viernes, 27 de febrero de 2026

Sensación térmica

Autoría: Mayte López. Adaptación: Adolfo Fernández. Codirección: Vanessa Espín y Adolfo Fernández.
Una producción de K Producciones y Late Producciones.
con Claudia Galán, Nora Hernández y Adriana Ubani.


27 de febrero de 2026. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 85 aprox. Estreno absoluto.

Lucía ha llegado a una ciudad nórdica para ampliar sus estudios y huir de un padre maltratador. Allí comparte piso con Alma, otra joven que la ayuda a adaptarse. También se hace amiga de Juliana, una chica alegre y apasionada que entra en una relación de dependencia y sometimiento con un profesor exitoso, pero canalla. 
 
Claudia Galán, Nora Hernández y Adriana Ubani están magníficas en los papeles de esas jóvenes que buscan una vida mejor (o huir de lo peor) en tierras septentrionales. Las tres se encargan también de mostrarnos las formas, obscenas o sutiles, con que algunos machos, situados tanto al norte como al sur de la escala social y el prestigio cultural, han aprendido a controlar y maltratar a las mujeres. En una semana en que se han publicado nuevos datos sobre el distanciamiento de parte de la juventud masculina respecto del feminismo,  el estreno de esta obra resulta especialmente oportuno. Y no solo por la sutileza de la adaptación (conmueve recordar que estuvo a cargo de Adolfo Fernández), por una puesta en escena evocadora e intensamente azul y por el buen hacer de las actrices (Nora Hernández podría recibir mañana un Goya por su excelente papel en La cena), sino también por la necesidad de seguir denunciando ese machismo unas veces bronco y otras tácito, pero siempre dañino para la propia condición humana. Por eso resulta reconfortante que el público avilesino haya recibido tan bien este estreno. El aplauso ha sido muy cálido y sentido. Sin duda, es un reconocimiento al trabajo de las intérpretes, la autora y la directora. Pero también muestra sintonía con las intenciones de una propuesta tan comprometida como esta.
 

viernes, 20 de febrero de 2026

El día del Watusi

basada en la novela de Francisco Casavella. Adaptación y dirección: Iván Morales.  Dirección musical: Jordi Busquets y Eduard Alves.
una coproducción de Teatre Lliure, Los Montoya y Festival Grec de Barcelona.
con Guillem Balart, David Climent, Raquel Ferri, Anna Alarcón, Vanessa Segura, Artur Busquets y Eduard Alves.


20 de febrero de 2026. Centro Niemeyer (auditorio), Avilés. 265’ aprox., con dos pausas. 

El 15 de agosto de 1971 fue el día del Watusi para Fernando Atienza. Un hito existencial que a los trece años marcó buena parte de su vida. Desde la miseria de su primera adolescencia en las casitas al pie de Montjuïc hasta los anhelos juveniles de tener una vida importante y el posterior repliegue hacia el amor y la música. Es la historia de un joven barcelonés entre los setenta y los ochenta. Pero también la de una ciudad y un país en plena mutación en aquel tiempo. 
 
Una trilogía potentísima  que ha sabido llenar como pocas obras el inmenso escenario del Niemeyer. Y desbordarlo, porque los personajes han saltado varias veces a los pasillos del auditorio. El elenco se convierte también en banda musical en la primera parte y en la tercera. En medio, un retrato de ciertas faunas de la transición, basado en la novela de Casavella, que en esta versión teatral podría haber firmado un Valle-Inclán redivivo (de hecho, hay referencias explícitas a Luces de Bohemia). Las interpretaciones son tan intensas e impecables como requieren unos personajes desgarrados, ambiciosos, dolientes y canallas. Los diálogos con micrófonos en mano tienen una fuerza que aporta a la historia un singular naturalismo entre trágico y poético. El día del Watusi es teatro coral y también musical sobre la adolescencia y juventud de un personaje aturdido. Y a la vez un retrato en tres tiempos de esa Barcelona elitista y suburbial, pero siempre fascinante, en los momentos anteriores a los olimpismos y gentrificaciones. Pero en esta propuesta descomunal y maravillosamente barroca hay también algo íntimo y existencial en el repliegue de la tercera parte. Algo que recuerda a otra joya de formato mínimo sobre otro personaje ensimismado que quedó arrasado por el tiempo y al que también acompañaba la música. Me refiero a Sé de un lugar y a la canción de Triana. El día del Watusi y  aquella primera obra son radicalmente distintas en formato, duración y complejidad. Pero en las dos Iván Morales demuestra su maestría para hacer conmovedora la intensidad de unos personajes heridos.

domingo, 15 de febrero de 2026

La última noche con mi hermano

Texto y dirección: Alfredo Sanzol
Producción: Centro Dramático Nacional y Teatre Nacional de Catalunya.
con
Elisabet Gelabert, Ariadna Llobet, Nuria Mencía, Biel Montoro, Jesús Noguero y Cristóbal Suárez.

15 de febrero de 2026. Teatro María Guerrero, Madrid. 130 aprox.

A Nagore le han diagnosticado un cáncer avanzado. Ella vive sola, pero tiene una relación muy estrecha con su hermano Alberto, que es muy feliz con Ainhoa. Nahia y Oier son los hijos de él y de ella. Los dos se llevan como hermanos. A Ainhoa le duele especialmente haber perdido la relación con el suyo. Se llama Claudio y es un reputado oncólogo al que ahora piden ayuda para afrontar y acompañar el final de Nagore.
 
Una reflexión honda y conmovedora sobre el acompañamiento en las circunstancias más difíciles. Alfredo Sanzol tiene el acierto de situarnos en el punto de vista de Nagore y que sea ella la que nos guíe. Así podemos entender mejor los tres binomios fraternos de esta familia desde la singular perspectiva de su personaje angular. De forma más patente que en otras obras anteriores, la ternura hiperrealista preside esta nueva aproximación de Sanzol al universo de la familia. Aquí hay desavenencias pretéritas de raíz política, pero predomina el afecto y la esperanza. Sentimientos que hacen tan deseable, pero tan difícil, sortear la desesperación. El título y el tema podrían hacer pensar que la congoja, el miedo o las resonancias con vivencias personales podrían hacer poco estimulante esta propuesta. Sin embargo, sucede lo contrario. Sanzol nos hace querer mucho a esos personajes, tan bien interpretados, en esas hermosas escenas que se van sucediendo de forma  tan fluida y sutil. De hecho, la referencia final al duelo con ese objeto que la hermana había recomendado al hermano, tiene una dulzura inigualable como broche de estas dos horas y pico de teatro delicado y cercano que se pasan en un suspiro. La última noche con mi hermano tiene afinidad temática con Tres adioses, la última película de Isabel Coixet. Pero lo que conmueve y hace recomendables ambas propuestas es la ternura vitalista que comparten Marta y Nagore, tan magníficamente interpretadas por Alba Rohrwacher y Nuria Mencía. 
 

sábado, 14 de febrero de 2026

El nudo gordiano

de Johnna Adams. Dirección: Israel Elejalde. Adaptación: Paula Paz
Producción: Teatro Español y Teatro Kamikaze.
con Eva Rufo y María Morales.


14 de febrero de 2026. Teatro Español (Sala pequeña - Margarita Xirgu), Madrid. 80' aprox. 

La madre de un alumno de primaria aparece el lunes en la clase para hablar con la tutora. El viernes su hijo había sido expulsado y llegó a casa con una nota para que ella acudiera al centro. Sola en el aula, la profesora no esperaba esa reunión porque durante el fin de semana el chico se suicidó. 
 
El encuentro más difícil. Para las dos. Para esa madre lúcida que quiere saber qué pasó y para la profesora que tomó aquella decisión. Las dos se enfrentan  a la tragedia y a la necesidad de escrutar las circunstancias de lo que sucedió. Para ello se habrán de asomar a la complejidad de la vida secreta de los menores superando el mito de la inocencia infantil. De todo eso trata esta obra sobre un texto soberbio de Johanna Adams, magníficamente adaptado por Paula Paz, por el que ha apostado Israel Elejalde con una dirección sobria e impecable que convierte en extraordinario el duelo interpretativo entre Eva Rufo en el papel de la profesora y María Morales en el de la madre. En fuera de campo queda esa jefa de estudios que no viene a la entrevista porque ese día ha cogido un permiso de asuntos propios (oportuna puya a la deontología declinante de un gremio que considera los moscosos como una conquista y no una vergüenza). Pero el magnífico texto de Johnna Adams, tan bien entendido por Israel Elejalde, va mucho más allá de las circunstancias trágicas que la maternidad (aquí no está ni se espera ninguna figura masculina) y la docencia (también femenina) han de afrontar en el cuidado de unos menores cuyas vidas, pretendidamente controladas, tuteladas y orientadas, no son bien conocidas. El nudo gordiano aporta también una certera reflexión sobre el arte y la vida (con un breve subtexto sobre el belicismo y el machismo), sobre la ética y la estética, en estos tiempos asediados por los tópicos y los miedos, valga la redundancia. El nudo de este conflicto trata de un tema próximo al de una película extraordinaria y radicalmente teatral. Me refiero a Mass de Fran Kranz. Ambas comparten el carácter gordiano de sus respectivos conflictos y la necesidad de matizar para entender, de escuchar para comprender, y de asumir que es posible lamentar la imposibilidad de perdonar. Así que bravo por Johnna Adams, por Israel Elejalde, por Eva Rufo y por María Morales. Por su excelente trabajo y por ofrecernos esta prueba de que es mucho más importante entender los nudos gordianos que cortarlos. 

 

viernes, 13 de febrero de 2026

Tres noches en Ítaca

Texto: Alberto Conejero. Dirección: María Goiricelaya.
Una coproducción de Nave 10 | Matadero y Octubre Producciones.
con  Cecilia Freire, Marta Nieto y Amaia Lizarralde.
 
13 de febrero de 2026. Matadero (Sala Max Aub -Nave 10-), Madrid. 100’ aprox.

Ariadna es astrobióloga y trabaja en Estados Unidos. Penélope tiene un negocio de telas y una vida monótona con su marido. Elena es actriz y tiene problemas con la bebida. Son las hijas de Alicia, una profesora de griego que hace años lo dejó todo para irse a vivir a Ítaca. Allí se encuentran ahora las tres para hacerse cargo de las cosas de su madre que acaba de morir.   
 
La voz de Julieta Serrano abre y cierra la obra con el poema de Kavafis. Con ese marco y lo que evocan los nombres de las hijas, Alberto Conejero compone una obra en la que el duelo es menos importante que la forma en que esas mujeres han de recomponer su vida tras la muerte de la madre. Las tres actrices están siempre en el escenario, pero en varios momentos una de ellas deja su personaje para contarnos las acotaciones del texto. Así se sortea la linealidad de una historia que está a medio camino entre la reivindicación del legado clásico y el retrato de diversas formas de desazón femenina. Aunque la sala Max Aub no es muy grande, la voces estaban amplificadas. Por suerte, el micrófono de Marta Nieto dejó de funcionar y alguien tuvo el acierto de eliminar la amplificación de las tres. Así pudimos disfrutar el resto de la obra como debe ser: con la voz natural de las intérpretes llenando el espacio.
 

viernes, 6 de febrero de 2026

¡Vives a cuerpo de rey!

Texto y dirección: Guille Zavala Lloret
Producción: Compañía La Zarra.
con Guille Zavala Lloret


6 de febrero de 2026. Centro Niemeyer (club), Avilés. 55’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer.

Un padre comenta en voz alta el periódico y comienza a retalar. Mayormente contra su hijo, al que describe sarcásticamente y lanza reproches airados. El personaje está siempre solo, pero a veces nos parece que el hijo también estuviera presente. Como cuando el pugilato se vuelve físico y el personaje se retuerce bajo los golpes.
 
Destilado de frases hechas en una familia deshecha. Voz, gesto y texto perfectos para un monólogo extraordinario. El personaje parece borroso, pero su actitud y sus palabras son hiperrealistas. Es un compendio de dardos cotidianos que un padre lanza contra un hijo del que solo recibe silencios, eso que tanto daña. Es una hora de tensión y sufrimientos reconocibles. Al menos para esos padres con hijos que no se levantan de la cama, que lo suspenden todo y no aspiran a nada. Y también para esos hijos que solo reciben broncas por disfrutar con intensidades efímeras que no les libran del vacío.  Guille Zavala Lloret nos ofrece un torbellino de variaciones sin repetición sobre la aspereza posible en el lenguaje doméstico. Con su voz cautivadora y una prosodia impecable, hace que sus silencios tengan la cadencia justa para que nuestra atención esté siempre con él y podamos apreciar (o sufrir) todo lo que su personaje expresa. También con esa fisicidad interpretativa que nos sorprende desde ese primer instante en que el personaje brota de la nada, hasta la gestualidad de su rostro y su cuerpo que se retuercen descoyuntados. Con solo una caja en medio del escenario, hojas de periódicos por el suelo y una iluminación que marca, señala y acompaña el doble solipsismo de la obra, Guille Zavala Llovet crea también, como director, un soliloquio inmersivo, dolorosamente familiar y con algún momento metaescénico, que nos confirma el gran momento del teatro valenciano independiente. En Avilés hemos tenido buenas muestras de su calidad y esperamos seguir recibiendo propuestas tan magníficas como esta.