de Juan Carlos Rubio y Yolanda García Serrano sobre la figura de Pau Casals. Dirección: Juan Carlos Rubio.
Producción: TalyCual.
con Carlos Hipólito, Kiti Mánver, Dani Muriel y Marta Velilla.
9 de enero de 2026. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 80’ aprox.
En 1943 Pau Casals vivía con su mujer y su sobrina en Prades, un pueblo de los Pirineos orientales desde el que ayudaba a los exiliados españoles que fueron tan mal tratados por Francia. Un día recibió la visita de un teniente nazi, aficionado a la música y devoto de Bach, para que participara en un concierto ante Hitler. Coherente con sus ideas, Pau Casals se negó.
Una tarde y una noche difíciles para Pau Casals y su familia. En esas horas habrían tenido lugar las dos visitas de ese teniente melómano al que Casals acaba dando una lección de música y de ética. La puesta en escena es sencilla y los diálogos están muy bien trabados. Dos estructuras móviles semicirculares muestran u ocultan la intimidad familiar y ayudan a recrear cómo pudo ser aquel gesto heroico de un hombre que fue un músico excelso y un pacifista íntegro. La compenetración entre Carlos Hipótilo y Kiti Manver es perfecta para representar la que pudo unir a esa pareja madura en aquellos tiempos terribles en los que la guerra parecía contagiosa e interminable. Dani Muriel y Marta Velilla los acompañan muy bien en esta recreación que resulta especialmente necesaria en estos momentos amnésicos y sonámbulos en que muchos ignoran lo que pasó en las playas de Argelès y no saben que Pau Casals, además de un gran músico, fue siempre un activista de la paz. Ahora que la fuerza de la razón parece debilitarse por la cobardía de algunos ante la fuerza bruta de un energúmeno y en algunos centros educativos se invita a los militares a izar banderas en los patios y las administraciones educativas difunden concursos militares en los que se premia el conocimiento de las hazañas bélicas, es aún más urgente oponerse al aserto de Vegecio y pensar contra la guerra. Pau Casals lo hizo toda su vida y fue valiente cuando lo fácil era justificarse con ese "todos lo hacen" con el que Leni Riefenstahl explicaba a posteriori su colaboración con el nazismo. Por eso conviene ahora recordar la coherencia de un hombre que no quiso refugiarse en la comodidad del "es lo que hay".
