Autor: Juanma Díez Diego. Orientaciones: Eusebio Calonge.
Producción: Luces & Sueños.
con Mabel del Pozo, Lolo Diego y Juanma Díez Diego.
17 de abril de 2026. Centro Niemeyer (club), Avilés. 80’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer.
Una mujer seca a su niño mientras juegan en la arena. La misma mujer prueba a abrir la puerta de varios edificios. Un hombre se enamora de la mujer en un autobús. La mujer consigue entrar en el 201 de la calle Alcalá. Un conserje barre hojas del suelo. La mujer sube al sexto piso y encuentra una ventana baja. El niño se ha hecho hombre y ahora saca hojas de una caja. A la mujer el otoño le sienta muy mal y se le abren grietas en la realidad. El niño ha llegado a la edad de la madre y busca respuestas en el conserje del edificio. Por eso se asoma al patio de luces al que la mujer saltó para terminar con sus grietas y regresar a la arena.
Antes de la migraña el campo visual se fractura anunciando el dolor que vendrá. En la esquizofrenia es la realidad entera la que se agrieta en una ontología imposible. Es la terrible experiencia que llega cuando la luz es escasa y quien la padece se siente desahuciado de la realidad. Salto o caída es una inmersión reflexiva en la soledad del suicidio y en las honduras de la esquizofrenia. Pero también es un conmovedor canto a los instantes de felicidad infinita que se escabullen entre la grietas del nuevo brote. Por eso ella decide saltar. Y por eso, cuando se hace hombre, aquel niño que jugaba en la arena también busca en ese edificio respuestas a su dolor. Mabel del Pozo hace aquí un trabajo impresionante. El personaje que construye parece el de una heroína que se inmolara en la más poética de las tragedias griegas. Su hermosa voz a veces evoca y a veces se quiebra. Su mirada y gestualidad despiertan por igual amor y compasión. Y su poderosa presencia transmite el desamparo de quien sabe que la grieta volverá a abrirse y demolerá la realidad. Juanma Díez Diego (quizá con el apoyo del gran Eusebio Calonge) ha acertado plenamente al pensar esta obra como una experiencia fragmentaria que sintoniza con la fenomenología de esa mujer. El suyo recuerda al teatro bajo la arena que defendía Lorca y parece buscar esa grieta que, según Mayorga, define al verdadero teatro. Salto o caída consigue lo máximo con recursos escénicos mínimos: dos escaleras plegables, una caja y muchas hojas. Pero cuenta con un texto, también fragmentario, en el que son frecuentes las variaciones con repetición que dotan a la historia de ese aliento poético que habita en las letanías de la cotidianidad. Así que, al margen de lo concernido que uno se sienta por los dramas de la esquizofrenia o el suicidio, el largo y sincero aplauso del público ha sabido reconocer que hoy hemos tenido en el off del Niemeyer otra gran noche de teatro mayúsculo. ¿Cuántas van ya?
