Dirección: Xavo Giménez. Dramaturgia: María Cárdenas.
Producción: La Teta Calva.
con Leo de Bari y Xavo Giménez.
19 de junio de 2026. Centro Niemeyer (club), Avilés. 80’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer.
Ni viejas glorias ni jóvenes promesas. Así se definen Los Osamenta, un grupo valenciano de rock formado por Lucho y Víctor. Ellos son dos amigos que ya han cumplido los cincuenta y han compuesto muchas canciones. La mejor, según Víctor, es Perla de semen, que llegó a escucharse en la radio. Hoy asistimos a uno de sus ensayos porque, inesperadamente, les han llamado para un bolo y dudan sobre cómo deberían preparar el concierto. Piensan que lo más importante son los finales, así que repasan con la batería y la guitarra cómo terminar sus canciones. Y no solo eso.
Esta es la cuarta maravilla que los de La Teta Calva nos traen al off del Niemeyer. Antes vinieron con obras tan magníficas como Síndhromo, Espaldas de plata y Yo soy 451 (por la última, Xavo Giménez ha recibido este año un bien merecido premio Max a la mejor adaptación o versión de obra teatral o coreográfica). Tributo sigue fiel a esa excelsa poética de la amargura que caracteriza a este grupo valenciano al que, si las hubiera, le entregaríamos ya mismo las llaves de honor de este espacio escénico. Leo de Bari y Xavo Giménez se convierten en esta obra en músicos periféricos y derrotados, haciéndonos creer que estamos ante una comedia magníficamente escrita, interpretada y tocada (a la guitarra y a la batería) por dos actores que nos cautivaron en obras como Yo soy 451 (inolvidable aquel bombero distópico en proceso de desalienación que interpretaba Xavo) o Síndrhomo (inolvidable aquel alegre y amable travesti argentino que Leo convertía en un ángel de la guarda). En el primer tramo de la obra, Víctor y Lucho nos hacen reír con esas cuitas, acordes y desacuerdos que recuerdan a los de esos perdedores asturianos que también resultan tiernamente cómicos en algunas de las obras de Maxi Rodríguez (empezando por Ondas). Pero en Tributo es muy importante ese final en clave de amargura poética, en este caso musical, que nos plantea que cuando se alcanza el éxito quizá se pierdan más cosas que la inocencia. Tributo es, además, un verdadero tributo a los grupos musicales fallidos y a esos héroes para los que las arenas de las artes (como el teatro bajo la arena de Lorca) son mucho más importantes que todos los mercadonas. Y también es un tributo generacional a quienes nacimos en el siglo XX y desconfiamos de este presente continuo sin horizontes, resistiéndonos a aceptar que se cumpla la advertencia de Rafael Sánchez Ferlosio de que vendrán más años malos y nos harán más ciegos. Si el teatro es el lugar desde el que se mira, no hay duda de que en este escenario se ofrecen buenos antídotos contra la ceguera. Así que ya estamos con ganas de recibir aquí la siguiente dosis de los de La Teta Calva.
