viernes, 23 de enero de 2026

Mihura. El último comediógrafo

Autoría: Adrián Perea. Dirección: Beatriz Jaén.
una producción Nave 10 Matadero y Entrecajas Producciones Teatrales.
con David Castillo, Paloma Córdoba, Esperanza Elipe, Esther Isla, Rulo Pardo, Kevin de la Rosa y Álvaro Siankope.


23 de enero de 2026. Centro Niemeyer (auditorio), Avilés. 125 aprox. 

La pasión primeriza del Miguel joven desde el descreimiento del Mihura maduro. Ambos separados por el estreno de Tres sombreros de copa, esa obra que primero fue olvidada y luego se convirtió en un clásico del bachillerato. 

Adrián Perea y Beatriz Jaen han querido recuperar a Miguel ofreciéndonos un Mihura. Por eso las atmósferas de la obra son tan lúdicas como surrealistas. El maestro de ceremonias es el comediógrafo maduro y con él contemplamos a aquel joven apasionado por la farándula y por aquella bailarina. El diálogo con Tres sombreros de copa funciona muy bien en ese segundo tramo en el que asistimos como entre cajas al estreno de la obra. Y al final será el propio Perea (o quizá Adrián) quien confronte con Miguel (o quizá con Mihura) sobre el sentido de lo que hemos visto. La apuesta por desdoblar al comediógrafo en dos momentos de su vida y hacer que su voz sea la que nos guíe, hace que algunas escenas parezcan solo ilustración de lo apuntado. Aunque una ilustración bien planteada por Beatriz Jaen y ejecutada con mucho brío por un elenco afinadísimo. Bienvenida sea, por tanto, esta reivindicación de un autor que anticipó modos de hacer que fueron más apreciados cuando formaron parte del teatro del absurdo. En un país que sube a los altares a Billy Wilder, pero apenas tiene capillas para los  Mihuras, los Jardieles o los Gómez de la Serna, bienvenidas sean obras como esta. Mejor que vuelvan de este modo a los escenarios y no sigan acumulando polvo en los exámenes del bachillerato.
 

sábado, 17 de enero de 2026

La secuencia

Adaptación y Dirección: Borja López Collado. de la película Jusqu'ici, tout va, de Francesc Cuéllar
Producción: Triangle Teatre.
con María Almudéver y Borja López Collado


17 de enero de 2026. Centro Niemeyer (club), Avilés. 60’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer.

Sin apenas tiempo para terminar las tres últimas tomas de la mañana, el director de una película recibe la visita de la actriz protagonista. Ella no rueda hasta mañana, pero viene a comunicarle que no hará la escena del desnudo que tenían prevista para la semana siguiente. Será una confrontación radical sobre lo que significa la honestidad en el arte y en las relaciones personales. Y sobre la dificultad de deslindar los límites entre el compromiso y la libertad.
 
El resumen es el de la reseña que hice sobre Jusqu’ici, tout va, la magnífica película en que se basa esta obra. Borja López Collado (que, como Francesc Cuellar en la película, dirige e interpreta esta propuesta) solo cambia aquí el motivo de la presión temporal que condiciona el encuentro de la actriz y el director. Hay también alguna diferencia en el epílogo, pero, en general, La secuencia mantiene el texto y el tono de la confrontación entre una actriz y un director, entre una amiga y un amigo o, simplemente, entre un hombre y una mujer, que hacía tan extraordinaria aquella película. Jusqu’ici, tout va era prácticamente una obra de teatro que bien podría haberse hecho en tiempo real (no hay un único plano secuencia, pero aquel intenso encuentro de Lola Marceli y Francesc Cuéllar parecía filmado de manera continua sin más montaje que la unión de las tomas de las distintas cámaras). La secuencia lleva, por tanto, al escenario (a su entorno natural) esta confrontación que es mucho más que la desavenencia, protesta o negativa de una actriz a interpretar desnuda una escena. Es una impugnación radical a las trampas de la creación artística. Las que tienden allí las palabras ("hecho con honestidad", "desde un lugar", "se trata de un viaje", "hemos transitado"...), las que sufren los intérpretes cuando se entregan a sus personajes y las que afectan a los directores en la tensión entre la sinceridad y el reconocimiento. En esa actriz y ese director pesan, además, sus trayectorias. La que inició un padre, el de ella, que impulsó una pasión infantil y la que sigue condicionada por la memoria de otro padre, el de él, que todavía orienta sus afanes. La disputa entre la actriz y el director será primero áspera y luego catártica. Y tendrá una hondura que hace muy valiosa la hora que dura la obra y también la película. Las dos se mueven en circuitos periféricos y (¿por tanto?) sinceramente honestos como este off del Niemeyer o el Atlàntida Film Fest y Filmin. Así que ojalá que quienes vean esta obra busquen la película y quienes ya hayan visto aquella sepan que la obra está en cartel y merecería llegar a sus teatros. Hay muchos dípticos perfectos que se deberían programar juntos en las salas de cine (ahora mismo, Al final de la escapada, de Godard, y Nouvelle Vague, de Linklater -en ese orden-). Pero en ocasiones también puede haber algunos entre las programaciones de las salas de cine y las de los teatros con vecindades tan propicias (que no comparaciones) como las que plantean esta obra y aquella película. En cualquier orden. 

Un monstruo viene a verme

Basada en la novela de Patrick Ness. Dirección: José Luis Arellano García.
Un proyecto de La Joven Compañía.
con Elisa Hipólito, Eduardo Aguirre, Cristina Bertol y otros.


16 de enero de 2026. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 90 aprox.


Connor no puede asumir que su madre va a morir. La mala relación con su abuela, la lejanía de su padre y las presiones que sufre en la escuela harán que solo encuentre consuelo en un monstruo. El que se le aparece a medianoche para contarle historias imaginarias. Y para que él pueda enfrentarse a la verdadera.

La historia es la misma que la que adaptó Juan Antonio Bayona para la estupenda película con que cerró su trilogía sobre el amor maternofilial. Sin embargo, ya ha pasado tiempo suficiente para que esta nueva propuesta de La Joven no necesite ser comparada con aquella. Sobre todo, porque su público natural son precisamente los adolescentes de ahora que difícilmente habrán visto la película. La función de esta mañana fue para ellos, pero la de esta tarde también ha sido muy bien recibida por el público adulto. El teatro con propósitos edificantes siempre tiene el riesgo de cebarse en los resortes, de resultar lacrimógeno o de caer en lo obvio. Aquí el peligro es aún mayor al tratar temas tan propicios para el tópico como el acoso escolar, la enfermedad o la preparación para el duelo. Sin embargo, la obra ha salido muy bien parada de todos esos riesgos. Para lograrlo se ha sabido dar el adecuado tono poético a las tres historias que relata el monstruo y hacer más intensa la cuarta, que será la de verdad. Además de tener una puesta en escena sobria y poderosa, Un monstruo viene a verme cuenta con un elenco polivalente capaz de llevar al límite todas las situaciones sin traspasar nunca la sutil linea que separa la emoción de la impostura. Todos están impecables y muy conjuntados, pero hay que destacar el magnífico trabajo de Elisa Hipólito en el papel de ese niño que está dejando de serlo y que se las tiene que ver con la lección existencial de ese monstruo inaceptable que es la enfermedad de su madre. Son circunstancias muy difíciles que le obligan a aceptar sentimientos enfrentados contando únicamente con la ayuda de ese otro mostruo que viene a verle. El de la verdad.

viernes, 9 de enero de 2026

Música para Hitler

de Juan Carlos Rubio y Yolanda García Serrano sobre la figura de Pau Casals. Dirección: Juan Carlos Rubio.
Producción: TalyCual.
con Carlos Hipólito, Kiti Mánver, Dani Muriel y Marta Velilla.


9 de enero de 2026. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 80 aprox. 

En 1943 Pau Casals vivía con su mujer y su sobrina en Prades, un pueblo de los Pirineos orientales desde el que ayudaba a los exiliados españoles que fueron tan mal tratados por Francia. Un día recibió la visita de un teniente nazi, aficionado a la música y devoto de Bach, para que participara en un concierto ante Hitler. Coherente con sus ideas, Pau Casals se negó.
 
Una tarde y una noche difíciles para Pau Casals y su familia. En esas horas habrían tenido lugar las dos visitas de ese teniente melómano al que Casals acaba dando una lección de música y de ética. La puesta en escena es sencilla y los diálogos están muy bien trabados. Dos estructuras móviles semicirculares muestran u ocultan la intimidad familiar y ayudan a recrear cómo pudo ser aquel gesto heroico de un hombre que fue un músico excelso y un pacifista íntegro. La compenetración entre Carlos Hipótilo y Kiti Manver es perfecta para representar la que pudo unir a esa  pareja madura en aquellos tiempos terribles en los que la guerra parecía contagiosa e interminable. Dani Muriel y Marta Velilla los acompañan muy bien en esta recreación que resulta especialmente necesaria en estos momentos amnésicos y sonámbulos en que muchos ignoran lo que pasó en las playas de Argelès y no saben que Pau Casals, además de un gran músico, fue siempre un activista de la paz. Ahora que la fuerza de la razón parece debilitarse por la cobardía de algunos ante la fuerza bruta de un energúmeno y en algunos centros educativos se invita a los militares a izar banderas en los patios y las administraciones educativas difunden concursos militares en los que se premia el conocimiento de las hazañas bélicas, es aún más urgente oponerse al aserto de Vegecio y pensar contra la guerra. Pau Casals lo hizo toda su vida y fue valiente cuando lo fácil era justificarse con ese "todos lo hacen" con el que Leni Riefenstahl explicaba a posteriori su colaboración con el nazismo. Por eso conviene recordar la coherencia de un hombre que no quiso refugiarse en la comodidad del "es lo que hay".