sábado, 20 de diciembre de 2025

Monstruas

idea original de Jango Edwards. Dirección: Mila Von Chobial.
Producción: Anemisko.
con
 Cristi Garbo y Vikisua.

20 de diciembre de 2025. Teatre La Gleva, Barcelona. 70’ aprox. (catalán)

Nosferata es una vampira exasperada. Por la escasez de sangre inocente (hay demasiada sangre corrupta) y por la creciente digitalización que todo lo banaliza (hasta el miedo al vampirismo). Con ella vive 
Frau Lichtenstein, una sirvienta esclavizada que querría ser vampira.
 
Volvemos al teatre La Gleva y nos encontrarnos con estas monstruas que indudablemente lo son. El de Anemisko es teatro sin tregua a cargo esta noche de Cristi Garbo y Vikisua. Ya digo,  unas verdaderas monstruas de la interpetación. Ellas solo tienen un problema: nuestra incapacidad para no perdernos ninguno de sus gestos. Y es que la Nosferata nos abduce, pero las miradas y los ademanes de su sirvienta merecerían que pudiéramos concentrarnos todo el tiempo y a la vez en los rostros de las dos. Monstruas es un divertimento inclasificable. Mete miedo, pero no por su terrorífica temática sino en el otro sentido (asturiano) de la expresión: su impresionante calidad. Todo son momentos impagables: los interminables e hilarantes gritos recíprocos al comienzo de la obra, los instantes musicales de la diva Nosferata con el acompañamiento al piano imaginario de su virtuosa sirvienta, las roturas de la cuarta pared para leer la mente del público, las salidas en busca de sangre fresca en encuentros de jóvenes cristianos y hasta las cualidades ilusionistas que también despliega Nosferata. Así que Monstruas es una delicia en formato mínimo con virtudes máximas. Apta para todos los públicos (excepto quizá el infantil), merecería tener mucho éxito en teatros grandes y, sobre todo, en los pequeños. Porque es en estos donde se consigue la intimidad perfecta entre estas vampiras de la escena y un público que no necesita sustos, sangre ni obviedades para disfrutar.  
 

miércoles, 17 de diciembre de 2025

El buen marido (Ostrogodia)

Autoría y dirección: PIlar G. Almansa.
Una producción de Teatro del Cuervo y Territorio Violeta.
con
Rosa Merás y Sergio Gayol.


17 de diciembre de 2025. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 90' aprox. Ciclo "Hecho en Asturias". Estreno absoluto.

Desde Ostrogodia, un lejano planeta de cultura acendradamente machista, nos observan con interés. Tanto, que envían a la Tierra a Teodogonda, una alienígena que tiene el encargo de observar nuestras formas de vida desde el punto de vista de una terrícula inmersionada. La elegida será una policía que acaba de recibir su primer encargo desde hace diez años: investigar quién ha dejado unas chuches azucaradas en las cercanías de un colegio. Y es que en la Tierra todos viven felices y cada marido es un cielo para su mujer. De hecho, todos los años se celebra el día de la Evaporación, en el que se conmemora la gran revolución feminista que hizo de nuestro planeta un paraíso de igualdad y convivencia.  

Son catorce los personajes que Rosa Merás y Sergio Gayol interpretan con solvencia. Y así, la cosa se complica para nosotros que contemplamos ese mundo utópico (el nuestro, tras la primera Evaporación) desde el punto de vista de esa extraterrestre que nos envidia desde su mundo distópico. El buen marido es una propuesta desenfadada y llena de vericuetos. Sorprende porque no nos pone ante el espejo del machismo del pasado o del presente, sino ante lo que podría ser un mundo que ya lo hubiera superado y quizá luego vuelva a encontrarse amenazado. Y es que esa gran invasión que, sin quererlo, Teopdogonda nos está preparando, podría ser la que se avecina de la mano de esos terrícolas a que tanto disfrutan con las chaquetas que aprietan, los aranceles que oprimen (la RAE dixit) y las motosierras que arrancan.

viernes, 12 de diciembre de 2025

Los cuernos de don Friolera

de Ramón María del Valle-Inclán. Dirección y adaptación: Ainhoa Amestoy.
una producción de la Comunidad de Madrid para Teatros del Canal.
con Roberto Enríquez, Nacho Fresneda, Lidia Otón, Ester Bellver, Miguel Cubero, Pablo Rivero Madriñán, José Bustos e Iballa Rodríguez.


12 de diciembre de 2025. Centro Niemeyer (auditorio), Avilés. 120 aprox. 

Al teniente Friolera le llega una nota que le advierte de sus cuernos. Con lo bien que estaba y lo poco que le faltaba para jubilarse, le toca poner a salvo su honra como militar español. Así que tendría que matar a su mujer.
 
El texto es un textazo. Entonces y ahora. Y no solo por meterse en los jardines del adulterio y la honra, del qué dirán y los bulos o del patetismo inherente a lo militar. También por apostar por la centralidad de las acotaciones en la representación, por ajustar cuentas en los subtextos, y sobre todo, por la lúcida acidez de unos metatextos que son lecciones sobre crítica literaria, filosofía de las artes escénicas y, de regalo, sobre el problema de lo español. En el propio texto se señala que es en la representación donde se muestra su verdadera semántica. Y lo sabe y cumple con creces Ainhoa Amestoy en su trabajo de adaptación y dirección de una obra que cuenta con un elenco soberbio. Los intérpretes están magníficos en conjunto y también cada uno (impresiona ver a Roberto Enríquez protagonizando esta obra cuando hace solo dos semanas que lo tuvimos en el Palacio Valdés estrenando Las amistades peligrosas). Pero la maravilla a la que hemos asistido esta noche no está solo en el texto, en la adaptación y en las interpretaciones. También en una puesta en escena perfecta con un impresionante esqueleto metálico de tres lados, hecho de cuadrantes, en el que se abren y cierran ventanas y puertas, arriba y abajo. Sin nada en medio ni paredes que oculten los tránsitos de unos personajes que continuamente entran y salen, suben y bajan, se consigue evocar los paisajes que necesitan las figuras de esta obra. Y es que ese escenario mínimalista, que tiene aspecto de jaula abierta o de colmena, nos ha hecho ver un patio de corrala, un patio de armas, una plaza de pueblo o, simplemente, un espacio vacío desde el que parecía que también Valle-Inclán nos hablaba. La historia no puede ser más clásica, popular, vanguardista, corrosiva e intencionada. Pero, además de las distintas capas que revelan las acotaciones (tan explícitas como ese esqueleto escénico), en la propuesta de Ainhoa Amestoy se combinan de forma perfecta el bululú con acólito, las marionetas a dos escalas, la (dia)lógica cuartelera, los cantares de ciego, el histrionismo de los cómicos de la legua y la hondura gamberra de un existencialismo hispánico que nos hace sentirnos coetáneos de aquellos otros años veinte. Ante dramaturgos y teatreros así, si no fuera porque don Ramón María se enfadaría, casi apetece expresar cierto orgullo nacional. 
 

viernes, 5 de diciembre de 2025

Muerde

Dirección y dramaturgia: Francisco Lumerman.
Producción: Timbre 4.
con Luciano Cáceres


5 de diciembre de 2025. Centro Niemeyer (club), Avilés. 55’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer.

René pasa mucho tiempo sin hablar. Y ahora lo hace para contarnos cómo ha sido su vida. La de un perro que no reacciona, como le decía su padre. La de un carpintero para el que los límites de su mundo son los de su taller. La de un hombre que aprendió a culiar con la mujer del grandote. Y finalmente la de un ser condenado al silencio. 
 
Hay monólogos de texto, monólogos de atmósferas y monólogos de expresión. Muerde es las tres cosas en grado superlativo y quizá por eso nos muerde el alma. Muerde ese soliloquio sincopado de un ser desvalido y habla intermitente al que se le transparentan los pensamientos. Muerde esa vida confinada que recuerda a la de otros infelices inolvidables como el Pacífico de Las guerras de nuestros antepasados o el Azarías de Los santos inocentes. A estos Delibes les dio unas vidas rurales en tierras castellanas y extremeñas. Francisco Lumerman y Luciano Cáceres obran el milagro de un René que uno esperaría porteño, pero que parece habitar en el Comala de Rulfo. Del primero ya supimos que era un dramaturgo y director magnífico cuando vimos El amor es un bien en aquellos tiempos confinados en que La Abadía y Timbre 4 trajeron a nuestras casas la cuarta pared de sus escenarios. A Luciano Cáceres es la primera vez que lo vemos y nos ha dejado fascinados poniendo voz, cadencia, piel, mirada y gesto a ese René que inspira tanta ternura como aquellos personajes de Delibes. Muerde cierra en nuestro off del Niemeyer una gira española que solo ha pasado antes por Barcelona y Madrid. Algo que debería llenarnos de orgullo al disfrutar de una programación escénica sin parangón fuera de esas ciudades. Así que, esperando que vuelvan pronto por aquí, les deseamos lo mejor a Francisco y a Luciano. Como apuntaba en la reseña de Tebas Land, quizá haya que ir pensando en habilitar en Avilés una conexión continua y estable entre nuestros escenarios y pantallas con los Timbres 4 y las salas Gaumont de Buenos Aires. En estos tiempos mileicos que asedian al INCAA y a los teatreros argentinos son más necesarios que nunca esos túneles secretos que conectan los espacios culturales de allá y acá.