollar la bomba atómica. No es posible determinar exactamente la posición de cada uno en esa contienda ni la velocidad con que el resultado de esa reunión pudo condicionar sus trayectorias posteriores. Así de complejo pudo ser aquel encuentro  en la ciudad que había dado nombre a su interpretación de la mecánica cuántica.

Complementariedad e incertidumbre. Ese también podría ser el título de una obra que trata de ética y de ciencia, de historia y de política, del poder y los límites del conocimiento. Pero Copenhague también trata de las relaciones discontinuas entre dos amigos en bandos enfrentados. De la lealtad y los recelos. De lo que une a un discipulo y a un maestro y de los instantes cruciales que pueden separar para siempre a un padre de un hijo. Y para que la observación de ese sistema inestable sea posible, también está en el escenario la mujer de Bohr, interpretando y modulando las interferencias entre estos dos seres que hablan de electrones casi desde el punto de vista de Dios. Ambos estaban empeñados en conocer y manejar todas las variables, pero también obligados a asumir su responsabilidad sobre el destino de muchos seres humanos. Una situación comparable a la del joven que ha de decidir en un instante su trayectoria mientras esquía o a la del padre que ha de lanzar un salvavidas al hijo que se está ahogando. Complementariedad e incertidumbre. Copenhague es una recreación tan compleja como diáfana sobre lo que pudieron decir y pensar aquellos dos titanes de la ciencia en un baile argumental a cuyo disfrute hemos sido invitados. Una danza armoniosa entre dos seres que compartieron un pasado y cuyas decisiones determinaron un futuro en el que no volverían a encontrarse. Desde más allá de sus vidas, regresan a aquel encuentro en Copenhague para preguntarse una y otra vez por lo que allí sucedió. Como si al volver a vivirlos pudieran comprender mejor unos hechos cuya determinación varía precisamente al observarlos. Complementariedad e incertidumbre. Ideas centrales de esa mecánica cuántica que fundaron los héroes de una historia que aquí son encarnados por tres actores extraordinarios en una obra de apariencia sobria y ejecución exigente. El texto de Michael Frayn es magnífico, con mil capas y subtextos que componen una melodía escénica en la que la forma y el contenido se entreveran. Con Copenhague consigue que lo complejo no lo parezca y que cualquier cerebro atento pueda acercarse a los diálogos posibles entre dos cerebros privilegiados. Pero Copenhague no es solo un texto memorable de Michael Frayn adaptado de forma excelente a nuestra lengua. Es también (y sobre todo) una magnífica muestra de lo que es capaz de hacer Claudio Tolcachir. Mi primera reseña en este blog fue la de Emilia, otra soberbia obra suya que también se estrenó en Avilés. En ella destacaba el carácter cuántico de las relaciones familiares en las historias del fundador de Timbre 4. La intermitencia en lo que sabemos de los personajes, las interacciones entre su pasado y su futuro, sus incertidumbres cotidianas y la complementariedad de sus contradicciones... Son algunas de las señas de identidad del universo teatral de Tolcachir (así lo veo en La omisión de la familia Cóleman, Tercer cuerpo, El viento en un violín o Próximo). De hecho, hasta ahora consideraba que el Tolcachir autor (y el creador de Timbre 4) es más fiel a esos rasgos cuando dirige sus propias obras que cuando se enfrenta a textos ajenos. Pero Copenhague refuta mi tesis. Quizá porque el Copenhague de Frayn también parece de Tolcachir. Quién sabe, pudiera ser que el británico y el argentino no sean realmente el autor y el director de esta obra sino dos manifestaciones compatibles de una misma identidad conectada por esos pasajes espacio-temporales que unen a los teatros. Complementariedad e incertidumbre.

viernes, 8 de febrero de 2019

Generación why

Dirección: Andrea Jiménez.
Dramaturgia: Creación colectiva de Teatro en Vilo.
con Noemí Rodríguez, Chiara Goldsmith, Roisin O'Mahony y Andrea Jiménez. 

8 de febrero de 2019. Centro Niemeyer (Club), Avilés. 75’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer.

La voz de la directora nos va presentando a las actrices. Noemí es gallega, Chiara italiana y Roisin inglesa. A las tres les pide que nos hablen del futuro, de cómo lo ven desde sus treinta y tantos años. Primero recrean juntas lo felices que fueron en los noventa. Luego cada una se va enfrentando a su futuro. A sus incertidumbres y a sus miedos ante él.

El resumen parece serio, pero la obra es hilarante. Incluso más que Interrumped, aquella maravilla con la que las del Teatro en Vilo nos descubrieron sin palabras en qué podría consistir lo que entonces llamé teatro animado. En Generación Why  estas actrices con mil recursos exploran ese futuro supuestamente perfecto que les agobia para acabar reivindicando un presente continuo por descubrir y disfrutar. Y todo desde un tono intensísimo y aparentemente improvisado (de hecho, a veces lo es) que resulta delicioso. Son cuatro virtuosas del gesto y la evocación que, en cuatro idiomas y con mucha gracia, consiguen que la risa se extienda entre el público sin usar nunca resortes fáciles. En Generación why se habla más que en Interrumped y quizá esta historia sea menos teatral y gestual que aquella. Pero las del Teatro en Vilo vuelven a derrochar dominio del escenario y capacidad para atrapar la atención del público. Todas están estupendas, pero no puedo dejar de destacar ese prodigio de ironía autorreferencial, de expresividad total y de fuerza interpretativa que es Noemí Rodríguez. Al final los intensos aplausos debieron dejarles bien clarito que queremos que vuelvan pronto a Avilés con lo próximo que hagan. Seguro que estará bien.

viernes, 1 de febrero de 2019

La Calderona

Dirección: David Ottone (Yllana). Dramaturgia: Rafael Boeta. Dirección actoral:  Pablo Viña
La Calderona Producciones y Pau Pau Producciones.
con Pablo Paz y Natalia Calderón
 
1 de febrero de 2019. Teatro Municipal Concha Espina, Torrelavega. 80’ aprox.

Las peripecias de la Calderona a ritmo de hip-hop. Ella, sus cuitas con Felipe IV y su final en un convento. Todo con sonido amplificado, mucha música y bastantes resortes para que el público aplauda mucho. Como si se lo estuviera pasando muy bien.

Pobre Calderona. Su historia no parece propicia para el buen teatro. Solo sirve de excusa para obras muy mediocres como La puta enamorada o esta. Y ya es decir mucho porque lo que hacen estos dos actores y el que pincha los discos es más parodia que teatro. Aunque pretende ser una alegre actualización de los clásicos, está claro que Almagro no siempre es garantía de calidad.  La Calderona  es a Ron-Lalá lo mismo que Lina Morgan a Nuria Espert o las obras de Arturo Fernández a las de que escribe Pascal Rambert. La verdad es que en el cartel ya estaba claro lo que cabía esperar de ella. Lástima que no lo hubiera visto antes.

viernes, 25 de enero de 2019

Jauría

de Jordi Casanovas. Dirección: Miguel del Arco.
una producción de Kamikaze Producciones, Milonga Producciones, Hause & Richman Stage Producers y Zoa Producciones para El Pavón Teatro Kamikaze.
con Fran Cantos, Álex García, María Hervás, Ignacio Mateos, Martiño Rivas y Raúl Prieto.

25 de enero de 2019. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 85’ aprox. Estreno absoluto.

La manada. La de aquellos cinco sevillanos que el 7 de julio de 2016 se convirtieron en jauría para una joven madrilleña en un portal de Pamplona. Ellos tenían entre veinticuatro y veintisiete años. Ella dieciocho. Vemos la reconstrucción de lo que sucedió aquella noche y de lo que pasó después a través de los fragmentos de sus declaraciones en el juicio. 

Una poderosa ficción de una tragedia arquetípica con víctima femenina y victimarios de masculinidad gregaria. Eso sería esta Jauría de Miguel del Arco si no fuera porque Jordi Casanovas (igual que hizo en el impresionante Ruz-Barcenas y en el magnífico Port Arthur que acabamos de ver) se ha atenido a la literalidad de lo que declararon los protagonistas reales de aquellos hechos. Por eso este documento teatral no es solo una impresionante obra que dará mucho que hablar cuando llegue a Madrid y que esta noche de estreno ha puesto en pie al público emocionado que ha llenado el Palacio Valdés (mis alumnos, que asistieron la víspera al ensayo general, casi no podían hablar a la salida del teatro pero no podían callar a la mañana siguiente en el aula). Jauría es también un ensayo especular que compromete el criterio de los juzgadores. De quienes juzgaron aquellos hechos y de quienes ahora contemplamos su reconstrucción a través de la mirada de la víctima y los acusados. El texto de Jordi Casanovas está tan bien armado que parece un drama ficticio perfecto. El monólogo central de la joven condensa el significado de una historia que atrapa al espectador desde el primer momento y no le deja escapar ni un segundo. Y eso es así porque Miguel del Arco ha tenido la valentía de atreverse con una historia arriesgadísima en la que ha sabido huir del maniqueísmo simplificador y de la recreación convencional de unos hechos aparentemente resabidos. Con detalles que me han recordado la fuerza coral de algunos momentos de su Misántropo (que también se estrenó aquí) ha apostado por desdoblar los personajes evidenciando la peligrosa simetría entre la cara del que sabe de ciertos especímenes togados y la jeta del que puede de estos sevillanos sevillistas. Los primeros están muy seguros de la objetividad de sus preguntas y argumentos. Los segundos están acostumbrados a tomarse con guasa la satisfacción permanente de lo que les pide el cuerpo. Son dos lenguajes muy pregnantes pero también simétricos y en el fondo concordantes en su impostura. Y Miguel del Arco ha conseguido mostrarlo porque ha contado con un elenco prodigioso que mete miedo cuando Fran Cantos, Álex García, Ignacio Mateos, Martiño Rivas y Raúl Prieto encarnan a esos depredadores de la noche que luego comparten trofeos en las redes, y que conmueve hasta la lágrima cuando María Hervás (la extraordinaria Ifi de Iphigenia en Vallecas) pone la mayor sinceridad para encarnar a esa joven de cuya sinceridad se dudó. Jauría no es solo una prueba más de lo kamikazes que pueden llegar a ser algunos teatreros españoles y de la maravillosa sintonía entre este querido teatro que pronto cumplirá un siglo y ese templo madrileño inconmensurable que es el Pavón Kamikaze. Es también un documento teatral que, programado con Port Arthur como díptico perfecto sobre la verdad procesal, revela que el caso de La Manada no fue solo un notable acontecimiento mediático que servía de contrapunto al gran problema que España (y la ceguera de muchos) tiene en Cataluña. Aquel caso fue un elemento crucial para el empoderamiento y la visibilidad del más reciente activismo feminista (ahí está el último 8 de marzo). Pero también ha servido para la creciente reactivación de una masculinidad bronca que, disfrazada de razonable, no solo se ha mantenido entre algunos togados sino que, como se ha demostrado en Andalucía, aspira a reconquistar sin complejos un espacio significativo en nuestro panorama político.
            

Port Arthur

de Jordi Casanovas. Dirección: David Serrano.
una producción de Kamikaze Producciones, Milonga Producciones, Hause & Richman Stage Producers y Zoa Producciones para El Pavón Teatro Kamikaze.
con Joaquín Climent, Javier Godino y Adrián Lastra.

25 de enero de 2019. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 75’ aprox. Estreno absoluto.

Nueve horas de interrogatorio. El que responde es Martin Bryant al que se acusa de haber matado a treinta  y cinco personas con las armas que llevaba en su coche. Si confiesa no habrá juicio. Pero para eso tiene que recordar lo que pasó.

El precedente es aquel magnífico Ruz-Barcenas que protagonizaba el gran Pedro Casablanc. Jordi Casanovas vuelve a destilar la verdad de un interrogatorio real, en este caso sobre una matanza que tuvo lugar en 1996 en Australia. En un escenario de verosímil grisura presidido por un reloj, dos policías interrogan despacio a un joven de melena rubia que responde con simpleza y parsimonia. No hay atisbo de cinismo en lo que dice. Más bien un ingenuo desvalimiento que solo la amnesia o la inocencia podrían explicar.  Joaquín Climent y Javier Godino están perfectos en los papeles de esos policías que nunca pierden los nervios pero en los que va aumentando la desazón. Y Adrián Lastra está superlativo en el registro que ha sabido darle a un personaje inolvidable con esa entonación casi melódica que inspira a la vez desagrado y empatía. Port Arthur tiene las hechuras del mejor teatro clásico pero alberga una propuesta hiperrealista. Y no solo por los magníficos trabajos de Jordi Casanovas, David Serrano y estos tres actores soberbios. También porque suscita una reflexión profunda sobre temas mayores como las grietas entre los hechos y los recuerdos, entre el delito y el delincuente o entre el crimen y el castigo. Así que ha sido un comienzo perfecto para este díptico necesario en torno al significado de la verdad procesal que esta noche se estrena en nuestro teatro.

viernes, 18 de enero de 2019

7 años

idea original de José Cabeza. Version y dirección: Daniel Veronese.
producción: Producciones Teatrales Contemporáneas.
con Juan Carlos Vellido, Daniel Pérez Prada,Eloy Azorín, Carmen Ruiz y Miguel Rellán.

18 de enero de 2019. Centro Niemeyer, Avilés. 80’ aprox.

Cuatro socios de una empresa tienen un grave problema con Hacienda. El delito que han cometido es grave y está penado con siete años de cárcel. Antes de que el lunes llegue la policía a detenerlos, uno de ellos podría asumir toda la culpa y entrar solo él en la cárcel. Pero decidir quién lo haría no les resulta fácil. Por eso han contratado a un medidador que les ayude.

El dilema es muy potente. Pone a prueba las relaciones entre los cuatro personajes y les obliga a enfrentar los conflictos entre la ética del merecimiento y la ética de las consecuencias. El quinto personaje sirve de contrapunto que objetiva y guía ese juego dramático. El texto tiene una estructura impecable y una cuidadísima atención a la verosimilitud del lenguaje. Veronese impone además un ritmo trepidante a las interacciones entre unos personajes que tienen la fortuna de estar encarnados por cinco actores soberbios. Todos clavan su carácter. Desde las presencias físicas y los ademanes hasta las maneras de enfrentarse al dilema tanto por la fuerza de sus discusiones como por la expresividad de sus silencios. Al parecer 7 años viene de las pantallas y fue la primera incursión en España de esa perversa máquina de secuestrar al público y a los artistas que se llama Netflix. Hoy esta obra ha llenado el auditorio del Niemeyer y ha demostrado una vez más que salir de casa y compartir emociones es algo que los humanos venimos haciendo con mucho agrado desde hace más de dosmil años en los teatros y desde hace más de un siglo en los cines. Una forma de vivir la ciudad y de sentir el arte mucho más gratificante y más humana que la aceptación acrítica de esa invitación diabólica a la vida monádica que nos ofrecen esos secuestradores de historias y de vidas que merecerían bastante más que siete años de condena.

viernes, 11 de enero de 2019

Kohlhaas

de Marco Baliani y Remo Rostagno. Basada en Michael Kohlhaas de Heinrich von Kleist. Dirección: María Gómez
Producción: NadaDeLirios.
con Riccardo Rigamonti.

11 de enero de 2019. Centro Niemeyer (Club), Avilés. 75’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer.

Miguel Kohlhaas era feliz criando caballos. Hasta que un noble canalla se queda con sus dos más hermosos zainos y los maltrata. Kohlhaas no conseguirá que se haga justicia. Así que desesperado se convertirá en bandolero y liderará un temible ejército popular por tierras de Germania.

Un actor italiano sentado en una silla nos cuenta la historia. Así de simple. Con palabras precisas y a veces poéticas. Con gestos ajustadísimos y nunca excesivos. Kohlhaas es un relato magnífico al que ni le sobra ni le falta nada para mantenernos en vilo. Y es que lo que hace Riccardo Rigamonti con este texto superlativo de Marco Baliani y Remo Rostagno (y de Heinrich von Kleist) no parece de este mundo. Sin levantarse nunca de su silla, con un hermoso acento italiano y una gestualidad mínima con resultados máximos consigue que veamos y cabalguemos los caballos de Kohlhaas, que le acompañemos por tierras de Germania, que comprendamos su ira tras la infamia y que entendamos los límites éticos a los que nos lleva una historia que es soberbia tanto por su extraordinaria elegancia formal como por el calado moral de una tragedia que tiene el aroma de los mejores clásicos. Kohlhaas es mucho más que un monólogo. Es un ejercicio asombroso de concentración interpretativa que ha conseguido que esta noche no hayamos estado en el club del Niemeyer. Hemos estado con un hombre que era feliz criando caballos y que sufrió lo indecible por tierras de Germania.

viernes, 21 de diciembre de 2018

Fedra

de Paco Bezerra. Dirección: Luis Luque.
producción: Pentación Espectáculos.
con Lolita Flores, Juan Fernández, Críspulo Cabezas, Eneko Sagardoy y Tina Sainz.

21 de diciembre de 2018. Centro Niemeyer, Avilés. 95’ aprox.

Mientras Teseo está ausente Fedra pierde la cabeza por Hipólito, pero el príncipe la rechaza. Despechada le dirá al rey que era él quien la asediaba

Sin referencia a Eurípides en los créditos del programa de mano (aunque sí en el comentario), esta Fedra se suma a esos montajes que se estrenan en Mérida habiendo sido diseñados para una gira muy larga. Se nota en ese escenario blanco con hendidura cavernosa y orgánica que en el Niemeyer queda tan bien, pero que en Mérida se une a ese tipo de montajes que acotan en exceso el espacio en el que se desarrolla el drama. El de esta Fedra se presenta como importante y rotundo pero no consigue emocionarme a pesar de que los cinco actores están impecables y de que las proyecciones y las músicas están muy bien ajustadas. Quizá sea porque esas voces amplificadas (en Mérida seguramente obligadas, pero aquí completamente innecesarias) restan verdad a los parlamentos de los intérpretes y hacen que uno eche de menos aquella emoción radical con que Lolita conmocionaba al patio de butacas en La plaza del diamante. Lo que le pasa a esta Fedra me llega mucho menos.


jueves, 20 de diciembre de 2018

Niue. Under the coconuts

texto y dirección: Maxi Rodríguez.
una producción de Escenapache
con Carlos Mesa y Alberto Rodríguez.

20 de diciembre de 2018. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 70’ aprox. Ciclo "Hecho en Asturias".
   
Soliloquios intercalados de dos hombres en una isla. Sobre la pareja, sobre la patria, sobre las redes sociales... Sobre todo lo que sirve para obviar la soledad.

Maxi Rodríguez tiene una escritura chispeante y agilísima. Los diálogos asturdianos (o cotirianos) que publica en La Nueva España tienen siempre la gracia de lo rabiosamente local. Y aquí la convierte en mundial no por el característico grandonismo astur sino porque los hilarantes diálogos existenciales entre los dos personajes que entretejen magníficamente Carlos Mesa y Alberto Rodríguez podrían ser comprendidos y disfrutados en cualquier lugar. Algo de Tip y Coll y algo de Jardiel son las resonancias que uno encuentra en el torrente de ocurrencias, entre absurdas y bien traídas pero siempre intencionadas, de estos personajes insulares empeñados en hacer perfecta la sintonía de sus logorreas. Niue. Under de coconuts es un divertimento para cualquier público que por momentos nos depara reflexiones selectas. Pero siempre con la coña propia de unos tipos que parecen la versión más aguda, hiperlocuaz e intrascendente de los naúfragos de Forges.


miércoles, 5 de diciembre de 2018

El declive

Autor: Nelson Valente. Dramaturgia, puesta en escena y dirección: Nelson Valente.
producción: Banfield Teatro Ensemble.
con Enrique Amido, Pachi Molloy, Carlos Rosas y Lide Urania.

5 de diciembre de 2018. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 65’ aprox.

Dos matrimonios maduros pasan juntos un domingo en casa de uno de ellos. Hay tedio y lugares comunes en sus conversaciones. También algunas confesiones imprevistas. Y momentos de crispación catártica que parece que podrían acabar con las dos parejas. Como seguramente pasará otra vez el próximo domingo.

Vivir en Avilés es un lujo si a uno le gusta el teatro. Esta maravilla de Nelson Valente que nos llega desde Buenos Aires solo se ha visto en la Villarroel de Barcelona, en Hospitalet, en Tarrasa y aquí. Y el azar ha hecho que forme un díptico perfecto con El amor menos pensado, la estupenda película de Juan Vera que reseñé ayer en el blog de cine y que, en tono dulce y burgués, nos presenta a otro matrimonio maduro de Buenos Aires que también vive el declive. El de estos cuatro personajes es mucho más áspero. El tono que Nelson Valente da a su historia es radicalmente hiperrealista. Y así consigue que sea tan importante lo que dicen (y da gusto escucharlos) como sus silencios (y asombra lo que consigue al prolongarlos). La suya es una maestría tan soberbia en la escritura, en la dirección escénica y en el trabajo con los actores que desde el primer minuto uno queda fascinado por lo que pasa en la intimidad de esos viejos amigos argentinos y no deja de asombrarse ni un segundo hasta que los actores salen a saludar y a recibir el largo y merecido aplauso. El patio de butacas acoge con sonrisas lo que a veces parece una comedia. Pero también ha sentido la aspereza, la hondura y lo revelador que resulta este espejo de la edad tardía que hoy ha puesto Nelson Valente en el escenario. Los cuatro actores están impresionantes siendo imposible imaginar más verdad y más calado en su trabajo. De hecho, uno siente que conoce y entiende a sus personajes desde hace mucho tiempo. Y eso es así porque Nelson Valente tiene una visión penetrante sobre las convivencias (y las sinvivencias) prolongadas y sobre los sobreentendidos (y los infraentendidos) cotidianos. Ya digo, es un lujo vivir en Avilés y poder sentir que en algunas noches de teatro uno también tiene la suerte de vivir en Buenos Aires.