sábado, 8 de octubre de 2016

El triángulo azul

de Laila Ripoll y Mariano Llorente. Dirección: Laila Ripoll.
una producción del Centro Dramático Nacional y Micomicón Teatro.
con Manuel Agredano, Elisabet Altube, Marcos León, Mariano Llorente, Antonio Sarrió, Ángel Solo y Jorge Varandela. Músicos: Carlos Blázquez, Carlos Gonzalvo y David Sanz.
 
8 de octubre de 2016. Teatro Jovellanos, Gijón. 135’ aprox.


Españoles en Mauthausen. El horror y la resistencia. Y el afán de rescatar las fotografías que servirían para que aquella infamia no pudiera ser negada.

"Españoles antifascistas saludan a las fuerzas liberadoras". En Austria. En 1945. En español. La fotografía de esa gran pancarta colgada entre las dos torres a la entrada de Mauthausen (se puede ver en la última página del programa de mano) debería estar tan presente en nuestro imaginario nacional como la escena de la bandera de Iwo Jima lo está en el de los americanos. Pero aquí no. Aquí quitar de las calles algunos nombres aún molesta a una derecha que nos quiere amnésicos o engañados (como Esperanza Aguirre a propósito de Millán Astray). Una "S" en medio de un triángulo azul identificaba a aquellos miles de españoles a los que Franco convirtió en apátridas y condenó al exterminio. Esta obra nos lo recuerda con crudeza, pero también con músicas alegres como las que seguramente algunos de aquellos compatriotas utilizaban para evadirse del horror. La historia heroica de las fotografías salvadas por los nuestros me hace recordar la de El hijo de Saúl. En la extraordinaria película de László Nemes la aspereza de los sonidos nos acercaba a esos lugares terribles que las imágenes dejaban siempre fuera de campo. En El triángulo azul el sonido es también muy molesto para el espectador. Pero por lo contrario. Porque la alegría de esa música tan bien interpretada y la ironía de esas letras que hacen mofa del calvario resultan dolorosamente impertinentes. Hasta el punto que uno siente que falta distancia. Entre la obra y el respeto debido al terrible drama que se muestra. Entre el espectador y esos personajes que, intentando sobrevivir, seguramente reirían en medio de aquel infierno. Ningún reproche a la puesta en escena. Ni al protagonismo de ese alemán que nos va guiando en una historia tan terrible como esta. El triángulo azul es teatro necesario al borde del abismo.


viernes, 7 de octubre de 2016

Tierra del fuego

de Mario Diament. Dirección: Claudio Tolcachir.
una producción del Teatro Español.
con Alicia Borrachero, Tristán Ulloa, Abdelatif Hwidar, Juan Calot, Malena Gutiérrez y Hamid Krim.
 
7 de octubre de 2016. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 75’ aprox.


Hace más de veinte años que Yael perdió a una amiga y resultó herida en un atentado terrorista. Es una mujer judía que reniega de la política de su país con los palestinos y que ahora mantiene encuentros en una cárcel inglesa con el autor de aquel atentado.

Estrenamos temporada y abono en el Palacio Valdés (fila cuatro en el lado derecho, donde más nos gusta) con esta historia que viene a confirmar lo que tantas veces he dicho en mis blogs de cine y teatro: que la de víctima debe ser una circunstancia, no una condición como quieren hacernos creer quienes las utilizan con fines políticos (aquí siempre la derecha y ahora en Colombia Álvaro Uribe, ese instigador del odio que hizo todo lo posible para que el domingo pasado no fuera un día feliz para su país y que hoy debe estar bastante molesto con el Nobel que le acaban de conceder a Juan Manuel Santos). Así que comparto el punto de vista de la obra y asumo que resultará muy ilustrativa para quienes no sepan mucho del drama que los palestinos vienen sufriendo desde hace ya tantas décadas. Sin embargo, esta Tierra de fuego no me conmueve. Sobre ese conflicto y sobre el contacto en primera persona entre personajes de los dos lados me emocionó mucho Una botella en el mar de Gaza, la estupenda y esperanzadora película de Thierry Binisti. Tambien lo hizo (hasta el nudo en la garganta y casi hasta la lágrima) La mirada del otro, la magnífica obra de María San Miguel y Chani Martín con que se abrió la temporada del off del Niemeyer el año pasado. Además de aportar información, esas historias estaban llenas de emoción, justo lo que le falta a esta Tierra del fuego. Y no por la magnífica dirección de mi admirado Claudio Tolcachir, que saca el mayor partido a ese muro polivalente que, con ventanas iluminadas o sin ellas, evoca siempre esa atroz circunstancia que sufren cada día cientos de miles de palestinos. También consigue lo mejor de esos actores que permanecen siempre en escena haciendo que los espectros de sus personajes sean testigos de todo lo que dice la protagonista y desde su lugar periférico reaccionen a sus discursos. El elenco está muy bien y consigue hacer creíbles a todos los personajes secundarios (el marido y el padre de la protagonista, el abogado del palestino y la madre de la amiga que murió en el atentado). Sin embargo, Alicia Borrachero está demasiado enfática, casi sobreactuada, sin darnos tiempo a que podamos compartir sus contradicciones. Aunque no tengo claro si el problema esta en la forma en que ella construye su personaje o en el propio texto de Mario Diament al que quizá le sobra información y le falta la emoción que debería provocar este drama. Si, además de dirigirla, Tolcachir la hubiera escrito, esta Tierra del fuego habría sido otra cosa.    

domingo, 28 de agosto de 2016

Tercer Cuerpo

libro y dirección: Claudio Tolcachir.
una coproducción de Timbre 4 con el Festival Internacional Santiago a Mil.
con Hernán Grinstein, Magdalena Grondona, Melisa Hermida, José María Marcos y Daniela Pal.
 
28 de agosto de 2016. Timbre 4 (Sala de la calle México 3554). Buenos Aires. 75’ aprox.


En el Tercer cuerpo hay una oficina en la que trabajan Sandra, Moni y Héctor en cosas que no sabemos. Solo vemos ese lugar pero también asistimos a las visitas de Sandra a la clínica de fertilidad, a los diálogos de la pareja en crisis que forman Sofía y Manuel, a los intentos de Héctor por encontrar una relación tras la muerte de su madre y a los reproches que luego le hará Manuel.

Tenía muchas ganas de conocer Timbre 4, ese lugar emblemático de Buenos Aires desde el que Claudio Tolcachir ha creado joyas como La omisión de la familia Coleman, El viento en un violín o Emilia. Las tres las hemos visto en el Palacio Valdés y el estreno de la última en nuestro teatro avilesino fue también el de este blog. Así que tenía claro que este fin de semana me pasaría por la zona de Boedo para ver esta obra. Y he tenido suerte porque no solo ha sido una magnífica despedida para este fin de semana en Buenos Aires sino que ha coincidido con la fecha en que Tercer cuerpo cumple ocho años representándose aquí. Así que al terminar la función los actores nos invitan a una tarta con velas. Y hay mucho que celebrar porque, igual que las otras propuestas del singular mundo teatral de Tolcachir, Tercer cuerpo hilvana magníficamente en un solo tiempo y espacio diálogos diversos con un naturalismo tan radical como la poesía que se atisba en el metatexto de esta obra perturbadora sobre personajes que uno intuye completos aunque solo se ofrezcan esbozados. Las interpretaciones son ajustadísimas y perfectas. Me ha encantado especialmente José María Marcos en el papel de ese Héctor de edipo consciente y homosexualidad quizá no tanto. El espacio escénico rasulta tan sencillo y franco como los de las obras que uno puede ver en la Cuarta Pared o en la Sala Mirador de Madrid. Así que a la salida, con el libro de Tolcachir en la mano (una suerte poder comprar aquí el que reúne los textos de El viento en un violín, La omision de la familia Coleman y Tercer Cuerpo) y con la intención de pasarme por la Pizzería Guerrín antes de recogerme en el hotel, casi le pido al taxista que me deje en Corrientes esquina Callao para seguir caminando unas cuadras con esa duda que siempre me dejó la canción de Sabina de si en un lugar así uno estaría realmente en Buenos Aires o en Madrid, esas ciudades a la que siempre quiero volver.

sábado, 27 de agosto de 2016

Nuestras mujeres

de Eric Assous. Versión de Fernando Masllorens y Federico González del Pino. Dirección: Javier Daulte. 
Una producción de Pablo Kompel y Gustavo Yankelevich.
con Arturo Puig, Guillermo Francella y Jorge Marrale
 
27 de agosto de 2016. Teatro Metropolitan, Buenos Aires. 90’ aprox.


Mientras Max y Pedro esperan a Toni para cenar pasan el rato hablando (mal) de la relación con sus mujeres. Y también hablan (mal) de la de él. Toni se retrasa y cuando por fin llega les confiesa que la ha estrangulado. Será una noche intensa en la que Max y Pedro tendrán que decidir si aceptan servirle de coartada a Toni.

Me he alojado otra vez en uno de los hoteles que me gustan de Corrientes, no lejos de Obelisco. Al llegar pedí una habitación que diera a la calle y por suerte había una en la cuarta planta. Nada más abrir la puerta me encontré con las sonrisas de Guillermo Francella Arturo Puig y Jorge Marrale en un enorme cartel frente a mi ventana. Así que he cedido a la tentación y me he organizado para que, entre la propuesta intimista de ayer con Federico Luppi y la despedida que reservo para mañana en Timbre 4, en esta noche de sábado solo tenga que cruzar la calle y participar en esta ceremonia del teatro multitidinario (y caro) con público participativo (y de risa floja) que caracteriza también a una parte de la cartelera teatral de Buenos Aires. Así que el espectáculo está tanto en el patio de butacas como en el inmenso escenario que ha preparado Javier Daulte para la casa del personaje que interpreta Guillermo Francella (un actor capaz de trabajos tan buenos en el cine como las de El secreto de sus ojos de Juan José Campanella, ¡Atraco! de Eduard Cortés o El clan de Pablo Trapero y también de otros tan sonrojantes como el de Corazón de León de Marcos Carnevale). El cartel que decora mi ventana tiene un reclamo curioso: "¡El mayor éxito teatral de Francia ahora en Buenos Aires!". Conociendo (al menos por el cine) el sentido del humor de cierto público francés no espero mucho de esta comedia. En este sentido, ni los actores ni el público me defraudan. Nada más salir a escena a Guillermo Francella y a Jorge Marrale se les recibe con un gran aplauso. Y, por más que sea inoportuno, se reservará otro para cuando aparezca más tarde de forma sorpresiva Arturo Puig. Los tres actores (con sonido amplificado) manejan a la perfección los resortes de una obra tan entretenida como previsible y buscan siempre la complicidad hilarante de un público tan dispuesto a reír como si hubiera acudido a una sesión del club de la comedia. Como es de suponer yo me río (y aplaudo) bastante menos. Pero debo reconocer que no me he aburrido. No sé si por contemplar la maestría con que estos buenos actores activan en el público los mecanismos de la risa o por comprobar lo mucho que algunas personas pueden disfrutar cuando se les ofrece justo lo que esperan. 

viernes, 26 de agosto de 2016

Las últimas lunas

de Furio Bordon. Dirección: Susana Hornos.
producción general: Pablo Silva y Susana Hornos
con Ramiro Vayo, Federico Luppi y Susana Hornos.
 
26 de agosto de 2016. Centro Cultural de la Cooperación (Sala Solidaridad). Buenos Aires. 90’ aprox.


Mientras espera a que llegue su hijo, un hombre mayor habla con una mujer de negro. Sobre su vejez, sobre su vida y también sobre el amor que compartieron antes de que ella muriera. También hablan de ese hijo que llevará al anciano a un asilo.

En la última película que vi en Avilés antes de salir para Asunción (muy intensa pero muy grata esta semana de trabajo con los docentes paraguayos), Federico Luppi tenía un papel breve pero soberbio. Recién llegado para pasar el fin de semana en Buenos Aires, me encuentro con que puedo verlo hoy en un espacio reducido del Centro Cultural de la Cooperación. Así que no desaprovecho la oportunidad y consigo una localidad en la fila 1 para disfrutar con la extraordinaria interpretación (casi un monólogo bien acompañado) de este elegante caballero de la escena que aquí modula estupendamente su voz y sus gestos para parecer realmente un anciano. Los diálogos son cotidianos, sosegados y abiertos a reflexiones sobre las edades de la vida que cualquier hijo, cualquier padre o cualquiera que haya amado puede compartir. La puesta en escena es sencilla y muy adecuada para mostrar esa estación de paso que es ahora la habitación de la casa del hijo que el hombre abandona y ese espacio sin sol en el que se aferrará luego a la vida cuidando de una planta. En el largo monólogo de la parte final ya no parece ser el personaje quien nos habla, sino el propio Federico Luppi que ha querido llevar esta obra al escenario sabiendo que fue la última que interpretó sobre las tablas el gran Marcello Mastroianni. Una experiencia inolvidable (otra más) en esta ciudad a la que tanto me gusta volver.

viernes, 19 de agosto de 2016

Perra vida

versión libre de "El casamiento engañoso" de Miguel de Cervantes. Texto y dirección: José Padilla.
Ángel Verde Producciones.
con Diego Toucedo, Nerea Moreno, Samuel Viyuela González y Elisabet Altube.

19 de agosto de 2016. Centro Niemeyer (Club), Avilés. 60’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer.


Una mujer con carácter y un hombre desarrapado se encuentran en un local de carretera. Son personajes ariscos que al reconocerse rememoran anecdotas y afinidades de los tiempos en la legión en que debieron tratarse mucho. Otros dos personajes jóvenes y más dulces se encuentran en un restaurante. Él es el dueño y ella será la empleada. Al principio, porque luego ella será la esposa y él no será nada. O quizá algún día acabe recordando con otra mujer los tiempos en que fue legionario.

Desde Almagro nos llega al off estival del Niemeyer esta historia áspera y actual con la que José Padilla reinterpreta la de Cervantes. De él ya vimos en esta misma sala Haz clic aquí, una historia plural tan actual como bien contada. De Perra vida me gustan las rotundas e impecables interpretaciones de los cuatro actores, las atmósferas sórdidas o ingenuas que consiguen transmitir las dos historias y la continuidad sin transiciones entre los tiempos de las escenas. También me gusta la sequedad rotunda de la iluminación y del sonido, y esos ecos cervantinos en algunos soliloquios y en el habla de los perros que el personaje más áspero dice entender. Sin embargo, encuentro que algo le falta a la únión entre las dos historias. Por separado me interesan (sobre todo la primera), pero no encuentro todas las claves para disfrutar de la relación que se supone que hay entre ellas.

miércoles, 10 de agosto de 2016

La guerra de las mujeres (Lisístrata)

de Miguel Narros (versión de la obra de Aristófanes). Dirección: José Carlos Plaza.
una coproducción del Festival de Mérida, Producciones Faraute y Macande.
con Estrella Morente, Aida Gómez, Yolanda Murillo, Antonio Canales, Seleá Morente, Mari Carmen Segura "Almaria", Kike Morente, Mariano Bernal, Christián Lozano.
 
10 de agosto de 2016. Teatro Romano. 62º Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. 90’ aprox.

Lisístrata es una activista de la paz. Y con ese fin convence a las mujeres para que libren con sus hombres una guerra particular. La de negarles el sexo hasta que abandonen las armas. 

Tiene razón José Carlos Plaza cuando dice que su Lisístrata (en la versión inédita de Miguel Narros) es como las comedias musicales americanas. Más que una obra de teatro, y más que un espectáculo flamenco, esta Lisístrita es un musical. Con una Estrella Morente a la que nunca le queda grande el escenario, una música grata de Juan Carmona y unos bailarines notables (sobre todo esa Aida Gómez que borda el personaje de Lampito), La guerra de las mujeres es un musical aflamencado y colorista en el que Estrella Morente interpreta una Lisistrata más pacifista que sicalíptica y José Carlos Plaza le da un puntito LGTB a la historia de Aristófanes coloreando sillas, sacos terreros y torres de luces y concediendo una presencia excesiva (en modo casi Gurruchaga) a ese personaje travestido de Antonio Canales que no tiene justificación en el texto clásico. Ni tampoco en el espectáculo, porque la notable presencia del, otras veces poderoso, bailarín aquí resta más que suma. Casi treinta personas entre músicos y bailarines en el escenario y el liderazgo de una Estrella Morente con voz, gesto y maneras deslumbrantes (como siempre) hacen que este musical aflamencado, sin emocionar ni impresionar mucho, nos depare otra noche muy agradable en este gran teatro.

domingo, 7 de agosto de 2016

Las harpías en Madrid

autor: Fernando J. López (inspirada libremente en la novela de Alonso de Castillo Solórzano). Dirección: Quino Falero.
Una coproducción de Pérez y Goldstein, Chacena, Flower Power y Degira Espectáculos.
con Nuria González, Marta Aledo, Natalia Hernández, Paco Déniz y Juanan Lumbreras.

7 de agosto de 2016. Conventual de San Benito, Alcántara. 32º Festival de Teatro Clásico. 90’ aprox.


Las harpías son Luisa y Feliciana. Y aún más su madre Teodora. Ella es quien las dirige en todas sus acciones. Y también quien nos dirige sus propias reflexiones. Son tres pícaras que llegan a Madrid dispuestas a hacer fortuna con sus cualidades femeninas. Y contando también con la ingenuidad masculina.

Volvemos a Alcantará en el último día de esta edición del Festival en la que se ha podido ver a Concha Velasco en Reina Juana, El cerco de Numancia en la estupenda versión que vimos el verano pasado en Mérida,  Triunfo de Amor que estuvo esta primavera en La Abadía y El retablo de las maravillas de Morfeo Teatro. Las harpías en Madrid se estrenó en el festival de Almagro hace apenas tres semanas. Es una comedia del género de la picaresca. O mejor de picaresca y género. Porque, además de narrar engaños femeninos con voluntad de hacer reír a partir de enredos barrocos, también pretende hacer pensar en verdades feministas más o menos intemporales. Los cinco intérpretes están rápidos, certeros y conjuntados. El texto, ágil y bien escrito, va más allá de los meros resortes hilarantes. Y aunque la puesta en escena no es muy ambiciosa, la obra se ve con agrado. Una lástima, en todo caso, que la tramoya de las luces sea tan visible ante un escenario tan magnífico como el de la Conventual de San Benito. Quizá no haya sido la mejor elección de la semana (no podíamos venir otro día), pero ha sido un gusto volver hasta aquí y compartir el disfrute teatral de este público extremeño que  un domingo por la noche llena las gradas de este hermoso rincón escénico más que periférico.

viernes, 15 de julio de 2016

Alejandro Magno

de Jean Racine (versión libre de Eduardo Galán y Luis Luque). Dirección: Luis Luque.
una coproducción del Festival de Mérida y Pentación
con Felix Gómez, Amparo Pamplona, Armando del Río, Aitor Luna, Unax Ugalde, Diana Palazón y Marina Sanjosé.
 
15 de julio de 2016. Teatro Romano. 62º Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. 90’ aprox.


Alejandro ha ganado mil batallas antes de acercarse a la India. Por el amor de Cleófila o por el cansancio de las guerras, quisiera que sus últimas victorias fueran pacíficas. Así convence al rey Taxilos para que no se resista a la conquista. Pero no a Poros que, malmetido por Asiana, quiere plantarle cara en el campo de batalla. Al final Taxilos acabará muerto, Poros mantendrá su reino y Alejandro, además del más victorioso, será el más magnánimo.

En el primer prefacio de esta tragedia, Racine se defendía de los que le acusaban de resaltar en exceso la figura de Poros en una obra que había titulado Alejandro Magno. Sus críticos tenían razón. El macedonio parece un personaje secundario y no aparece hasta la mitad de un texto que tiene escaso interés literario y limitadas potencialidades dramáticas. Así que Eduardo Galán y Luis Luque han querido arreglarlo haciendo que el magno Alejandro esté desde el comienzo en este gran escenario de Merida y añadiendo al texto original unos soliloquios, más tópicos que sugerentes, inspirados por el espectro de su madre (aunque sus apariciones son breves, Amparo Pamplona es con diferencia la mejor del elenco). Dado el escaso interés del texto de Racine, casi se agradece que la adaptación de Eduardo Galán y Luis Luque sea libre. Aunque quizá debería serlo más para que no fuera solo la escenografía (con esa enorme lámina de agua que simboliza los ríos que llegó a cruzar el conquistador macedonio) lo más destacable de una obra que quizá debió ser más osada una vez que Luis Luque se atrevió a traer a Mérida la historia de un personaje tan mayúsculo como Alejandro a partir de un texto tan menor como el de Racine.

sábado, 9 de julio de 2016

¿Qué sabes tú de mis tristezas?

inspirada en textos de Roy Galán. Dirección: Paula Amor y Pedro Ayose.
con Ana Rujas y Ariadne Serrano.

9 de julio de 2016. La Pensión de las Pulgas, Madrid. 70’ aprox.


Soliloquios intercalados de dos hermanas manchegas. La que se quedó en Las Camachas, el pequeño pueblo en el que vive con su madre y en el que ahora va a casarse. La que se fue a Madrid para escapar de la familia y buscar la libertad.

Ana Rujas y Ariadne Serrano encarnan magnificamente a estos dos arquetipos de la inercia y el anhelo, de la bondad y el tormento, de la sencillez y la pasión. Son dos hermanas que resolvieron de distinta forma la desazón de una infancia sin afectos. Una quiso perderse en la ciudad. Otra siguió sin encontrarse en el pueblo. Para la valiente el amor se llamó Manuel y es cosa de un pasado que se confunde con el miedo y con la muerte. Para la otra ha seguido siendo una promesa por venir que quizá por fin se llame Juan. Una historia sencilla y perfecta en la que es difícil saber qué personaje es más poderoso y qué actriz lo clava con más carácter. La definición de las tristezas de las dos hermanas es nítida y matizada. La de los dramas de sus vidas es apenas un esbozo que acertadamente deja en elipsis los motivos del abandono del padre y de la muerte de la hija. Un texto ajustadísimo, unas interpretaciones impecables y, otra vez, una intimidad perfecta en esta sala en la que se ofrece un teatro mínimo pero mayúsculo. La emoción es máxima. Por asistir de nuevo a una obra magnífica en La Pensión de las Pulgas. Y por saber que cuando volvamos a Madrid ya no habrá más teatro aquí.

viernes, 17 de junio de 2016

La flaqueza del bolchevique

de Lorenzo Silva. Adaptación teatral de David Álvarez. Dirección: Adolfo Fernández y David Álvarez.
una producción de Kproducciones.
con Adolfo Fernández y Susana Abaitua.

17 de junio de 2016. Centro Niemeyer (Club), Avilés. 75’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer.


Comienza la semana para un hombre maduro y amargado. De camino al trabajo golpea con su coche al de una mujer. Obsesionado con la reacción de ella, en los días siguientes la acecha anónimamente para fastidiarla. Así conoce a su hermana pequeña, una adolescente adorable que le cautiva. Tanto como debió cautivarle la belleza de aquella hija del zar al bolchevique que tenía el encargo de matarla.

Una adaptación impecable la de David Álvarez. Una interpretación perfecta la de Adolfo Fernández. Un monólogo magnífico el suyo con Susana Abaitua (estupenda también) como contrapunto. Es un cuento moral con muchas lecturas (la soledad masculina, el lolitismo, los amores asimétricos...) y formas diversas (hay sátira, hay ironía, hay interpelación al público y hasta hay casi un thriller). También hay críticas más que compartibles en el soliloquio exasperado de este madrileño solitario: la de los opinantes radiofónicos mañaneros, la de la taxonomía laboral (budas, eventuales de mierda y soplapollas) y la del valor del automóvil para el hombre moderno (Ivan Illich dixit).  Pero, tras aparecer esa preciosa venus de Boticelli en versión vasca y delgada, también hay sosiego y dulzura en la forma en que se enfrenta a sus nuevos sentimientos este hombre maduro que, si fuera funcionario, hoy estaría bajo sospecha (algo he dicho del tema en mi blog de educación). De Adolfo Fernández tengo el mejor recuerdo en el papel de policia en aquella serie televisiva que tan excelentes interpretaciones nos regalaba en cada episodio (las suyas, las de Pedro Casablanc, las de José María Pou, las de Toni Acosta...) Ha sido un gustazo ver cómo recibía los aplausos interminables del publico puesto en pie que hoy le agradecíamos (a él, a ella y también a David Álvarez) una obra excelente que cierra otra temporada magnífica en el soberbio off teatral que los asturianos tenemos la suerte de disfrutar en esta sala íntima del subsuelo del Niemeyer.

sábado, 11 de junio de 2016

La estupidez

de Rafael Spregelburd. Dirección: Fernando Soto.
Producción: Feelgood Teatro.
con Javier Márquez, Fran Perea, Toni Acosta, Javi Coll y Ainhoa Santamaría.

 
11 de junio de 2016. Centro Niemeyer (Auditorio), Avilés. 195’ aprox. (con descanso)

Historias cruzadas en un motel de Las Vegas. La de unos policias de carretera, la de unos estafadores de obras de arte, la de un científico histérico, la de dos parejas horteras, la de unos italianos que bailan... Todas bastante estúpidas. Y con el interés común por el dinero.  

Tres horas y cinco actores para venticuatro personajes en un motel de carretera. El ritmo es trepidante. La puesta en escena endiablada. Y el texto tan inmenso que llevaría muchas más horas leerlo. Asistimos a una serie de variaciones sobre la estupidez. Travestida de arte, de ciencia, de música, de relaciones cutres entre gentes corrientes. El entorno parece setentero y rabiosamente americano. Pero los personajes tienen esa radical locuacidad argentina que tanto me gusta en el teatro. Las historias que vemos no son importantes. Ni edificantes. Son solo hilos que se van trenzando en tres horas de teatro exigente y muy arriesgado. Pero también muy divertido y no menos lúcido que banal. La estupidez es una apuesta teatral compleja de la que salen muy bien parados el autor de este texto excesivo y sorprendente, el director de esta comedia exigente y estimulante y, especialmente, esos cinco actores camaleónicos que mutan entre sus personajes a velocidades imposibles.

viernes, 3 de junio de 2016

Humanos / La habitación oscura / Clara

dirigida por Sandro Cordero / de Tenesse Williams. Dirigida por Fernando Rebanal / de Carlos Troyano. Dirigida por Anabel Díez
Hilo Producciones / Rebanal Teatro / Compañía de Teatro Anabel Díez.
con Laura Orduña / con Fernando Rebanal y Chus Samperio / con Pilar García Solar y María Valades

 
3 de Junio de 2016. Teatro Municipal Concha Espina, Torrelavega. 15’ aprox. / 15’ aprox. /
15’ aprox.

Los artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos leídos por una mujer que comienza como conferenciante y termina desquiciada. Un hombre tomando testimonio a una mujer muy pobre cuya hija lleva meses a oscuras en la habitación de al lado. Y una Clara Campoamor octogenaria conversando con la Clara Campoamor republicana sobre lo que un día hizo aquella joven y sobre el legado que deja esta anciana.

En esta breve escapada cántabra coincidimos en Torrelavega con el primer viernes de un ciclo sobre microteatro en el Teatro Municipal Concha Espina. Al modo de los off que más nos gustan en Avilés y en Madrid, las tres obras se representan tres veces ante públicos que se alternan entre tres espacios próximos: una sala de exposiciones aneja al teatro, un vestíbulo de la planta baja y el propio escenario al otro lado del telón. Humanos consigue ser una provocación con tan solo la lectura de una serie de artículos de la Declaración de Derechos Humanos que escuchados hoy parecen utópicos. La habitación oscura es una pieza magníficamente interpretada sobre un hombre que pregunta, una mujer que apenas sabe responder y un perro que casi no se mueve. Por último, Clara es un diálogo bien escrito y sobriamente interpretado entre los dos tiempos de la mujer que defendió con ilusión un derecho y que pudo morir orgullosa de que, gracias a ella, se hiciera real. Así que han sido tres piezas muy gratas de un microteatro muy digno.