viernes, 20 de febrero de 2026

El día del Watusi

basada en la novela de Francisco Casavella. Adaptación y dirección: Iván Morales.  Dirección musical: Jordi Busquets y Eduard Alves.
una coproducción de Teatre Lliure, Los Montoya y Festival Grec de Barcelona.
con Guillem Balart, David Climent, Raquel Ferri, Anna Alarcón, Vanessa Segura, Artur Busquets y Eduard Alves.


20 de febrero de 2026. Centro Niemeyer (auditorio), Avilés. 265’ aprox., con dos pausas. 

El 15 de agosto de 1971 fue el día del Watusi para Fernando Atienza. Un hito existencial que a los trece años marcó buena parte de su vida. Desde la miseria de su primera adolescencia en las casitas al pie de Montjuïc hasta los anhelos juveniles de tener una vida importante y el posterior repliegue hacia el amor y la música. Es la historia de un joven barcelonés entre los setenta y los ochenta. Pero también la de una ciudad y un país en plena mutación en aquel tiempo. 
 
Una trilogía potentísima  que ha sabido llenar como pocas obras el inmenso escenario del Niemeyer. Y desbordarlo, porque los personajes han saltado varias veces a los pasillos del auditorio. El elenco se convierte también en banda musical en la primera parte y en la tercera. En medio, un retrato de ciertas faunas de la transición, basado en la novela de Casavella, que en esta versión teatral podría haber firmado un Valle-Inclán redivivo (de hecho, hay referencias explícitas a Luces de Bohemia). Las interpretaciones son tan intensas e impecables como requieren unos personajes desgarrados, ambiciosos, dolientes y canallas. Los diálogos con micrófonos en mano tienen una fuerza que aporta a la historia un singular naturalismo entre trágico y poético. El día del Watusi es teatro coral y también musical sobre la adolescencia y juventud de un personaje aturdido. Y a la vez un retrato en tres tiempos de esa Barcelona elitista y suburbial, pero siempre fascinante, en los momentos anteriores a los olimpismos y gentrificaciones. Pero en esta propuesta descomunal y maravillosamente barroca hay también algo íntimo y existencial en el repliegue de la tercera parte. Algo que recuerda a otra joya de formato mínimo sobre otro personaje ensimismado que quedó arrasado por el tiempo y al que también acompañaba la música. Me refiero a Sé de un lugar y a la canción de Triana. El día del Watusi y  aquella primera obra son radicalmente distintas en formato, duración y complejidad. Pero en las dos Iván Morales demuestra su maestría para hacer conmovedora la intensidad de unos personajes heridos.

domingo, 15 de febrero de 2026

La última noche con mi hermano

Texto y dirección: Alfredo Sanzol
Producción: Centro Dramático Nacional y Teatre Nacional de Catalunya.
con
Elisabet Gelabert, Ariadna Llobet, Nuria Mencía, Biel Montoro, Jesús Noguero y Cristóbal Suárez.

15 de febrero de 2026. Teatro María Guerrero, Madrid. 130 aprox.

A Nagore le han diagnosticado un cáncer avanzado. Ella vive sola, pero tiene una relación muy estrecha con su hermano Alberto, que es muy feliz con Ainhoa. Nahia y Oier son los hijos de él y de ella. Los dos se llevan como hermanos. A Ainhoa le duele especialmente haber perdido la relación con el suyo. Se llama Claudio y es un reputado oncólogo al que ahora piden ayuda para afrontar y acompañar el final de Nagore.
 
Una reflexión honda y conmovedora sobre el acompañamiento en las circunstancias más difíciles. Alfredo Sanzol tiene el acierto de situarnos en el punto de vista de Nagore y que sea ella la que nos guíe. Así podemos entender mejor los tres binomios fraternos de esta familia desde la singular perspectiva de su personaje angular. De forma más patente que en otras obras anteriores, la ternura hiperrealista preside esta nueva aproximación de Sanzol al universo de la familia. Aquí hay desavenencias pretéritas de raíz política, pero predomina el afecto y la esperanza. Sentimientos que hacen tan deseable, pero tan difícil, sortear la desesperación. El título y el tema podrían hacer pensar que la congoja, el miedo o las resonancias con vivencias personales podrían hacer poco estimulante esta propuesta. Sin embargo, sucede lo contrario. Sanzol nos hace querer mucho a esos personajes, tan bien interpretados, en esas hermosas escenas que se van sucediendo de forma  tan fluida y sutil. De hecho, la referencia final al duelo con ese objeto que la hermana había recomendado al hermano, tiene una dulzura inigualable como broche de estas dos horas y pico de teatro delicado y cercano que se pasan en un suspiro. La última noche con mi hermano tiene afinidad temática con Tres adioses, la última película de Isabel Coixet. Pero lo que conmueve y hace recomendables ambas propuestas es la ternura vitalista que comparten Marta y Nagore, tan magníficamente interpretadas por Alba Rohrwacher y Nuria Mencía. 
 

sábado, 14 de febrero de 2026

El nudo gordiano

de Johnna Adams. Dirección: Israel Elejalde. Adaptación: Paula Paz
Producción: Teatro Español y Teatro Kamikaze.
con Eva Rufo y María Morales.


14 de febrero de 2026. Teatro Español (Sala pequeña - Margarita Xirgu), Madrid. 80' aprox. 

La madre de un alumno de primaria aparece el lunes en la clase para hablar con la tutora. El viernes su hijo había sido expulsado y llegó a casa con una nota para que ella acudiera al centro. Sola en el aula, la profesora no esperaba esa reunión porque durante el fin de semana el chico se suicidó. 
 
El encuentro más difícil. Para las dos. Para esa madre lúcida que quiere saber qué pasó y para la profesora que tomó aquella decisión. Las dos se enfrentan  a la tragedia y a la necesidad de escrutar las circunstancias de lo que sucedió. Para ello se habrán de asomar a la complejidad de la vida secreta de los menores superando el mito de la inocencia infantil. De todo eso trata esta obra sobre un texto soberbio de Johanna Adams, magníficamente adaptado por Paula Paz, por el que ha apostado Israel Elejalde con una dirección sobria e impecable que convierte en extraordinario el duelo interpretativo entre Eva Rufo en el papel de la profesora y María Morales en el de la madre. En fuera de campo queda esa jefa de estudios que no viene a la entrevista porque ese día ha cogido un permiso de asuntos propios (oportuna puya a la deontología declinante de un gremio que considera los moscosos como una conquista y no una vergüenza). Pero el magnífico texto de Johnna Adams, tan bien entendido por Israel Elejalde, va mucho más allá de las circunstancias trágicas que la maternidad (aquí no está ni se espera ninguna figura masculina) y la docencia (también femenina) han de afrontar en el cuidado de unos menores cuyas vidas, pretendidamente controladas, tuteladas y orientadas, no son bien conocidas. El nudo gordiano aporta también una certera reflexión sobre el arte y la vida (con un breve subtexto sobre el belicismo y el machismo), sobre la ética y la estética, en estos tiempos asediados por los tópicos y los miedos, valga la redundancia. El nudo de este conflicto trata de un tema próximo al de una película extraordinaria y radicalmente teatral. Me refiero a Mass de Fran Kranz. Ambas comparten el carácter gordiano de sus respectivos conflictos y la necesidad de matizar para entender, de escuchar para comprender, y de asumir que es posible lamentar la imposibilidad de perdonar. Así que bravo por Johnna Adams, por Israel Elejalde, por Eva Rufo y por María Morales. Por su excelente trabajo y por ofrecernos esta prueba de que es mucho más importante entender los nudos gordianos que cortarlos. 

 

viernes, 13 de febrero de 2026

Tres noches en Ítaca

Texto: Alberto Conejero. Dirección: María Goiricelaya.
Una coproducción de Nave 10 | Matadero y Octubre Producciones.
con  Cecilia Freire, Marta Nieto y Amaia Lizarralde.
 
13 de febrero de 2026. Matadero (Sala Max Aub -Nave 10-), Madrid. 100’ aprox.

Ariadna es astrobióloga y trabaja en Estados Unidos. Penélope tiene un negocio de telas y una vida monótona con su marido. Elena es actriz y tiene problemas con la bebida. Son las hijas de Alicia, una profesora de griego que hace años lo dejó todo para irse a vivir a Ítaca. Allí se encuentran ahora las tres para hacerse cargo de las cosas de su madre que acaba de morir.   
 
La voz de Julieta Serrano abre y cierra la obra con el poema de Kavafis. Con ese marco y lo que evocan los nombres de las hijas, Alberto Conejero compone una obra en la que el duelo es menos importante que la forma en que esas mujeres han de recomponer su vida tras la muerte de la madre. Las tres actrices están siempre en el escenario, pero en varios momentos una de ellas deja su personaje para contarnos las acotaciones del texto. Así se sortea la linealidad de una historia que está a medio camino entre la reivindicación del legado clásico y el retrato de diversas formas de desazón femenina. Aunque la sala Max Aub no es muy grande, la voces estaban amplificadas. Por suerte, el micrófono de Marta Nieto dejó de funcionar y alguien tuvo el acierto de eliminar la amplificación de las tres. Así pudimos disfrutar el resto de la obra como debe ser: con la voz natural de las intérpretes llenando el espacio.
 

viernes, 6 de febrero de 2026

¡Vives a cuerpo de rey!

Texto y dirección: Guille Zavala Lloret
Producción: Compañía La Zarra.
con Guille Zavala Lloret


6 de febrero de 2026. Centro Niemeyer (club), Avilés. 55’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer.

Un padre comenta en voz alta el periódico y comienza a retalar. Mayormente contra su hijo, al que describe sarcásticamente y lanza reproches airados. El personaje está siempre solo, pero a veces nos parece que el hijo también estuviera presente. Como cuando el pugilato se vuelve físico y el personaje se retuerce bajo los golpes.
 
Destilado de frases hechas en una familia deshecha. Voz, gesto y texto perfectos para un monólogo extraordinario. El personaje parece borroso, pero su actitud y sus palabras son hiperrealistas. Es un compendio de dardos cotidianos que un padre lanza contra un hijo del que solo recibe silencios, eso que tanto daña. Es una hora de tensión y sufrimientos reconocibles. Al menos para esos padres con hijos que no se levantan de la cama, que lo suspenden todo y no aspiran a nada. Y también para esos hijos que solo reciben broncas por disfrutar con intensidades efímeras que no les libran del vacío.  Guille Zavala Lloret nos ofrece un torbellino de variaciones sin repetición sobre la aspereza posible en el lenguaje doméstico. Con su voz cautivadora y una prosodia impecable, hace que sus silencios tengan la cadencia justa para que nuestra atención esté siempre con él y podamos apreciar (o sufrir) todo lo que su personaje expresa. También con esa fisicidad interpretativa que nos sorprende desde ese primer instante en que el personaje brota de la nada, hasta la gestualidad de su rostro y su cuerpo que se retuercen descoyuntados. Con solo una caja en medio del escenario, hojas de periódicos por el suelo y una iluminación que marca, señala y acompaña el doble solipsismo de la obra, Guille Zavala Llovet crea también, como director, un soliloquio inmersivo, dolorosamente familiar y con algún momento metaescénico, que nos confirma el gran momento del teatro valenciano independiente. En Avilés hemos tenido buenas muestras de su calidad y esperamos seguir recibiendo propuestas tan magníficas como esta.

viernes, 23 de enero de 2026

Mihura. El último comediógrafo

Autoría: Adrián Perea. Dirección: Beatriz Jaén.
una producción Nave 10 Matadero y Entrecajas Producciones Teatrales.
con David Castillo, Paloma Córdoba, Esperanza Elipe, Esther Isla, Rulo Pardo, Kevin de la Rosa y Álvaro Siankope.


23 de enero de 2026. Centro Niemeyer (auditorio), Avilés. 125 aprox. 

La pasión primeriza del Miguel joven desde el descreimiento del Mihura maduro. Ambos separados por el estreno de Tres sombreros de copa, esa obra que primero fue olvidada y luego se convirtió en un clásico del bachillerato. 

Adrián Perea y Beatriz Jaen han querido recuperar a Miguel ofreciéndonos un Mihura. Por eso las atmósferas de la obra son tan lúdicas como surrealistas. El maestro de ceremonias es el comediógrafo maduro y con él contemplamos a aquel joven apasionado por la farándula y por aquella bailarina. El diálogo con Tres sombreros de copa funciona muy bien en ese segundo tramo en el que asistimos como entre cajas al estreno de la obra. Y al final será el propio Perea (o quizá Adrián) quien confronte con Miguel (o quizá con Mihura) sobre el sentido de lo que hemos visto. La apuesta por desdoblar al comediógrafo en dos momentos de su vida y hacer que su voz sea la que nos guíe, hace que algunas escenas parezcan solo ilustración de lo apuntado. Aunque una ilustración bien planteada por Beatriz Jaen y ejecutada con mucho brío por un elenco afinadísimo. Bienvenida sea, por tanto, esta reivindicación de un autor que anticipó modos de hacer que fueron más apreciados cuando formaron parte del teatro del absurdo. En un país que sube a los altares a Billy Wilder, pero apenas tiene capillas para los  Mihuras, los Jardieles o los Gómez de la Serna, bienvenidas sean obras como esta. Mejor que vuelvan de este modo a los escenarios y no sigan acumulando polvo en los exámenes del bachillerato.
 

sábado, 17 de enero de 2026

La secuencia

Adaptación y Dirección: Borja López Collado. de la película Jusqu'ici, tout va, de Francesc Cuéllar
Producción: Triangle Teatre.
con María Almudéver y Borja López Collado


17 de enero de 2026. Centro Niemeyer (club), Avilés. 60’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer.

Sin apenas tiempo para terminar las tres últimas tomas de la mañana, el director de una película recibe la visita de la actriz protagonista. Ella no rueda hasta mañana, pero viene a comunicarle que no hará la escena del desnudo que tenían prevista para la semana siguiente. Será una confrontación radical sobre lo que significa la honestidad en el arte y en las relaciones personales. Y sobre la dificultad de deslindar los límites entre el compromiso y la libertad.
 
El resumen es el de la reseña que hice sobre Jusqu’ici, tout va, la magnífica película en que se basa esta obra. Borja López Collado (que, como Francesc Cuellar en la película, dirige e interpreta esta propuesta) solo cambia aquí el motivo de la presión temporal que condiciona el encuentro de la actriz y el director. Hay también alguna diferencia en el epílogo, pero, en general, La secuencia mantiene el texto y el tono de la confrontación entre una actriz y un director, entre una amiga y un amigo o, simplemente, entre un hombre y una mujer, que hacía tan extraordinaria aquella película. Jusqu’ici, tout va era prácticamente una obra de teatro que bien podría haberse hecho en tiempo real (no hay un único plano secuencia, pero aquel intenso encuentro de Lola Marceli y Francesc Cuéllar parecía filmado de manera continua sin más montaje que la unión de las tomas de las distintas cámaras). La secuencia lleva, por tanto, al escenario (a su entorno natural) esta confrontación que es mucho más que la desavenencia, protesta o negativa de una actriz a interpretar desnuda una escena. Es una impugnación radical a las trampas de la creación artística. Las que tienden allí las palabras ("hecho con honestidad", "desde un lugar", "se trata de un viaje", "hemos transitado"...), las que sufren los intérpretes cuando se entregan a sus personajes y las que afectan a los directores en la tensión entre la sinceridad y el reconocimiento. En esa actriz y ese director pesan, además, sus trayectorias. La que inició un padre, el de ella, que impulsó una pasión infantil y la que sigue condicionada por la memoria de otro padre, el de él, que todavía orienta sus afanes. La disputa entre la actriz y el director será primero áspera y luego catártica. Y tendrá una hondura que hace muy valiosa la hora que dura la obra y también la película. Las dos se mueven en circuitos periféricos y (¿por tanto?) sinceramente honestos como este off del Niemeyer o el Atlàntida Film Fest y Filmin. Así que ojalá que quienes vean esta obra busquen la película y quienes ya hayan visto aquella sepan que la obra está en cartel y merecería llegar a sus teatros. Hay muchos dípticos perfectos que se deberían programar juntos en las salas de cine (ahora mismo, Al final de la escapada, de Godard, y Nouvelle Vague, de Linklater -en ese orden-). Pero en ocasiones también puede haber algunos entre las programaciones de las salas de cine y las de los teatros con vecindades tan propicias (que no comparaciones) como las que plantean esta obra y aquella película. En cualquier orden. 

Un monstruo viene a verme

Basada en la novela de Patrick Ness. Dirección: José Luis Arellano García.
Un proyecto de La Joven Compañía.
con Elisa Hipólito, Eduardo Aguirre, Cristina Bertol y otros.


16 de enero de 2026. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 90 aprox.


Connor no puede asumir que su madre va a morir. La mala relación con su abuela, la lejanía de su padre y las presiones que sufre en la escuela harán que solo encuentre consuelo en un monstruo. El que se le aparece a medianoche para contarle historias imaginarias. Y para que él pueda enfrentarse a la verdadera.

La historia es la misma que la que adaptó Juan Antonio Bayona para la estupenda película con que cerró su trilogía sobre el amor maternofilial. Sin embargo, ya ha pasado tiempo suficiente para que esta nueva propuesta de La Joven no necesite ser comparada con aquella. Sobre todo, porque su público natural son precisamente los adolescentes de ahora que difícilmente habrán visto la película. La función de esta mañana fue para ellos, pero la de esta tarde también ha sido muy bien recibida por el público adulto. El teatro con propósitos edificantes siempre tiene el riesgo de cebarse en los resortes, de resultar lacrimógeno o de caer en lo obvio. Aquí el peligro es aún mayor al tratar temas tan propicios para el tópico como el acoso escolar, la enfermedad o la preparación para el duelo. Sin embargo, la obra ha salido muy bien parada de todos esos riesgos. Para lograrlo se ha sabido dar el adecuado tono poético a las tres historias que relata el monstruo y hacer más intensa la cuarta, que será la de verdad. Además de tener una puesta en escena sobria y poderosa, Un monstruo viene a verme cuenta con un elenco polivalente capaz de llevar al límite todas las situaciones sin traspasar nunca la sutil linea que separa la emoción de la impostura. Todos están impecables y muy conjuntados, pero hay que destacar el magnífico trabajo de Elisa Hipólito en el papel de ese niño que está dejando de serlo y que se las tiene que ver con la lección existencial de ese monstruo inaceptable que es la enfermedad de su madre. Son circunstancias muy difíciles que le obligan a aceptar sentimientos enfrentados contando únicamente con la ayuda de ese otro mostruo que viene a verle. El de la verdad.

viernes, 9 de enero de 2026

Música para Hitler

de Juan Carlos Rubio y Yolanda García Serrano sobre la figura de Pau Casals. Dirección: Juan Carlos Rubio.
Producción: TalyCual.
con Carlos Hipólito, Kiti Mánver, Dani Muriel y Marta Velilla.


9 de enero de 2026. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 80 aprox. 

En 1943 Pau Casals vivía con su mujer y su sobrina en Prades, un pueblo de los Pirineos orientales desde el que ayudaba a los exiliados españoles que fueron tan mal tratados por Francia. Un día recibió la visita de un teniente nazi, aficionado a la música y devoto de Bach, para que participara en un concierto ante Hitler. Coherente con sus ideas, Pau Casals se negó.
 
Una tarde y una noche difíciles para Pau Casals y su familia. En esas horas habrían tenido lugar las dos visitas de ese teniente melómano al que Casals acaba dando una lección de música y de ética. La puesta en escena es sencilla y los diálogos están muy bien trabados. Dos estructuras móviles semicirculares muestran u ocultan la intimidad familiar y ayudan a recrear cómo pudo ser aquel gesto heroico de un hombre que fue un músico excelso y un pacifista íntegro. La compenetración entre Carlos Hipótilo y Kiti Manver es perfecta para representar la que pudo unir a esa  pareja madura en aquellos tiempos terribles en los que la guerra parecía contagiosa e interminable. Dani Muriel y Marta Velilla los acompañan muy bien en esta recreación que resulta especialmente necesaria en estos momentos amnésicos y sonámbulos en que muchos ignoran lo que pasó en las playas de Argelès y no saben que Pau Casals, además de un gran músico, fue siempre un activista de la paz. Ahora que la fuerza de la razón parece debilitarse por la cobardía de algunos ante la fuerza bruta de un energúmeno y en algunos centros educativos se invita a los militares a izar banderas en los patios y las administraciones educativas difunden concursos militares en los que se premia el conocimiento de las hazañas bélicas, es aún más urgente oponerse al aserto de Vegecio y pensar contra la guerra. Pau Casals lo hizo toda su vida y fue valiente cuando lo fácil era justificarse con ese "todos lo hacen" con el que Leni Riefenstahl explicaba a posteriori su colaboración con el nazismo. Por eso conviene recordar la coherencia de un hombre que no quiso refugiarse en la comodidad del "es lo que hay".