sábado, 17 de enero de 2026

La secuencia

Adaptación y Dirección: Borja López Collado. de la película Jusqu'ici, tout va, de Francesc Cuéllar
Producción: Triangle Teatre.
con María Almudéver y Borja López Collado


17 de enero de 2026. Centro Niemeyer (club), Avilés. 60’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer.

Sin apenas tiempo para terminar las tres últimas tomas de la mañana, el director de una película recibe la visita de la actriz protagonista. Ella no rueda hasta mañana, pero viene a comunicarle que no hará la escena del desnudo que tenían prevista para la semana siguiente. Será una confrontación radical sobre lo que significa la honestidad en el arte y en las relaciones personales. Y sobre la dificultad de deslindar los límites entre el compromiso y la libertad.
 
El resumen es el de la reseña que hice sobre Jusqu’ici, tout va, la magnífica película en que se basa esta obra. Borja López Collado (que, como Francesc Cuellar en la película, dirige e interpreta esta propuesta) solo cambia aquí el motivo de la presión temporal que condiciona el encuentro de la actriz y el director. Hay también alguna diferencia en el epílogo, pero, en general, La secuencia mantiene el texto y el tono de la confrontación entre una actriz y un director, entre una amiga y un amigo o, simplemente, entre un hombre y una mujer, que hacía tan extraordinaria aquella película. Jusqu’ici, tout va era prácticamente una obra de teatro que bien podría haberse hecho en tiempo real (no hay un único plano secuencia, pero aquel intenso encuentro de Lola Marceli y Francesc Cuéllar parecía filmado de manera continua sin más montaje que la unión de las tomas de las distintas cámaras). La secuencia lleva, por tanto, al escenario (a su entorno natural) esta confrontación que es mucho más que la desavenencia, protesta o negativa de una actriz a interpretar desnuda una escena. Es una impugnación radical a las trampas de la creación artística. Las que tienden allí las palabras ("hecho con honestidad", "desde un lugar", "se trata de un viaje", "hemos transitado"...), las que sufren los intérpretes cuando se entregan a sus personajes y las que afectan a los directores en la tensión entre la sinceridad y el reconocimiento. En esa actriz y ese director pesan, además, sus trayectorias. La que inició un padre, el de ella, que impulsó una pasión infantil y la que sigue condicionada por la memoria de otro padre, el de él, que todavía orienta sus afanes. La disputa entre la actriz y el director será primero áspera y luego catártica. Y tendrá una hondura que hace muy valiosa la hora que dura la obra y también la película. Las dos se mueven en circuitos periféricos y (¿por tanto?) sinceramente honestos como este off del Niemeyer o el Atlàntida Film Fest y Filmin. Así que ojalá que quienes vean esta obra busquen la película y quienes ya hayan visto aquella sepan que la obra está en cartel y merecería llegar a sus teatros. Hay muchos dípticos perfectos que se deberían programar juntos en las salas de cine (ahora mismo, Al final de la escapada, de Godard, y Nouvelle Vague, de Linklater -en ese orden-). Pero en ocasiones también puede haber algunos entre las programaciones de las salas de cine y las de los teatros con vecindades tan propicias (que no comparaciones) como las que plantean esta obra y aquella película. En cualquier orden.