domingo, 29 de julio de 2018

Filoctetes

de Sófocles. Versión: Jordi Casanovas. Dirección: Antonio Simón.
una coproducción de Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y Bitó.
con Pedro Casablanc, Pepe Viyuela, Félix Gómez, Samuel Viyuela, Arantxa Aranguren, Sandra Arpa, Marina Esteve, María Herrero, Sara Illán, Nahia Laiz y Mónica Portillo.

29 de julio de 2018. Teatro Romano. 64º Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. 95’ aprox.

Ulises encarga a Neoptólemo que engañe a Filoctetes para conseguir su arco y vencer en Troya. Él no puede hacerlo porque hace diez años lo abandonó a su suerte en la isla de Lemnos con una grave herida en una pierna. Filoctetes confiará en Neoptólemo y a este se le hará muy difícil cumplir el encargo de Ulises. Finalmente Hércules hablará desde el más allá y convencerá a Filoctetes de que, a pesar de todo, les ayude a conquistar Troya. 

Pedro Casablanc en el papel de Filoctetes ya era suficiente motivo para venir a ver esta obra de Sófocles que nunca se había representado en España. Filoctetes tiene mucho diálogo reflexivo y pocas acciones. Es la historia de un robinsón herido y noble que pondrá a prueba la ética de un joven que no quisiera ser desleal con nadie.  En este sentido, el duelo principal se establece entre Pedro Casablanc y Félix Gómez y ambos salen muy bien parados. El primero transmite el dolor inmenso por esa pierna que nunca ha sido curada (cómo le entiendo en estos días que no soy bípedo) y por aquel abandono tan injusto. El segundo hace muy comprensibles las cuitas morales de su personaje y acierta a transmitir la estupenda ambigüedad del texto de Sófocles cuando, hablando mal de Odiseo (en esta versión se usan los nombres latinos para él y para Heracles), Neoptólemo miente y es sincero a la vez. También está muy bien Pepe Viyuela encarnando a un Ulises de traje y corbata con maneras de político o empresario canalla e imponente. Él y los soldados son las únicas derivas actualizadoras que nos propone Antonio Simón y hay que decir que le vienen tan bien a este Ulises como a aquellos personajes del magnífico MBIG de José Martret que, sin embargo, era tan respetuoso con lo esencial del texto de Shakespeare. La fidelidad al texto de Sófocles tambien domina en esta oportuna versión de Jordi Casanova que, aunque publicitada como llena de lecciones sobre nuestro presente (y eso me ponía en guardia), por suerte deja que seamos nosotros quienes las encontremos en la propia historia de Sófoclés. También se había hablado de una mirada pacifista y feminista en el papel del coro (otra vez en guardia, y no porque desprecie las intenciones sino porque me repelen los subrayados políticamente correctos), pero en sus voces predominan las pertinentes apostillas de la propia conciencia de Neoptólemo (y eso también está en el texto de Sófocles) y unas coreografías magníficas que hacen de contrapunto femenino perfecto a esos diálogos largos entre muy pocos hombres. Por lo demás, la escenografía es muy eficaz con ese barco varado y por momentos transparente que sirve de cueva y delimitación de angosturas, con esas ruedas que marcan ese no-lugar insular y con esas imágenes proyectadas en el siempre imponente escenario de Mérida. Quizá me ha sorprendido algo menos ese Deux ex machina final con la imagen y la voz de Miguel Rellán haciendo de Hércules, pero en general el trabajo de todos los actores y la propuesta de Antonio Simón son un buen ejemplo de que en un festival como este, además de reinterpretaciones de los clásicos grecolatinos más conocidos, también cabe esperar  la representación con calidad de otros textos menos frecuentes en nuestros escenarios. Así que ha sido otra estupenda noche de buen teatro en Mérida.

lunes, 23 de julio de 2018

Macbeth

de William Shakespeare. Traducción y adaptación: Joe Broderick. Dirección: Pedro Salazar.
producción: Teatro Colón de Bogotá y La Compañía Estable.
con Christian Ballesteros, Diana Alfonso, Diego León Hoyos, Felipe Botero, Iván Carvajal, Andrés Estrada y otros.

23 de julio de 2018. Centro Niemeyer, Avilés. 120’ aprox.

De regreso del campo de batalla unas brujas saludan a Macbeth como futuro rey.  Y la profecía se hará realidad porque, influido por su mujer, esa noche asesinará a Duncan, el buen rey de Escocia. A ese horrendo crimen le sucederá una espiral de crueldad, miedo y remordimiento con la que Macbeth hará también ciertas las demás profecías.

Desde Bogotá, pasando por Almagro, nos llega este poderoso Macbeth de maneras mucho más clásicas que los que hemos visto en los últimos años (el extraordinario MBIG de José Martret y la propuesta, también magnífica, de Andrés Lima en Los Mácbez). La escenografía es mínima con apenas tres grandes estructuras metálicas que enmarcan grandiosamente los cuadros y aún acentúan más la profundidad y enormidad de este escenario que, sin embargo, no les queda grande a estos quince estupendos actores colombianos. También las nieblas, la iluminación y los atuendos de los personajes (magnífica elección los de todos ellos y especialmente sobrecogedores los de las brujas) hacen que la puesta en escena tenga una calidad magnífica con unos movimientos coreográficos muy pertinentes y conjuntados especialmente en momentos especialmente logrados como el de la aparición del espectro de Banquo en la cena o el avance final del bosque de Birnam. Todas las interpretaciones son impecables, con maneras sobrias, gestos enfáticos a la manera clásica y dicción perfecta. Y está simplemente soberbio de principio a fin Christian Ballesteros en el papel de Macbeth. Todo es, por tanto, favorable para seguir apasionadamente esta tremenda historia sobre la ambición y la culpa que esta noche me ha hecho pensar que Shakespeare pretendió invertir con Macbeth el papel de la profecía en la tragedia de Edipo y casi anticipar ese vértigo con el que el cine clásico se ha acercado siempre a las consecuencias de intentar el crimen perfecto. Ya sé que, tratándose de una producción colombiana y del más sangriento de los dramas clásicos, uno podría pensar también en otras asociaciones más actuales, pero la magnífica propuesta de Pedro Salazar las evita muy oportunamente y yo me niego a hacerlas. Sobre todo porque si lo que hemos presenciado esta noche viniera de Londres y no de Bogotá, estuviera dicho en inglés sobretitulado y no en la viva voz poderosa de ese español tan hermoso que hablan los colombianos, seguramente nadie habría pensado en el Brexit y la compañía habría contado a priori con una presunción de calidad que las producciones de otros países siempre tienen que ganarse. Por fortuna, el largo aplauso del público ha sabido reconocer la mucha que tiene este Macbeth que nos llega desde América y que no necesita añadidos contextuales para reivindicarse como lo que es. Simplemente magnífico teatro.

viernes, 13 de julio de 2018

Nerón

de Eduardo Galán. Dirección: Alberto Castrillo-Ferrer.
una coproducción de Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y Secuencia 3.
con Raúl Arévalo, Itziar Miranda, José Manuel Seda, Diana Palazón, Francisco Vidal, Javier Lago, Daniel Migueláñez, Carlota García.

13 de julio de 2018. Teatro Romano. 64º Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. 100’ aprox.

Frivolidades de Nerón. Las de quien tuvo una madre que asesinó a su padre para que llegara a ser emperador. Las de un tipo amanerado bastante caprichoso y voluble. Las de un amante ambiguo y un esteta sin criterio. Y las del tirano que tocaba la lira y mataba cristianos mientras Roma ardía.

Esta tarde he terminado de leer El lápiz y la cámara de Jaime Rosales. Para él hay diferencias muy notorias entre el cine clásico y el cine moderno. En el segundo, el reclamo principal no son los actores sino la mirada del director, mientras que en el primero prima la transparencia, de modo que el espectador tenga siempre la impresión de que todo lo que ve está sucediendo ante él. Seguramente este Nerón se tendrá por moderno, pero está claro que, al menos en el sentido de Rosales, en absoluto lo es. Tras el estupendo y muy sugerente Calígula de Albert Camus, que dirigió aquí el año pasado Mario Gas, solo se deberían traer a este escenario recreaciones sobre emperadores canallas que trascendieran los tópicos. Y este Nerón no lo hace. Usando los recursos del lenguaje cinematográfico más clásico (en el sentido criticado por Rosales) nos presenta una propuesta de la que solo me han gustado el aspecto general del escenario (bien fotogénico incluso antes de que la obra comience) y el personaje de Agripina (bien intercalado en la historia y bien interpretado por Itziar Miranda). Lo demás aporta poco y apenas escapa de los lugares comunes en el desarrollo general de la obra y muy especialmente en la relación de Ligia con Pablo de Tarso y con Marco Vinicio. Pero lo que peor me ha parecido con diferencia es ese registro que ha de adoptar Raúl Arévalo (el magnífico director de Tarde para la ira) para mostrarnos como ridículo a este Nerón buscando una y otra vez la risa del público con esos ademanes amanerados que tanto gustaba caricaturizar en los tiempos más homófobos. Ahora que la reivindicación LGTBI ha alcanzado notable visibilidad, no deja de ser curioso lo bien que sobreviven (y hasta se refuerzan) esos tics que asocian la homosexualidad masculina con lo patético y lo risible. Por lo demás, habiendo en este país tanta calidad en la escritura teatral y en la dirección escénica y siendo siempre tan agradecido el público de este festival, es una lástima que en Mérida se repitan propuestas tan complacientes como esta. No con el público, sino con lo que algunos (muy poco modernos) creen que será capaz de apreciar.


miércoles, 11 de julio de 2018

Los perros

de Selu Nieto. Dirección: Selu Nieto.
producción: Teatro a la Plancha
con María Díaz, Carlos Serrano y Selu Nieto.

11 de julio de 2018. Teatro Auditorio Siero, XXXVI Semana de Teatro de Pola de Siero. 55’ aprox.


La piojosa, el ciego y Expósito. Y también un perrillo de trapo. Son unos infelices olvidados en un hospicio o en un psiquiátrico. No esperan a Godot sino a un director general que, como aquel, nunca llega. Entre el miedo a unos celadores que tampoco están y la esperanza de que algo pueda pasar van pasando las horas del día mientras contemplamos la bondadosa ingenuidad y el tedio desesperante de estos tres seres tan vulnerables.

Con una ajustadísima interpretación de esos infelices cuyas palabras se encadenan como letanías, María Díaz, Carlos Serrano y Salu Nieto consiguen no salirse del estrecho margen que hay entre la ironía sobre estos pobres desgraciados y la poesía que destila el lenguaje casi automático de estos existencialistas que lo son a su manera. La puesta en escena es impecable, con una gestualidad perfecta, con un manejo siempre oportuno de esa estructura polivalente de madera magníficamente enmarcada por ese retablo rugoso que pareciera de Barceló y que, con la iluminación de la última escena, se nos revela compuesto con ropas tan humanas como el miedo y la (des)esperanza de estos tres tiernos personajes. 

lunes, 9 de julio de 2018

Luces de bohemia

de Ramón María del Valle-Inclán. Adaptación y dirección: Alfonso Zurro.
producción: Teatro Clásico de Sevilla.
con Roberto Quintana, Manuel Monteagudo, Juan Motilla, Ámparo Marín, Antonio Campos, Rebeca Torres, Juanfra Juárez, Silvia Beaterio y José Luis Bustillo.

9 de julio de 2018. Teatro Auditorio Siero, XXXVI Semana de Teatro de Pola de Siero. 125’ aprox.

Asistimos al entierro de Max Estrella y lo acompañamos en sus peripecias madrileñas durante las horas anteriores a su muerte. Él es un pobre escritor ciego, un cráneo privilegiado con maneras de Quijote urbano al que su Sancho Latino venera y engaña. Como si se tratara de España.

Nueve actores magníficamente conjuntados van encadenando escenas en las que el poderoso texto original se actualiza (aún más) con leves referencias al presente tan bien integradas que parecieran escritas por un Valle-Inclán redivivo. Las interpretaciones son impecables, casi coreográficas, con un manejo perfecto de esos nueve cajones que reconfiguran cada pocos minutos un espacio escénico increíblemente polivalente. Todo está perfecto en este montaje memorable de Alfonso Zurro. Los movimientos escénicos, la iluminación, el vestuario y, por supuesto, la fuerza y armonía de unas interpretaciones que resultan inmejorables para un texto como este.

viernes, 6 de julio de 2018

Todas las noches de un día

de Alberto Conejero. Dirección: Luis Luque.
producción: Pentación espectáculos.
con Carmelo Gómez y Ana Torrent.
 
6 de julio de 2018. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 75’ aprox.

Samuel responde a las preguntas de un policía. Es el jardinero de la casa en la que vivía Silvia, una mujer cuya desaparición se investiga y que sigue muy presente para él.

Alberto Conejero ha escrito casi un monólogo en el que Carmelo Gómez está soberbio en esos diálogos con un policía que no vemos y en los que siempre se siente acompañado por la mujer desaparecida. Ana Torrent apostilla y acaricia con su presencia el drama de este jardinero poético y fiel. Ambos se entienden de maravilla (Samuel y Silvia pero aún más Carmelo y Ana). Así que sus diálogos acompasados, casi musicales, demuestran un afinidisima compenetración que hace muy estimable este drama que en conjunto no me conmueve, pero que tiene momentos poéticos, está bien dirigido y, sobre todo, cuenta con dos actores que están francamente bien.

sábado, 30 de junio de 2018

Islandia

de Lluïsa Cunillé. Dirección: Xavier Albertí.
Producción: Teatre Nacional de Catalunya.
con Joan Anguera, Lurdes Barba, Paula Blanco, Juan Codina, Oriol Genís, Jordi Oriol, Albert Pérez, Albert Prat, Lucía Quintana y Abel Rodríguez.

30 de junio de 2018. Teatro María Guerrero, Madrid. 120’ aprox.

Un islandés quisiera ir a Nueva York para estar con su madre. Tras despertar en compañía de una joven se ve a si mismo emprendiendo ese viaje como si tuviera quince años. Nosotros veremos al adolescente que encuentra en Wall Street, en Harlem y en el Bronx a distintos seres desamparados en un mundo terrible.

Escenas sucesivas de tristeza creciente. La del despertar una mañana en Reikiavik de un hombre al que le fue bien antes de la crisis. Y las del despertar a la vida en Nueva York de un joven que va descubriendo el mundo inhóspito en el que vive su madre. El texto tiene la sobriedad justa para que los diálogos sean evocadores sin dejar de ser realistas. La puesta en escena consigue que nos sintamos sucesivamente en una habitación islandesa, en un tren de Nueva York, en el puesto callejero de una mujer posiblemente desahuciada o al lado de un pobre hombre que vende hamburguesas. Las interpretaciones son perfectas y de maneras clásicas. Justo las que le convienen a este drama urbano que comienza en Reikiavik y termina en Manhattan. Islandia nos habla de los efectos particulares de las crisis globales. Y lo hace con las formas de un teatro catalán sobrio y rotundo que parece inspirado en la mejor tradición americana.


viernes, 29 de junio de 2018

SYD. Efectos que dejan de ser especiales con el tiempo

texto: Fernando Epelde. Dirección: Dolores Garayalde.
lectura dramatizada organizada en colaboración por Plataforma de Directores Emergentes en Emergencia, Contexto Teatral y El Pavón Teatro Kamikaze
interpretación: Roberto Iglesias, Belén Lázaro, Ángel Mauri, Laura Jabois y Jorge del Río

29 de junio de 2018. El Pavón Teatro Kamikaze (ambigú), Madrid. 60’ aprox.



Un hombre mayor habla con sus médicos mientras ellos inspeccionan su cerebro. Él era un artesano que creaba efectos especiales para el cine. Ahora la productora quiere hacer una nueva versión actualizada de una de sus películas. Con efectos más actuales. Y a cargo de su hija.

Asistimos a una nueva experiencia en el Pavón Kamikaze. Se trata de Las funciones por hacer, una iniciativa que quincenalmente se organiza en el ambigú y que consiste en lecturas dramatizadas de textos aún no representados. Esta tarde ha sido el de Fernando Epelde que incluye ironías sobre las relaciones familiares, elementos un tanto gore y también referencias interesantes sobre el paso del tiempo en la obra cinematográfica y su posible traslación al teatro. Igual que en la exposición de los bocetos de Rubens en el museo del Prado, esta tarde hemos encontrado en el Pavón bastante más de lo esperado. Veníamos con la idea de asistir a una lectura entonada de varios actores sentados y nos encontramos con que efectivamente leen, pero también interactúan. Dolores Garayalde ha creado ambientes y ha incluido elementos escenográficos que nos hacen fácil imaginar posibilidades para la puesta en escena de la obra. Sin duda, será un reto difícil, al menos con un presupuesto contenido. De hecho, no sé si SYD llegará a montarse alguna vez, pero está claro que ya ha conseguido tener más realidad teatral que la propia de un texto.

sábado, 16 de junio de 2018

El mercader de Venecia

de William Shakespeare. Dirección: Brendan O'Hea.
producción: Shakespeare Globe Theatre.
con Luke Brady, Steffan Cennydd, Cynthia Emeagi, Sarah Finigan,  Colm Gormley, Russell Layton, Rhianna McGreevy y Jacqueline Phillips.

16 de junio de 2018. Centro Niemeyer, Avilés. 135’ aprox. (con descanso)

Bassanio superará la prueba de los tres cofres para casarse con su amada Porcia. Pero su amigo Antonio, que por ayudarle contrajo una deuda que ahora no puede pagar, tendrá que cumplir la condición que pactó con Shylock: darle una libra de su propia carne. Finalmente será el judío quien saldrá malparado.

Hemos visto El mercader de Venecia, pero por las mismas podríamos haber visto La fierecilla domada o Noche de Reyes. La intensidad de la ovación del público en la votación previa a la representación inclinó la balanza hacia esta historia que, por ser de quien es, no recibe objeciones sobre su incorrección política en el tratamiento del personaje judío. Por el Centro Niemeyer ya ha pasado muchas veces Shakespeare y, en varias ocasiones, de la mano de los mejores teatreros londinenses. Antes de que su auditorio estuviera disponible, este centro cultural puso bien alto el nivel de su vocación internacional trayendo al Palacio Valdés en 2010 y 2011 los montajes que hizo Sam Mendes para el Old Vic de La tempestad y de Ricardo III (este último interpretado nada menos que por Kevin Spacey). El año pasado fueron los de Cheek by Jowl los que nos trajeron un Cuento de invierno magnífico y ahora nos llega, desde el templo shakespeariano en la orilla misma del Támesis, esta propuesta triple (que también pasará por Bilbao y por Madrid) que deja decidir al público la obra que se representa. Con una iluminación plana y manteniendo encedida la luz del patio de butacas (quizá para que no sea tan grande la diferencia con el ambiente del Globe), la  escenografía se limita a un dispositivo estático y reducido que forman unos tablones y unos andamios para generar un espacio polivalente que los actores no tienen problema en abandonar bajando de cuando en cuando al patio de butacas. Con frecuentes intervenciones frontales, los ocho actores proyectan bien sus voces de modo que consiguen hacerse con todo el espacio sin que nadie eche de menos ninguna amplificación.  Por lo demás, se nota que el montaje está pensado para un lugar abierto con un público entregado. El espacio londinense nada tiene que ver con este (ni tampoco con las salas del Canal ni con el teatro Campos Eliseos) y eso se nota en una representación que se hace grata pero que está bastante lejos de las noches que sus compatriotas nos han deparado aquí. Eso sí, la entrega del público (había muchos teatreros pero también muchos anglófilos) ha sido incondicional, seguramente porque han podido recibir la esperada, pero poco sorprendente, comunión shakespeariana. Ojalá que también se llene este auditorio dentro de un mes para ver ese Macbeth que, tras pasar por Almagro, nos traerán los del Teatro Colón de Bogotá y La Compañía Estable. Ya tengo ganas de ver cómo suenan aquí las tremendas palabras de ese Shakespeare mayor pronunciadas con el bellísimo acento de los colombianos.

sábado, 2 de junio de 2018

La voz dormida

de Dulce Chacón. Adaptación: Cayetana Cabezas. Dirección: Julián Fuentes Reta.
producción: Salvador Collado.
con Laura Toledo.

2 de junio de 2018. Centro Niemeyer (Club), Avilés. 70’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer
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A Pepita le hace bien hablar con su hermana Hortensia mientras cose. Como si aún estuviera viva, como si no la hubieran fusilado. También la vemos evocando lo que les pasó tras la guerra. A su hermana en la cárcel, a ella en Madrid y a los hombres que se echaron al monte.

Laura Toledo está impresionante en esta adaptación teatral que convierte en soliloquio múltiple el relato también fragmentario de la magnífica novela de Dulce Chacón. La oralidad femenina y doliente que hacía tan entrañable y triste aquel relato sigue presente en esta adaptación escénica que cuenta con una actriz capaz de llenar de verdad y emoción esas palabras meridionales. A Laura Toledo le ha tenido que llegar de casa ese lenguaje y esa forma de estar en la vida tan característicos de una mujer de posguerra. Solo así se explica que pueda aportar tanta verdad a su personaje. Por lo demás, la puesta en escena es sencilla pero muy pertinente con esos hilos radiales (y familiares) que llegan (o salen) de una máquina de coser que al final ella misma descompone para componer un homenaje emotivo a una memoria histórica que aún sigue pendiente de ser recuperada en tantas cunetas españolas. También ha sido muy acertada esa presencia masculina silente que aún subraya más las ausencias con las que ella habla y por las que ella sufre. En el día en que por primera vez un presidente español ha prometido su cargo sin tener un crucifijo delante, ha sido especialmente emocionante ver esta obra. Y también ese epílogo en el que Laura Toledo se ha puesto una camiseta negra con tres palabras impresas: pasado, presente, futuro.

viernes, 25 de mayo de 2018

24 horas en la vida de una mujer

de Stefan Zweig. Dirección y adaptación: Ignacio García.
producción: Lamarsó produce.
con Silvia Marsó, Felipe Ansola y Germán Torres.

25 de mayo de 2018. Centro Niemeyer, Avilés. 85’ aprox.

Una mujer mayor evoca una jornada que pudo ser decisiva. Aquella en la que, tras la muerte del marido, encontró en Montecarlo a un joven jugador al que quiso redimir y del que se enamoró. Fueron veinticuatro  horas de pasión en las que pudo cambiar el rumbo de su vida. Y un recuerdo secreto que tenía que compartir con alguien.

Me intrigaba cómo se podría llevar al escenario una historia como la de Zweig. Los espacios y los tiempos del relato me parecían más propicios para el cine que para el teatro (curiosa coincidencia la de esta obra con la magnífica película Las estrellas de cine no mueren en Liverpool que vimos ayer en Los Prados). También tenía curiosidad por ver cómo se planteaba en formato musical. Sin embargo, me temo que los espectadores que no hayan leído la novela no se animarán a hacerlo tras lo visto esta noche. Nada hay que reprochar a los intérpretes, pero sí a la previsibilidad de un formato que gustará seguramente a quienes les atraen los musicales por el mero hecho de serlo. Creo que no se ha acertado en la construcción de una obra que aprovecha el prestigio del escritor austriaco sin conservar lo esencial de un relato que no es únicamente la descripción de una jornada particular. En la novela hay dos voces narrativas sucesivas. Una masculina, que prologa el interés de lo que contará la mujer madura, y otra la de esa confesión radicalmente femenina y singular. Aquí las dos voces se diluyen e intercalan todo el tiempo entregando a un maestro de ceremonias bastante tópico la conducción de una historia que ya no recibimos como un sentido y compartible soliloquio femenino, sino como la tórrida y boba aventura de una mujer que estuvo a punto de perderse. Teniendo recientes la novela de Zweig y la película de McGuigan me resulta difícil apreciar otras virtudes en esta obra. Eso sí, recomiendo vivamente esas dos historias.

viernes, 11 de mayo de 2018

La valentía

texto y dirección: Alfredo Sanzol.
una producción de La Zona Teatro y El Pavón Teatro Kamikaze.
con Jesús Barranco, Francesco Carril, Inma Cuevas, Estefanía de los Santos, Font García y Natalia Huarte.

11 de mayo de 2018. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 100’ aprox. Estreno absoluto.

Tres parejas de hermanos. Guada y Trini, que discrepan sobre lo que hay que hacer con una casa familiar asediada desde hace años por los ruidos de una autopista. Martín y Martina, que se hacen pasar por inquilinos circunstanciales pero que en realidad son fantasmas de unos antepasados que quieren seguir en la casa. Y Clemen y Felipe, dos tipos a los que Trini ha contratado para que hagan de fantasmas y así Guada se convenza de que hay que venderla. Los fantasmas reales y los otros se enredan con los ruidosos afectos que unen y separan a las dos hermanas.

Un fantasma sentado en un sofá en medio de las dos hermanas. Así comienza esta comedia con la que Alfredo Sanzol radicaliza su gusto por las historias familiares cruzando las fronteras entre los vivos y los otros. A diferencia de Amenábar no quiere sorprendernos con ellos. Más bien nos habla de cualquiera de nosotros, de tantos hermanos que compartimos recuerdos del pasado y quizá discrepamos sobre cuánto deben seguir presentes en el futuro. Por eso son tan oportunas esa casa familiar y esas afueras ruidosas que nunca vemos. Los actores están muy bien. Inma Cuevas y Estefanía de los Santos poderosísimas en los papeles de las dos hermanas. Natalia Huarte aporta una delicadeza perfecta a esa Martina pretérita. También están muy bien Font García y Jesús Barranco en esos papeles cómicos tan bien llevados. Y Francesco Carril, ese estupendo actor que, tras el magnífico estreno hace dos meses de El tratamiento de Pablo Remón, está soberbio interpretando ahora a este Martín dieciochesco. La historia funciona a la perfección como un juego cómico (y un tanto histriónico) en el que unos hermanos, unos fantasmas, una casa con alma y una autopista sin ella aportan claves que aún hacen reconocible al Sanzol anterior a La ternura. También me han gustado esas ironías de las que está trufado el texto (como la idea de convertir en fastasmas a los clientes de Airbnb). Justo en esta semana en que Alfredo Sanzol acaba de recibir el Premio Valle-Inclán creo que con esta obra ha querido dar un giro a su teatro. En cierto modo, él mismo lo reconoce en el programa de mano: "soy un autor cómico con aspiraciones filosóficas, de igual manera que hay muchos filósofos con aspiraciones cómicas". Igual que ha sucedido en este estreno impecable en el Palacio Valdés estoy seguro que el público del Pavón también se desternillará con La valentía. Pero yo prefiero al otro Sanzol. No sé si más filosófico, pero sí más poético. Ese que me ha hecho sonreir pero también pensar y emocionarme. Prefiero la ternura y la poesía con que ha tratado a los personajes de sus obras anteriores a la valentía con que crea con estos una comedia hilarante.

sábado, 5 de mayo de 2018

Cuerdas

de Bárbara Colio. Dirección: Juanma Gómez.
una producción de La Kimera Teatro.
con Pablo Castañón, Héctor González y Miguel Rascón.

5 de abril de 2018. Centro Niemeyer (Club), Avilés. 75’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer
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Peter, Paul y Prince son tres hermanos que vuelven a encontrarse para asistir al que será el último espectáculo de su padre. Él es un funambulista que les ha escrito pidiéndoles que estén presentes en ese momento cumbre en que caminará sobre una cuerda tendida entre dos torres. Durante hora y cuarto los vemos compartiendo aviones y esperas para cruzar medio mundo con ese fin.

Esa cotidianidad extraña que se da en los momentos de tedio de los viajes inesperados está magníficamente representada por estos tres actores que clavan la sintonía recuperada entre esos tres hermanos distanciados. Ya solo con eso Cuerdas es una obra estupenda que da gusto ver por su sugerente texto  y por el naturalismo con que se van desvelando las personalidades de sus protagonistas. Pero se convierte en algo muy especial con la fuerza que le aporta ese poderoso fuera de campo sobre el personaje omitido del padre funambulista. Pensando en él uno recuerda el extraordinario texto de Jean Genet y el vértigo magnético de dos películas tan extraordinarias como Man on wire de James Marsh  y El desafío de Robert Zemeckis. Cuerdas es una ficción deliciosa que, además de otros aciertos, tiene también el de evocar aquella hazaña poética que protagonizó Philippe Petit en agosto de 1974.

El funambulista de Jean Genet