viernes, 6 de marzo de 2026

La patética

Autor y director: Miguel del Arco.
Producción: Centro Dramático Nacional y Teatro Kamikaze.
con Emilio Buale, Fran Cantos, Inma Cuevas, Israel Elejalde, Juan Paños, Manuel Pico y Francisco Reyes.


6 de marzo de 2026. Centro Niemeyer (auditorio), Avilés. 120 aprox. 

Pedro Berriel es un director de orquesta que, antes de morir, quiere grabar una versión perfecta de la Sinfonía Nº 6 de Chaikovski. Según el médico, le queda poco tiempo de vida y quizá por eso se siente acompañado por el propio compositor. Igual que él, Chaikovski también buscaba la gloria, sufría con las críticas y no quería que su trabajo se viera condicionado por su homosexualidad. 
 
Pathos, pasión, padecimiento, patético, ridículo. Variaciones semánticas, entre el griego y el castellano, sobre la palabra que da nombre a la famosa sinfonía de Chaikovsti. Y que quizá también presiden la compleja sintaxis con que Miguel del Arco compone esta obra inclasificable que, por momentos, tiene la hondura de un acercamiento serio al pathos de la creación artística, pero también la comicidad de esos tratos que los humanos pretenden hacer, a veces, con la muerte. De modo que La patética de Miguel del Arco tiene poco que ver con otras obras recientes sobre el mismo tema como La última noche con mi hermano o Tres noches en Ítaca. Sin rehuir la seriedad del asunto, su acercamiento es mucho más barroco y desatado, combinando la pasión y lo patético con hallazgos tan interesantes como que el propio compositor apostille y de consejos al protagonista o los encuentros que este tiene con el crítico, el médico, Putin, los colegas del barrio, su marido negro, sus padres y hasta con la gloria celestial. Esta última se les aparece alada a los dos en una escena enjundiosa y divertidísima a cargo de la, siempre magnífica, Inma Cuevas. Es una actriz capaz de desdoblarse en papeles muy diversos, igual que Francisco Reyes (impagable como crítico y como médico) o Juan Paños (un Putin odioso y un padre conmovedor). También está muy bien Jesús Noguero que muestra una contención perfecta en el papel de Chaikovski y, por supuesto, Israel Elejalde que es aquí el director de orquesta y casi el jefe de todo esto. La patética es una propuesta atrevida que se mete en jardines complejos: la Rusia de ayer y de hoy, la corrección política y el movimiento LGTBI, la posteridad, el papel de la crítica, la relación entre el autor y el director, la demanda de prórrogas ante lo inevitable, y algunos otros. Miguel del Arco consigue aunar todo eso con mucho tino  manejando como partitura nada menos que los temas de la música, la muerte y el silencio. Hay que destacar también el acierto de Paco Azorín en el diseño de un espacio presidido por dos paredes negras con formas acolchadas, como en una sala de grabación, que aquí tienen una relación especial con la luz, generando efectos ópticos e ilusiones visuales que resultan muy adecuadas para  enmarcar la pasión de quien compone, dirige o contempla esa ilusión de eternidad que caracteriza a la buena música antes de que llegue el silencio.