de Ignacio García May. Dirección: Eduardo Vasco.
Una coproducción del Teatro Español y Entrecajas.
con Juan Echanove y Joaquín Climent.
26 de junio de 2026. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 80’ aprox.
Pierre y Cecil hace tiempo que no se ven. Han quedado para ponerse al día y hablar de sus cosas. De lo insatisfactorio que resulta el éxito literario cuando se tiene conciencia de que no es fácil captar la realidad como lo hacía Chéjov. O de la posibilidad de que un escritor fuera el verdadero artífice de toda la realidad. Quizá lo sea alguien a quien están esperando. O pudiera serlo uno de ellos y eso sería la esencia de todo esto.
El texto de Ignacio García May es superlativo. Un verdadero pugilato argumental en el que se trenzan los hilos de la ontología y el lenguaje con la fuerza de los mejores duelos de Pascal Rambert. Un laberinto cautivador lleno de subtextos y metatextos que dota a los personajes y al hecho escénico de esa capacidad de sugerencia que parece estar solo al alcance de autores como Juan Mayorga. Pero también un fascinante encuentro especular entre dos personajes que recuerda a otros tan singulares, pero menos conocidos, como los de Por voluntad propia, aquella joya escrita e interpretada por Javier Manzanera y Celia Nadal. Esencia es teatro mayúsculo por su dramaturgia, por su contenida y oportuna dirección y porque Juan Echanove y Joaquín Climent hacen uno de esos trabajos que se seguirán recordando cuando pasen muchos años. La naturalidad de su compenetración impresiona tanto como la velocidad de sus intercambios. El ritmo trepidante de Esencia exige la máxima atención del público, pero es otro de los aciertos de Eduardo Vasco. La exigencia que supone para los intérpretes les ha permitido darnos hoy una verdadera lección de excelencia interpretativa. Y también demostrar que el verdadero teatro no necesita voces amplificadas, sino voces poderosas y seguras como las de estos dos gigantes de la escena llamados Juan Echanove y Joaquín Climent.
